Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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5 de marzo de 1999
 
Forestales en guerra contra los mapuches
Derechos Humanos
 
 
 
EL lonko Pascual Pichun de la comunidad de Temulemu en Traiguén muestra los restos del aserradero incendiado por Carabineros y guardias de seguridad de la Forestal Mininco.
La india más vieja y más sabia de la comunidad guardaba viva en su colosal memoria la madrugada en que un grupo de rubiecitos transparentes mató sin piedad a su abuela. Vinieron a lomo de caballo por el sendero principal, estaban borrachos y sólo hablaban de empezar una terrible guerra contra todos los indios de todo el mundo, porque no soportaban su "olor a humo". Cuando la abuela les dijo que la guerra la habían empezado hacía ya mucho tiempo y que habían muerto muchos de sus hermanos y hermanas a causa de ello; que por qué no se iban y los dejaban en paz. Los rubiecitos transparentes la miraron con tal odio que la abuela cayó fulminada, desapareciendo para siempre en una especie de humo amarillento y espeso que tardó semanas en disiparse. Como el incendio de la ruka y el bosque de araucarias aledaño, como las heridas y los golpes a los mapuche de Temulemu y el Alto Bío-Bío.

A Temulemu llegaron temprano en la mañana del viernes 19 de febrero los rubiecitos transparentes de casco y luma, gas lacrimógeno y escudo; venían con órdenes precisas: golpear a hombres, mujeres y niños, arrasar con las viviendas y requisar madera que estaba siendo trabajada por los comuneros del fundo Santa Rosa de Colpi. El conflicto por la posesión de 56 hectáreas, de un total de 800 que comprende el fundo, data de 1930 cuando el Juzgado de Indios resolvió que la comunidad era efectivamente propietaria legítima de la tierra. Sin embargo ésta, amedrentada por la prepotencia y las amenazas del dueño de la época, nunca hizo posesión efectiva del territorio. Eventualmente la sucesión Lavín vende el terreno a la Forestal Mininco que comienza la plantación y explotación de pinos. Sin embargo, ni el tiempo ni la represión pudieron borrar de la memoria histórica de la comunidad los derechos ancestrales que poseen sobre aquel territorio. De manera que en octubre pasado proceden a recuperar los terrenos usurpados, no sin antes haber agotado todas las instancias legales posibles y haber sido ignorados tanto por las empresas forestales como por las autoridades.

 

VIOLENCIA DE CARABINEROS

 
 
ESTE incendio fue provocado por guardias de la Forestal Mininco en momentos en que el coronel Manuel Cárdenas Valdés y el mayor Rodrigo Muñoz Palma constataban los destrozos en el aserradero.
Comenzaron a trabajar el bosque que históricamente les pertenece, instalando un banco aserradero para el ulterior procesamiento de los árboles talados. La Forestal Mininco, cuya política de depredación ecológica y cultural le ha significado estar en permanente conflicto con el pueblo mapuche, recurrió a la siempre obsecuente justicia para obtener una orden de incautación de la madera que argumenta le pertenece.

De esta manera, llegaron más de 200 carabineros fuertemente armados al predio mapuche para atacar violentamente a media docena de comuneros que se encontraba vigilando el aserradero. No obstante, como acontece siempre en estos casos, la policía y el gobierno hablan de "uso proporcional de la fuerza". ¿200 policías equipados para la guerra en 15 camionetas y tres micros contra seis mapuche desarmados constituyen uso proporcional de la fuerza? Huelga decir que la inmensa mayoría de los medios de comunicación aceptó acríticamente la versión oficial; es más, muchos señalaron que indígenas habían atacado a carabineros y que éstos se habrían visto en la obligación de repeler tal acción. Lo que sí efectivamente acaeció es que alertados de la agresión de carabineros y de la incautación de su madera -producto de meses de fatigoso trabajo- mapuches de las comunidades de Temulemu, Didaico, Antonio Ñiripil y Pantano, acudieron en defensa de sus hermanos. Se habló de un contingente de 80 mapuches que habrían atacado a los doscientos efectivos policiales.

Esto es falso, jamás hubo más de 25 personas en el enfrentamiento con los carabineros. El general Mauricio Catalán, jefe de la novena zona de Carabineros, declaró que sucesos anteriores en el sector "ameritaron el procedimiento empleado". Es decir, la alta autoridad policial está justificando la brutalidad de la cual dan testimonio los heridos mapuches del enfrentamiento.

