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Edición 533

El Alca rechazado por los pueblos

"No queremos y no nos da la gana, de ser una colonia norteamericana”. El grito expresaba el sentimiento de los diez mil resistentes contra el Alca (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) que, deteniéndose para hacer rituales ancestrales o escuchar el “churo”, un instrumento hecho con un caracol gigante, se tomaron Quito durante la VII Reunión de Cancilleres. Esa mañana soleada, los campesinos indígenas iban casi corriendo por las avenidas, por más que sus dirigentes les pedían caminar despacio. Todo un símbolo, quizás, de lo que se viene. Las “caminatas de los pueblos por la vida” habían sido convocadas por la poderosa Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) así como por la Confederación Nacional de Afiliados al Seguro Social Campesino (Confeunass) y por Fenocin (Federación Ecuatoriana de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras) para integrarse a la jornada de resistencia de la Alianza Social Continental, y confluyeron desde el sur y el norte de Quito en el parque El Arbolito.


A la cabeza, junto a la wipala con los colores del arcoiris, emblema de la resistencia india, marcharon entre otros, los ecuatorianos Leonidas Iza y Blanca Chancoso, de la Conaie y del Foro Social Mundial, el parlamentario quechua Evo Morales (Bolivia) y el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. La wipala es el símbolo del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, cuyo eje es la Conaie, y había flameado en el Congreso de Quito el 21 de enero del 2000, cuando los indígenas, apoyados por un sector de los militares, encabezado por el coronel Lucio Gutiérrez, derrocaron al entonces presidente Jamil Mahuad.

Ahora el cerco indígena y popular se tendió alrededor de la VII Reunión de Cancilleres del continente. En secreto, discutían cómo garantizar la entrada en vigencia del Alca el año 2005. Formando un círculo de esperanza y lucha, campesinos, indígenas que cargaban sus guaguas en las espaldas, negros, estudiantes, mujeres, trabajadores y activistas, se plantaron en las cercanías de hoteles resguardados por tanquetas, vallas policiales y francotiradores. La masiva concentración forzó a los cancilleres a recibir a una delegación de cuarenta dirigentes sociales que entregaron una declaración de rechazo al Alca, escrita en una tela de 4 metros de ancho y aproximadamente 200 metros de largo (texto completo en www.ecuador.indymedia.org, Centro de Medios Independientes Ecuador).

Cordones policiales y gases lacrimógenos impidieron a los manifestantes continuar por la ruta autorizada. La policía logró que se asfixiaran varios menores e hirió a algunos manifestantes, pero fue incapaz de prevenir una acción de ecologistas que descolgaron un lienzo contra el Alca desde el cuarto piso del Hotel Marriott. Ese 31 de octubre fue el punto culminante de la Semana de Encuentro y Reflexión de diferentes sectores de la sociedad ecuatoriana, junto a representantes de organizaciones sociales del continente y otros 35 países, convocados por el Encuentro Continental “Otra América es posible”. La campaña “Sí a la Vida, No al Alca”, que se desarrolló en los meses previos en Ecuador, contó con la participación de setenta organizaciones nacionales, locales y estudiantiles a lo largo del país.

Cuando concluyó la Semana de Resistencia y los cancilleres se marcharon desoyendo una vez más la voz del pueblo, erupcionó el volcán Reventador, ubicado unos 100 kms. al este de Quito, cubriendo la capital con una lluvia de cenizas que la paralizó varios días. Ecologistas y poetas recordaban que la naturaleza también habló en 1999, después que fueron duramente reprimidas las movilizaciones indígenas contra las alzas de los combustibles. Entonces fue el volcán Guagua Pichincha el que tronó su enojo sobre Quito.

