El Exilio Pehuenche

Por Eliana San Martín y Ximena Ceardi

Revista del Domingo, Año 10, Nº 560, 13 de Julio de 1997


"Solo queremos que nuestras familias sean bien educadas, no queremos más esa pobreza que venimos sufriendo desde hace décadas. Queremos que haya pehuenches médicos, profesores..."

Ajenos al vocinglerío público, sin luz eléctrica, sumidos hasta la rodilla en el barro y la nieve, los pehuenches de Ralco sólo esperan que alguien les cuente la película clara.

Y es que la construcción de la central hidroeléctrica en los altos del Bío Bío ha sobrepasado la disputa medioambiental, transformándose en un conflicto de intereses políticos y económicos, en que las necesidades de los pehuenches - que serán desalojados de su tierra para la construcción de la enorme represa- aparecen contradictoriamente utilizadas por Endesa, parlamentarios de un y otro bando, ecologistas y periodistas.

A primera vista, lo que promete Endesa parece beneficioso: 21 mil hectáreas repartidas en tres fundos - 19 mil en el "El Barco" y 2 mil en "El Huachi" y "Santa Laura"- en reemplazo de las 640 que hoy poseen y que serán inundadas por la futura central hidroeléctrica. A ello se suma la entrega de "acogedoras cabañas" con estufa a combustión lenta a leña y tres amplios dormitorios.

Sin embargo, el paraíso no es tal. El terreno que rodea las cabañas está cubierto de coirón, que en invierno se ve tapizado por metros de nieve. No hay terrenos para huertos familiares, ni para animales caseros. "Si ellos quieren cultivar algo, van a tener que hacerlo en invernaderos" señalaba hace poco, a una revista santiaguina, uno de los cuidadores de la pequeña villa. ¿Cómo pasarán el invierno las 41 familias pehuenches que fueron destinadas a "El Barco"? La pregunta no la responde nadie.

¿Qué piensan los propios pehuenches? Pocos son aquellos que han llegado hasta el lugar, para dejarlos expresarse sin intervenir ni manipular lo que dicen y sienten.

Lo cierto es que no quieren dejar su tierra. Llevan años luchando por ella y no están para ser trasladados como ganado al gusto de quien compre un terreno que, en última instancia, por tradición les pertenece.

Poco pueden hacer, salvo aguantarse hasta el último. Solos. Porque no le creen a ningún huinca "Todos se venden por dinero".

Acostumbrados a un sistema solidario, donde la competencia individual no tiene sentido, los pehuenches que serán trasplantados -sobre todo a las zonas bajas- tienen todas las de perder. La ropa americana que hoy visten, descocida y desteñida por el uso, es signo evidente de un futuro que se diluye.-