| ELMERCURIO.COM |
Elena Varela habla desde la Cárcel de Rancagua:
Domingo 20 de julio de 2008
![]() |
|||
Tras la formalización de los cargos a las seis personas detenidas en el operativo, el fiscal Servando Pérez pidió la prisión preventiva de Elena Varela (en la foto) mientras se llega al juicio oral. El fiscal Pérez le imputó los delitos de asociación ilícita para delinquir, robo con homicidio y robo con violencia. Foto:MIGUEL HENRIQUEZ
|
|||
|
Luis Miranda V.
Elena Varela espera de pie a sus padres, que entran y la abrazan. Día
de visitas. La gente camina silenciosamente en un frío salón
destinado a las reclusas del módulo 87, lactantes, del complejo penitenciario
de Rancagua. Paredes blancas con pequeñas ventanas ubicadas en lo alto
de la construcción rodean a la mujer, que era una desconocida profesora
de música y documentalista, hasta el día de su detención,
cuando fue acusada de participar en dos violentos asaltos.
El padre de Elena le toma la cabeza y le hace la señal de la cruz en
la frente.
El 7 de mayo de 2008, mientras estaba en plena producción de su documental "Newen
Mapuche", un grupo de detectives de la PDI ingresó a la casa-productora
de Elena, en Villarrica, y la detuvo. Durante dos años estuvieron tras
sus pasos: la siguieron, revisaron su registro de llamadas telefónicas
y estuvieron atentos a las cosas que hacía en su trabajo y en su vida
diaria. La razón: un testigo dijo que ella era parte de un grupo que
había asaltado a punta de armas de fuego la sucursal del Banco Estado,
en Loncoche, el 20 de diciembre de 2004, y un local del INP, en Machalí,
el 10 de junio de 2005. Allí murieron cuatro personas.
"Me declaro totalmente inocente", dice en la sala de visitas. "A mí se
me persigue por querer mostrar la realidad que vive el pueblo mapuche. Y contarla".
Héctor Varela, el padre de Elena, es ingeniero químico y diácono
de una pequeña iglesia en Maipú. La segunda de sus tres hijos
siempre se inclinó por la música. "Vivíamos en Valparaíso",
cuenta. "Ella tenía una vecina de su edad. Y en la casa de su amiga
tenían colgada una guitarra. Elena la sacaba y tocaba durante un par
de horas hasta que llegaba el dueño de casa y la volvían a colgar
como si nada hubiera pasado. Empezó a estudiar en el conservatorio.
Se hizo profesora, formó orquestas infantiles. Luego buscó la
música mapuche y empezó su camino con los documentales, hasta
esto...", añade.
De la Filarmónica de Berlín a la IX Región
Elena Varela observa a su hija, América, de 16 años. Es alta,
lleva jeans y zapatillas. La contempla con una sonrisa nostálgica.
"Mi hija es la que más ha sufrido con todo esto -cuenta-. Yo sé que
muchas veces ella hubiera preferido estar en un mall que acompañarme
en mi trabajo, pero nos tenemos la una con la otra. Durante meses sabía
que nos investigaban. La llamaban a ella por teléfono. Es difícil
ver a su madre en estas circunstancias".
Elena Varela se licenció con mención en dirección de orquesta
en el Pedagógico. Eran los años '80. Había ingresado muy
joven a la universidad, con sólo 15 años, y egresó a los
21. "El único contacto que tuve con la gente del MIR en mi vida, y antes
de hacer estos documentales, fue con mi amigo Eduardo Vergara (uno de los tres
hermanos Vergara que murió a causa de disparos hechos por un grupo de
carabineros en Villa Francia). Orienté mi carrera al mundo social",
asegura.
Elena Marisol estuvo entre 2002 y 2003 becada en el Inwent Institut, de Alemania,
y en la Orquesta Filarmónica de Berlín. Luego llegó a
Chile con la intención de conocer más sobre la música
mapuche. Se fue a vivir a la Novena Región. Convivió con las
comunidades indígenas y pensó que podría hacer un documental
con las costumbres de esta cultura y de los niños.
"Poco a poco me di cuenta de que el tema era otro. Me di cuenta de que porque
no era mapuche me trataban de otra manera", cuenta. "Llegaba a ser curioso.
