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Las contradicciones de un supuesto atentado

Bosques Arauco al detector de mentiras

Por Pedro Cayuqueo (1)/ Kolectivo Lientur

http://www.nodo50.org/kolectivolientur/mentiras_forestal.htm
 

Muchas interrogantes y dudas persisten respecto del atentado incendiario que la mañana del día 6 de abril afectó a un convoy de camiones de la empresa Forestal Bosques Arauco al interior del Fundo Chiquitoy, comuna de Ercilla. Si bien en un principio el hecho fue calificado como "terrorista" y atribuido a miembros de comunidades mapuches, transcurrida una semana las sospechan apuntan cada vez con más fuerza sobre la propia empresa forestal y grupos paramilitares con asiento en la Provincia de Malleco.

El chofer de Forestal Bosques Arauco, Juan Esteban Arévalo, no tuvo tiempo de acelerar su máquina cuando ocho sujetos encapuchados, vestidos de camuflaje y armados con escopetas, revólveres, pistolas y palos lo abordaron en un camino interior del Fundo Chiquitoy.


Dice que trató de defenderse pero violentamente tres de los sujetos lo redujeron, mientras uno de ellos que parecía el líder y se dirigía al resto como "mis soldados", le advirtió una vez en el suelo: "Quédate quieto o te vamos a matar". Arévalo señala que desde su poco grata posición pudo ver como uno de los sujetos se subió a la cabina de su camión Volvo, placa patente RP-9724, para registrarlo y acto seguido prenderle fuego.

Minutos después observó a sus agresores alejarse del camión en llamas, en dirección al lugar en donde se encontraban los otros transportes de sus colegas cargando trozos. Aterrado vio como los encapuchados reducían al despachador de las faenas y a otros dos chóferes dándoles golpes de palos, patadas y apuntándolos con sus armas de fuego. Minutos más tarde, otros dos camiones yacían envueltos en llamas a pocos metros del lugar donde Arévalo intentaba desesperado ocultarse de los sujetos que regresaban, huyendo a pasos agigantados tras cumplir con su macabro cometido. Pasaron muy cerca suyo, esta vez corriendo y gritando ancestrales consignas mapuches que Arévalo difícilmente pudo descifrar.

Esa es la versión uno, la oficial, la que también indica que hasta esa mañana del 6 de abril del 2003 la empresa Forestal Bosques se encontraba realizando faenas de raleo sin mayores inconvenientes al interior del fundo. La versión dos, la no oficial, la no publicada aun pero que ronda como un fantasma por la mente de la mayoría de los entendidos en la materia, es que tal ataque jamás habría sido provocado por comuneros mapuche. Por el contrario, se habría tratado de un atentado por encargo, perpetrado por miembros de alguno de los grupos paramilitares que operan en la zona de Malleco y con una finalidad claramente política. En los hechos, torpedear el fallo absolutorio que ya se presagiaba en el juicio por terrorismo contra lonkos mapuche desarrollado en Angol y que significó la semana pasada un duro golpe para el sector forestal empresarial.

El silencio de la forestal

Desde el reinicio de las movilizaciones mapuche a fines de los noventa, la rutina diaria de gran parte de las empresas forestales así como de sus trabajadores a cambiado radicalmente en la zona sur. Faenas de plantación, raleo o explotación, típicas de este tipo de actividad económica dejaron de la noche a la mañana de ser meros trámites. Especialmente para transnacionales como Forestal Mininco o Bosques Arauco -que mantienen la mayoría de los litigios por tierras con las comunidades-, tales actividades productivas se han transformado con el tiempo en verdaderos desafíos de guerra. Y desafíos muchas veces insalvables, debido a la férrea resistencia de comuneros mapuches que a través de tomas o cortes de caminos obstaculizan las faenas, reivindicando esos territorios como propios.

