Centro de Documentación Mapuche Documentation Center

  

Edición 535
Armando Uribe y el TLC

Chile se abrió de piernas

ARMANDO Uribe Arce: diplomático sin pelos en la lengua.

Armando Uribe Arce llega a atorarse con las palabras y se queda casi sin aliento cuando habla del tratado de libre comercio con Estados Unidos, la mayor dependencia que eso implica y el fin de nuestro país como nación. Con igual vehemencia, este reconocido poeta, escritor, abogado especializado en minería, académico y embajador chileno en China durante el gobierno de la Unidad Popular, critica a fondo el modelo neoliberal. “Estoy de acuerdo con el movimiento antiglobalización, sobre todo con Attac”, comenta. Y aclara: “Soy partidario de andar contra la corriente, porque la historia supone una libertad mucho mayor que la libertad de comercio y del mercado. Es la libertad de decir ‘no’ a lo que uno considera contra-humano”. Y él ejerce esa libertad sin reparos ni complejos.

¿Cuál es su impresión de este año 2002 en Chile? En el último trimestre se precipitaron hechos que sacaron a luz actos de corrupción y cohecho que comprometen a políticos de la Concertación. Y se agudizó la crisis de la coalición de gobierno.

“Efectivamente. Pero creo que esos bollos estaban hirviendo desde antes. Basta examinar como ha mal-conducido el país la Concertación, con ayuda de la derecha y contra el espíritu de la población, que no puede expresarse sino frente a esas dos opciones. En el informe del PNUD sobre la situación de Chile en el 2002 aparece una encuesta sobre el sistema económico que impera en Chile. Alrededor del 90% dice que es para beneficio de muy pocos y perjuicio de todos los demás, por lo que hay que cambiarlo de inmediato. Sólo un 7,3% responde que está de acuerdo con este sistema y que es el único posible. Sin embargo, en todas las elecciones que ha habido desde fines de 1989 la población se ha visto obligada a optar por dos conglomerados que sostienen igualmente la economía de mercado salvaje. En Chile, el régimen político es no representativo. Formalmente, tendría que ser una democracia representativa. Pero no es democracia, hasta los jefes de Estado en los últimos doce años han dicho que es imperfecta o incompleta. Yo he sostenido que lo que hay en Chile es una dictadura imperfecta, porque no sólo se ha conservado el cuadro legal recibido de la dictadura y el sistema económico neoliberal salvaje, sino también las costumbres políticas y culturales. En ese sentido, es una dictadura imperfecta con una fachada de elecciones periódicas, que no son representativas de lo que quiere la población, como lo demuestra la encuesta del PNUD”.

Usted ha dicho que en Chile existe una teratocracia, es decir, un “régimen político de los monstruos”.

“Eso es parte de las cosas de poesía. Creo que en el mundo -no sólo en Chile- la mayor parte de quienes gobiernan constituye la peor civilización que ha existido en toda la historia. Algunas personas de mayor edad conocimos el tiempo en que el imperio más grande del mundo era Gran Bretaña, y luego hemos vivido bajo el imperio norteamericano, que es el más grande y poderoso que ha existido nunca. En el pasado, ningún otro imperio pudo cubrir el globo entero. Su ‘cultura’ es una técnica de deculturización del resto del mundo con costumbres, modos de consumo y seudovalores de muy baja categoría, de vulgaridad y ninguna profundidad. No ha habido nada peor ni más peligroso para el conjunto de la humanidad. Este proceso se ha venido acrecentando desde el fin de la segunda guerra mundial, pero en los últimos once años, desde la disgregación de la Unión Soviética, se ha acelerado. La voluntad de Estados Unidos -cuyos gobernantes son monstruos, como también lo son las cabezas de las multinacionales- ha venido regulando la conducta interna de las autoridades políticas y empresariales, moldeándolos a su guisa. Por lo tanto, ha emergido una gran cantidad de monstruos en países menos poderosos de todo el mundo, incluyéndonos. Por eso digo que lo que domina en el mundo -y hablo principalmente de Chile- es la teratocracia. O sea, el gobierno o el régimen de los monstruos. Lo humano -para qué decir el humanismo- está completamente excluido por este sistema económico y financiero de gravísimas consecuencias políticas, sociales y culturales. En los últimos treinta años, Chile ha ido consintiéndole a Estados Unidos todo lo que manda, ordena o sugiere. El país ha estado viviendo para Estados Unidos, no para los chilenos”.

