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Nacional


Miércoles 13 de Octubre de 1999

Para entendimiento de largo plazo
Estado y etnias deben
definir sus expectativas
"La sociedad chilena tiene que definir los parámetros de su relación futura con los indígenas y establecer constantes canales de diálogo en el cual se sientan de igual a igual, no en una situación desmedrada", dijo Germán Codina.

SANTIAGO. Chile no puede seguir resolviendo problemas aislados con los indígenas, sino que debe profundizar el diálogo que permita definir claramente qué esperan mutuamente el Estado y las etnias de su relación en el largo plazo. Así lo señaló a EL SUR, el especialista en el tema del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile, Germán Codina. Advirtió que el Plan Frei no es suficiente para superar los problemas existentes. A juicio de Codina, a 507 años del descubrimiento de América, las etnias todavía están en conflicto con la sociedad porque no se han hecho definiciones básicas, pese a que los gobiernos de la Concertación son los que mejor han abordado el problema y los avances que significaron el Congreso de Nueva Imperial y la ley 19.253. Aseguró que se necesita una definición histórica y otra respecto a la relación de los indígenas con el Estado, que sea definitiva; además de un estudio acabado respecto a la situación real de este 10% de la población, que permita una mejor representatividad, una unión mayor entre los grupos, pues ello puede mejorar la relación con la autoridad. Advirtió que las medidas anunciadas por el Presidente Frei no son suficientes para acabar con el conflicto, porque "la sociedad chilena tiene que definir los parámetros de su relación futura con los indígenas y establecer constantes canales de diálogo en el cual se sientan de igual a igual, no en una situación desmedrada. Si no ganan su espacio así, lo harán por otros medios", sostuvo.
De todos modos, aclaró que es difícil que exista el riesgo de que la situación se radicalice como en México, pero dijo que algunos grupos seguirán ejecutando acciones violentas y que ello representa un problema para el gobierno y las fuerzas de seguridad pública, porque sea una persona de una etnia o no, la reacción por la toma de un predio tiene que ser la misma. "Para evitar que eso pase, tienen que solucionarse las causas de ese tipo de manifestaciones", destacó. Para poner en práctica un proceso de entendimiento, el especialista precisó que "lo básico es comprender que se están conectando culturas distintas. Por lo tanto, los intereses y la cosmovisión de cada una son diferentes y la solución se conseguirá sólo si ambas ceden, pero hay que definir en qué lo hace cada una y tener claro que la política no se puede establecer en términos de blanco o negro". Codina argumentó que los orígenes de este conflicto son particularmente hondos y que por ello las diferencias perduran, pero que tenemos que asumir que ellas nos engrandecen y son positivas. "Si no entendemos esa diferencia e intentamos eliminar todo aquello que nos separa a partir de ella, en el largo plazo el nivel de desarrollo del país se verá perjudicado porque la no incorporación de un 10% de su población hace que el Estado esté ocupando recursos institucionales, financieros, políticos y humanos, etc. en solucionar conflictos", dijo. Según el profesional, el diálogo es el mecanismo para llegar a un entendimiento acerca de las definiciones concretas sobre las etnias y que la fórmulas pueden ser varias, pero con carácter institucional. Añadió que ya existen algunos vínculos que se deben perfeccionar, como las conversaciones con las comunidades que impulsó el Ministerio de Planificación y Cooperación (Mideplán). Destacó que es necesario abordar el tema no sólo como un problema de pobreza, sino de educación, porque de otro modo no le sirve ser sujeto de derecho -poder enajenar, comprar, etc-. Tampoco es útil, agregó, una reducción o establecer un estado aparte, porque ello implica que dejan de recibir aportes y perpetúan su pobreza e incurrirían en la misma conducta del Estado chileno cuando se impuso sobre ellos: desconocer que la interrelación con una cultura distinta les puede otorgar herramientas, instrumentos, tecnología y conocimientos para su desarrollo.

Insistió en que su planteamiento no consiste en que se regale nada a nadie, pero sí de que la sociedad en su conjunto los reconozcan y le entreguen instrumentos que con su esfuerzo personal les permita formarse en las áreas que le interesan, puedan tener los ritos que quieran y desarrollar sus familias de la forma que estimen pertinente. "Son un sector desposeído, según demuestra el censo de 1992, y discriminados, que requieren una política clara de desarrollo y de integración a la igualdad de oportunidades", concluyó. Resto de América Codina explicó que Chile y Uruguay son los únicos dos países de Latinoamérica que no han consagrado en su Constitución la existencia de grupos indígenas y su protección. En cuanto a instrumentos efectivos de respaldo, afirmó que en general la situación es similar y que dependiendo del debate y de los logros que haya en un par de años, tal vez pueda variar e incluso ser mejorar un poco.

En tanto, dijo que en Estados Unidos y Canadá las condiciones son mejores para las personas con ascendencia indígena -tienen exenciones tributarias y algunos cuentan con asignaciones específicas- porque la política vigente partió del reconocimiento de que los pueblos originarios habían sido agredidos de tal forma que era necesario que el Estado los resarciera.

 

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