En este verdadero teatro de operaciones en que se ha transformado el trabajo forestal en La Araucanía, uno de los principales e ineludibles rituales para las empresas consiste en informar a las autoridades del inicio de sus trabajos y exigir su correspondiente protección policial. Para éste fin, tan sólo en la provincia de Malleco un contingente de más de 100 efectivos fuertemente armados se encuentra disponible las 24 horas de día prestos para asumir este nuevo rol institucional de guardias privados. Pues bien, en el caso del fundo Chiquitoy, Forestal Bosques Arauco jamás informó a las autoridades o Carabineros del inicio de sus faenas de raleo. Aunque semanalmente se realizan en Temuco reuniones de coordinación y en las que participan el gobierno, policías y empresarios del rubro, hasta el día de los hechos la empresa del grupo Angelini omitió de manera insólita informar a las autoridades del inicio de sus trabajos en Ercilla.

Una situación a todas luces extraña, nos plantea un supervisor de área de Forestal Millalemu con base en Collipulli y quién para evitar problemas prefiere guardar su nombre en el anonimato. "Se puede decir que es un hecho extraño, bastante anormal lo sucedido en el fundo Chiquitoy. Todas las empresas que inician faenas solicitan protección de Carabineros en Temuco. Es un trámite que al menos las grandes como Mininco o Bosques Arauco nunca dejan de realizar por temor a represalias de las comunidades mapuches. El no informar puede significar incluso para un supervisor como yo el perder su puesto de trabajo", nos señala la fuente.

En Temuco, el Gobernador de Malleco Mario Venegas y encargado del plan de protección a las empresas madereras impulsado por el gobierno tras recrudecer los incidentes en la zona sur, corrobora esta información en todas sus letras. "Ellos no solicitaron protección policial ante los tribunales ni menos notificaron del inicio de faenas de raleo, de tal manera que no se extendió el radio de las patrullas que habitualmente vigilan los predios forestales de la provincia", indicó. Por cierto, las dudas respecto de esta situación tampoco escapan al análisis de la máxima autoridad provincial. "A nosotros nos llama poderosamente la atención este caso, ya que hubo una falta de coordinación y hemos planteado a la empresa que aquí existió una desinteligencia de su parte que impidió que se entregara la información oportuna a Carabineros”, señala.

Más dura es la opinión del General José Bernales, Jefe de la IX Zona Policial y responsable en definitiva ante la opinión pública local de poner la cara cada vez que un ataque de esta naturaleza estremece a la región. "Si la empresa forestal hubiera informado como es debido, es probable que este ataque jamás se hubiera registrado... Nosotros mantenemos resguardo policial en 20 predios forestales y una excelente coordinación con la mayoría de las empresas, por tanto la responsabilidad en estos hechos no recae precisamente en nuestra institución". Para el hombre fuerte de La Araucanía, la "desinteligencia" de la empresa forestal no constituyó para nada un hecho sin importancia. Bien pudo Bernales vanagloriarse hasta ahora de haber pacificado con sus hombres una región hasta hace poco en llamas, a punta de operativos sorpresa, allanamientos nocturnos, arrestos selectivos y una productiva alianza con los fiscales del Ministerio Público y o rganismos de inteligencia gubernamental. Sin embargo, Bernales sabia que todos esos logros quedaban ahora en tela de juicio y de allí su evidente molestia frente al error cometido por la empresa forestal.

¿Por qué la empresa no informó a las autoridades ni ha Carabineros de sus trabajos en el fundo Chiquitoy?. La respuesta oficial en principio fue que debido a la inexistencia de comunidades mapuche reivindicando dichos terrenos. Parecía obvio: si no había nadie de quien temer, entonces era lógico no importunar a las autoridades con falsas alarmas. Pero entonces, ¿cómo se explica el atentado si ninguna comunidad u organización había planteado públicamente alguna demanda territorial en dicho sector, tal como lo reconocía en su argumento la misma empresa forestal?.