BRASIL Y LA ESPERANZA

Las universidades Católica, Central, Andina y Salesiana, y la Corte Suprema de Justicia, así como recintos de diversos centros culturales, estadios y parques de Quito dieron cabida a foros, talleres, paneles, asambleas y festivales donde activistas, jóvenes estudiantes y dirigentes indígenas y sociales analizaron los alcances del Alca, recogieron experiencias y buscaron caminos. En momentos que Ecuador anticipaba la victoria -en segunda vuelta- de Lucio Gutiérrez, candidato apoyado por Pachakutik, la noticia del triunfo de Lula y la chispeante presencia brasileña marcó el encuentro con un sello festivo de alegría y esperanza. Jóvenes de organizaciones como el MST (Movimiento de los Sin Tierra), y un obispo jesuíta de “Jubileo Brasil” contaron cómo en septiembre del 2002, diez millones de ciudadanos respondieron acerca de si el gobierno debía firmar el tratado del Alca y si debía entregar la base de Alcántara a control militar de Estados Unidos. Ese plebiscito -en que un 98% de los votantes dijeron No- fue la continuación de una movilización iniciada en mayo de 1999 con un Tribunal de la Deuda Externa, seguida por un plebiscito sobre la deuda, y acompañada de un trabajo de base en sindicatos, parroquias, universidades, comunidades rurales y centros de trabajo.

La hazaña brasileña se inserta en la Alianza Social Continental para articular la lucha a nivel regional. Con esa autoridad los brasileños convocaron a todos a Porto Alegre para realizar el 27 de enero próximo una gran marcha contra el Alca. Según sus organizadores, el secreto de su éxito reside en que “todos decidimos de igual a igual, no hay disputas de protagonismo y hegemonía”, y en articular movilizaciones para que “todos hagan lo mismo en un mismo día”. (www.jubileubrasil.org.br, www.gritodosexcluidos.com.br)

Chile, cuyo gobierno optó por la negociación bilateral con Estados Unidos y está a las puertas de firmar el TLC, estuvo casi ausente de estas jornadas. Entre las excepciones estuvieron el alcalde de Tirúa, Adolfo Millabur, que participó en el Foro Indígena, Sara Larraín, de Chile Sustentable, por la red “Nuestro Mundo no está en venta” que prepara la presencia social en la próxima reunión de la OMC en Cancún, y Claudio Lara, de la Asociación Chilena por un Comercio Justo.

Activistas y militantes sociales de Venezuela y Colombia tuvieron masiva presencia en las deliberaciones. También hubo delegados de Cuba, donde se realizará el 25 de noviembre el Encuentro Hemisférico de lucha contra el Alca. El comité de Colombia presidió un taller en que se denunció que ese país vive prácticamente bajo estado de sitio, con Bogotá militarizada, en el marco del Plan Colombia y la intervención norteamericana.
Producto de las deliberaciones en Quito, en el documento entregado a los cancilleres esta movilización sostuvo: “El Alca no puede sino reforzar la exclusión social y el deterioro ambiental ya que sólo toma en cuenta los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales... Se pretende dar el mismo trato al pequeño productor latinoamericano que a las grandes corporaciones norteamericanas... Se abre el paso hacia una constitución económica supranacional en la que cederíamos la soberanía a la hegemonía norteamericana”. Anunciaron la realización de una Consulta Popular Continental en que millones de hombres y mujeres del continente dirán si quieren o no el Alca.

Al mismo tiempo, parlamentarios de México, Uruguay, Costa Rica, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, El Salvador, Venezuela, Perú, Colombia y Québec coincidieron en estimar que “otra integración es posible”, y una delegación entregó a los cancilleres una declaración de rechazo al Alca. Presidió el encuentro continental parlamentario sobre el Alca y el rol de los Parlamentos de la Región, el vicepresidente del Congreso del Ecuador, Antonio Posso Salgado (de Pachakutik). Los parlamentarios mexicanos (del PRI), cuyo país vive los negativos efectos del Nafta, entregaron valiosos antecedentes para fundamentar su rechazo al Alca. A la reunión, organizada por el Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, asistieron 36 parlamentarios, entre ellos Evo Morales (Bolivia), Santiago Guerrero (México), y Juan Domínguez (Uruguay) quienes sostuvieron que ese tipo de acuerdos debe ser conocido y analizado por los Parlamentos, y llamaron a promover la unidad de empresarios, indígenas, campesinos, obreros y ciudadanos para defender el mercado interno como el fundamento de desarrollo en cada nación.

