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Jueves 31 de julio de 2003
 

 

Hace un año y medio inició una serie de negociaciones con el Consejo de Todas las Tierras

 La nueva cruzada de Carey en la Araucanía

El empresario, que por años representó a los pobladores de la toma de Peñalolén, decidió desactivar otro conflicto: el enfrentamiento entre mapuches y empresas o dueños de fundos, en la Araucanía. Con Aucán Huilcamán como contraparte, ya logró desactivar la toma de la central Pullinque. Y tiene una propuesta para pacificar la zona de Trapa Trapa, con la que, sin embargo, aún no convence en el ámbito político.
 
 Vanessa Azócar

La escena alertó a Carabineros. Que en la cordillera, camino a la zona de Trapa Trapa -en la Octava Región, cerca de Ralco-, justamente un área en que se han sucedido una serie de conflictos entre, mapuches y las empresas o propietarios de fundos instalados en el sector, el abogado Guillermo Carey, uno de los especialistas en derecho civil más reconocidos de la plaza, viajara en camioneta acompañado con un grupo de indígenas, preocupa la policía uniformada cuando el vehículo pasó por uno de los retenes de la zona.

El carabinero a cargo tomó los datos de los ocupantes en el vehículo, inquieto porque Carey iba sentado al medio, rodeado por dirigentes del Consejo de Todas las Tierras, entre los que se contaba el werkén José Naín, a quien han tachado de conflictivo. Pero el prejuicio se desplomó rápidamente. El propio Carey recuerda, entre risas, que desde el retén llamaron a la casa en que se alojaba para chequear que había llegado. Y así era. El abogado, sencillamente, realizaba una visita de rutina más en la zona, donde ha comenzado a sellar una alianza con los mapuches y pehuenches que buscan recuperar sus tierras.

No es la primera vez que el profesional inicia una cruzada de este tipo. Cuando el 10 de mayo el ministro de Vivienda, Jaime Ravinet, anunció la erradicación de la toma de Peñalolén y la intención del gobierno de ceder los terrenos necesarios para entregar sus viviendas a los 200 mil pobladores que allí vivían, Carey dio por finalizada una misión a la que dedicó cuatro años. Tras ser desafíado por Camilo Escalona para tomar en sus manos el caso de los allegados de Peñalolén, el empresario y abogado tomó ad honorem la representación de las familias y trabajó un promedio de tres días a la semana en el tema. Y zanjada la disputa, el conflicto mapuche -un asunto aún más polémico- concentró su atención.

Con su ingreso como director y accionista a las empresas hidroeléctricas Pullinque y Pilmaiquén hace dos años, sin quererlo, Carey se convirtió en protagonista del conflicto que por medio siglo mantienen los comuneros del sector con las citadas hidroeléctricas, antes propiedad de Endesa, que se instalaron en el lugar en los años '50. Y este fue el punto de partida de la nueva cruzada que inició hace algunos meses, para explorar soluciones no convencionales en el polvorín que se ha convertido la zona, entre la Octava y la Décima Región.

Así, Carey cambió las caminatas que hasta hace algunos meses daba por las estrechas calles de la toma de Peñalolén, por constantes viajes en su avión particular a las zonas cordilleranas de la Región de la Araucanía. Y si antes se reunía varios días a la semana con los dirigentes del polémico reducto urbano de Santiago, hoy lo hace en forma habitual con Aucán Huilcamán, el controvertido vocero del Consejo de Todas las Tierras, quien ha oficiado como su interlocutor y contraparte en varios conflictos suscitados en la zona.

Estas nuevas amistades, como sucedía en Peñalolén, causan suspicacias en el círculo más cercano del empresario, a quien en más de una oportunidad le han advertido por los "peligros" de involucrarse con gente "violenta". Y es que la combinación a primera vista es rara. No sólo porque el perfil de Carey, uno de los fundadores de Celulosa Arauco, lo coloca como un claro aliado del empresariado de la zona, sino porque, a pesar de esta posición, el nivel de conexión entre él y los dirigentes mapuches es evidente. De hecho, hasta ahora, cada sector representando a sus pares, ha convenido tratos intermedios, sellando una respetada "tregua" que mantiene la tranquilidad de la zona.

La paz de Pullinque

La amenaza de ocupación de la hidroeléctrica Pullinque, que hace un año y medio hicieron las 14 comunidades mapuches que residen en el sector, fue el detonante para que el empresario, ex presidente de Lan Chile, tomara cartas en el asunto.

Alertado de la situación por el abogado Roberto Celedón -con quien trabajó en la solución para la toma de Peñalolén-, Carey se trasladó hasta la zona para ver en terreno la dimensión del conflicto.

Allí lo esperaba Huilcamán, quien se había involucrado en el tema a petición de dos comunidades del sector adheridas al Consejo de Todas las Tierras.

