lunes 21 de agosto de 2000
Puntos de vista
Asimilación o autoafirmación

Soy deudor del cientista político José Marimán, profesor en Denver, Colorado, EE.UU., por el planteamiento de la causa del pueblo mapuche como un dilema entre la asimilación y la autoafirmación.

Este dilema no se planteó durante el período colonial, desde 1540 hasta la fundación de la república, en 1810. En el curso de 270 años las relaciones de la colonia española con el pueblo mapuche se dieron en un estado de guerra, entre naciones diferentes ocupantes de territorios separados. La república, nacida en 1810, negó su nacionalidad a los mapuches y declaró que eran simplemente chilenos. A pesar de varios pactos de tregua, ninguno de los gobiernos de la República de Chile ha abandonado la idea de ''chilenizar'', o sea de asimilar, ''por la razón o la fuerza'', a los mapuches y demás pueblos originarios.

Desde 1810 hasta el presente, durante 190 años, los mapuches han acumulado una larga experiencia multifacética de lo que significa en la vida práctica la ''asimilación'', a veces violenta y a veces impuesta por medio de una infinidad de artimañas fraudulentas. Las declaraciones retóricas de ''hermandad'' y de ''igualdad'' iniciadas por Bernardo O'Higgins y reiteradas por los sucesivos gobernantes de Chile han ocultado crueles engaños.

Las prácticas de chilenización, de asimilación y de integración de los mapuches a la sociedad chilena mayor, han estado siempre supeditados a una rigurosa imposición de acendrados prejuicios raciales y de una cultura social clasista. Los mapuches, lo mismo que los miembros de los otros pueblos originarios, son admitidos a incorporarse en la sociedad mayor sólo en los estratos laborales y sociales de la mayor inferioridad. (En violento contraste con la benevolente acogida de inmigrantes ''arios'' europeos y la posterior, más renuente, de los inmigrantes del Medio Oriente y judíos). No se conocen excepciones en los primeros 130 años de vida de la república y aun son relativamente pocos, medidos en comparación de su proporción como parte de la población del país.

Hasta hace un par de décadas los mapuches no tenían otra alternativa que asimilarse, resignándose a ser tratados como inferiores en sus trabajos y en general en la vida social con los ''huincas''. El despertar y desarrollo de los movimientos nacionales de los pueblos originarios de los cinco continentes del planeta, en paralelo con la multifacética globalización de la sociedad humana, ha producido una viabilidad para la realización de las añoranzas de la autoafirmación: de la conquista de una identidad étnica y política propia de los mapuches, lo mismo que de los quechuas, aymaras, atacameños y de los rapa nui. El mundo nos ofrece el conocimiento de decenas de pueblos que han vivido sometidos al dominio de otros, por muchos siglos anteriores a 1810 y que ahora ganan estatutos políticos de autonomía, cuando no de abierta independencia nacional.

Se equivocan y mucho quienes quieren creer que el tiempo y alguna mayor generosidad de asistencialidad social, harán desaparecer las ansias de autoafirmación del pueblo mapuche. Para que esto ocurriese Chile tendría que apartarse de los influjos de la globalización planetaria del modo que lo hacen los países de islamismo totalitario. ¿Puede alguien imaginar que esto es posible?

Inglaterra creyó consolidado para siempre su dominio militar y político de toda la isla de Irlanda desde el reinado de Enrique II, en el siglo XII. (Siete siglos antes del nacimiento de la República de Chile). Después de siglos de lucha, Inglaterra tuvo que conceder la independencia a cuatro quintas partes de Irlanda y aún no hay paz en la otra quinta parte. Muchos creíamos que el dominio imperial ruso iniciado en el siglo XIV había suprimido definitivamente la existencia política de muchas naciones que hoy son independientes: por la ''razón o la fuerza''.

¿En virtud de qué poder sobrehumano podría Chile quedar marginado del curso de la evolución de la historia de la humanidad? ¿Podremos seguir cultivando supremacías injustas, nacidas de una condición de vencedores en guerras ilegítimas?

Carlos Neely I.


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