Las interrogantes por supuesto no terminan allí. A poco de ocurridos los hechos, el representante de la Corporación Chilena de la Madera (CORMA) en la octava región, Emilio Uribe, se apresuró en informar a la prensa que “una organización de carácter indígena” había reivindicado el ataque a través de una llamada telefónica anónima recibida en sus oficinas centrales, anunciando además que atentados de este tipo continuarían ocurriendo en la zona sur del país. Sin embargo y tras ser consultadas por este medio, las principales organizaciones mapuches rechazaron cualquier tipo de vinculación con el atentado a la maderera, asegurando la mayoría de ellas que sólo se trataba de un burdo montaje comunicacional preparado por la empresa para generar un clima artificial de alarma pública.

“Sería absurdo que una organización mapuche cometiera un atentado de esta envergadura a días de conocerse en fallo contra dos importantes lonkos mapuche. Con la presión que existía sobre los jueces por parte de las empresas forestales, una cosa como esa sólo podía beneficiar a los fiscales y perjudicar la defensa de nuestros dirigentes”, señala Juan Pichún, werken de las comunidades en conflicto de Traiguén.

El helicóptero de la CORMA

Cuando Martín Gonzáles colgó el teléfono no entendía nada. Desde la capital, su jefe del área de prensa de Radio Chilena estaba indignado. Pocos kilómetros al noreste de Ercilla, un comando encapuchado había reducido a escombros por la mañana tres camiones de una empresa forestal y el flamante corresponsal de Chilena Solo Noticias en La Araucanía brillaba por su ausencia. El atentado ocurría a veinticuatro horas de que un jurado fallará en Angol a favor o en contra de dos conocidos dirigentes mapuche acusados de terrorismo. Se trataba, por tanto, de un notición en lenguaje periodístico y era impresentable no estar al tanto del hecho seis horas después de haber ocurrido. Herido en su amor propio, Gonzáles sólo atino a bajar el moño dignamente y prometió despachar lo antes posible una nota al respecto.

Sin embargo, habían varias cosas no cuadraban. ¿Cómo se enteró su jefe en la capital de los hechos ocurridos en Ercilla?. Durante la conversación telefónica, este le había reprochado que el corresponsal de Radio Bio-Bio en Concepción hubiera despachado primero la noticia y desde el mismo lugar de los hechos. ¿Y cómo se enteró tan rápido el corresponsal de La Radio de un atentado ocurrido a más de 300 kilómetros al sur?. No lo sabía y recién entonces Gonzáles sospechó que algo raro estaba ocurriendo. Tomó su libreta de apuntes y se comunicó rápidamente con sus otros colegas corresponsales de prensa en Temuco. Su sorpresa entonces fue mayúscula. Ninguno de los periodistas apostados en la región y preocupados la mayoría ese día del juicio oral contra los lonkos mapuche en Angol, supo de lo ocurrido hasta que fueron telefoneados desde Santiago por sus respectivos jefes. ¿Qué había pasado entonces?.

La respuesta llegaría más tarde y desde la octava región. Específicamente desde las oficinas de la Corporación Chilena de la Madera (CORMA), ubicadas en Barros Arana Nº 39 en la ciudad de Concepción. Ocurre que tan sólo minutos después de ocurrido el atentado en Ercilla, la jefatura de la CORMA, en un hecho verdaderamente insólito hasta la fecha, había arrendado un helicóptero en el Aeropuerto de Collao para trasladar a la plana mayor de la prensa penquista directamente al lugar de los hechos. Es decir, desde la octava región para cubrir un hecho ocurrido en la novena.

Es así como periodistas de Canal 7, Mega, Canal 13 y Radio Bio-Bio fueron “dirigidos” esa mañana por la CORMA desde la capital penquista hasta el fundo Chiquitoy cuando aun los restos de los camiones siniestrados humeaban sobre el horizonte. Tan rápido sería el traslado, que ni siquiera el fiscal de Collipulli había arribado al lugar de los hechos cuando la prensa penquista emprendía ya su veloz viaje de regreso. Huelga destacar que un par de horas más tarde, tanto los sobrecogedores testimonios de los choferes atacados, como las imágenes impactantes de los tres camiones envueltos en llamas ya estaban siendo transmitidas por la televisión pública a todos los hogares del país, incluidos por cierto los habitados por los jueces de Angol Waldemar Kosh, Georgina Solis y Luis Sarmiento, el presionado trío encargado de condenar o absolver a los lonkos mapuche de Traiguén.

