Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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Reportaje

Domingo 17 de Octubre de 1999
Adolfo Millabur y la marcha del 12
"Ahora el gobierno no puede hacerse el simpático"

Según el alcalde de Tirúa, que encabezó la marcha mapuche del 12 de octubre, el principal objetivo de la movilización fue realizar una alianza con la sociedad civil y obtener un nuevo impulso para sus reivindicaciones. Piensa que el gobierno, más que "bonitas palabras de caballeros", debe tomar decisiones políticas de fondo frente al problema mapuche, y permitir los cambios que considera necesarios.

Claudia Araneda Fierro

Adolfo Millabur Ñancuil (33), alcalde de Tirúa, es el único edil mapuche del país, -orgullosamente, pero desafortunadamente uno-, comenta. Casado y con dos pequeños hijos, lleva tres años en el cargo y aunque ahora es alcalde, reconoce que se ha desempeñado en distintos oficios a lo largo de toda su existencia. "Estudié en la universidad de la vida. Fui mariscador, campesino, mecánico, por nombrar sólo algunos de los oficios que he desempeñado".

Adolfo Millabur, confiesa sentirse mapuche antes que chileno.

El edil de Tirúa, quien se define como un colaborador de su pueblo y no un representante oficial, rememora cómo se originó la marcha del 12 de octubre, que impactó por su presencia, inquietó al gobierno y fue portada en Chile y en el mundo. "Esta marcha fue bastante espontánea. Se originó en un guillatún, ceremonia religiosa que se hizo el fin de semana anterior a la marcha, en donde estuvieron presentes más de mil 500 mapuches, junto a las hermanas Quintremán".

Y agrega: "La verdad es que esa ceremonia tuvo muy buena concurrencia y fue muy seria. Allí se tomaron acuerdos y uno de ellos, que surgió de manera espontánea, fue el de realizar esta marcha. En un principio se pensó que había muy poco tiempo para organizarla, pero como ya había trascendido a la opinión pública se hizo efectiva y tratamos de cumplir el desafío".

Para Millabur fue una experiencia que puso a prueba la capacidad de organización del pueblo mapuche. "Nos tocó resolver en el camino las diferentes dificultades que se nos fueron presentando". Lo que más le impresiona a la hora de hacer balances es la solidaridad que demostró la gente con los mapuches participantes en la marcha, que espontáneamente les ofreció hospedaje, agua y víveres. Los concejales, las organizaciones sociales y las juntas de vecinos de Arauco, Lota y Coronel, les brindaron una buena acogida. Además Carabineros proporcionó un clima de seguridad durante todo lo largo de la jornada.

Se emociona y afirma que el recuerdo de toda esta colaboración de los distintos pueblos por los que les tocó cruzar en su cabalgata para llegar hasta Concepción quedará grabado para siempre en su memoria. El alcalde de Tirúa, junto a su esposa y a sus hijos, emprendió la marcha desde Tirúa en la madrugada del sábado 9 de octubre.

-¿Cuál fue el principal objetivo de esta marcha?

-Lo primero, crear una alianza con la sociedad civil en general. Porque la gente sabe cuáles son nuestros problemas y ante ellos las autoridades de gobierno hacen oídos sordos. Nosotros no marchamos para manifestarle al gobierno nuestra preocupación o hacerles ver nuestras necesidades, ellos las conocen.

-Específicamente, ¿qué dieron a conocer por medio de esta alianza?

-Quisimos dar a conocer los conflictos que han surgido con las empresas forestales, las arbitrariedades que se cometen contra nosotros, el amedrentamiento que sentimos detrás de ellas, con los guardias. También que el país conozca que los lafquenches (hombres de las costas), estamos vivos, que somos una identidad territorial y somos víctimas de muchos atropellos por parte de las empresas forestales. Pero, lo principal era "sensibilizar" y buscar una alianza, en forma amplia desde la zona penquista al sur, como una manera de que se fortalezca la relación entre los mapuches y los no mapuches que no están vinculados a la estructura de gobierno.

Inyección al espíritu

-¿Y cree que se cumplió el desafío planteado?

