Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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Lunes 15 de Noviembre de 1999

Puntos de vista
Sociedad civil y mapuches

Avancemos definiciones del concepto "sociedad civil". A mediados del siglo XIX, J. Stuart Mill divulgó el empleo de las palabras "sociedad civil", para referirse a la realidad social diferente y en algunos sentidos contrapuesta a la "sociedad política". Fiel a la tradición intelectual de la Ilustración, Stuart Mill tenía predilección por aportar ideas que hiciesen imposible regresar a los despotismos totalitarios del medioevo (homólogos del fundamentalismo islámico contemporáneo) y de las monarquías absolutistas posteriores al Renacimiento europeo. Una vigorosa "sociedad civil", formada por una red de múltiples vinculaciones contraídas y terminadas en plena libertad y autonomía individual era, para Stuart Mill, el mejor resguardo para mantener el poder político sometido a la voluntad de la soberanía ciudadana.

Después de la caída del muro de Berlín, a fines de 1989, el intelectual checo y después presidente de su país, Vaclav Havel, explicó en ensayos de difusión mundial, con argumentos de lógica y derivados de sus experiencias personales de perseguido político, cómo los despotismos del socialismo real habían logrado sostener un dominio absoluto durante tanto tiempo, reduciendo a mera clandestinidad las actividades de la sociedad civil. V. Havel pronosticó, con acierto, que la democracia, la honesta convivencia humana y la prosperidad económica, resurgirían luego en los países con una larga tradición de sociedades civiles, nacidas en el primer siglo del segundo milenio europeo, gracias a las cartas de fueros de los ciudadanos eximidos de vasallaje.

Latinoamérica fue, sin atenuantes, un trasplante tardío de las concepciones políticas del medioevo y después de las monarquías absolutas. Los conquistadores ibéricos y sus sucesores impusieron su señorío "en nombre del rey y de la fe". La asociatividad entre hombres libres no tenía lugar, interés ni finalidades prácticas ni en los primeros dos siglos de las encomiendas de tierras y de indios, ni tampoco en los posteriores de predominio de la cultura social de la gran hacienda. No se dieron en Latinoamérica ni en Chile las condiciones propicias para la generación y desarrollo de una vigorosa sociedad civil que desempeñase el rol de eficaz contraparte de la "sociedad política". En la sociedad política y su indispensable instrumento de coerción, las Fuerzas Armadas han sido preponderantes en la evolución política cultural de Latinoamérica.

Es objeto de interés de sociólogos y antropólogos la notoria debilidad chilena para formar asociaciones responsables, leales y perdurables. Abundan las leyes destinadas a fomentar la asociatividad de las más diversas finalidades, con resultados extremadamente raquíticos. Entre muchos otros ejemplos, vale mencionar las cooperativas, las juntas de vecinos, los centros de padres y apoderados, los clubes deportivos, etc.

En el curso de esta deforme evolución sociopolítica de Chile, las comunidades del pueblo mapuche fueron despojadas de su hábitat natural, reducidas a sustentarse en retazos de suelo infecundo y dispersos. Sin embargo, los mapuches no perdieron su identidad distintiva, su hermandad y su leal cohesión social, aun cuando tienen un contingente numeroso emigrado a las grandes ciudades. Siguen siendo objetivamente mapuches y sintiéndose tales, con íntimo orgullo.

Paradojalmente, las comunidades mapuches ofrecen características favorables para la germinación y desarrollo de pujantes entidades de la sociedad civil, capaces de hacer suficiente contrapeso a las entidades de la sociedad política que no los considera sujetos libres de discernimiento y de voluntad, sino como objetos de misericordiosa "ayuda".

La Conadi es un ejemplo típico de estas aberraciones políticas. El Presidente de la República es, en verdad, su tutor omnipotente, a pesar de la concesión de elección de consejeros otorgada a los mapuches y miembros de otras etnias originarias. No debe extrañar que los inscritos para votar por consejeros de la Conadi no alcanzan al 20% de los que tienen derecho. Las engañifas de huincas ya no convencen a la mayoría de los mapuches.

A veces la historia de las naciones nos proporciona circunstancias sarcásticas. A fines del siglo XX, la República de Chile se da a sí misma instituciones en claro remedo de las que estableció la dinastía española de los borbones para regir sus colonias en el siglo XVIII.

Carlos Neely I.


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