Cuando había alguna manifestación y llegaba la policía,
a mí no me detenían. Me decían: 'Señora, váyase'.
Por eso comencé a interiorizarme de la historia de estas comunidades.
Supe lo que ocurrió en el pueblo de Neltume hace tantos años.
Decidí contar esa historia. Hacer un documental. Se llamaría
'Sueños del comandante'. Ahí empezó mi vida como documentalista". "Ahí,
también", alega, "comenzó esta persecución".
La versión del fiscal
Ministerio Público, fiscalía regional de la Sexta Región.
Servando Pérez lleva su mano a los anteojos y se los acomoda antes de
hablar. Respira.
"El nombre de Elena Varela salta por la información aportada por las
compañías telefónicas", dice el fiscal. "Recuerde que
en Loncoche hubo personas detenidas en flagrancia: uno de ellos era Carlos
Aedo. Todos los detenidos y fallecidos eran ubicados en celulares. La información
de los teléfonos no fue rápida de obtener, pero fue muy importante" (ver
recuadro).
Servando Pérez y la policía cruzaron nombres, las llamadas de
los celulares de esas personas fueron revisadas y salió una conversación
de 20 minutos que provenía del celular de Elena Varela en el día
del asalto. Luego vieron que el chip de su antiguo celular lo había
usado uno de los imputados en el asalto de Loncoche, seis meses antes.
"En esa llamada, a la que nosotros sólo sabemos por el registro, habla
con Juan Moreno Venegas, quien sería el líder del asalto en Machalí,
y con el que habría tenido una relación. Elena Varela lo niega.
Dice que una foto en donde se les ve juntos es un montaje", explica. "Y también
existen dos testigos que la vinculan directamente al grupo de asaltantes".
Fue en 2006, tras una declaración clave por parte de uno de esos testigos,
que se mantuvieron en reserva durante 20 días tras la formalización
de cargos, cuando Servando Pérez inició una investigación
sobre Elena Varela López. Este año, un segundo testigo aportó datos
y le dio fuerza a las pruebas que ya tenía. Servando decidió que
era el momento de actuar y así lo hizo. El 7 de mayo Investigaciones
de Temuco irrumpió en varias casas de la IX Región.
Elena Varela estaba en su casa y la detuvieron. Sacaron mucha ropa, una bandera
del MIR y armas. De hecho, en esa casa estaba todo el material real de su investigación.
Más de 300 cintas de video, cerca de 1.500 horas de entrevistas, investigación,
reporteo, grabaciones y dramatizaciones de hechos reales.
"A la fiscalía le parecía razonable la orden de incautación
de esas cintas", explica Pérez. "Estamos apegados a la ley. Nosotros
necesitamos saber si en ese material hay información que tenga que ver
con los asaltos ocurridos en Loncoche y Machalí. Lo que nosotros buscamos
son pruebas e información respecto de un delito. No tiene nada que ver
con el tema del conflicto mapuche. No está amparado por el secreto de
la fuente. En ningún caso es para fines de inteligencia policial porque,
de ser así, sería una ilegalidad".
Tras la formalización de los cargos a las seis personas detenidas en
el operativo, Servando Pérez pidió la prisión preventiva
de Elena mientras se llega al juicio oral. El fiscal Pérez le imputó los
delitos de asociación ilícita para delinquir, robo con homicidio
y robo con violencia. La jueza aceptó esos cargos, y Elena Marisol Varela
López perdió la libertad por primera vez en su vida.
"La Ley Varela"
El caso de Elena Varela cobró importancia nacional e internacional cuando
se supo que se trataba una documentalista premiada con el Fondo Nacional de
las Artes (Fondart), al entregársele un monto de 52,9 millones de pesos
para la producción y posproducción de un nuevo documental denominado "Newen
Mapuche, la fuerza de la gente de la tierra", la historia de las comunidades
mapuches y de sus dirigentes que han debido enfrentar la Ley de Seguridad Interior
del Estado. Elena logró entrevistar a una serie de líderes
que incluso están en la clandestinidad.
Rubén Jerez, abogado defensor, explica que "en la formalización
de cargos no se estableció bajo qué ley se imputaba a mi representada.
