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REPORTAJES

Martes 11 de febrero de 2003

 

Nuevas publicaciones enfrenta desde las 4 X 4 hasta los incendios

Douglas Tompkins y sus nuevas batallas

Junto con la permanente compra de tierras en Chile y Argentina, el polémico empresario ambientalista está dedicando tiempo y dinero a otros dos proyectos: el fortalecimiento de una línea editorial destinada a textos ecológicos y una dura batalla medial en contra de globalización, las multinacionales, el internet y la computación.

"Uno podría pensar que es una serie. Una serie de "tragedias" tanto hacia el mundo natural como también por supuesto hacia el de los seres humanos", dice Douglas Tompkins desde su refugio en Palena, a 120 kilómetros al sur de Puerto Montt, refiriéndose a los dos últimos libros que publicó el año pasado: "Welfare Ranching: la destrucción subsidiada del oeste americano" y "Cosecha fatal: La tragedia de la agricultura industrial".

Para él no hay puntos medios cuando se trata de este norteamericano de 60 años, protagonista de una cruzada conservacionista en el sur de Chile y Argentina a través de la compra de grandes extensiones de tierra, que es admirado por los grupos ambientalistas y criticado por las organizaciones que defienden a las grandes corporaciones.

Pero la conservación de tierras no es la única batalla de el ex dueño de la empresa de vestuario Esprit. Tompkins ha emprendido batallas más teóricas. En realidad, luchas contra la corriente: se opone a la globalización, a internet, al uso de los computadores por parte de los niños, a la televisión, a la economía de mercado, a la agroindustria y a la explotación de tierras públicas estadounidense para fines privados. No duda, eso sí, en utilizar la tecnología y las leyes de mercado -"hemos moldeado nuestras estrategias usando las reglas y leyes de la propiedad privada, que son muy fuertes en los países donde operamos, EE.UU., Chile y Argentina"- para pugnar por la vuelta a la comunidad local, a un consumo más simple y la producción de subsistencia. Sabe que su tarea le "tomará años" -lo que hace recordar la fe de los primeros cristianos-, mientras tanto se consuela con que al menos 756 mil hectáreas en el extremo de América del Sur se mantendrán intactas.

Un año de producción literaria

El año pasado fue fructífero para Tompkins y la Fundación que preside. Salieron a la luz pública dos libros de formato grande y fotografías elocuentes, prologados por él. En "Welfare Ranching" enviste contra los ganaderos que tienen concesiones de tierras públicas del Oeste Americano lo que causa erosión de los suelos, deterioro del medio ambiente y muerte de diversas especies.

Esta obra -cuyo costo de producción fue de US$ 800 mil- ataca la esencia del icono americano: la carne, los vaqueros y el Oeste. Una forma de vida que la Fundación para la Ecología Profunda no duda en declarar agresiva para el medio ambiente y la naturaleza. ¿La solución? Que al menos en las tierras públicas de los Estados Unidos se termine con las concesiones para ganadería y se recupere la vida salvaje que allí existía hasta antes de la llegada de los colonizadores.

El título del otro volumen lo dice todo: "Cosecha fatal". Allí repasa las consecuencias negativas del actual sistema alimentario, basado en monocultivos, la ingeniería genética y el uso de pesticidas y fertilizantes, entre otros temas.

En este tomo, uno de los autores -Wendell Berry- hace una autocrítica al movimiento conservacionista. Señala que esta corriente rara vez incluye una mirada del uso de la tierra desde la economía, por lo que el esfuerzo desplegado suele ser poco práctico. De allí que se pronuncie a favor de levantar una idea que contrapese al pensamiento industrial. "Ese es el agrarismo". Esta línea postula la existencia de comunidades locales, autosuficientes y que produzcan para satisfacer las necesidades de ese lugar.

"Welfare Ranching" y "Cosecha Fatal" se suman a "Tala Raza: la tragedia de la industria forestal" que fue publicado en 1994 y sirvió de inspiración para "La tragedia del bosque chileno", editado por Adriana Hoffmann, que también obtuvo financiamiento de la Fundación.

Estas tres obras tienen una temática muy distinta a la de un cuarto libro que sacaron en 1990 en el mismo formato: "Amish: El arte del quilt", donde muestra una colección de tapices hechos entre 1870 y 1930, con la técnica de unir trozos de tela. Los Amish son una comunidad religiosa -sobre la que se basó la película "Testigo en Peligro"- que se rebeló contra la Iglesia Católica en el siglo XVI. Hasta el día de hoy rechazan la tecnología, no tienen electricidad y su medio de transporte es el caballo.