IMPERIO POP Y FALICO

Al celebrar la firma del tratado de libre comercio con Estados Unidos, el presidente Ricardo Lagos dijo sentirse orgulloso porque ahora somos ‘socios’ de ese país. ¿Qué opina de eso?

“Me parece que es reconocer lo que han sostenido los gobernantes de Chile en las últimas décadas, en el sentido que al país le conviene depender de Estados Unidos, porque será beneficiado o privilegiado por Washington. Pero el destino de esto es llegar a formas de dependencia más profundas que terminen por cambiar del todo la naturaleza del país en su presente y en su historia de siglos. Chile no es una nación nueva, tiene más de 460 años. Si comparamos, Inglaterra tenía poco más de 500 años como nación a principios del siglo XVII, cuando vivió el período ilustre llamado ‘isabetiano’, en el que se ubica a Shakespeare. Estamos muy cerca en el tiempo de eso. O sea, Chile es un país antiguo, y ahora le están quitando la idea de proyecto de nación y el objetivo de ser un Estado civilizado, que fue la propuesta de Andrés Bello y Diego Portales, nombres que nunca se deben disociar. Hace treinta años que Chile está dejando de ser civilizado, en el sentido real de la palabra, y se ha ido entregando a Estados Unidos. Esto se corona con la aprobación de este TLC. Es el tratado libertino que entrega a Chile con las piernas abiertas -como si fuera una mujer- al dominio de Estados Unidos, imperio pop e imperio fálico”.

Según ha expresado usted, con el TLC se echa por tierra la esperanza de alcanzar algún día el sueño de Simón Bolívar.

“Creo que sólo en Cuba subsiste el sueño de Bolívar. Es el único país de América Latina que ha mantenido la posición de ser ‘otro’ distinto a Estados Unidos. Ya a principios del siglo XIX se veía un gran peligro en la voluntad expansionista de Estados Unidos por cualquier método. En las primeras décadas, este país compró terrenos -como Florida- y después vinieron las guerras contra México. En 1823, el presidente estadounidense del mismo apellido planteó la ‘doctrina Monroe’, que ha seguido siendo aplicada en toda América del Sur por Estados Unidos, con el corolario de Teodoro Roosevelt, en 1904, y con las distintas doctrinas y conductas intervencionistas del siglo XX para dominar el continente. Esa dominación se ha mantenido a través de la explotación de riquezas básicas en todo el subcontinente americano, incluyendo el período final de la explotación del salitre y desde principios de siglo, del cobre. Ese cobre que fue nacionalizado en 1971 ha sido desnacionalizado desde 1990 hasta ahora, contra la propia Constitución de Pinochet, aunque parezca sorprendente y paradojal. Como se hizo en 1971, al reconocer la importancia estratégica del cobre, en la Constitución de 1980 se dice que el Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas, y que puede dar concesiones a particulares, incluyendo a extranjeros, pero sujetas a condiciones que no son solamente el pago de la patente minera -que parece chiste-. El artículo 19, número 24, de la Constitución de Pinochet dice que el concesionario está obligado a satisfacer el interés público que justifica el otorgamiento de la concesión. En los últimos doce años se ha violado esa exigencia, como también la disposición tercera transitoria de la misma Constitución, que sostiene que la gran minería del cobre y las empresas nacionalizadas (Codelco) seguirán sujetas al régimen de la Constitución modificada de 1971. Sin embargo, se ha entregado la gran minería del cobre a los intereses multinacionales -principalmente estadounidenses- y se la ha desnacionalizado a tal punto que las compañías multinacionales extranjeras explotan y exportan alrededor del 70% de la producción anual de cobre chileno, mientras Codelco sólo alrededor del 30%. Son principalmente las multinacionales, por lo tanto, las que aprovechan esta riqueza, que es de Chile, dejando literalmente un hoyo en nuestro territorio. Los cálculos económicos y la opinión de expertos coinciden en que el cobre de la gran minería se puede acabar entre 30 a 50 años. La explotación forzada de las grandes multinacionales extranjeras constituye sobreexplotación, porque exportan porcentajes mucho mayores que la demanda del mercado mundial. Por eso ha disminuido el precio del cobre. Chile cubre el 37% del mercado mundial del cobre. La Opep cubre un porcentaje menor, alrededor del 34% a 35% de la demanda mundial, y sin embargo fija los precios del petróleo. Y Chile no lo hace con el cobre. Esa inacción o catatonia de los gobernantes y de lo que llaman clase política -una casta que incluye a la oposición y al empresariado- es una inmoralidad, un pecado mortal, al menos de negligencia”.

