FIEBRE CONSERVACIONISTA:
La reconquista del sur profundo

Lunes 8 de marzo de 2004

 
Una nueva corriente ambientalista está moldeando la geografía del sur de Chile: el conservacionismo. El patrimonio ecológico de la zona ha generado la revalorización de las tierras y con ello la salida de los antiguos colonos.
 

Sabine Drysdale


El club es grande y variopinto. Lo integran personajes tan disímiles como Don Francisco, Tompkins, Sebastián Piñera o Adriana Hoffman. Si a principios del siglo XX fueron las sociedades ganaderas las que ocuparon el sur de Chile para criar animales, talar bosques y hacer fortuna, a principios del XXI otro grupo de "colonos" avanza en el sur profundo con un norte distinto.

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Estos escarpados bosques, glaciares, ríos y montañas a los que hace algunos años nadie les daba mucha importancia, hoy son codiciados. Y no precisamente para dedicarlos a la ganadería o la explotación forestal - actividades tradicionales de la zona- sino que para dejarlos tal cual.

Actualmente, el 50% de la superficie de la región de Aisén forma parte del sistema de Áreas Silvestres Protegidas del Estado. Si se les suman las tierras adquiridas por privados, en su mayoría grupos ambientalistas, el 80% de la región está destinada a la conservación.

Guste o no, es el nuevo destino "económico" que están tomado las regiones más australes de Chile, lo que ha aumentado la plusvalía de los terrenos dramáticamente. Eso de encontrar hectáreas por cinco mil pesos ya es prehistoria.

Hoy, por terrenos extensos, se paga mínimo 50 mil pesos la hectárea y las proyecciones dicen que en 10 años podrían llegar a costar $500.000.

Esto ha motivado a los lugareños a vender sus predios, produciéndose una "descolonización" de la zona, precisamente lo contrario a lo impulsado por distintos gobiernos desde hace dos siglos.

The Nature Concervancy, World Wildlife Fund, Conservation International, Goldman Sachs, Fundación Huinay, Fundación Yendegaia, Fundación Ayacara, Don Francisco, junto al magnate estadounidense, Douglas Tompkins ­y próximamente a Sebastián Piñera­ son algunos de los nuevos "colonos" del sur de Chile.

¿Ecología profunda o un excelente negocio?

Quizás una buena mezcla. Lo que sí está claro es que la conservación es una tendencia mundial con sede en Chile.

Descolonización

El senador por la XI Región, Antonio Horvath (RN), conoce la zona como la palma de su mano. Ingeniero civil y master en Ciencias de la Ingeniería con mención en medio ambiente, fue director regional de Vialidad entre 1976 y 1983 y Seremi de OO.PP. entre 1986 y 1989.

Desde ahí, fue uno de los impulsores de la carretera austral. Lleva más de 30 años en la zona, y como senador, se toma su jurisdicción en serio, ya que de jueves a lunes vive en Aisén.

"Es preocupante ver cómo los colonos son incentivados a dejar sus tierras", señala.

A la hora de evaluar el destino que está tomando la mayoría de la superficie de su región, es enfático en señalar que no está contra del conservacionismo. Eso sí, aclara, no es la única alternativa para la región.

"Eso significa restituir las condiciones naturales y sólo destinarlo a mantener esas condiciones, que es la propuesta que lidera este 'club de millonarios ecologistas', que es como los llamamos", indica.

Si bien reconoce que el impacto de la ganadería no ha sido el más positivo para los ecosistemas de la zona, Horvath cree que se puede resolver con una reconversión hacia una producción más natural y orgánica, en armonía con el medio ambiente y no necesariamente mediante la conservación.

Para la botánica Adriana Hoffman, quien fue ex directora de la Conama, y que hoy preside la Fundación Yendegaia, que tiene 39.000 hectáreas dedicadas a la conservación al sur de la Cordillera de Darwin, esta tendencia responde a una toma de conciencia a nivel mundial de la necesidad de proteger la biodiversidad. Y la manera más fácil de hacerlo, dice, es in situ, por ello las compras.

"En Chile estamos un poco atrasados, pero en todo el mundo es una realidad. Es una tendencia mundial en que los privados están muy involucrados, se gastan millones de dólares para buscar, comprar y conservar ecosistemas en peligro", señala.

La agenda medioambiental del Gobierno del Presidente Lagos no se queda atrás. La meta es declarar bajo protección oficial el año 2006, el 10% de la superficie de cada uno de los ecosistemas más relevantes del territorio nacional. Además se pondrá bajo protección 17 sitios fiscales que están incluidos en el catastro de los 68 sitios prioritarios de biodiversidad elaborado por la Conama.

"La idea es que los otros 51 terrenos que son privados puedan acogerse al sistema de áreas protegidas de la propiedad privada, decreto que se encuentra en trámite en la Contraloría, que establece mecanismos de protección e incentivos a los particulares para declararlos elementos de conservación", dice el ministro de Bienes Nacionales, Jaime Ravinet.

La medida significa que estos terrenos no pueden ser construidos, urbanizados, ni destinados a otros fines que no sean el ecoturismo sustentable y la investigación científica.

2003: año clave

A Adriana Hoffman, quien desde hace 20 años trabaja en el tema ecológico, la recolonización del sur no le sorprende.