-Yo pienso que sí, y con creces. Lo superamos más allá de lo que nosotros pensábamos. Fue una "inyección" para nuestro espíritu, además emocionante, porque sentimos el aprecio de la sociedad chilena. Y la gente efectivamente testimonió con su presencia en forma masiva su apoyo hacia nosotros.

-¿Qué significa superar este desafío para ustedes?

-Este logro es un "barómetro" muy sensible para nosotros, pues mide la sensibilidad que existe en los chilenos respecto al tema mapuche. Y este barómetro no puede ser desconocido por el gobierno, pero tampoco puede hacerse el simpático reconociendo que estuvo buena la marcha. Porque en el fondo, lo que a nosotros nos interesa, más que palabras de caballeros, es que existan decisiones políticas de fondo que permitan los cambios que se requieren.

-Y ahora, ¿qué pasos van a seguir a partir de la ruta trazada?

-Como primer paso, los lafquenches, en cuanto identidad o movimiento, vamos a realizar una evaluación de la marcha, y para ello nos reuniremos este fin de semana y luego anunciaremos qué cosas vamos a seguir haciendo. En realidad no me atrevo a decir lo que vamos a hacer porque no soy más que un colaborador.

-En estos momentos, ¿cómo visualiza el escenario?

-Las señales que percibo del mundo mapuche son buenas. Hemos alcanzado un momento de madurez y pienso que lo ocurrido con esta marcha es una buena señal. Pero, no sé si eso va a derivar hacia un trabajo permanente, continuo de aquí para allá (...)pero creo que es una buena señal. A pesar de ser un gran soñador, no me hago grandes expectativas en este tipo de cosas que están atravesadas por voluntades y distintas sensibilidades. Pienso que es el tiempo el que permitirá generar las condiciones para que esto funcione bien.

-¿Cuáles son a su juicio las reivindicaciones pendientes?

-En primer lugar quiero dejar claro a la opinión pública, al gobierno y a las empresas forestales lo siguiente. La forma como fuimos recepcionados es una inyección muy positiva que nos entregó el mundo no mapuche, lo que demuestra que nosotros tenemos la razón. Por lo tanto, que no se crea que con una marcha a caballo se resolvieron las cosas. De hecho no se resolvieron, pero hay una alianza mucho más fuerte. Y la recuperación de tierras va a continuar, así de claro. Y los conflictos seguirán, en la medida que el gobierno y las empresas forestales no logren entender que tienen que ceder y entregar lo que nos han quitado. Por eso, tal vez estos conflictos se pueden agudizar aun más.

-¿Por qué se agudizarán más los conflictos?

-Porque por un lado hay un movimiento social en alianza con la sociedad civil chilena que está de acuerdo con nosotros, con mucha fuerza, y que es irreversible; y por otro lado hay una tozudez de parte del gobierno y de las empresas forestales que no quieren entender que ellos están equivocados. Lamentablemente entonces estas dos posiciones se encontrarán en algún momento. Y si no lo hacen por la razón lo harán por la fuerza.

-¿Siente que esta nueva alianza los fortalece?

-¡Naturalmente! Nos encontramos con esta inyección positiva que nos da más fuerza, lo que no implica que nos transformaremos en unos vándalos. Yo creo que hay que hacer las cosas en forma seria.

Deuda histórica

-¿Y cuáles son los planteamientos de la propuesta lafquenche?

-Nuestra propuesta lafquenche, que no fue tomada en cuenta por el gobierno, plantea lo siguiente: Que se pueda constituir una comisión de alto nivel, a la que llamamos de "Verdad y Deuda Histórica", en la cual debieran estar representados un sector del gobierno, representantes mapuches, estudiosos del tema, representantes internacionales y expertos en derecho indígena. Esta comisión, debe ser respetada y consensuada por todo el mundo, de tal forma que esté a la altura de lo que en su tiempo fue la Comisión Rettig. Y esta comisión debería dedicarse, a lo menos durante un año, a reconstituir todos los atropellos que han sido cometidos contra nuestro pueblo, a investigar y a evaluar cómo fueron traspasadas a particulares las tierras que eran nuestras, y a distintas empresas forestales. Una vez que se establezca esa verdad nosotros podríamos establecer los alcances de la deuda histórica que el Estado chileno tiene con nosotros. Deuda que por lo demás no tiene que ver solamente con la tierra, sino que también con otros aspectos de la vida de un pueblo: la educación, la cultura, la participación y la autonomía, entre otros.