Usted y otras tres personas presentaron este año una demanda judicial por ese motivo, en la que se pide indemnización.

“Exactamente, demandamos a nueve multinacionales cuando se cumplieron 31 años de la nacionalización del cobre. En esta demanda se pide una indemnización por daños y perjuicios producidos por esas compañías mineras, entre los cuales está el no pago de impuestos y la sobreproducción criminal, contra lo cual se levantó constantemente Radomiro Tomic, hasta su muerte. Esos daños y perjuicios sufridos por toda la población del país, que habría podido solucionar los problemas de salud, educación, vivienda y otros, se calculan en casi 16 mil millones de dólares. Y como indemnización moral por este engaño y por los dolores que ha padecido la población al no satisfacer sus necesidades en los sectores mencionados, se piden otros 16 mil millones de dólares. Lo importante es que esta situación escandalosa llegue a la conciencia pública, porque ha habido veto y censura constante durante estos años en todos los medios de comunicación masivos, a excepción de ‘Punto Final’ y otros medios de menor tiraje. Un caso preciso de veto, que relato en el libro ‘Carta abierta a Agustín Edwards’ (LOM, 2002), corresponde a ‘El Mercurio’. Y también hay otro caso que conocí este año en Televisión Nacional”.

ENGAÑOS DE LOS MEDIOS

Usted tiene una opinión muy crítica de los medios de comunicación.

“Hay un engaño mantenido en forma constante a través de los medios masivos de comunicación, desde la dictadura de Pinochet hasta ahora. Esos medios se niegan a tocar los asuntos más importantes para el país. Un ejemplo es lo relativo a la gran minería del cobre y a la conducta de las empresas extranjeras multinacionales. Otro es el tratado de libre comercio con Estados Unidos, respecto del cual los medios no sólo han callado el análisis del contenido de esas negociaciones, sino que además han imbuido de sus ideas a los lectores y a la teleaudiencia. Han convencido a la base social que lo que se hace en el cobre es lo mejor posible. ¡Mentira! Y que el TLC es un beneficio para Chile y los chilenos, lo que tampoco es cierto. El TLC significa entregar a Estados Unidos el país Chile y su historia de más de 400 años, para depender y ser un enclave de Estados Unidos. Algunos gobernantes, la oposición y el empresariado creen que esto hará que Estados Unidos privilegie a Chile. Pero ese país está en un proceso de extensión de su dominio. Las materias del TLC no son sólo comercio, también implican finanzas, entrada a Chile de productos norteamericanos, aculturación de la población chilena y mucho más. Estados Unidos no privilegiará a Chile por el hecho de adelantarse para ser el segundo, después de México, que firma un tratado con Estados Unidos. Yo conozco a ese país, primero como profesor en Michigan, luego como diplomático -el segundo de la embajada en Washington durante dos años y medio-. Además, durante el exilio en París trabajé 17 años como profesor en La Sorbona con un curso denominado ‘Política Exterior de Estados Unidos’. Por cierto, he seguido leyendo constantemente sobre ese país hasta hoy. No digo todo esto por vanidad, sino porque alguna autoridad creo tener para manifestarme en este sentido. Conozco el tipo de gobernantes de Estados Unidos, que no va a privilegiar a Chile como suponen los que se entregan de esta manera vergonzosa y vergonzante”.

