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Edición 535

Pescadores desafían a “tiburones” del mar

COSME Caracciolo Alvarez, presidente reelecto de los pescadores artesanales y dirigente de la Fuerza Social y Democrática.

Ahora lo sabemos. Los peces del mar chileno son de propiedad de unas pocas empresas pesqueras. El más destacado de los dueños del mar es Anacleto Angelini, zar de la pesca y el hombre más rico de Chile.
Los peces, sustento de las comunidades costeras, desde los albores de nuestra historia apreciado alimento de la población, dejaron de ser patrimonio del pueblo y se convirtieron en un simple recurso con valor comercial y presa de la codicia bursátil donde los activos se transan navegando en mares turbios y atrapados en redes electrónicas.
En adelante, según las circunstancias, a quien lo pillen pescando puede caer preso como ladrón por sacar algo que no le pertenece.
A esto se resume -por lo inverosímil casi increíble- el resultado de los debates en el Parlamento y de la lucha de los pescadores artesanales, los grupos ambientalistas y organizaciones sociales durante los últimos meses. Los medios oficiales, lejos de aclarar la compleja problemática pesquera, se encargaron de confundir a la opinión pública. Cuando la discusión sobre la privatización de los peces, patrimonio nacional y propiedad de todos los chilenos, en términos monetarios un ingreso anual de dos mil millones de dólares, entró en la recta final, los televidentes fueron obligados a entretenerse con una penosa controversia entre los senadores Nelson Avila y Andrés Zaldívar que pretendía tapar lo que ahora a todas luces estaba a punto de destaparse: el vínculo estrecho entre la familia Zaldívar y la política pesquera.
La relación de los hermanos Zaldívar con Angelini es antigua, y no se refiere sólo a Andrés Zaldívar, presidente del Senado. Adolfo, presidente de la DC, senador de Aysén y operador político de la industria salmonera de la región, se inició laboralmente como auxiliar administrativo en las oficinas de Angelini. Otro hermano, Felipe, fue durante treinta años gerente general de Eperva, del consorcio Angelini, la pesquera más grande del país que controla el 90% de las capturas para harina de pescado en el norte.

BITACORA DE LA
“LEY CORTA”

El gobierno estaba seguro de promulgar la nueva Ley de Pesca antes de fin del año. Pero se introdujeron casi mil indicaciones que el tiempo no permitió discutir en el plazo previsto. El proyecto contemplaba una modificación sustancial de la actual ley, vigente desde 1991, en lo referente al patrimonio nacional de los recursos pesqueros. En una maniobra poco transparente se optó por conseguir prórroga de la fase transitoria por diez años. Hay que recordar que desde el año 2000 hasta final del 2002, se aplicaba un régimen especial, una suerte de anticipo de lo que vendrá con la nueva ley, caracterizada por la introducción de la modalidad de Límites Máximos de Captura que a su vez venía reemplazando la antigua fórmula de las Cuotas Individuales Transferibles, pero que en su esencia es lo mismo. De manera un tanto soslayada, en estos dos años ya se aplicaba la administración de los recursos privatizados, lo que dio origen a protestas de pescadores artesanales en todo el país cuando se les terminaba la cuota, a veces después de sólo ocho o diez días trabajados del mes.
En vista de que no fue posible promulgar la nueva ley, el gobierno buscó prolongar la vigencia de la actual normativa transitoria por diez años. Los pescadores artesanales, a través de su Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach) se opuso a esta nueva tentativa lo que generó manifestaciones en las últimas semanas. La propuesta de los artesanales fue que la prórroga se hiciera sólo por un año para tener tiempo de discutir el tema a fondo. Parecía que algunos senadores y diputados entendieron los argumentos de los pescadores y prometieron apoyo. Pero los resultados muestran lo contrario.
La votación en el Senado de la llamada “Ley Corta”, arrojó 41 votos a favor y tres en contra. Los senadores que rechazaron la prórroga de diez años fueron los demócratacristianos José Ruiz de Giorgio y Mariano Ruiz Esquide, y el PPD, Nelson Avila. Un día después, la Cámara de Diputados aprobó la Ley Corta con 97 votos a favor, 4 en contra y 5 abstenciones. Los votos en contra fueron de los diputados socialistas Alejandro Navarro y Fidel Espinoza, el demócratacristiano Pedro Araya y Carlos Hidalgo de RN. Los pescadores tenían por asegurado el apoyo del senador UDI, Jorge Arancibia, que a última hora les dio las espaldas. Dolorosa fue la deslealtad del diputado por San Antonio Samuel Venegas, PRSD, uno de los más “seguros” en la postura de los pescadores.
“Fuimos ingenuos -reconoce Cosme Caracciolo, presidente de la Conapach- una vez más fuimos decepcionados por un gobierno que ayudamos a construir. Ha sido un doloroso despertar. Hoy será muy difícil reparar las confianzas y no olvidar estos días de diciembre del 2002. Quedarán marcados en nuestra memoria y en las futuras generaciones de pescadores artesanales”.