 

TESTIMONIOS DE LOS HERIDOS

 

Pascual Pichun Paillao, lonko de la comunidad Antonio Ñiripil, dice con un dejo de tristeza y rabia "Me golpearon, me encadenaron y me llevaron detenido, casi muerto con dos roturas en mi cabeza, todo mi cuerpo apaleado, no podía caminar, estuve hospitalizado. Ahora mire cómo está nuestro aserradero de la comunidad, todo lo que aquí se ha destruido es el esfuerzo de todos nosotros. No nos respetan nuestros derechos. ¿Quiénes somos nosotros al final? El Estado nos quiere matar, no nos quieren". Y claro, es difícil entender tanto odio, tanta violencia y desprecio si a fin de cuentas, como señala Juan Pichun, " la madera que estábamos talando es de nuestra comunidad. Las 56 hectáreas son nuestras, tenemos documentos legales del predio. La Mininco puso una orden, nosotros le pedimos la orden y fueron los primeros roces, habíamos 25 personas entre niños, mujeres, jóvenes, adultos y ancianos.

Entonces los niños no soportaron las bombas lacrimógenas, nos vinimos para abajo a la casa del hermano Germán Tranamil y ellos (los carabineros) se descontrolaron, empezaron a gritar y levantar los palos, se nos vinieron como una avalancha para abajo".

"Y esa avalancha de policías enardecidos no respetó nada ni a nadie, menos aún a nuestra familia", relatan Adelaida y Germán Tranamil: "Llegaron golpeando, quebrando los vidrios de las ventanas, golpeando la puerta, encerrada mi niñita estaba. Estaba acostada, me golpearon, me levantaron de la cama, desarmaron todas las cosas dentro y me golpearon a mí y a mi esposo, tomaron un yugo que estaba por ahí, hacha, arado, echona, combo, cadena, dos ovejas con sus crías, azadón, 500 mil pesos en efectivo. Ellos quisieron hacer lo que quisieron aquí. Después que nos golpearon fuimos encerrados en el furgón, porque aquí llegaron buses y furgones de carabineros". Y también camiones de la Forestal Mininco, porque fue en estos últimos vehículos, luego de horas de valiente resistencia por parte de los mapuches, que la policía eventualmente retiró la madera incautada. No solamente de camiones dispone la empresa maderera para la protección de tierras forestadas que históricamente pertenecen al pueblo mapuche, sino también de un nutrido contingente de guardias de seguridad. Estos se dedican al sistemático amedrentamiento de los comuneros, suben a los buses de recorrido rural para hostigar y amenazar a los mapuches', hablando de ajusticiar a sus dirigentes. Detienen y golpean a cualquiera que ingrese al predio en disputa, andan armados y, en la práctica -como señala Alfonso Reiman, presidente de la Asociación Comunal Ñankucheu de Lumako,- "han sobrepasado la autoridad de carabineros y la propia institucionalidad". Cabe hacerse la pregunta: ¿Existe mayor poder de los guardias privados que de la policía o sencillamente hay connivencia entre ambos cuerpos represivos? De hecho, durante la agresión policial del viernes 19, "los carabineros permitieron que los guardias quemaran el resto de la madera que se estaba aserrando".

 

RACISMO E HIPOCRESIA

 
 
CARABINEROS actúa contra los pehuenches del Alto Bío-Bío.
Lo anterior demuestra el poderío de las empresas forestales, además de dejar establecido, una vez más, el racismo y el odio de clase de los dueños de Chile. Esto queda sintetizado en las palabras de José Ignacio Letamendi, presidente de la Corporación de la Madera (CORMA) quien señaló que "bajo ningún motivo, bajo ninguna circunstancia entregaremos la tierra a los mapuches, no tienen la capacidad para cultivarla". Opinión refrendada por el intendente subrogante de la IX Región, Isaac Vergara, quien manifestó: "yo creo que las comunidades están agrandando el conflicto". ¿Agrandando el conflicto? Después de haber sido forzosamente confinados a una superficie de territorio equivalente a menos del 2% de su territorio original, después de haber sido arrinconados, marginados, reprimidos, asesinados y desaparecidos por décadas, nadie puede acusar al pueblo mapuche de "agrandar" el conflicto. Es más, tan sólo reclaman en la actualidad 3,9% de las tierras en manos de las empresas forestales. Las empresas Mininco, Bosques Arauco y Volterra son las principales involucradas en conflictos territoriales con el pueblo mapuche, realizando sus actividades con la anuencia del gobierno, el poder judicial y carabineros. Los empresarios madereros se sienten ajenos a la situación de pobreza y miseria que han creado en las regiones en las cuales operan. El presidente de CORMA en la VIII Región, Jorge Zerón, ha manifestado "que más allá de las reclamaciones que puedan existir, aquí hay un problema de pobreza rural extrema que es lo que debe ser resuelto finalmente". Pero claro que existe un problema de fondo: la usurpación de territorio indígena por parte del Estado, empresas madereras y particulares.