CONCERTACION AL ALERO
DE WASHINGTON

¿Le soprendieron las denuncias de corrupción contra parlamentarios y ex miembros de gobierno?
“La verdad es que no he creído en la Concertación desde que comenzó a organizarse, a mediados de los años 80. En esa época tuve conocimiento de que era un plan maquinado por Estados Unidos para pasar en forma pacífica de la dictadura a la seudodemocracia. Así lo confesó posteriormente el embajador García Guerra-Mondragón a redactores de ‘El Mercurio’, el día antes de partir de Chile. Sostuvo que él había traído a Chile el programa que pasó a ser de la Concertación en 1986. Frente al atentado contra Pinochet, que parece que les dolió mucho, y al ingreso de armas, la seudo oposición a Pinochet aceptó este modelo entregado por Estados Unidos. Por lo tanto, yo vi a la Concertación como una operación que en su constitución contenía la enfermedad. Es decir, creo que nació enferma de anti-independencia nacional. En estos doce años -que se acumulan a los 16 y medio de la dictadura- eso ha significado echar a la basura el alma nacional, formada como nación desde el siglo XVI y, como Estado, desde la Constitución de 1833, cuyo sentido y espíritu se conservó hasta el golpe de Estado. Políticamente, Chile es hoy un país sin alma, sin identidad nacional. No es raro que en un país así, no representativo -aunque las autoridades se elijan en elecciones- muchos se sientan con el derecho a ser libertinos en materia moral y de plata. De modo que no me extrañó lo que ha ocurrido. Por lo demás, mucho más grave que estas raterías -completamente condenables- son los perjuicios causados a Chile por el trato benéfico hacia las grandes compañías multinacionales del cobre y lo que vendrá como consecuencia del TLC. Esto es una penetración, como nunca la hemos conocido. Sinceramente, espero no vivir tantos años como para ver sus resultados”.

¿Qué le parece que hoy se hable de refundar la Concertación? ¿Podría enmendar rumbo?

“Creo que esta casta política -en la que no hay distinción entre gobierno y oposición, y que también ha integrado al empresariado, lo que se advierte en que la agenda pro crecimiento es negociada con el empresariado y con nadie más-, es muy inferior a las personas que estaban en el Parlamento, en el poder ejecutivo, en instituciones y en el sector empresarial hace 50 ó 100 años. Incluso hombres muy ricos, que apoyaban al Partido Conservador y a la Iglesia Católica, eran mucho más generosos y abiertos que los empresarios de hoy. En mi opinión, el sistema neoliberal, donde el lucro supera todo valor, está descristianizando profundamente a Chile. Este sistema económico y político, esta ideología neoliberal -con la idolatría del lucro y con Estados Unidos sentado en el trono, como el príncipe de este mundo, que es otro nombre que se le da en la Biblia al demonio- es directamente anticristiano. Es un buen campo de cultivo para todo tipo de corrupción. En el diario inglés ‘The Guardian’ se publicó un artículo hace algunas semanas con el título ‘¿Son los norteamericanos los nuevos imperialistas?’. Dice que ‘desde Chile hasta Indonesia, los líderes gobiernan sólo con la bendición tácita del imperio de Estados Unidos’ y llama a estos países -nombrando nuevamente a Chile- como ‘países títeres’. Agrega que ‘ahora Estados Unidos prefiere el uso de tratados que exigen a esos países obediencia al codex americanus, que privaticen y desregulen todo control sobre el mercado, que se transformen en un Estado central mínimo y abran la economía para la inversión extranjera con libre convertibilidad de la moneda’. Añade el artículo: ‘incluso aquellos que se miran a sí mismos como líderes democráticamente elegidos son, en el hecho, representantes de Estados Unidos’ y que estas naciones han optado voluntariamente por el estatus de colonias o protectorados. Efectivamente, es así como funciona Estados Unidos ahora”.