ENTRE CONGRESO
Y CONGRESO

En noviembre Conapach celebró su XVIII congreso al cual asistieron 400 delegados. El tema central estaba dado por la coyuntura que vive en el sector. Además, se procedió a elegir la directiva por el período 2002-2004. Curiosamente, el mismo día, la Cámara de Diputados votó la Ley Corta. Sin duda, la coincidencia no fue casual. Cosme Caracciolo sostiene que “ellos creían que nosotros íbamos a estar encerrados para discutir nuestros problemas, que tal vez estaríamos metidos en conflictos internos, pero no fue así. El mismo día mandamos quince compañeros a Valparaíso a conversar con los diputados. Al día siguiente fueron 150 a participar en las discusiones con los parlamentarios”.
Los días del congreso de la Conapach fueron marcados por el tema al cual dedicó una tarde con la lección del abogado Cristián Tapia sobre los alcances de la nueva Ley de Pesca y los trabajos en comisiones reflexionaron sobre cómo lograr mayor representatividad y recobrar la identidad de pescadores artesanales. En su cuenta Caracciolo dio mucha importancia a este punto: “Creemos que el debate de la Ley de Pesca debe ser una discusión de país, y para eso debemos hacernos visibles: quiénes somos, cuáles son nuestras maneras de relacionarnos con el mar, cuáles son nuestros valores que toda administración debe proteger y respetar.
En nuestra tarea por compartir las aspiraciones de la pesca artesanal hemos participado de la formación de la Fuerza Social y Democrática compuesta por dirigentes que tienen una posición crítica al modelo económico”.
Entre las relaciones internacionales, Caracciolo destacó el viaje a una reunión de la Federación de Pescadores de Noruega. El objetivo fue buscar alianzas para enfrentar la expansión de la salmonicultura en Chile, cuestionada por sus bajos estándares medioambientales y laborales.
El último día del congreso estaba programada la elección del nuevo directorio. Como presidente fue reelecto Cosme Caracciolo Álvarez, de San Antonio; vicepresidente, Osvaldo Cubillos Canales, de Antofagasta; secretario general, Eric Vargas Quinchamán de la X Región; y tesorero, Ángel Serón Ojeda de la X Región.
Tras la aprobación de la Ley Corta, el presidente reelecto de la Conapach, analizó el resultado en duros términos: “Los que gobiernan en este país son los grandes empresarios, la Ley de Pesca es uno de los proyectos emblemáticos de la Agenda Pro-Crecimiento de la Sociedad de Fomento Fabril. El gobierno abandonó su programa de la Concertación y lo reemplazó por la agenda de la Sofofa”. Respecto de la sobrevivencia de la pesca artesanal, señaló que será muy dura, ya que el sistema de Cuotas Individuales, consagrado por diez años como la forma de administración pesquera, ha sido una pésima experiencia en la preservación de los recursos en otros países. “Este sistema depreda y arrasa con los recursos pesqueros, por lo que, según los pronósticos de investigadores científicos, en un lapso de 4 a 5 años todos los recursos que están bajo esa administración colapsarán”. Caracciolo agregó, “cuando una ley es injusta está el derecho de rebelarse, situación que ha sido conversada por los dirigentes de la Confederación. Creen firmemente en la necesidad de rebelarse contra la normativa promulgada, prosiguiendo con su actividad como se hacía antes de ella. Nuestras comunidades viven de la pesca, es nuestra forma de vida, y si no pescamos desapareceremos”

JUAN CARLOS JOFRÉ y

LEO WETL