-En ese contexto, ¿qué entienden ustedes por autonomía?

-Para nosotros la autonomía, representa la posibilidad de tomar decisiones por nosotros mismos en aspectos que nos interesan y nos atañen. ¡Cuidado! No es sinónimo de independencia, que quede muy claro esto. Creo que ha llegado el momento de perderle el miedo a la autonomía. Eso, sin embargo, no significa apartarnos de las leyes generales de este país.

-¿Cómo la ley indígena?

-Esa ley es un pequeño avance, pero que representa los intereses del gobierno de turno y se habla de nociones abstractas, como áreas de desarrollo y que no resuelven los problemas de nuestro pueblo. En cambio nosotros hablamos de aspectos mucho más tangibles, como los espacios territoriales que tienen límites geográficos. Y en función de estos espacios geográficos nosotros tendríamos que tener participación, poder de decisión y recursos económicos para poder invertir y continuar en el desarrollo de esos espacios territoriales.

-¿A cuáles espacios territoriales se refiere?

-A aquéllos que se encuentran dentro de los límites que nosotros reconstituimos de acuerdo a nuestra historia. A aquéllos que en los últimos cien años nos han usurpado bajo distintos métodos, como por ejemplo el valle de Licura, donde hay seis o siete comunidades arrinconadas; el lago Lleu-Lleu, donde existen cerca de quince comunidades mapuches, en donde deben desaparecer las empresas forestales del entorno de este lago. También hay situaciones que observar en Tirúa Sur, en el valle Cayucupil, en Huente Lolén. Si uno observa el mapa de la zona de Arauco, en Llico hay seis comunidades arrinconadas y si reconstituimos la historia, uno se da cuenta de que a través del tiempo han sido desplazados por la acción de las empresas forestales. Por lo tanto ahí obligatoriamente las empresas forestales deben desalojar esas tierras.

Soluciones efectivas

-A estas alturas ¿qué solución esperan ustedes del gobierno?

-Primero, que el gobierno sea más sabio. Es decir, que se preocupe de conocer la historia del pueblo mapuche, porque son ignorantes ante el tema mapuche y viven sentados en la "silla de la ignorancia" ante el tema. Para ellos somos una "minoría étnica", que es de hecho un concepto añejo. Para ellos no somos un pueblo. Ellos tienen la lógica de la propiedad privada actual y dicen: "todos los problemas a los tribunales de justicia". Y ¿cree usted que tenemos la posibilidad de alguna vez ganar algún juicio?

-¿Y qué opina de los 140 mil millones de pesos que ofreció el gobierno en agosto para dar solución a los problemas mapuches?

-Yo no creo que sea un privilegio para las mapuches, ya que se trata de una deuda histórica que el gobierno tiene con nosotros, no es dinero fresco.

-¿Qué piden entonces?

-Que se produzcan cambios a nivel constitucional. Este país no es un ejército, este país es plurinacional, hay varias nacionalidades que conviven en su territorio: estamos nosotros, los aymarás, los pascuenses, los atacameños. En los países modernos el concepto de nación funciona de manera distinta, porque entienden la participación como una garantía de estabilidad. En consecuencia, al interior de esta república los pueblos originarios deben tener el espacio que les corresponde, el país debe ser multiétnico.

-En distintas oportunidades se ha mencionado que el movimiento mapuche está infiltrado y que los están instrumentalizando. ¿Qué piensa Ud. Al respecto?

-El solo hecho que se diga eso del movimiento mapuche representa una actitud racista. Para mí significa mirar en menos nuestro movimiento, como si no tuviéramos capacidad de autodefinir nuestra forma de lucha.

-Con todo esto... ¿Siente odio contra los "chilenos"?

-No, para nada. Cuando juega el Colo-Colo yo vibro, y cuando juega la Universidad de Chile, también. Lo que hay que evitar es que se extremen las posiciones y esto se transforme en una especie de "apartheid".


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