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El Gong y la ética periodística

Por Pedro Cayuqueo Kolectivo Lientur / 25 de junio de 2003

Como la crónica de una capitulación periodística anunciada, El Diario Electrónico El Gong de Temuco, cada cierto tiempo abandona esa supuesta independencia editorial y política que asegura tener a todos sus visitantes y lectores, sumándose de manera explícita o subliminal a la campaña de desprestigio que los monopolios periodísticos chilenos El Mercurio y Copesa desarrollan contra el pueblo mapuche y la justeza de su lucha de manera casi patológica. ¿Por qué planteo este comentario tan duro contra un medio que ha tenido como pocos la valentía de abrir su tribuna a las noticias mapuches que en otros medios de seguro nunca serían noticia?. Por un asunto de mínimo respeto y colaboración entre colegas.

Puede que El Gong no sea el Diario Austral de Temuco, aquel donde los periodistas desempolvan viejos manuales de contrainsurgencia para referirse cotidianamente a las comunidades y sus movilizaciones, pero por lo mismo -por que no lo es- es que todos quienes lo utilizamos periódicamente tenemos el deber de llamar la atención de quienes lo dirigen y componen cuando el rumbo pareciera simplemente haberse perdido entre tantas buenas intenciones y una supuesta objetividad editorial que a ratos raya en la mera autoreferencia.

El Gong es una tribuna abierta, lo sabemos (y por ello tenemos además la seguridad de que nuestra carta será integramente publicada), por ello nuestra crítica respecto de la "capitulación ética" del medio no apunta en ningún sentido hacia determinados artículos de opinión que con evidentes posiciones anti-mapuches han sido publicadas profusamente en su sitio web. Por el contrario, aceptamos dicha apertura editorial como parte del juego democrático de las ideas al que estamos expuestos y que por lo demás permite fomentar un enriquecedor debate cuando los argumentos inteligentes y no precisamente la propaganda se apoderan de nuestras plumas.

Pero bueno, nuestra crítica no apunta hacia dicho aspecto. Se refiere más bien a ciertos comentarios, opiniones y aseveraciones de marcado tinte prejuicioso y cuando no abiertamente racista contra los mapuches, que se han filtrado en los trabajos de los propios profesionales que laboran en dicho medio de comunicación, empañando un trabajo que a todas luces ha hecho cátedra en la región a nivel de periodismo digital. Para muestra tan sólo un botón:

"8 VIOLENTISTAS MAPUCHES SEGUIRÁN EN PRISIÓN". Titular Diario El Gong, 24/06/03.

Aquí no se trata de un artículo de opinión firmado por algún extasiado dirigente del agro sureño o una leguleyada propia de alguno de los encorbatados aprendices de cazamapuches que existen en la región, amparados en ese experimento de in-justicia denominado eufemísticamente como Reforma Procesal Penal. En ese caso se podría comprender e incluso hasta justificar la virulencia de los adjetivos utilizados en el titular ("8 violentistas mapuches seguirán en prisión..."). Pero como ya señalamos, no es este el caso que nos atañe. No se trata de un artículo de oponión. Se trata, más bien del titular de una nota informativa elaborada por los propios profesionales de El Gong, un titular que -dicho sea de paso- en cualquier facultad de periodismo medianamente responsable podría ser indicado como un ejemplo de lo que puede llegar a ser el mal periodismo y -lo que es más grave aún- el ejercicio completamente anti-ético de nuestra profesión.

¿Como puede el profesional de El Gong (asumiendo que es un profesional, por supuesto) titular una noticia del ámbito judicial de tamaña manera, sean mapuches o no los involucrados en los hechos investigados?. ¿No se supone que las ocho personas a que se hace referencia en la noticia son sólo imputados, es decir, personas cuya responsabilidad en los hechos se encuentran aun en etapa primaria de investigación?. ¿Y no se supone que una persona es inocente, completamente inocente, a no ser que se demuestre por el contrario su culpabilidad en un delito a través de la realización de un juicio ajustado a las normas del debido proceso?.

En el caso de los comuneros de Trikauko a que hace mención la nota de El Gong, ninguno de los imputados mapuches ha llegado todavía a la instancia del juicio oral, por tanto, ninguno es ni debiera ser para la prensa en los hechos culpable de los ilícitos de incendio que se les imputan por parte de la Fiscalía. Menos aun cuando incluso todos ellos se han declarado inocentes de los cargos y bien podrían ser absueltos finalmente de toda persecución judicial, toda vez que las irregularidades denunciadas por los abogados de NorAlinea de la existencia de "testigos falsos" en el proceso sean corroboradas por los magistrados una vez llegada la etapa del juicio oral.

Hace no mucho tiempo atrás, una gran parte de la prensa nacional (aquello de "gran parte" resulta un eufemismo a estas alturas, considerando el monopolio político y económico que afecta el ejercicio del periodismo en este país...) acusó públicamente a los lonkos mapuche Aniceto Norín, Pascual Pichún y la simpatizante de la causa Patricia Troncoso Robles de ser unos viles "terroristas" incendiarios. Cientos de titulares y toneladas de papel se utilizaron para desacreditar y manchar la honra de estos destacados luchadores del pueblo mapuche que, sin embargo, tras un año de permanecer confinados en la oscura soledad de una cárcel, fueron declarados finalmente inocentes por los tribunales de justicia.

La justicia, para estos casos catalogados simplemente como "errores" judiciales, contempla medidas de reparación que recaen sobre el Estado. En el periodismo no existe tal cosa, aunque si la posibilidad también jurídica de entablar acciones legales contra los medios involucrados por los delitos de "injurias" o "calumnias" con publicidad. Pero si el demandante es el campesino Pascual Pichún y no precisamente el ex ministro de Estado Juan Agustín Figueroa, dichas demandas no dejan de constituir un mero saludo a la bandera. En consecuencia, cuando cualquier mortal o ciudadano de a pie como dicen los españoles, se ve enfrentado de manera injusta al escarnio público por parte de algún medio de comunicación, a lo más que puede espirar es a recibir unas merecidas disculpas públicas. Nada más, aunque tampoco nada menos.

Huelga destacar que en el anterior caso de los lonkos de Traiguén, ninguno de aquellos prestigiosos medios de comunicación involucrados, quizás todavía estupefactos por el insólito reves judicial sufrido por aquel potentado e influyente latifundista experto al parecer más en reciclaje que en leyes constitucionales, fue capaz de articular un mínimo acto de reparación o mea culpa por la forma en que fueron tratados aquellos dos ciudadanos mapuches en sus conspirativos titulares y notas periodísticas publicadas a lo largo de todo un año. Nada raro, en todo caso, tratándose principalmente de El Mercurio y su brazo armado en la zona sur denominado El Diario Austral.

¿Qué pasaría el día de mañana, si los jueces del Tribunal Oral en lo Penal de Angol determinasen absolver a los ocho comuneros mapuches de Ercilla hoy encarcelados y tratados como violentistas tan livianamente por El Gong en su edición del 24 de junio?. ¿Estará el señor Gustavo Cid a la altura de las circunstancias y dispuesto a realizar un público mea culpa por lo acontecido o a pedir las sentidas disculpas de rigor a los comuneros mapuches afectados por la ligereza en el uso de los adjetivos?.

No lo sabemos con certeza, pero la posibilidad cierta de averiguarlo se acerca a pasos agigantados. Tan sólo en un par de meses.

1. Su autor es periodista. Director del Sitio de Noticias Mapuche Kolectivo Lientur