Centro de Documentación Mapuche Documentation Center
Temuco, 28 de noviembre del 2002

Señor
Gustavo Cid
Director Diario El Gong
Presente:

De mi mayor consideración:

Leí ayer el extenso artículo de José Mariman donde comenta mis opiniones aparecidas a través de diversos medios de comunicación. Me asiste el deber de hacer al respecto algunas consideraciones:

Mi análisis del movimiento indígena es consistente con una realidad histórica, de la cual soy parte, desde mi temprana juventud. No se olvide don José que yo estuve en el movimiento indígena antes que Ud. se diera cuenta que era mapuche. En marzo del año 1979 ya salió mi primera declaración contra el D.L. 2568 dictado por el régimen militar en el Diario El Mercurio, donde aparezco junto a otros estudiantes mapuches. Lo que omitan los cientistas sociales es problema de ellos, pero lo cierto es que no se ha realizado ningún trabajo serio para explicar el fenómeno ocurrido al interior del movimiento indígena en los años ochenta, el que hizo emerger una propuesta indígena cuyo norte fue avanzar en la construcción de una sociedad pluricultural y multiétnica. Esa propuesta fue masiva y provino de todo el país , dando origen a la ley indígena, a la propuesta de reconocimiento constitucional y de aprobación del convenio 169 de la OIT [ que antes fue el convenio 107 del año 1957 en cuya reformulación participamos activamente]y a la creación de una nueva institucionalidad que desmantelara las exclusiones históricas del segmento indígena de nuestro país. Otro cosa es cuanto hemos avanzado como país en esos temas.

Es evidente que al interior del mundo indígena hay energías que pugnan por construir una sociedad pluriétnica y multicultural y otras que quieren crear una sociedad segregada, dividida por fronteras internas, una suerte de apartheid. Por favor, Sr Marimán lea las declaraciones públicas que han hecho las organizaciones indígenas durante los útimos 30 años, incluidas las manifestadas durante la UP. El “novedoso y reciente” planteamiento autonomista es más viejo que el que busca construir una sociedad pluricultural. Como el Sr. Marimán reside desde hace varios años en Estados Unidos debe conocer la historia del movimiento indio norteamericano de los años 60 y 70^. Debe conocer, además, la aparición del indianismo en el casco andino de América, cuyo gran momento fue el encuentro de Ollantaytambo en 1979 cuando se creó el Consejo Indio Sudamericano [CISA], y cuya gran premisa fue que “en los paises donde los indios seamos mayoría debemos tomarnos el poder y donde somos minoría debemos crear autonomías”. Está, también, la declaración de Admapu del año 1982. Y para ir más lejos están las ideas de Manuel Agurto Panguilef que hace más de sesenta años hablaba de la República Mapuche.

Por otra parte, el sofisma armado por el Sr. Marimán con la palabra “pluralista” para quitarle fondo a mis declaraciones, es un recurso muy pobre para ser utilizado por una persona de la estatura intelectual que yo le suponía. Tampoco resulta aceptable el uso efectista del deceso del niño Alex Lemun, que tanto la CONADI como el Gobierno lamentamos profundamente. La distinción que hace Marimán, ya manida en algunos cientistas sociales, entre asimilacionistas, integracionistas y autonomistas, si que es evidentemente maniquea y constituye una manipulación que hace abstracción de la realidad diaria en que se desenvuelven los indígenas en una sociedad construida sobre la base de su exclusión. La idea de poner a los autonomistas en la cúspide de una pirádime ética autoedificada es inaceptable y no resulta más que un juego de palabras.

Es de mínima racionalidad tener presente que la construcción de una sociedad pluricultural y multiétnica no es un hecho que se produce mágicamente, por la dictación de una ley o la buena voluntad de los gobernantes, para ello se requiere tiempo, esfuerzo, instalar capacidades, cambiar mentalidades profundamente arraigadas, en fin, actuar firme pero prudentemente sobre una realidad adversa. Desde que advino la democracia a nuestro país ha habido una voluntad clara de cambiar las cosas y de conformar un país mejor para todos. Al dictar la ley indígena el país ha reconocido y cuestionado la exclusión, la marginación, la discriminación que ha sufrido la población indígena, y se han diseñado mecanismos [que siempre se pueden ir mejorando] para superar estas injusticias. Dichos mecanismos forman parte del Estado de Derecho que con tanta mordacidad menciona el Sr. Marimán, y que han permitidos a tantas personas en estos nueve años recibir tierras, proyectos de desarrollo económico, social y cultural, becas de estudios, participación. Que es insuficiente, que falta, puede ser, pero eso no significa que la gran masa de la población indígena haya estado equivocada cuando llegó acuerdo con el resto de la sociedad [Nueva Imperial 1 de diciembre de 1989].

Como el mismo Sr. Marimán reconoce, los planteamientos autonomistas son minoritarios y, además, tienen tantos matices y contradicciones que no es posible vislumbrar como se llevaría adelante su planteamiento en una realidad tan compleja como la de nuestro país. Yo sostengo que la autonomía es económicamente inviable, no entro a calificarla ni siquiera como planteamiento político, porque cada ciudadano es libre de pensar lo que quiera. El Sr. Marimán para sostener lo contrario, esto es que es económicamente viable, no entrega ningún argumento, ninguna propuesta, y no puede alegar falta de espacio, pues dio rienda suelta al teclado de su computador. Me gustaría saber, para darle alguna riqueza al debate, teniendo presente la realidad económica del país, como se podría hacer viable la autonomía, sin hacer a la población mapuche y a sus potenciales autogobiernos, aún más dependientes de los escasos recursos del Estado [subsidios que tendrían que salir del cobre, de los impuestos del resto de los habitantes del país, de las pocas empresas estatales]. La gran mayoría de los mapuches se opone a ser condenada a una suerte de apartheid en las zonas más pobres del país.

Por último no puedo aceptar la crítica que me hace José Marimán por manifestar mi respeto a la ley y al estado de derecho. Desde hace siglos existe en el mundo la convicción que el Derecho es la única garantía que tenemos los ciudadanos para no ser entregados a la ley del más fuerte o del más violento. Sostener lo contrario es promover la anarquía y el desorden que no sé que problema histórico podría resolver, muy por el contrario permitiría quizá el exterminio de la población indígena. Si el Sr. Marimán quiere construir una sociedad a su pinta, esa sociedad [y la del lado] tendría que tener leyes y él querrá en ese momento que se respete el estado de derecho. Yo puedo como ciudadano pedir que se cambien las leyes que me parecen injustas; pero no puedo llamar a que no se cumpla la ley, y en mi caso particular mi deber es más fuerte, pues cuando asumí como funcionario público quedé sometido a un ordenamiento jurídico conforme al cual debo hacer mi trabajo. Esto podrá parecerle bien o no al Sr. Marimán, pero es mi realidad, y él como hombre inteligente tiene que comprenderla y no debería tomarse tanto trabajo para ofenderme por esa causa.

Atentamente,

AROLDO CAYUN ANTICURA.
DIRECTOR NACIONAL-CONADI