Santiago de Chile, Viernes 15 de Marzo de 2002
TRES GARGANTAS, LA REPRESA MÁS GRANDE DEL MUNDO
El Ralco Chino

María Teresa Villafrade

Texto: María Teresa Villafrade
Fotografías: Gamma 

El templo de Zhang Fei, con su hermosa cúpula roja, se salvó de quedar sumergido en las aguas. Los chinos lo trasladarán este año a un lugar seguro piedra por piedra.

La represa Ralco, que tanto revuelo ha originado en la región del Alto Biobío, con noticias diarias de enfrentamientos entre un grupo de pehuenches y la policía, es una alpargata al lado de lo que los chinos están haciendo en la provincia de Hubei desde 1996. Tres Gargantas ­el nombre de este megaproyecto hidroeléctrico de la potencia asiática­ producirá 18.200 megawatts cada año (Ralco generará apenas 570) y tendrá una extensión de 630 kilómetros de largo, algo así como la distancia que existe entre Santiago y Vallenar. De ancho, dos kilómetros. ¿Es posible imaginar un lago artificial más grande?

Se trata del proyecto de mayor envergadura en el mundo y su magnitud es tal, que cuesta dimensionarla incluso ahora que ya han pasado seis años desde el inicio de las obras. Hasta la fecha se han removido 31 millones de metros cúbicos de tierra y roca, y para el 2009, cuando se espera que concluyan los trabajos, habrán pasado por ella 90 mil hombres y 800 compañías.

El costo estimado de la gigantesca represa también es estratosférico y, a juicio de los expertos, los cálculos ya parecen haberse quedado cortos. Sin embargo, la cifra oficial del gobierno chino asciende a los 24 mil millones de dólares. La duda apunta a que no si no se han cumplido las evaluaciones preliminares, que en un principio estimaban la evacuación de un millón de personas ­el número ahora se ha duplicado­, ¿no sucederá lo mismo con el costo total de la obra?

El fotógrafo chino Zeng Nian viene realizando desde 1994 un completo documental sobre la represa y sus consecuencias en la población. Ha captado con su lente la imagen de cientos de miles de campesinos desalojando en forma muy rudimentaria y pacífica las zonas aledañas al famoso río Yangtze. La dictadura comunista no permite otra cosa que la resignación. Algunos llevan al hombro los muebles de sus tradicionales casas "lilongs" y otros trasladan en camiones los féretros de sus antepasados. Impactan especialmente los rostros de ancianos al ver cómo demuelen sus hogares en sus propias narices. Cerca de la mitad de los evacuados son residentes urbanos y la otra mitad, rurales. Expertos internacionales aseguran que relocalizar a semejante número de habitantes es una tarea prácticamente imposible. Las autoridades chinas habían previsto construir ciudades nuevas en los cerros cercanos al río. De hecho levantaron modernas viviendas para los primeros 150 mil erradicados, pero ahora esta medida les resulta económicamente inviable y las próximas 550 mil personas que deberán mudarse en los cuatro años siguientes, tendrán que ser absorbidas por ciudades y pueblos de otras regiones.

La desaparición de 27 mil hectáreas de tierra cultivable en 16 meses más ­en julio de 2003 se llenará el embalse­, es sólo un detalle. También quedarán sepultados 44 sitios arqueológicos ancestrales y pueblos de 1.300 años de antigüedad. La etnia ba chu, base primordial de la civilización china, realizó aquí obras maravillosas. Una de ellas se encuentra en Baiheliang y son piedras en forma de tablas que fueron esculpidas en el siglo VI, donde está registrada la historia del río Yangtze y sus desbordes, además de hermosos poemas. El último inventario oficial de los sitios arqueológicos que serán inundados registra un total de 1.087 valiosos objetos culturales.

Sin embargo, el gobierno de Beijing tiene su corazoncito y ha señalado que destinará 125 millones de dólares en la tarea de rescatar los templos y monumentos que más valen la pena. Los chinos son maestros en el arte de la deconstrucción y se han propuesto trasladar piedra por piedra algunos de ellos. El templo de Zhang Fei, ubicado en la provincia de Yunyang, está en la lista de los afortunados sobrevivientes. También figura el de Shibaozhai, cercano a Zhongxian, que será salvado gracias a la protección de unas compuertas a prueba de agua. ¿El costo de esta increíble medida de salvamento? Diez millones de dólares.

La temida corrupción

La construcción de la represa Tres Gargantas, al igual que Ralco, no ha estado exenta de polémica. Claro que toda la controversia no se ha originado al interior de la potencia asiática, sino en el extranjero. En mayo de 1996, el gobierno de Estados Unidos decidió no contribuir con fondos federales a un proyecto de esta envergadura. Lisa Guide, directora de la agencia gubernamental conocida como Bureau of Reclamation (impulsora en el pasado de grandes centrales hidroeléctricas), explicó las razones de esta negativa: "Existe consenso en que los proyectos de represas a gran escala para la retención de agua no son ecológica ni económicamente factibles. Nosotros jamás apoyaríamos en Estados Unidos un proyecto como el de Tres Gargantas, por lo tanto sería muy incongruente que lo hiciéramos en otro país".

