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Prensa Regional y Conflicto Mapuche
MUCHA PROPAGANDA, NADA DE PERIODISMO

Por Carlos Millahual / 06 de diciembre

Kolectivo Lientur

Suma y sigue. Resulta a todas luces poco probable que en otro conflicto social y político se hayan acumulado a lo largo del tiempo tantas informaciones falsas, imprecisas y especulaciones, como ha ocurrido en el caso de las movilizaciones del pueblo mapuche. Como el año 1992 con el Consejo de Todas las Tierras, el año 1997 con las comunidades de Lumaco o el año 1999 con sus similares de Traiguén, el reciente encarcelamiento de la cúpula dirigencial de la Coordinadora Arauco-Malleco en diferentes cárceles de la VIII y IX región se ha convertido en tema de referencia obligada para toda la prensa oficial chilena, para los comentaristas anti-mapuches de ocasión y también para aquella siempre lista corte de entusiastas propagandistas del famoso estado de derecho en la zona sur del país.

La tónica general de la prensa regional en la coyuntura, como siempre en el caso del interminable conflicto mapuche, ha sido el desinformar en beneficio del status quo territorial y politicus chilensis. “Desarticulada la Coordinadora”, “Duro golpe al extremismo mapuche”, “Violentistas a la Cárcel”, “Infiltrados financian a la Coordinadora”, etc. ¿Cuál ha sido la principal pega de los redactores y editores de prensa en los últimos días?, ¿investigar?, ¿reportear?. No. Más bien desempolvar sus archí conocidos manuales de contrainsurgencia de la guerra fría  y allí donde aparece la palabra “comunista subversivo” reemplazarla por su correspondiente “mapuche”. O “radicalizado” o “violentista” o “encapuchado”, da lo mismo.

Como en los agitados tiempos de la mal llamada Pacificación de la Araucanía, cuando los legendarios cronistas de El Mercurio ya hacían de las suyas en el arte de la desinformación periodística, el lector chileno bien puede creer hoy que una tropa de desalmados forajidos que había tomado por asalto La Araucanía acaba de ser derrotada por la acción siempre diligente de la justicia y las autoridades. Algo así como la banda de los Peñan en su versión posmoderna de agitadores del orden público y enemigos de la civilización y el progreso. Nada del conflicto político, de la usurpación territorial ni del despojo histórico al pueblo mapuche. Nada de la reconocida deuda histórica y mucho menos del prometido nuevo trato laguista. Eso sucede a menudo acá en el sur, cuando la propaganda ocupa definitivamente el espacio del periodismo.

Una editorial de "El Diario Austral" es un buen ejemplo de cómo la propaganda tiraniza al sentido común de sus lectores hasta doblegarlo. Lean, lean: «Los últimos acontecimientos demuestran que el denominado "conflicto mapuche" está lejos de interpretar a la mayoría de la etnia... Un determinado y reducido grupo ha quedado identificado como el autor de actos violentistas y es ésta una demostración, también palpable, de que la extensión del conflicto indígena alcanza a un bajo porcentaje del pueblo mapuche, cuyas comunidades, en su enorme mayoría, han optado por la vía pacífica en la consecución de sus demandas... Es pues, ésta, una muestra de que el llamado conflicto mapuche es alimentado por una minoría ahora perfectamente identificada, que pretende imponer por la fuerza planteamientos que repugnan el ordenamiento jurídico” (D.A.. 06/12/02).

“Que repugnan el ordenamiento jurídico”. Bellas palabras. ¿Qué lector medianamente curto (no culto) podría no sentirse identificado con esta editorial del señor Cienfuegos?. Todo un sofista, sin duda. Ya que si existen reglas jurídicas, hay orden y paz social. Si hay orden y paz social, hay progreso. Y si hay progreso, nos beneficiamos todos. O al menos en teoría, claro está. Sin embargo, ¿a que ordenamiento jurídico hace alusión el Diario Austral?. ¿Al mismo que se impuso sutilmente al pueblo mapuche tras la creación por decreto de la Provincia de Arauco el año 1856? ¿o aquel otro que derechamente se nos impuso por la fuerza tras la derrota de nuestras fuerzas militares el año 1881 y que posteriormente legitimó el despojo territorial y económico que nos transformó en ciudadanos colonizados de tercera o segunda clase?. ¿Qué ordenamiento jurídico estarían entonces violando impunemente con sus acciones los miembros de la Coordinadora Arauco-Malleco y que tanta repugnancia provocarían en jueces, fiscales y tinterillos locales?. La verdad, leyendo el Austral no nos queda para nada claro.