“Nuevo atentado en zona de conflicto indígena”, “Recrudece la violencia en La Araucanía”, titularían en su noticiero central la mayoría de los canales que cubrieron desde Concepción los hechos de Ercilla, informando profusamente de un clima de terror generalizado, de la existencia de personas heridas y posibles comuneros mapuches detenidos. En los hechos, nada de eso era realmente efectivo. O muy poco, para ser exacto. El propio informe oficial proporcionado con el correr de las horas por el Gobernador de Malleco, solo consignaría los daños a los camiones, sin choferes lesionados ni mucho menos comuneros mapuches detenidos. Lo mismo declararía más tarde a TVN - Red Araucanía el fiscal de Collipulli Alejandro Chamorro, designado por el Ministerio Público para la investigación judicial de los hechos y quién llegó al sitio del suceso cuando los periodistas de la VIII región ya se habían retirado raudos a cumplir con su labor des-informati va.

En este punto las preguntas surgen por si solas. ¿Cómo se enteró la CORMA tan rápido del atentado y pudo coordinar en cuestión de minutos un viaje de la prensa en helicóptero hasta Ercilla?. La respuesta oficial habla de un supuesto sobrevuelo de rutina, planificado por la CORMA y los corresponsales penquistas con semanas de anticipación. Si esa es la verdad de lo ocurrido, la coincidencia del sobrevuelo de rutina con el día exacto de los atentados no deja de parecer sospechosa. Segunda interrogante. ¿Por qué se traslado a los corresponsales de la octava región y no precisamente a sus pares de la novena, por lo demás mucho más cercanos al lugar de los hechos y la mayoría de ellos ya curtidos en este tipo de conflictivas materias?. Todavía no se conoce una respuesta oficial. Entrevistado al respecto, un corresponsal de televisión en Temuco nos señala que la respuesta resulta casi de Perogrullo.

“Traer a los colegas de Concepción se puede entender como una jugada magistral de la CORMA. La mayoría de los corresponsales de la novena nos encontrábamos ese día en Angol, cubriendo el juicio contra los lonkos y a menos de treinta kilómetros del lugar del atentado. Sin embargo, la CORMA prefiere informar y trasladar a los colegas de Concepción, periodistas que en su mayoría no cubren el tema indígena, que desconocen los antecedentes del conflicto y que fácilmente repitieron más tarde todo lo que la empresa les quiso decir o mostrar”, señala la fuente.

A modo de cierre

"La verdad de los hechos deberá ser determinada por los tribunales de justicia", han declarado autoridades de la IX región ante la ola de rumores que circulan sobre el caso. Por su parte y a excepción de dos querellas criminales por incendio terrorista interpuestas en los tribunales de la IX región –una de ellas patrocinada por el propio Senador de RN, Alberto Espina- la empresa Forestal Bosques Arauco ha guardado hasta la fecha un estratégico silencio. Experiencia no le falta al respecto. Ya el segundo semestre del año 1999 y a poco de estallado el conflicto mapuche en la zona sur del país, la empresa fue acusada públicamente por comunidades mapuche de Arauco de planificar atentados y montajes con el objetivo de inculparlos ante los tribunales.

En aquella ocasión, varios ex guardias de la forestal –molestos por sus repentinos despidos y por el extraño suicidio de uno de sus camaradas de armas- declararon incluso públicamente haber cometido esos atentados a objeto de inculpar ante la justicia a organizaciones mapuche y sus principales dirigentes. Y no sólo eso. Muchas otras denuncias al respecto han existido en estos años tanto contra la maderera de Angelini, como contra sus pares del grupo Matte, Forestal Mininco. Sin embargo, todas ellas forman parte de una historia que ya será contada en otro reportaje.

Nota:

1. Periodista mapuche. Director del Sitio Web de Kontrainformación Mapuche, Kolectivo Lientur. Este reportaje forma parte de un libro en etapa de elaboración sobre la “guerra sucia” en el marco del conflicto mapuche.