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Dagens Nyheter 11 septiembre 2001

Chile debe acabar con la represión a los mapuche.
El Presidente chileno tiene la oportunidad de ser un jefe de estado progresista, según el redactor.
 

Jorge Calbucura

En los próximos días el presidente de Chile, Señor Ricardo Lagos visitara Suecia invitado a participar en la conferencia de "jefes de estado progresistas". La calidad progresista de presidente es para mi dudosa. El señor Lagos representa un estado que en forma sistemática oprime a los pueblos originarios en particular al pueblo Mapuche.

El 7 de agosto del mes pasado cuatros líderes del pueblo mapuche solicitaron asilo político en la embajada de Suecia en Chile. En una carta entregada al embajador sueco señor Arne Rodin, los líderes mapuches dejaron de manifiesto que son amenazados y perseguidos y acusan al gobierno de no respetar sus derechos constitucionales y las normas del derecho internacional al igual que el convenio de las Naciones Unidas sobre pueblos originarios. Que el pueblo mapuche sea amenazado y discriminado en el Chile de hoy no es nada nuevo, pero que ésto ocurra con tal magnitud que sea necesario recurrir al exilio solicitando protección a autoridades internacionales es una muestra de un grave empeoramiento de la seguridad física de los Mapuches.

Lo peor es que no recibieron asilo, algo que Suecia debiera lamentar ya que las vidas de estos líderes sigue aun en latente peligro.

La situación social en que vive el pueblo mapuche es dramática. Aproximadamente viven un millón y medio de mapuche en Chile. Una cuarta parte de ellos viven en reservas superpobladas y el resto viven en comunidades y ciudades alrededor de todo el país. Los mapuche que viven en las reservas no tienen tierras suficiente para solventar su supervivencia. El presidente Lagos y su gobierno han sido incapaces de promover cambios radicales que permitan solucionar la necesidad de mas tierras para las familias mapuche.
La gran mayoría de los mapuche vive con un dólar diario, es decir en una extrema pobreza. La pobreza y la difícil situación actual es también resultado de la política anti-mapuche de la dictadura militar de Pinochet (el golpe fue en 1973). En 1979 el régimen militar reforma las propiedades comunitarias de los mapuche en Propiedad privada dividiendo la propiedad comunitaria en pequeñas parcelas o lotes, contraviniendo la naturaleza y forma de vida ancestral del mapuche.

La administración militar permite con mucha generosidad confiscar tierra favoreciendo a empresas forestales multinacionales bajo el control poderoso de grandes grupos económicos. Estas empresas desmantelan la fauna forestal milenaria y en su lugar se reforesta con pino y eucalipto por su mayor rentabilidad.

Durante el proceso de recuperación democrática se impone el controversial proyecto de construir siete represas en el alto Bío Bío, río de alto valor cultural y sagrado para el pueblo mapuche. Lo asombroso de este proyecto es que es financiado con fondos públicos de los contribuyentes suecos ya que ASDI es cofinanciadora de este mega-proyecto.

La tala de los bosque ha permitido que las empresa forestales sean propietarias de dos millones hectáreas de tierras, que en su mayoría se ubican en territorio del pueblo mapuche. Es decir, las forestales chilenas son propietarias de una extensión cuatro veces mas grande que la propiedad del conjunto de las Familias mapuche. Para ilustrarlo sólo un ejemplo, la empresa Forestal Minico es dueña del 60 % de las tierras en el municipio más pobre de Chile, la municipalidad de Tirua, que tiene el 70% de su población mapuche.

Según la ley chilena esta empresa está exenta del pago del impuesto municipal, es decir, los mapuche no son beneficiarios de sus recursos naturales. La reforestación con eucaliptos y pinos trae como consecuencia un efecto nefasto para el medio ambiente que además ofrece limitadas posibilidades laborales. Contra esta situación el pueblo mapuche se moviliza y protesta tomándose las tierras o bien incendiando las plantaciones.

La terrible situación del pueblo mapuche hoy es un hecho histórico en la que el estado chileno es su principal responsable. Cuando el presidente de Chile pisa suelo sueco con el honorable titulo de "jefe de estado progresista" sería interesante saber cuándo serán liberados todos los presos políticos mapuche, cuándo se terminará con la persecución a los líderes del pueblo Mapuche; cuándo se dejará sin efecto la aplicación de la Ley Antiterrorista de Pinochet. Y cuándo su gobierno firmará el Convenio Nr 169 de la OIT sobre pueblos originarios.

Si el señor Lagos no toma estas medidas tengo la sensación de que la confrontación entre las empresas cada vez más voraces coludidas con un estado cada más represor y los Pueblos originarios será inevitable. Como jefe de estado progresista debiera sentir gran preocupación frente a un futuro escenario de esta dimensión.