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Carlos Chihuailaf Railef

(1917- 2002)

In Memoriam

 
El 27 de febrero del 2002 falleció don Carlos Chihuailaf Railef. Hacía ya largos años que lo conocíamos. Compartimos muchas veces con él y su familia, en Quechurehue (Cunco, novena región de Chile). Fue un amigo atento, leal, afable, conversador.

Al cumplirse ahora el primer aniversario de su muerte, queremos recordar al amigo y compartir, parte de su trayectoria, porque pensamos que su vida de lucha es un estímulo para quienes creemos en horizontes colectivos más promisorios.

Desde su infancia, don Carlos fue tenaz en la senda de la superación. Siempre recordaba su dura experiencia escolar. Hijo de campesinos, llegó a la escuela primaria sin hablar castellano, y debió por consecuencia soportar las burlas de algunos. Su lengua materna era el mapudungun (idioma mapuche). Aprender el castellano fue la primera barrera que debió superar. Culminó su educación recibiéndose como profesor en la Escuela Normal José Abelardo Nuñez de Santiago.

Cumplió una labor docente ejemplar. Primero en la Escuela Rural Fiscal de Quechurehue, en donde además de la enseñanza, formó a sus alumnos mediante actividades extraescolares : organizó la primera brigada de Boy-Scouts y Cruz Roja de la zona, alentó el espíritu deportivo y musical de sus alumnos a través de un club de fútbol, del atletismo y de una Banda instrumental.

Años más tarde se trasladó a Cunco. Fue profesor de la Escuela de Hombres, creador y director del Primer ciclo del Liceo Coeducacional. Luego asumió como director de la Escuela de Niñas.

Su dinamismo, así como su voluntad de servicio público lo llevó a participar, además de su labor docente, en la vida de la comunidad. Como maestro rural no se desentendió de la suerte de los campesinos porque también fue uno de ellos. Participó en el Comité de Pequeños Agricultores de Quechurehue y donó un terreno para la creación de una Posta de Salud Rural que atiende regularmente hasta hoy. Destacó como dirigente del magisterio y como Superintendente del Cuerpo de Bomberos. Ejerció asimismo como Subdelegado de la comuna de Cunco. Por entonces tuvo que afrontar la oposición y, a veces la agresividad, de quienes habían detentado por años el poder comunal. Algunos de ellos no concebían que un mapuche ejerciera como autoridad de la comuna.

Decidió asumir un compromiso militante, ingresando al Partido Radical, para servir a sus conciudadanos con mayor eficacia. Pero ante todo militó en la causa de quienes aspiraban y luchaban por una vida más justa y digna. Fue elegido regidor durante dieciseis años consecutivos, hasta 1973. Llegó a obtener la primera mayoría comunal. También ejerció como Alcalde subrogante de la Municipalidad de Cunco. Ciudad que lo reconoció como Hijo Ilustre y dio su nombre a una de sus calles.

En 1970, apoyó la candidatura presidencial de Salvador Allende y luego al gobierno de la Unidad Popular. Figuró en la terna de candidatos a la Intendencia de la provincia de Cautín. El golpe militar de septiembre de 1973 le valió la cárcel como a miles de chilenos. La policía lo detuvo mientras daba clase a sus alumnos.
Tempranamente formó parte de organizaciones indígenas : fue dirigente del Centro de Estudiantes Nehuentuayñ (1938) y del Frente Unico Araucano (1939), participó en La Sociedad Moderna Araucanía. Intervino activamente, a lo largo de su vida, en innumerables eventos por la causa de su pueblo mapuche.
A su condición de profesor y político podemos agregar su curiosidad intelectual. Fue animador cultural en las páginas del periódico « La Voz de Arauco » del Centro de Estudiantes Nehuentuayñ. Entre sus amigos se contaron algunos poetas como Claudio Solar de Valparaíso. Y en su biblioteca de los años sesenta, en el campo, figuraban reconocidos pedagogos : Montessori, Freinet, Dewey, pero también autores como Ortega y Gasset, Sigmund Freud, José Ingenieros. En sus casa encontramos el libro « La realidad médico-social chilena » de Salvador Allende.

Siguió su perfeccionamiento en sucesivas escuelas de verano de la Universidad de Chile porque creyó en la educación y en los libros como medios formadores. Pero la « Universidad de la vida » –como le gustaba decir- entregaba igualmente un aprendizaje valioso.Y él, sin duda, aprendió mucho de la experiencia de la vida, sobre todo en los momentos aciagos que vivieron los chilenos.

Luego de haber cumplido su condena de prisión, fue trasladado a la ciudad de Temuco en donde se hizo acreedor del premio al mejor maestro, gracias a sus méritos profesionales. Se acogió a retiro en 1981. Degradado en su carrera docente por la dictadura militar, terminó su vida en el campo. En su retiro campesino, junto a su esposa Laura en quien tuvo siempre un apoyo incondicional, buscó salvaguardar y compartir la memoria. La memoria de la historia regional y mapuche en particular, pero también la memoria de la vida. Nunca olvidó a compañeros y amigos que habían sufrido la represión, a aquéllos que murieron por sus ideas, a los que debieron exiliarse. En el sosiego del paisaje que tanto amó, se detuvo el soplo de su existencia.

Fue un rebelde frente a la injusticia y la discriminación ; se rebelaba contra los sembradores de promesas que se desvanecían y contra los que se valían del poder para defender privilegios. Desdeñaba las gesticulaciones de los vanidosos.

No sorprende entonces que centenas de personas se dieran cita en el cementerio de Quechurehue para dejar los restos del amigo, del profesor, del hombre público. Allí se encontraron campesinos, ex alumnos, bomberos, representantes de la Ilustre Municipalidad de Cunco, asi como también representantes de las autoridades de Temuco. Y, desde luego, sus amigos de siempre.

Como dijera un historiador recordando a un amigo : « Yo no hablo bien de este hombre porque era mi amigo, sino que era mi amigo porque se podía hablar bien de él ». Y nosotros, recordando a don Carlos, también decimos lo mismo en nombre de una vieja amistad.

César Ulloa Torres.
Degalio Henríquez Z.

Febrero, 2003.