Sin embargo, tampoco la llamada prensa alternativa regional ha conseguido zafarse tras todos estos meses de la dictadura de la propaganda oficial anti-mapuche. Sin ir más lejos, los aprendices de propagandistas de "El Gong" aportaron también su granito de arena a la campaña comunicacional del gobierno en contra de la Coordinadora al demostrar en exclusiva la emergencia de mapuches contrarios a los sectores radicales del conflicto (¡Mapuches, emerge la antiradicalización!). Y para acreditarlo, nada mejor que publicar sendos comunicados de una serie de organizaciones mapuche fantasmas, claramente pro-gobiernistas, desconocidas para la mayoría del movimiento indígena  y que por obra y gracia del señor Gustavo Cid y sus secuaces, se transformaron de la noche a la mañana en la voz oficial de todo el pueblo mapuche. ¡Viva la prensa independiente!.

Para muestra tan sólo un botón: “Se consolida así (con las declaraciones publicadas), también la tesis de la infiltración de los grupos que dicen representar los intereses del pueblo. Basta observar a los encapuchados, extranjeros o no mapuches, agitando las movilizaciones. Históricamente, el mapuche, en siglos de tradición combatiente, ha dado la cara, no necesita escudarse tras gorros pasamontañas, por la propia dignidad de un pueblo que vio el origen de nuestra civilización y hoy, con justicia, pide participación, identidad, y no discriminación” (Diario El Gong, 03/12/2002).

“Un pueblo que vio el origen de nuestra civilización...”. A diferencia del señor Cienfuegos y su prosa de sofista leguleyo, Gustavo Cid es todo un poeta. La diferencia, en todo caso, no es casual. Cienfuegos, así como gran parte de aquella corte de propagandistas que dirige desde su oficina en el diario Austral, es un nacionalista chileno de tomo y lomo. Lo imagino amante de la chicha en cacho, el rodeo, orgulloso de los valores patrios, católico ferviente y como todo chileno bien nacido que se precie de tal, militante de algún partido de la derecha política. Por tanto, sus opiniones son las de un nacionalista para quién la sola palabra mapuche es sinónimo de conflicto, separatismo y desintegración del estado-unitario-centralizado-católico-apostólico-romano al cual desde pequeño sus padres le enseñaron a rendirle culto.

El director de El Gong, por su parte, se me ocurre un periodista medio progresista, medio hippie (bastante hippie si tuvo la delirante ocurrencia de levantar un sitio web en Temuco), para quien la palabra mapuche no le produce extraños síntomas estomacales sino más bien un comprensible sentimiento de fraternidad inter-pueblos. ¡Viva la diversidad cultural!, debiera ser de hecho el lema de su visitado pasquín electrónico.

Gustavo Cid, según me han comentado y de buena fuente, es un buen tipo al cual diversas circunstancias de la vida, presiones comerciales por doquier y una tormentosa relación de amor y odio con la Intendencia Regional lo habrían hecho abandonar paulatinamente el camino del periodismo independiente para entregarse a los acogedores brazos de la propaganda anti-mapuche en la región. Propaganda digital, dicho sea de paso. Los sofistas griegos lo advirtieron hace varios miles de años: negocios son negocios, heleno.

Ambos medios analizados en esta crónica son los principales generadores de opinión pública en la región y quizás los principales referentes noticiosos en el tema mapuche en particular. Preocupa entonces el grado de virulencia demostrado en los últimos días en contra de uno de los referentes organizacionales mas activos del movimiento mapuche actual. Insistir en lo “violento” de sus métodos y en la descalificación gratuita de sus objetivos políticos nada aporta a la discusión y menos a la comprensión de un conflicto étnico de larga data en la zona sur del país y cuya evolución futura se nos presenta cuando menos como insospechada.

Finalmente una reflexión. Que los diarios capitalinos en su mayoría mientan, manipulen o falsifiquen las informaciones provenientes del conflicto mapuche, ya sea por intereses económicos, políticos, ideológicos o simple ingenuidad e ignorancia frente al tema, se puede incluso terminar aceptando. Algunos de ellos, como El Mercurio, La Tercera y La Segunda jamás han ocultado sus posturas anti-mapuches. El problema surge cuando determinada prensa regional nos intenta vender una postura de supuesta independencia y pluralismo informativo, como lo hacen por ejemplo los periodistas digitales más “genuinos e integrales de La Araucania”...