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La crisis oculta del Ministerio de Planificación

Jaime Andrade y sus relaciones tormentosas

Por Claudia Valle / 19 de junio de 2003

La llegada de Andrés Palma al Ministerio de Planificación y Cooperación no sólo provocó la segunda renuncia del actual subsecretario Jaime Andrade detenida por el propio Presidente Ricardo Lagos, sino también el inicio de una fuerte tensión en las relaciones entre el nuevo ministro y su escurridizo subordinado, quien aspiraba a ocupar ese puesto desde hace ya bastante tiempo. Transcurridos varios meses desde el nombramiento del nuevo ministro de la cartera, las relaciones al interior del "ministerio indígena" no son precisamente de las mejores.

Había transcurrido menos de una semana desde el último cam bio de gabinete, el 28 de febrero pasado, cuando el subsecretario del Ministerio de Planificación y Cooperación (Mideplan), el socialista Jaime Andrade, le presentó su renuncia al presidente Lagos. El Coordinador ejecutivo de Políticas y Programas Indígenas no quería continuar en el ministerio y así se lo hizo saber al mandatario. Sus principales reparos apuntaban a la designación de los DC Andrés Palma y Francisco Huenchumilla como ministros de Mideplan y de la Secretaría General de la Presidencia, respectivamente.

Con ambos nombramientos, Andrade veía que se abrían dos nuevas "ventanas" para el tratamiento del tema indígena que conllevarían una serie de trastornos en el diálogo con las etnias que él mismo encabezaba. Y, por lo tanto, de no lograr los resultados esperados, éstas acudirían a las nuevas autoridades, lo que podría tornar más complejo el trabajo con estos grupos. Lagos no aceptó la dimisión de Andrade y le reiteró la necesidad de que siguiera ocupando su cargo. Eso sí, se comprometió a plantear sus aprensiones a los recién nombrados ministros.

Lo cierto es que ésta no era la primera vez que el subsecretario intentaba dejar el cargo, aunque por motivos muy distintos. Cuando Nelson Pizarro asumió a principios de este año la vicepresidencia de la División Norte de Codelco, Andra de recibió de su parte una interesante oferta para irse a la cuprífera, que no desechó de inmediato. Incluso habló públicamente del cierre de una etapa y de la importancia de haber logrado el reordenamiento del Fondo de Tierras y Aguas de la Conadi.

Pero Lagos, que en ese momento preparaba el ajuste de su equipo de gobierno, le pidió al subsecretario de Mideplan que no abandonara sus tareas. Tal petición fue interpretada en círculos políticos como un eventual ascenso. "Andrade se vio con el traje de ministro", dicen en La Moneda. Pero no sólo no lo fue, sino que además vio "intervenida" su esfera de influencia con la llegada de Palma y Huenchumilla, quien es conocido por su cercanía al tema mapuche. Así, el panorama se tornó bastante más complejo para Andrade, quien había llegado a la cartera en agosto de 2001 para apoyar la gestión de la ministra Alejandra Krauss. Durante ese período se anotó importantes logros en la relación con los grupos indígenas, como la penetra ción de la cerrada cúpula de la Comunidad Arauco-Malleco. A tal nivel, que luego de la designación de Cecilia Pérez como reemplazante de Krauss, Lagos le encargó a Andrade la Coordinación Ejecutiva de Políticas y Programas Indígenas, debido a su mayor manejo político en el tema.

Para nadie era un secreto que el verdadero jefe del Ministerio en ese entonces no era Pérez -una desconocida en la vida pública hasta ese momento-, sino Andrade. Así lo reconocen importantes personeros de Mideplan. "Si había que conversar un tema político en ese tiempo, se hablaba con Andrade", sostienen.

Un cuadro que cambió radicalmente con la designación de Andrés Palma. Con una trayectoria parlamentaria de 12 años y distintos cargos políticos en el cuerpo, el actual ministro no era un personaje que requiriera presentación ni que fuera a aceptar un segundo plano, como tampoco que esperara después jubilarse de la vida pública. Además, debido a su experiencia en la comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, conoce a fondo los temas presupuestarios y puede entenderse de igual a igual con el ministro Eyzaguirre y con el director de Presupuesto, Mario Marcel. "Por eso está claro que ahora el ministro es el jefe político de Mideplan y por lo tanto, es más útil hablar directamente con él", precisan.