¿Piensa que no habría mayor cambio si en las elecciones presidenciales gana Joaquín Lavín?

“Yo lo considero detestable. Además, creo que la UDI es un partido protofascista, aparte de ser partidario del mercado. Sus miembros tienen todos los rasgos de los pre fascistas italianos, incluso en su aspecto y manera de hablar. A Estados Unidos no le interesan las democracias representativas, sino los países donde hay estabilidad a cualquier precio. No sé qué idea tendrán en este momento -no me cabe duda que lo están estudiando, porque el gobierno norteamericano y las mutinacionales saben más sobre Chile que los mismos chilenos-. Tal vez, para la estabilidad interna chilena les resulten más convenientes gobiernos como los concertacionistas. No han podido ser mejores para Estados Unidos en la medida en que logran estabilidad interna a costa del sufrimiento de la población. Hablo de sufrimiento físico, causado por la pobreza y otros problemas inherentes, y también sufrimiento moral y psicológico para quienes desean que Chile sea un país civilizado y que no caiga en una cultura impuesta y totalmente distinta. Defiendo y defenderé, mientras esté vivo, la cultura que hemos heredado, esa cultura que está en la lengua y en las luchas desarrolladas por sectores sociales chilenos, especialmente durante el siglo XX. La población chilena no merece que le arrebaten el Chile que cree tener ni que le entreguen, a cambio, un país dependiente de EE.UU. sin decirle la verdad”.

EL DEMONIO ESTA
EN LA TIERRA

¿Podría sintetizar lo que ha sido el año 2002?

“Hay una frase que usó Neruda en un Año Nuevo durante el período del presidente Gabriel González; yo le quito el Videla: ‘Feliz Año Nuevo, año de ratas, mal año’. Diría eso en el caso de Chile... Pero en todas las épocas ha habido voces que no aceptan como inevitable lo que se impone por la fuerza. Y espero que siga habiendo chilenos que no consientan que esta globalización nos hurte la historia, el presente y las riquezas chilenas”.

Durante este año ha recrudecido la represión contra los mapuche que reclaman la restitución de sus tierras. Hubo un joven muerto, muchos dirigentes están presos y se les ha aplicado la Ley de Seguridad del Estado. ¿Qué piensa de eso?

“Cuando se produjo el 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y Washington, yo anticipé que en Chile iban a terminar considerando a los mapuche, que tienen reivindicaciones fundadas, como terroristas. Eso está ocurriendo ahora. Y no es cierto, ellos luchan por los valores que permiten mantener la identidad del pueblo mapuche, que en realidad es un pueblo con características nacionales. Eso no es terrorismo. Con ellos se está cometiendo un pecado social”.

¿Usted es católico?

“Sí, y creo que la Iglesia Católica podría oponerse mucho más a este sistema económico dotado de una ideología anticristiana. Debería preocuparse mucho más de los males que trae esta adoración del becerro de oro, que en la práctica es un burro de oro... Yo tengo al infierno muy presente. ¡Y creo en el diablo, hasta con cachos, con pezuñas y diente de oro!”.

¿Es un demonio que está en la tierra?

“En la tierra. Y ya sabemos quién es: el príncipe de este mundo”

PATRICIA BRAVO