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Domingo 23 de noviembre de 2003

 El Chile que "ellos" quieren

  Fernando Villegas
 
Se ha perdido en la noche de los tiempos la identidad del siútico que por primera vez urdió el bautizar los encuentros empresariales de Icare con un latinajo sentencioso. O tal vez somos injustos y dicho personaje era un hombre sencillo aspirando sólo a hacer una broma transitoria y ninguna culpa tiene que su ocurrencia se convirtiera en costumbre. Como sea, el último meeting fue bautizado como "Modus Vivendi", aunque también se le ha llamado "El Chile que queremos".

Y aquí viene la pregunta. ¿Quiénes son esos "nosotros" implícito en el "queremos"? ¿Esos señores que dicen "queremos" como diciendo "todo Chile quiere"? ¿Como diciendo que luego de largo debate el país entero decidió qué diablos quería? Pero no recuerdo haber sido consultado al respecto. ¿Lo fue usted? ¿Lo llamaron para interrogarlo acerca del Chile que desea? ¿Lo ha llamado Ravinet para preguntarle siquiera qué clase de barrio quiere? ¿Qué ciudad quiere? ¿Los ha llamado Eyzaguirre para preguntarles qué presupuesto prefieren? ¿Los llamó la canciller para preguntarles qué nueva plancha ansían protagonizar con Argentina? ¿Los llamaron los empresarios para saber qué clase de relación laboral y nivel de ingresos gustan? ¿Los llamó Ricardo Claro, los llamó Luksic, los llamó Angelini?

No los ha llamado absolutamente nadie. Y nadie los va a llamar. Parece que este "queremos" no es asunto que nos competa al resto de los chilenos...

Lo que quieren los que quieren...

¿Y quiénes son esos señores que quieren y quieren y nunca dejan de querer algo más? Por cierto, insisto, no son ni usted ni yo. Son los carilindos del país. Son los acaudalados, los dueños de tierras, fortunas, islas, empresas, directorios y miembros de número -no faltaba más- de cada secta católica fundamentalista que ha asentado sus reales en Chile para elevación de las almas y santificación de los bolsillos. Son altos dirigentes políticos, ejecutivos de primerísimo nivel con jugosas participaciones, especuladores de Bolsa, financistas, dueños de navieras, de bosques, de conglomerados, de la costa, el mar, lagos y ríos, la tierra, el subsuelo, las montañas y el aire mismo que respiramos. Son los titulares personales y corporativos de fortunas y/o capitales avaluados en incontables millones de dólares. Y son también las autoridades de gobierno que tal vez no tienen dónde caerse muertos, pero a fuerza de ocupar puestos importantes se han ganado el derecho a ser invitados. En breve, es la elite política y económica del país, la cual maneja a este último con la mano firme y el poder completo con que un barón medieval manejaba su heredad.

Por supuesto, este diminuto grupo tiene todo el derecho del mundo a querer lo que se le dé la gana; es posible, incluso, que su querer sea conveniente para el resto de nosotros, a quienes nadie nos ha preguntado nada. Pero aun así este arrogarse la ciudadanía exhaustiva y exclusiva de la nación tiene cierto tufo a atropello. Por otra parte, es cierto que tal vez si se nos preguntara no sabríamos qué contestar. Ya explicaré por qué. Y ellos sí lo saben: tienen agendas empresariales y políticas muy claras. Quieren más libertad para seguir haciéndose aún más ricos. Quieren una mano de obra disciplinada, eficiente, educada, barata y que sepa cuál es su lugar. Quieren un electorado manso que siga haciendo ordenadamente filas frente a las urnas cada tantos años para elegirlos otra vez. Quieren, en suma, un negocito bien puesto, monono, que pueda lucirse con las visitas de fuera, lucrativo, tranquilo, recién pintado. Quieren seguir siendo la elite del país.

¿Y nosotros?

Nosotros contamos poco. No movemos fortunas, no invertimos, no damos empleo, no financiamos campañas, no poseemos medios de comunicación, no somos invitados a La Moneda, mucho menos a Icare. El "modus vivendi" es el de ellos, no el nuestro. No contamos sino con y por un escuálido voto. Juntos somos "el pueblo", en teoría un organismo poderoso capaz de derribar montañas; en la práctica dicho pueblo es una miríada infinita de grupúsculos e individuos a los que sólo une su común suerte de valer poco o nada.

Y aquí explico el por qué, el cual no es el resultado de una fatalidad, sino de determinadas políticas e instituciones -partiendo por la Constitución- que han terminado por baldarnos, amputarnos facultades, chances, alternativas, poder. En otras palabras, no es que no queramos nada o no sepamos qué querer, sino ya no se nos deja que ese querer valga algo y hasta se dificulta que lleguemos a desarrollarlo por la sencilla razón de la falta de práctica. En efecto, cuando la Concertación nos prometió "perfeccionar la democracia" y multiplicar los ámbitos de decisión y soberanía popular, sencillamente nos metió el dedo en la boca. No han aumentado sino los ámbitos de actividad para los dos grupos de ambiciosos, depredadores y mediocridades que gobiernan o pretenden gobernar el país. ¿Qué decide el pueblo cada tantos años sino apenas cuál de estos dos grupos poner sentados a la mesa a servirse el erario nacional? ¿Dónde están los mecanismos de opinión y decisión siquiera a nivel comunal, donde en realidad alcaldes y concejales hacen y deshacen a voluntad? ¿Los plebiscitos? ¿Las consultas? ¿O cree alguien que esas ridículas encuestas de opinión que enriquecen a media docena de comerciantes del rubro equivalen a la soberanía popular, al Vox Populi? Para empezar JAMAS son hechas para saber qué quiere el pueblo, sino para averiguar cuánto quiere o no a los figurones del poder. Es pues un instrumento para el servicio de estos últimos, no de aquél.

Fundo

Ciertamente por desuso, impotencia, frustración y todo lo demás, el pueblo, hoy, no podría ya expresar algo muy coherente sobre el "Chile que queremos". A lo más en el presente sólo podemos decir si nos gusta el hocicón fulanito de tal o nos desagrada el ladrón menganito de cual. Y por lo mismo apenas nos interesa ir a las urnas. El perfeccionamiento de la democracia, su verdadera perfección, ocurrirá el día que esos caballeros ya no necesiten que vayamos a votar y podamos interferir mínimamente en el Chile que ellos quieren. Las mesas se van a constituir sólo en Icare. Para serles franco, el país se ha convertido en aun más un fundo de mierda de lo que siempre fue. Ha diversificado su producción y los labriegos andan mejor comidos y vestidos, es cierto, pero es el mismo fundo, los mismos patrones, los mismos carilindos juntándose de vez en cuando a decidir el Chile que quieren. Lo hacían en el Club de la Unión, lo hacían en sus haciendas, ahora lo hacen en Icare, donde citan a las autoridades a poner oído.
 
 



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