Esta es la causa directa de la pobreza que aqueja a las comunidades mapuches las cuales solo reivindican la posibilidad de seguir subsistiendo. Para ellos la incautación de la madera talada en Temulemu y de sus herramientas de trabajo (2 sierras, 1 motor, 2 baterías, 2 motosierras, 1 carro de banco, entre otras) significa más pobreza. En el intertanto, para los empresarios madereros la caída de un 13% en sus exportaciones el año pasado implica "una difícil coyuntura económica". Mientras los mapuches de Temulemu bregan desesperadamente por arrancarle trigo y papas a la reseca tierra, las empresas forestales -a pesar de la merma en sus retornos- percibieron 1.600 millones de dólares en lugar de los 1.830 millones de dólares de 1997.

No hay posible comparación entre la realidad mapuche y la realidad de las forestales. Por ello las empresas madereras se aferran a los bosques de pinos y eucaliptos cuya explotación es altamente rentable. Recurren a todos los medios posibles -legales e ilegales- siempre con el objetivo último de atemorizar y desmovilizar a los comuneros mapuches, así como para confundir a la opinión pública. Esto se ha hecho evidente en relación a los últimos acontecimientos en territorio mapuche donde las empresas forestales han acusado a los indígenas de provocar los múltiples incendios que han asolado la zona. Tan sólo en la VIII Región del Bío-Bío, el costo social de los incendios asciende a 250 familias damnificadas, alrededor de mil personas y, desde el punto de vista económico, a 200 millones de dólares en pérdidas. De acuerdo a cifras entregadas por CORMA, se han verificado 15 mil hectáreas de bosques comprometidos, con un costo aproximado de 60 millones de dólares.

Con relación a la IX Región, más específicamente en las comunas de Traiguén y Lumako, según la Corporación Nacional Forestal, se registraban al menos 12 focos de incendios en predios de la forestal Mininco y de Bosques Arauco.

No obstante, acusar a los mapuches de causar la destrucción de su propia tierra, amén de ser una falacia, es no saber nada de su esencia, de su cosmovisión, de su relación con la naturaleza, con su historia y con su futuro. Los mapuches -"gente de la tierra"- no actúan igual que el huinka depredador, respetan su entorno, sus lugares sagrados y la memoria de sus antepasados. Pero, claro, eso no lo comprenderán jamás las forestales sólo interesadas en generar ganancias a cualquier costo. Los mapuches argumentan poseer un video donde se aprecia el momento preciso en que un helicóptero de la forestal Mininco desciende para dejar un grupo de guardias en terreno para luego volverles a buscar. En ese mismo lugar comienza a emerger el humo de un incendio, obviamente iniciado por los guardias.

La acción de los guardias pudo ser corroborada por el prefecto de Malleco, coronel Manuel Cárdenas, y el mayor Rodrigo Muñoz, quienes viajaron a Temulemu el 25 de febrero. Fortuitamente se hallaban en la comunidad cuando se inició un nuevo incendio. Al verse sorprendidos los guardias de la forestal comenzaron a echarle tierra al fuego fingiendo combatir las llamas que ellos mismos habían iniciado.

 

DIGNIDAD DE LOS MAPUCHES

 
 
CASA asaltada por carabineros y guardias forestales. Pertenece al matrimonio de Germán Tranamil Coronado y Adelaida Tranamil Painenao.
Empero, éstos no se asustan fácilmente, por el contrario, su ánimo sigue tan alto como siempre, a pesar del continuo amedrentamiento del cual son objeto por parte de civiles no identificados. Y, a pesar de las manipulaciones y presiones de Carabineros que intenta bajar el perfil al operativo represivo contra una comunidad pacífica y que sólo utilizó la fuerza como medio de auto-defensa. Concretamente, el mayor Rodrigo Muñoz y el cabo Oliva de la dotación de la comisaría de Traiguén, intentaron obligar al detenido Alejandro Millanao a "persuadir" a su comunidad de que nada había pasado, de que Carabineros había actuado bien. "El mayor Muñoz -dice Millanao- me estaba manipulando, a mí me dijo en forma personal, me invitó a una oficina en que estaba solo con el cabo Oliva, me dijo: oye negro, dile a tu gente que mueran para adentro, si total tuvimos problemas entre nosotros nada más. Manipulándome, así me dijo el mayor, yo se lo digo en su cara, yo no temo en decírselo, porque yo le digo la verdad. Me dijo negro dile a tu gente en tu comunidad que de lo que pasó me dijo, entiendan que nosotros andamos cumpliendo una orden. Yo le dije, entiendo que es una orden judicial, pero lo lesionada que está mi mamá, lo lesionados que están los demás peñi, y Pascual que está por morir en el hospital. ¿Por qué hiciste eso con la gente, con los niños? Y se enojaron conmigo".

