Editorial: Realidad social de los mapuches

La Epoca, Año 2 No. 599 - Lunes 15 de diciembre de 1997 

En algunos medios se califica a los mapuches de Lumaco de "indígenes subversivos", sin matiz alguno. Es una condena sin juicio -literalmente un prejuicio- que se aplica a la totalidad de los chilenos que habitan una zona del país, al parecer por el solo hecho de pertenecer a la etnia que tanto se celebra a la hora de los discursos patrios.
El ataque incendiario perpetrado contra los camiones y equipos de una empresa maderera no tiene justificación alguna y merece, por cierto, las sanciones que establece la legislación. Pero se requiere una investigación rigurosa para establecer específicamente quiénes son los culpables.

Sería muy grave que el proceso terminase con una condena que pudiera aparecer, a los ojos de la población local, como una expresión de racismo o discriminación. Algunos jefes policiales, con larga experiencia, observan que el incendio intencional es un método al que jamás han recurrido los mapuches, aun en medio de sus protestas más combativas.

En vastos territorios de las regiones australes la reivindicación indígena de las tierras ancestrales se mantiene latente. No sólo es posible, sino probable, que en algún momento, como producto de circunstancias coyunturales, revivan las brasas que duermen bajo la ceniza y otra vez resuenen los cuernos de guerra.

Es muy necesario, al enfrentar tales situaciones, y también el reciente episodio incendiario de Lumaco, profundizar en el examen de los factores sociales y económicos que son, en fin de cuentas, los que originan los reclamos y los ocasionales estallidos.

Si en algún tiempo se pudo estimar que las reducciones indígenes disponían de tierra abundante y aun, según opiniones interesadas, excesiva, hoy por hoy es evidente que ésta se hace escasa, por efecto del aumento de la población, de la erosión y de la decreciente fertilidad de los suelos. No hay por qué ocultar que este fenómeno es producto en buena medida de la aplicación de técnicas agrícolas primitivas. Pero tampoco se debe pasar por alto que la erosión es consecuencia de la explotación irracional, cuando no del arrasamiento, mediante el fuego o la motosierra, del bosque nativo. No es extraño que las empresas madereras aparezcan, para no pocos campesinos mapuches, como el enemigo.

La justicia investigará los hechos de Lumaco y dictará su veredicto. Pero el entorno económico y social, la situación que afecta a nuestros compatriotas mapuches no puede ni debe ser pasada por alto. En ese sentido, corresponde un papel fundamental a la Corporación Nacional de Indígenas. La ley Indígena fue un paso importante en el reconocimiento de las etnias originarias del país. Falta esforzarse más por hacerla realidad y crear condiciones favorables para el desarrollo de las comunidades y para su incorporación al proceso de modernización, del que siguen estando marginadas.