LA NACION LINE | 04.09.00 

En Bariloche
Cumplió 112 años una mujer mapuche

Celebró con sus ocho hijos y 15 nietos
  • Rosa Prafil es hija del primer cacique de la comunidad Anecón Grande 
  • Como máxima autoridad de su pueblo, custodia la cultura y las tradiciones de su raza

  • SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Un festejo intenso, como los afectos que unen a esta familia inabarcable, se desplegó el viernes último: más de cien personas se reunieron en torno de Rosa Prafil para festejar su cumpleaños número 112. Entre ellos, sus ocho hijos, 15 nietos, 52 bisnietos y 5 tataranietos, con sus respectivos maridos, esposas, novios y novias.

     Su documento, que recibió en 1949, cuando llegó el sufragio a la mujer, dice que Rosa nació el 30 de agosto. Pero el festejo -en el que no faltaron el cordero, el vino, el acordeón y las empanadas- se demoró un día para que la abundante parentela pudiera reunirse en Bariloche, adonde Rosa llegó hace casi veinte años y donde vive con su hija Marcelina, de 76.

     Muchos llegaron desde el interior rionegrino, de una región conocida como Anecón Grande. Allí llevó a su familia mapuche, desde Azul, provincia de Buenos Aires, don Paulino Prafil: huía del avance de los ejércitos del general Roca, durante la Campaña del Desierto.

     El padre de Rosa fue el primer lonko (cacique) de la comunidad de Anecón Grande. Su madre, Emiliana Quiñenao, fue la pillankuse hasta que falleció, en 1962, a los 101 años. Entonces, Rosa heredó esta distinción: la de ser la máxima autoridad de su pueblo, custodia de su cultura y sus tradiciones, transmisora de la lengua y los tesoros de su raza.

     Como tal, es la encargada de presidir el nguillatun, el compromiso del pueblo mapuche, y el camaricum, una de las ceremonias anuales de su pueblo, junto con su hermano, Juan Sargento.

     Menuda, aunque recia, su rostro es saludable, su imagen y sus movimientos poco advierten sobre el largo trajinar de más de un siglo en esta tierra. Esta es una condición propia de su familia y de su raza, que ha llamado la atención de científicos que hurgaron tanto en sus genes como en sus hábitos alimentarios.

     Aunque oye poco, ve bien, y ocupa su tiempo tejiendo prendas para los niños. El viernes, una vez más, le tocó a ella recibir regalos. El intendente Atilio Feudal la visitó en su casa: le obsequió un mate y una bombilla. Fue el encuentro de dos mundos que comienzan a saber convivir.
     

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