Lo que viene

En estos momentos, Douglas Tompkins trabaja en una serie de nuevos libros y campañas que van con cada publicación.

"Lo mas seguro es que el próximo va a ser sobre lo que nosotros llamamos "thrill craft". Estos son los jet skis, motos 4 x 4, trineos motorizados, lanchas rápidas y vehículos de fuera de pista como los jeep 4 x 4, que son usados en su mayoría por "niños" de todas las edades sobrecargados de testosterona y que destruyen el medioambiente", explica Tompkins.

Además, ha comenzado a delinear un volumen sobre los "Incendios Ecológicos", que describirá el rol de los fuegos naturales en el bienestar de los ecosistemas. Otro proyecto por largo tiempo en carpeta es un libro sobre "la monoculturización del mundo por la economía industrial tecnológica", es decir, la desaparición de las culturas, de los idiomas y la disminución de la diversidad del mundo biológico. "Este libro es muy difícil de producir y muy caro y aunque ha estado en mis pensamientos por diez años no he tenido el coraje de arremangarme la camisa y meterme de lleno en esto… Es un libro de profunda tristeza, y tal vez sea esta la razón por la cual no he llegado a tomar la determinación de comenzar a hacerlo", reflexiona Tompkins. Aunque ya hizo un esbozo este año de su contenido, junto a Helena Norberg-Hodge, que es una activista antiglobalización y muy radical, no tiene esperanzas de comenzarlo a trabajar formalmente hasta dos o tres años más.

Un hombre, dos brazos

Los dos brazos de Tompkins para insertarse en el mundo son: Fundación para la Ecología Profunda (Foundation for Deep Ecology) y el Fondo Fiduciario para la Conservación de Tierras (Conservation Land Trust). El primero tiene una función más ideológica, si se quiere, y el segundo se concentra en la adquisición de tierras para su recuperación y preservación.

Tompkins creó la Fundación para la Ecología Profunda a principios de lo '90, la que nació con una contribución inicial cercana a los US$ 170 millones. Quizás lo más decidor de su pensamiento se encuentra reflejado en el Proyecto Punto de Quiebre (Turning Point Project). Se trata de cinco series de avisos de página completa que se publicaron en los principales diarios de Estados Unidos como el New York Times.

En septiembre de 1999 los norteamericanos leyeron el primero de esta serie: "Crisis de Extinción". Allí se les advertía: "…lo que usted no ha oído es que de seguir las actuales tendencias, el 50% de todas las plantas y especies animales podrían desaparecer de la tierra en los próximos 50 años".

Este fue el punto de partida para atacar todo lo que la sociedad industrial considera propio del desarrollo humano, viéndose plasmado en las series siguientes: Ingeniería Genética, la Agricultura Industrial, la Globalización Económica y la Tecnomanía.

Por ejemplo, dentro de la serie de Tecnomanía publicaron el artículo "Internet & la ilusión del empowerment". Aquí denuncian que gracias a los computadores es posible que 200 corporaciones globales controlen el 30% de toda la actividad económica del planeta. "Las corporaciones modernas no podrían existir a la escala actual, u operar con esta velocidad, sin estas redes globales que mantienen a miles de empresas en constante contacto".

Sin embargo, la Fundación no sólo se queda en la intervención a través de los medios. Ella se arroga la concepción y financiamiento del Foro Internacional sobre Globalización (IFG), coalición que organizó las protestas en noviembre de 1999 contra la cumbre de Seattle de la Organización Mundial del Comercio y seis meses después, en Washington, contra el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

"Soy crítico de la globalización económica, porque es una economía mundial destructiva que pone por delante los intereses de las grandes corporaciones a los intereses locales", señala Tompkins. "¿Alternativas? Es simple… ¡Localización! "Piensa local, actúa local", ese es el slogan para el siglo XXI. Esto no significa que no haya que comercializar internacionalmente. Significa que las necesidades locales sean satisfechas, tanto como se pueda, a nivel local y sólo se negociará con terceros si es necesario", agrega Tompkins.