Las supuestas armas confiscadas en su detención eran de juguete y servían
para sus documentales. La imputación se basa en dos testigos cuya identidad
se reservó el Ministerio Público. Y se le requisó su material
audiovisual. Esta es una persecución del Estado chileno. Hemos interpuesto
un recurso en la Corte Interamericana de Derechos Humanos".
Hasta este domingo de visitas, el 13 de junio de 2008, Elena Marisol cuenta
68 días de reclusión. El juicio oral está proyectado para
unos cuatro meses más, y nuevamente se le denegó la libertad.
Las cintas de los dos documentales siguen en poder de la fiscalía y
un equipo con dedicación exclusiva, de la PDI, revisa todo el material.
Los documentalistas están preocupados y piensan que el caso de Elena
Varela se puede convertir en un símbolo de la libertad de expresión
y de la posibilidad de mantener el secreto de la fuente en las obras audiovisuales.
Los diputados Álvaro Escobar y Marco Enríquez-Ominami acaban
de presentar un proyecto de ley que reconozca el derecho de reserva de fuente
a toda persona que realice una obra audiovisual. Álvaro Escobar se atrevió a
decir que tal proyecto, de aprobarse, se llamará "Ley Varela".
"Ley Varela", dice Elena sonriendo. "Si de algo sirve, claro que será un
honor. Pero estar en la cárcel es duro. Llegué a un lugar que
era peligroso, vulgar. Yo no estaba acostumbrada a un sitio así".
Su caso cobró importancia cuando se supo que se trataba de una documentalista
premiada con el Fondo Nacional de las Artes (Fondart), al entregársele
un monto de 52,9 millones de pesos para la producción y posproducción
de un nuevo documental sobre la historia de las comunidades mapuches que han
debido enfrentar la Ley de Seguridad Interior del Estado.
El fiscal Servando Pérez y la policía cruzaron nombres, fueron
revisadas las llamadas de celulares y salió una conversación
de 20 minutos que provenía del celular de Elena Varela en el día
del asalto. Luego vieron que el chip de su antiguo celular lo había
usado uno de los imputados en el asalto de Loncoche, seis meses antes.
Sospechas:
Los posibles vínculos de Elena Varela con hechos de sangre
Viernes 10 de junio de 2005, cerca de las nueve de la mañana. Un grupo
de hombres armados ingresa violentamente a la plaza de pagos del Instituto
de Normalización Previsional de Machalí con una ráfaga
de disparos de fusiles M-16 al aire.
El camión de valores de Prosegur había llegado momentos antes
con cerca de 80 millones de pesos destinados al pago de los pensionados de
la zona. El guardia del recinto, Jaime Labraña Horta, de 24 años,
responde con su arma el ataque, originando una balacera intensa, breve y fatal.
Antes de caer mortalmente herido, Labraña logra dar muerte a uno de
los asaltantes, Alfredo Hermosilla Candia, de 39 años. Un cuidador de
autos de Machalí, Evaristo Moreno Carrasco, de 38 años, recibe
tres disparos que la causaron la muerte. Horas más tarde, en Peñaflor,
el cuerpo sin vida de Carlos Aedo Videla es encontrado en la vía pública
con impactos de bala: era uno de los hombres que había intentado robar
en el INP de Machalí.
El hecho conmocionó a toda la región y al país. La investigación
judicial recayó en el experimentado fiscal de Rancagua, Servando Pérez.
Tras las primeras averiguaciones, el fiscal y los funcionarios policiales se
percataron de que uno de los asaltantes fallecidos, Carlos Aedo, había
estado involucrado en otro robo violento en Loncoche, el 20 de diciembre de
2004. En aquella ocasión, un grupo de hombres armados irrumpió en
la sucursal del BancoEstado de la localidad de la Novena Región, e intimidó a
las personas que allí estaban. Tras herir levemente al guardia, se apropiaron
de 20 millones de pesos. Allí fueron detenidos e imputados tres hombres,
uno de ellos Aedo, que tiempo después recibió un beneficio carcelario,
y salió en libertad vigilada, perdiéndosele la pista hasta su
muerte, en Machalí.
La presencia de Carlos Aedo y su conversación telefónica con
Juan Moreno Venegas, posible líder del asalto de Machalí, complicaron
la situación de Elena Varela.