"Después de muchos años de trabajo, llegó el minuto crítico, en que de repente muchos quieren ser conservacionistas", indica Hoffman.

¿Una moda?

"No, es una urgencia de la sociedad humana", agrega.

Más allá de su interpretación, el avance conservacionista es un hecho que durante 2003 tuvo hitos claves.

Uno de ellos fue la adjudicación por parte del banco Goldman Sachs, de las 270 mil hectáreas pertenecientes al fracasado proyecto Trillium, que quebró tras una gran oposición ambientalista. Lo sorprendente fue que el banco, en vez de vender el terreno o hacer un uso económico de él, decidió dejarlo para la conservación.

"Pensamos en muchos destinos para esta tierra, venderla, subdividirla en lotes, pero cuando los científicos que habíamos contratado para analizar el predio nos contaron de su valor ecológico, los ejecutivos del banco decidieron donarlo a una organización ambientalista para preservarlo", explica Peter Rose, director de comunicaciones del banco neoyorquino.

Claro que, de pasadita, la donación en EE.UU. les significará una reducción tributaria equivalente al valor del terreno.

"No fue por eso que lo hicimos, sino que porque la gerencia del banco consideró que era lo correcto", agrega.

Pero 2003 trajo más sorpresas. Tres grupos ambientalistas internacionales, The Nature Conservancy, World Wildlife Fund y Conservation International, compraron los predios Chauhuín y Venecia ­60 mil hectáreas de bosque lluvioso templado valdiviano­ debido a la quiebra de Bosques S.A., empresa que pretendía explotarlos. Por ello pagaron 7,5 millones de dólares.

Luego, las dos más grandes empresas forestales chilenas, CMPC y Arauco, se comprometieron a no promover la sustitución del bosque nativo y a dedicar los predios que poseen con especies autóctonas a la conservación. Se creó un nuevo parque nacional, el Tic Toc Corcovado, propiedad de Tompkins, que está negociando la compra de la estancia Valle Chacabuco en Aisén, propiedad de la familia De Smet, cuya superficie alcanza las 70 mil hectáreas. Sebastián Piñera, además, está a punto de concretar la compra de 114.800 há de bosque nativo en Chiloé, pertenecientes al estadounidense Jeremiah Henderson, las que serían destinadas a la conservación y el ecoturismo. Consultado, no quiso revelar más detalles del tema.

Un buen negocio

En general, las iniciativas de conservación privados, van asociados al ecoturismo, tendencia que cada vez genera más adeptos en el mundo.

Ésta podría convertirse en la actividad económica más promisoria de la región, pero el estilo de turismo que promueven los conservacionistas no está exento de críticas.

Horvath, por ejemplo, reprocha lo selectivo y excluyente que son estos servicios.

"Estos proyectos son concebidos en un modo de vida externo a la Patagonia. Y si se descoloniza, la zona pierde una característica fundamental que es la identidad de la gente, su cultura, su modo de ser", explica.

Y agrega que ser conservacionista no sólo significa cuidar la naturaleza, sino que también su relación con el hombre.

Pero la gran pelea la está dando con Douglas Tompkins, quien no deja que la carretera austral pase por
el parque Pumalín, que está a punto de ser declarado santuario.

"En general, las áreas que se declaran santuario o parque, son las que no tienen otros usos alternativos, glaciares, bosques en terrenos abruptos. Pero las áreas planas no las declaran santuario, sino que se las reservan para ellos mismos. Tompkins tiene instalaciones turísticas, campos agrícolas, ganadería, una planta de miel, o sea está aprovechando todo el potencial del sector. Y es así como esos terrenos aledaños a un parque o santuario, adquieren un valor inmenso", señala Horvath.

Un ejemplo concreto: el hotel Explora no valdría US$ 800 la noche si es que no estuviera al lado del parque Nacional Torres del Paine.

Pero fuera del turismo y la plusvalía muchos especulan que el interés por tanta tierra va por el lado de los bonos de carbono, un mercado que promete desarrollarse en los próximos años, si es que el protocolo de Kyoto es ratificado por Rusia.

Si bien los distintos grupos conservacionistas entrevistados para este reportaje negaron que esa sea una motivación para comprar las tierras, de abrirse el mercado, lo más seguro es que muchos aprovechen sus ventajas.

"Si con eso podemos financiar la restauración de los ecosistemas de Yendegaia, claro que estaríamos interesados", confiesa Hoffman.

No sólo de turismo...

Si bien el turismo se abre como uno de los polos de desarrollo más importantes para Aisén, existen también otros sectores de enorme potencial económico.

La gran cantidad de archipiélagos presentes en la región le otorga condiciones oceanográficas privilegiadas para la explotación acuícola.

También posee grandes extensiones de suelos de aptitud forestal que se encuentran subexplotados y que pueden dar paso a una importante industria maderera, así como también, el manejo sustentable del bosque nativo.

En cuanto a la agricultura y ganadería, Aisén tiene potencial ovino, especialmente orgánico, en el manejo de la liebre europea y el desarrollo de la floricultura, donde destacan las especies bulbosas.

También hay oportunidades en la producción de hidroenergía. Esto, gracias a 6 grandes hoyas hidrográficas, destacándose los ríos Baker, Bravo y Pascua que poseen las mayores potencialidades hidroenergéticas del país.