Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
URL:http://www.soc.uu.se/mapuche

Lunes 30 de Agosto de 1999

Puntos de vista
Apartheid a la chilena

El apartheid fue el sistema político impuesto en Sudáfrica para mantener a su población de color en condiciones inamovibles de inferioridad social. El apartheid fue franco, detallado y de cobertura exhaustiva. Un negro, hindú, asiático o mestizo no tenía modo alguno de ascender del rango social de inferioridad asignado por el apartheid en oportunidades de educación, de trabajo, de lugares de residencia y en el uso de espacios públicos.

El apartheid a la chilena está lejos de la franca rigurosidad del caso sudafricano. Tampoco de tanta presencia pública o incidentes esporádicos de violenta odiosidad, como en los EE.UU., respecto de negros, hispánicos o asiáticos. Pero sí existe, y tiene poderosa eficacia respecto de las poblaciones indígenas.

La generalidad de la población que habita desde Copiapó hasta las proximidades de la ribera norte del río Biobío no se encuentra en presencia significativa de indígenas. Los indígenas que emigran a las ciudades mayores se agrupan para vivir segregados del resto de la "chilenidad" que no los acoge como "chilenos", que apenas los tolera como un fenómeno pintoresco en vías de extinción. Las oportunidades de trabajo de los indígenas ingresados a la ciudad son, casi sin excepción, las de mayor inferioridad social y económica, y prácticamente sin posibilidad de ascenso laboral en el interior de empresas privadas o de instituciones de servicio estatal o municipal. (Esta misma circunstancia se denuncia de manera airada como algo condenable en los países europeos que reciben inmigrantes de Africa y de Asia).

En las áreas rurales las comunidades indígenas, especialmente de mapuches, sufren todo el peso del apartheid a la chilena. Su vecindario no mapuche no sostiene relaciones de parentesco, de amistad, de comercio o de trabajo, de manera abierta, fluida e igualitaria con los mapuches. Los mapuches sufren discriminaciones multiplicadas. Han sido arrinconados a languidecer en una economía de pobre autosubsistencia en número excesivo de personas sobre espacios muy reducidos de suelos infecundos. Están materialmente imposibilitados de ofrecer cantidades y calidades de productos del agro interesantes para el mercado, y por ello no pueden ser consumidores. Su acceso a la educación general básica está perturbada por una educación institucional que menosprecia con abierta brutalidad la cosmogonía, la estética, la ética y la cultura de maneras de las familias y de los ancestros de los alumnos. (Con el efecto inevitable de pobrísimos logros de aprendizajes). En consecuencia, sus capacitaciones para oficios calificados e ingresos a niveles superiores de enseñanza quedan severamente limitados.

En perversa añadidura, el ethos cultural de la administración pública chilena, fiscal y municipal, está profundamente impregnado de colonialismo interior. La principal y casi única ambición de los funcionarios que trabajan en áreas rurales es "volver" lo antes posible a una ciudad mayor, pues no son oriundos de la misma localidad. De este modo, las personas de mayor ilustración, "destinadas" a trabajar en localidades de pobreza y especialmente de mapuches, eluden sistemáticamente radicarse en el lugar y establecer vínculos de amistad, de parentesco o de asociación de trabajo con los lugareños. (Nos trae reminiscencias de las normas aplicadas a los funcionarios del rey de España en servicio en sus colonias).

Este apartheid a la chilena tiene enormes costos y peores pronósticos. Con la excepción de un número proporcionalmente pequeño de profesionales, se trata de varias centenas de miles de personas excluidas de aportar esfuerzo perseverante e imaginación creadora en actividades económicas; marginadas de participar como agentes activos de consumo y de inversión en un país que padece de baja densidad económica. Y lo que es peor, privamos a cientos de miles de personas de aportarnos sus elementos éticos que, a ojos vista, son muy superiores a los que nos invaden desde el extranjero. Estamos rechazando lo que nos ofrecen en sabiduría, virtud y belleza los que son nuestros hermanos nutridos por una misma tierra. En vez de esto nos aficionamos al gusto por las excretas del extranjero.

Carlos Neely I

 

©1998 todos los derechos reservados para Diario del Sur S.A.