Carey distaba de ser un conocedor del conflicto mapuche y, conforme a la experiencia de otros empresarios afectados por ocupaciones, su intención al llegar a Pullinque era conseguir una rápida erradicación de los comuneros que afectaba el funcionamiento de la empresa. Pero nada de eso fue necesario.

La presencia del director de la empresa en la zona fue una señal de confianza para los comuneros, que inmediatamente se abrieron al diálogo, pese a la reticencia inicial que existía por ambas partes. Carey convino una serie de reuniones con los 14 loncos y, tras escuchar sus requerimientos, llegó al convencimiento de que no existían razones para haber mantenido una guerra de casi 50 años entre la hidroeléctrica y sus vecinos.

Las demandas mapuches resultaron ser atendibles y subsanables para Carey. La disputa tenía varios orígenes. Primero, la hidroeléctrica propiciaba año a año la inundación de los predios que los comuneros utilizaban como tierras forestales. Segundo, la construcción de un canal artificial para proveer de agua a la represa había aislado a algunos de los pobladores y los obligaba a recorrer siete kilómetros para acceder al camino de acceso a Pullinque. Tercero, la zona del canal no contaba con protecciones y en los últimos años varios comuneros habían fallecido al intentar cruzarlo.

La posibilidad de ocupación se despejó con la firma de un acuerdo entre Carey y los comuneros, que consideró la entrega de terrenos a los mapuches para la actividad agrícola, la forestación del borde del lago que antes se inundaba y la construcción de puentes y barreras de protección sobre el canal. Como forma de indemnización, la empresa, además, se comprometió a comprar la deuda que los comuneros mantenían con Indap por la asistencia técnica prestada para la exportación de flores fuera del país.

Sobre el rol jugado por el abogado, Huilcamán señala: "La presencia de Carey en medio del conflicto ha hecho surgir algunas soluciones que antes habrían sido impensables".

Otro polvorín

El éxito alcanzado en Pullinque abrió para Carey la inquietud de explorar posibilidades de solución en otros polvorines de la zona.

Fue a raíz de esto que el empresario mantuvo contacto con Aucán Huilcamán y el resto de los integrantes del Consejo de Todas las Tierras, con el objeto de conocer a través de ellos cuáles eran las zonas más conflictivas.

Fue así como Carey comenzó a estudiar los pormenores de la disputa por la zona cordillerana de Trapa Trapa, en el Alto Biobío. Esta sería su nueva causa.

Trapa Trapa ha sido desde la década del '20 escenario de sangrientas luchas entre parceleros y las comunidades pehuenches que coexisten allí. Un conflicto que se desató con mayor crudeza a partir de 1992, debido al reclamo de tierras de los mapuches y por el cual han muertos varias personas.

Conforme a su experiencia, y bajo la premisa de que obligando al diálogo a mapuches y parceleros se podía llegar a buenos resultados, Carey contactó a uno de los dueños del predio más extenso de la zona: Víctor Hugo Vásquez. Tras varias tratativas, lo convenció de visitar la zona para ponerse en contacto con los comuneros que constantemente se tomaban parte de sus tierras.

Fueron meses de negociación, en que ambas partes acreditaban con documentos ser propietarias de las tierras, hasta que, cosa inédita, los Vásquez accedieron a firmar un acuerdo en el que consentían que se les permutaran las 30 mil hectáreas en disputa por otros terrenos en la misma región.

Con acuerdo en mano, el abogado comenzó a tocar puertas para conseguir la venia del gobierno. La primera fue la del ministro de Vivienda y Bienes Nacionales, Jaime Ravinet, con quien había alcanzado una buena relación a raíz del tema de Peñalolén. Al conocer el planteamiento de Carey, Ravinet no dudó en dar el vamos. Sin embargo, le advirtió que el convenio sólo se podría concretar una vez que el encargado de políticas indígenas del gobierno, Jaime Andrade, le diera su visto bueno, cuestión que aún no se ha concretado.

Pero Carey no ha escatimado esfuerzos. Y su proyecto ha pasado por las oficinas de personeros tan diversos como el ministro secretario general de la Presidencia, Francisco Huenchumilla, o del alcalde de Santiago, Joaquín Lavín.

La piedra de toque, según le han confidenciado algunos de sus interlocutores, sería la participación de Aucán Huilcamán en el acuerdo. Para diversos sectores, el líder mapuche y los integrantes del Consejo de Todas las Tierras son parte responsable de los levantamientos indígenas al instigar el "proceso de reivindicación de tierras". Así se lo habrían hecho saber al mismo Carey cuando acudió al Ministerio del Interior, encabezado por José Miguel Insulza, para sondear el apoyo a su propuesta de paz para Trapa Trapa. Y aunque ha tocado puertas que a veces no se han abierto, Carey quiere insistir. Y volver a ganar.