La pérdida de poder de Andrade es uno de los factores que explican las dificultades que han surgido en la cartera desde que asumió el nuevo ministro y que no se han abordado precisamente con discreción. Tanto Lagos como el equipo político están al tanto de las dificultades. Lo mismo ocurre en las oficinas de Ahumada y en sus respectivos partidos -la DC y el PS- están al tanto que las relaciones entre ministro y subsecretario no son de las mejores y que la comunicación entre ambos dista mucho de ser fluida. Prueba de ello es que, recién llegado a Mideplan, Palma fue sorprendido con declaraciones de su subordinado acerca del estudio de la creación de la comuna pehuenche o la propuesta de una Subsecretaría Indígena.

Pero también las mismas autoridades no han sido especialmente reservadas respecto a la opinión que una tiene de la otra. Fuentes socialistas aseguran que Andrade ha comunicado este tema a las autoridades del PS.

Los contratiempos del ajuste se han visto agravados por el escaso contacto directo entre ambos. Uno de los primeros objetivos que fijó Palma cuando llegó a Mideplan fue recorrer todo el país para tomar contacto con las distintas oficinas y servicios del Ministerio. Su intención era fortalecer la imagen interna y devolver la confianza de los funcionarios de una cartera que no sólo ha debido sortear fuertes intentos de cierre, sino que además ha cambiado su cabeza tres veces en tres años. En forma simultánea, Andrade recorre permanentemente el país para encontrarse con los grupos indígenas. Esta tarea lo tiene fuera de su oficina durante gran parte de la semana. Por lo tanto, no es raro que a m enudo ninguna de las máximas autoridades del Ministerio se encuentre en Santiago.

De hecho, el martes 3 Palma se embarcó con destino a Bruselas, en un viaje que lo mantendría fuera toda la semana. Y al día siguiente, Andrade partía con rumbo al sur.

La omisión del ministro

La mayoría de los conflictos entre ambos han tenido su origen en el tema indígena. Andrade ha defendido con celo lo que considera la necesidad de una interlocución única, debido a la complejidad de los temas que maneja. De hecho, en la cartera reconocen que el ministro ha tenido algunas actuaciones desafortunadas en ese sentido, como la que ocurrió a fines de abril en una visita a Valdivia, cuando accedió a reunirse con un grupo de mapuches, pese a que la audiencia ya estaba acordada con Andrade.

Cercanos al subsecretario aseguran que no se trata de un tema de competencia por exposición pública, porque Andrade no puede considerarse una autoridad "polilla". Al contrario, en el gabinete aseguran que tal situación sería dañina para el tratamiento de las materias que les competen, debido a la alta sensibilidad de las etnias. "Lo que se busca son condiciones mínimas para poder trabajar con tranquilidad", aseveran.

En el Ministerio esta idea no es compartida. "Plantear que el ministro tiene temas vedados, pese a ser el jefe de la cartera, resulta difícil de aceptar", dicen. Y se preguntan si acaso "la solución es que Palma no ponga un pie en la VIII, IX ni X regiones". "En términos comunicacionales es difícil que si se le pregunta al ministro de temas propios de su cartera, él deba guardar silencio", concluyen. Una omisión que, debido al carácter del ministro, es casi impracticable. "Palma se ha esforzado por conoce r todos los temas del Ministerio y estar al dedillo en todos", dicen quienes lo conocen.

La otra queja que existe a nivel interno es la escasa comunicación entre el gabinete del ministro y el del subsecretario. Según fuentes de Mideplan, en estos tres meses no ha sido posible trabajar en conjunto, pese a que se han buscado distintas instancias para tener una mejor coordinación. Además, plantean que la dedicación casi exclusiva de la Subsecretaría en los temas indígenas ha recargado en forma excesiva al gabinete del ministro.

Consultado al respecto, Andrade sostiene que "no quisiera tener ninguna dificultad con el ministro, porque eso no ayuda al gobierno ni tampoco al tratamiento del tema indígena. Yo soy el primero en hacerme a un lado, soy el subsecretario y no el ministro, y él es una autoridad superior". Está por verse si Palma y Andrade son capaces de superar sus diferencias a nivel político-comunicacional y administrativo o pasan a formar parte de la dupl as disfuncionales de gobierno.