A pesar de su desconfianza en la justicia chilena, históricamente servil a los grandes intereses económicos, autoridades tradicionales y dirigentes de Temulemu resolvieron presentar en la Corte de Apelaciones de Temuko una querella contra los que resulten responsables de los hechos derivados del asalto a mano armada de carabineros y guardias de seguridad de la forestal Mininco. Pero está claro que su confianza radica en su propia organización y lucha, en su espíritu solidario y en su historia común. Para ellos la recuperación de tierras, la reconstrucción de su organización y la elaboración de una propuesta de desarrollo, constituyen un proceso único. De hecho, se realizó en Leicura un nguillatun y encuentro de palin que convocó a centenares de mapuches de diversas comunidades que sellaron así un compromiso de lucha.

 

VIOLENCIA EN EL ALTO BIO-BIO

 
LAS mujeres pehuenches fueron golpeadas por carabineros que defienden los intereses de ENDESA.
El compromiso de lucha se extiende hacia las alturas del Bío-Bío. Allí también se agrava el conflicto entre los pehuenches y la empresa Endesa, constructora de la represa Ralco ante el reinicio de las faenas destinadas a crear la infraestructura para la construcción de la represa. Los pehuenches opuestos a la central hidroeléctrica, apoyados por jóvenes voluntarios, resolvieron tomarse el camino que une las comunidades de Quepuca Ralco y Ralco Lepoy. Bajaron un día antes a la localidad de Palmucho, donde contaban con la autorización de su propietario, Juan Quipaillan, para reunirse. Construyeron barricadas con troncos para impedir el paso de los vehículos de la empresa Besalco, contratista de Endesa que realiza las labores de construcción de caminos.

Estos llegaron el jueves a las 8 de la mañana y, al verse imposibilitados de pasar por el lugar, se retiraron. Igual cosa hicieron los cuatro carabineros que llegaron alrededor de las once de la mañana. Muy distinta fue la situación un par de horas más tarde cuando carabineros arribaron en evidente actitud confrontacional y procedieron a una violenta represión. Los pehuenches -la mayoría mujeres- y los voluntarios, se defendieron con coraje y dignidad. Hubo 27 detenidos y 17 lesionados según el comunicado oficial, sin embargo -asegura una voluntaria- fueron muchos más los heridos, ya que en la lista no se incluye a aquellos que lograron escapar heridos. Fueron trasladados a la comisaría de Ralco en buses de la empresa Besalco lo cual indica una evidente colusión entre las fuerzas represivas -es decir el gobierno- y Endesa.

Pero en este país administrado por un empresario y para los empresarios, esto no parece llamar la atención. En Chile S.A. se utilizan buses privados para reprimir a gente que se opone a proyectos privados.

Una de las detenidas fue la joven española Patricia Ballesteros a quien el gobierno pretende expulsar por supuestamente entrometerse en actividades políticas. Sin embargo no tiene inconvenientes en aceptar la ayuda de Endesa -empresa también española- para trasladar a fuerzas policiales para enfrentar una situación eminentemente política como es Ralco. En noviembre pasado un grupo de pehuenches pro-Ralco, claramente manipulados por la empresa, se tomaron el puente Ñireco para impedir el paso de los voluntarios y organizaciones ecologistas hacia Ralco Lepoy. Esta acción, según manifestaron los voluntarios en esa oportunidad, "interrumpe la entrega de víveres, el apoyo en el trabajo de siembras, riego, cuidado de animales y tareas diversas que fortalecen la producción y cuidado de la tierra, ayuda que ha sido solicitada por las propias familias afectadas que se oponen a la permuta de sus tierras ancestrales".

Está de más decir que nadie usó la fuerza contra ellos, que Carabineros no actuó brutal y violentamente, como lo hizo ahora en Palmucho, a pesar de que el propio intendente de la IX Región, Martín Zilic, ha sostenido "que carabineros tiene orden de actuar por oficio y si alguien se toma un camino o una casa, la policía uniformada debe proceder al desalojo".

La situación es preocupante, puesto que los pehuenches han anunciado nuevas movilizaciones, ya que, como ha señalado reiteradamente Nicolasa Quintreman, líder de las familias que se oponen a Ralco, "sólo muerta me sacarán de aquí; hasta el final defenderemos la madre tierra". Esto es lo que jamás entenderá el huinka, sea en la forma de empresa forestal o empresa eléctrica: que el mapuche está luchando no sólo por su subsistencia, sino por la madre tierra, por su esencia. Por ello la lucha es a muerte. Ya sea en Temulemu o Alto Bío-Bío, no tienen nada que perder, porque lo han perdido casi todo, menos su dignidad

 

MAURICIO BUENDIA