El activismo de esta Fundación le ha valido la crítica en Estados Unidos. El Center for the Consumer Freedom -coalición apoyada por operadores de restaurantes y compañías de gaseosas y de alimentos- rechaza la ecología profunda, pues la considera un sistema de creencias radical que está cercano a postular que el ambientalismo es una religión. Indica también que gracias a Douglas Tompkins este movimiento ha logrado un "asombroso nivel de influencia".

Acá en Chile, Carlos Martínez, investigador de políticas públicas de la Universidad Finis Terrae, quien trabajó un tiempo junto a Tompkins y luego se separó transformándose en uno de sus más duros críticos, enfatiza el "carácter mesiánico" que envuelve a estos grupos de "iluminados" que llegan a desconocer incluso los avances que países desarrollados han realizado en materia medioambiental. Para él, no hay nada más conservador que la propuesta de retorno a una sociedad agraria.

Sea como sea, Tompkins no descansa. Dice tener en sus manos los resultados preliminares de una investigación científica sobre lo que ha sucedido en los fiordos de Reñihue y Pillán, frente a Pumalín, luego de la introducción de la acuicultura (salmonicultura). "Hemos invertido una considerable suma de dinero para traer hasta acá oceanógrafos de renombre mundial que trabajan en Europa para Naciones Unidas. Pareciera que la acuicultura -especialmente en el fiordo de Pillán- ha matado al fiordo, lo ha dejado sin vida", relata Tompkins y agrega que tiene la esperanza de que después de este estudio haya argumentos suficientes como para no seguir dando concesiones.

¿Qué lo mueve a seguir publicando? "El estar a la vanguardia de cualquier movimiento social es una tarea solitaria", reconoce, pero también apunta a que hace 35 años "el público y las alianzas político-industriales renegaban de la catástrofe medioambiental", después de 15 años se aceptó que había una crisis ambiental y hoy el único argumento es cómo lidiar con la crisis…" Ahora hay cientos de millones que concuerdan con mi posición, es decir, que la crisis existe y es inmensa".

Neoyorkino, montañista, millonario

Douglas Tompkins (60) creció en una comunidad rural al norte del estado de Nueva York. Montañista aventajado, conoció Chile en la década de los '60. Hizo su fortuna gracias a dos empresas de ropa de vestir: The North Face (vendida en 1968) y Esprit .

Mientras a mediados de los '80, Esprit alcanzaba ingresos superiores a los mil millones de dólares, Tompkins buscaba darle un sentido a su vida. Descubrió la Ecología Profunda y admiró al creador de este concepto, el filósofo noruego Arne Naess. Jerry Mander, quien es actualmente director de programa de la Fundación para la Ecología Profunda, fue determinante en su evolución. "Mi profesor sombra", le describe Tompkins, quien resalta el libro de Mander "Cuatro argumentos para la eliminación de la televisión".

En 1988, el norteamericano intervino en la compra de bosques en el sur de Chile, 400 hectáreas de araucarias en Pucón. Dos años después, ya en las oficinas de la Fundación para la Ecología Profunda, adquirió 4.000 hectáreas de bosque lluvioso en la provincia de Misiones en Argentina.

En el intertanto, Tompkins se había separado de su primera mujer y vendido su participación en Esprit por más de US$ 150 millones, suma que se multiplicó en los 90 gracias al boom de las bolsas. Creó la Fundación para la Ecología Profunda y luego Conservation Land Trust.

En 1992 se mudó a la Provincia de Palena, donde se encuentra el Parque Pumalín, a 120 kilómetros al sur de Puerto Montt, sin electricidad ni teléfono, salvo radio. Se traslada de un lugar a otro por medio de pequeños aeroplanos. Su segunda mujer, Kris McDevitt, quien se desempeñó por largo tiempo como CEO de Patagonia Inc, es hoy su gran colaboradora.

Para este año pretende poner en orden las 22 mil hectáreas de plantaciones de árboles que compraron en Corrientes (Argentina) y terminar de construir su nueva casa en esa provincia, donde pasará la mitad del año.

En Chile seguirá invirtiendo en infraestructura de acceso público en el Parque Pumalín y espera concretar un proyecto de donar 85 mil hectáreas para hacer un nuevo parque nacional en la provincia de Palena, en la zona de Corcovado/Tic Toc. Para ello, el gobierno de Chile y el Ejército contribuirían con una cantidad similar. La bahía de Tic Toc es el único puerto natural que hay en la XI región.