LUCIA SEPULVEDA RUIZ
En Quito

Propuestas alternativas
 

Con respecto a la agricultura, la Alianza Social Continental -que convocó a la Semana de Resistencia en Ecuador- planteó como alternativas al Alca, dar prioridad a la alimentación de los pueblos por sobre las exportaciones. Señalan que los países deben tener derecho a proteger los alimentos que conforman su dieta básica. Plantean que se requiere una reforma agraria que legitime los derechos territoriales de los pequeños productores y trabajadores rurales sin tierra, respetando los derechos de los pueblos indígenas a vivir en sus tierras. Agregan que debe prohibirse el uso de patentes para controlar semillas agrícolas, hierbas y plantas curativas. Defienden, además, el derecho a constituir uniones sindicales en áreas rurales o de pescadores y a prevenir los efectos de los agentes químicos sobre los trabajadores del campo.

En uno de los paneles en Quito, el economista Alberto Acosta planteó la búsqueda de una integración cooperativa y solidaria como alternativa al Alca. “Esto sería un cambio cultural y no sólo institucional. Si no volvemos nuestras personas en seres cooperativos, solidarios y amorosos, no seremos capaces de hacer otro mundo posible”, postuló. Agregó que la deuda externa fue la palanca para el Alca. Ecuador destina el 40% de sus ingresos al pago de la deuda, y 70% del dinero que generará un nuevo oleoducto deberá destinarse -por ley- a esas obligaciones. Frente a esto llamó a desconocer las formas de negociación impuestas por el FMI, y buscar arreglos como los que consiguió Alemania después de la segunda guerra mundial.

Las organizaciones ecuatorianas que prepararon la campaña contra el Alca señalaron que la integración debe apuntar a resolver los principales problemas económicos, políticos y culturales del país, con el apoyo y colaboración de los países del hemisferio. Propusieron la creación de espacios que aborden la concepción de un proyecto de vida que articule a nuestros pueblos; la inversión productiva en el campo y la ciudad, sobre todo para los pequeños y medianos productores; la deuda externa, la deuda ecológica y el control de los flujos financieros especulativos. Llamaron a discutir la solución política de conflictos, a eliminar las bases militares y analizar el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina. Estiman necesario reorientar y robustecer los acuerdos regionales (Can, Mercosur); combinar integración con soberanía alimentaria, y alentar la integración energética. Llamaron a rediscutir las políticas sociales y económicas, y a respetar la diversidad de identidades culturales, así como avanzar hacia una democracia participativa. Concluyeron que no sólo buscan detener el intento de recolonización, sino avanzar en una integración que una los esfuerzos de nuestros pueblos por un destino mejor.

Los pueblos indígenas, por su parte, declararon:

“Si desarrollamos nuestros principios de unidad, territorio, cultura y autonomía, podremos encarnar no sólo nuestros intereses como indígenas sino la soberanía nacional, la dignidad de todos nuestros pueblos, la oposición a un Tratado de anexión colonial. Si resistimos, será posible impedir el etnocidio que nos tienen anunciado. Ahora más que nunca, la idea de la resistencia indígena toma más valor. Resistir es construir gobiernos propios y comunitarios, contra el interés del Alca de liquidar la soberanía de los pueblos; resistir es aplicar la justicia nuestra, abierta y transparente, contra los tribunales de expertos que se reúnen en secreto para condenar a los países; resistir es defender los territorios, los nombres que le han puesto cientos de generaciones y los recursos naturales contra la política de expropiación y robo que promueve el Alca. La fuerza de nuestros antepasados está con nosotros. Rumiñahu, Tupak Katari, Caupolican, Tupak Amaru, Quintin Lamé, Kimy Pernia y todos los mártires de la tierra y por la tierra están delante de nosotros”. Firman la declaración la Conaie, de Ecuador, el Consejo de Ayllus y Markas de Kollasuyo, la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), el movimiento Juventud Kuna de Panamá y la Organización Nacional de Indígenas de Colombia