Los estadounidenses han denunciado constantemente la extravagancia del proyecto y el Banco Mundial y Japón también se sumaron a las críticas. El volumen de la represa cubrirá una superficie de 1.084 kilómetros cuadrados y aunque Tres Gargantas ha sufrido una serie de problemas de ingeniería y de costos, a lo que más temen los expertos extranjeros es a la corrupción, que a nivel oficial está muy extendida en China. La prensa china, controlada por el Partido Comunista, denunció el año pasado una serie de escándalos en torno a la represa. Han sido robados hasta ahora un total de 81 millones de dólares. En 1998, por ejemplo, desaparecieron 57 millones del fondo destinado a la reubicación de personas. Otros 24 millones se cobraron de más por un contratista que vendió como nuevos cientos de camiones usados. Sin embargo, esta es la información que sale a la luz pública, pero se teme que la corrupción redunde también en la utilización de materiales de construcción de inferior calidad a la requerida. El que se destruya todo un ecosistema y desaparezcan inevitablemente especies de plantas y animales únicas en el mundo, no son nada al lado del desastre que significaría una ruptura o daño estructural de este embalse gigante.

La otra gran interrogante tiene que ver con las fábricas que están siendo demolidas en la zona. Nadie entiende la razón. La escritora Dai Qing pregunta, por ejemplo, por qué se voló en pedazos un edificio gubernamental de tres mil metros cuadrados, dos edificios de una fábrica y una chimenea de cincuenta metros de una industria energética, si estos igual iban a quedar sepultados bajo el agua. Según las explicaciones oficiales, la medida pretende controlar la contaminación, pero la escritora ha llamado a expertos independientes a evaluar el efecto de estas demoliciones sobre la calidad de las aguas. "Yo sospecho que las autoridades usaron los escombros de estos edificios para enterrar contaminantes bajo este embalse. Tengo mucho miedo de que esto no conduzca precisamente a una menor polución del lago", señaló Dai Qing.

China, en todo caso, tiene experiencia en la construcción de represas. De las 45 mil que existen en el mundo entero, este país cuenta con 22 mil. Le siguen en orden decreciente: Estados Unidos con 6.390, India con 4.000, España y Japón con más de 1.000 cada uno.

Entre 60 y 80 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares desde la década del cincuenta por esta causa. Nada parecido, eso sí, a la magnitud de Tres Gargantas. Brasil y Paraguay erradicaron a 50 mil habitantes cuando construyeron la central Itaipú; en México fueron 12 mil para la represa Miguel Alemán y en Argentina también 12 mil para Salto Grande.

La Comisión Mundial de Represas (World Comission on Dams) ha estudiado los cientos de casos que existen en el planeta y ha llegado a la conclusión de que en el caso de las grandes centrales hidroeléctricas (con muros superiores a los 15 metros de altura) no se han cumplido las proyecciones económicas y energéticas que en un principio se estimaban.

Los chinos, sin embargo, no se complican con su enorme proyecto; incluso han incorporado paseos turísticos a Tres Gargantas en los célebres cruceros por el río Yangtze. Para ellos, las 26 turbinas que tendrá esta central ayudarán a producir una energía más limpia en todo el país, mucho menos contaminante que las grandes cantidades de C02 que producen las termoeléctricas. Y eso, nadie se los discute.

Ralco en un zapato chino

La energía que la central hidroeléctrica Ralco aportará en el 2004 equivale al 85 por ciento de todo el consumo (industrial, comercial y domiciliario) de Concepción, Tomé, San Vicente y Coronel. Ubicada en el Alto Biobío, en el curso superior del río Biobío a unos 120 kilómetros al sureste de Los Ángeles y a unos 30 kilómetros aguas arriba de la central Pangue, requiere de la construcción de una presa de 155 metros de altura en el cauce del río, que dará lugar a la formación de un embalse de 1.222 millones de metros cúbicos de volumen total y de 3.467 hectáreas de superficie máxima. La superficie de tierras que poseen las comunidades pehuenches afectadas asciende a 16 mil hectáreas, de las cuales se inundará un 4 por ciento, lo que equivale a 638 hectáreas. La polémica está en los 28 predios que sus propietarios se niegan a permutar.

Para el ecólogo Juan Pablo Orrego, famoso por su oposición a Ralco, las centrales hidroeléctricas son excelentes fuentes de energía. Pero asegura que los países desarrollados vienen de vuelta en esto de los megaembalses tipo Tres Gargantas y también tipo Ralco:

­Me carga el proyecto chino porque entonces comparan con Chile y dicen: "Allá van a erradicar a dos millones y acá en Ralco sólo a 700". Lo importante es que estamos ad portas de una gran revolución energética con las células de combustible y no es necesario que sigamos degradando el ambiente y erradicando a las personas para levantar grandes represas. Ningún país genuinamente democrático acepta construirlas, por el enorme impacto ambiental que significa: muerte biológica de los ríos, entre otras cosas. La tendencia moderna apunta a buscar alternativas energéticas y combinarlas, a construir pequeñas turbinas en lugar de enormes centrales, pero en Chile estamos en pañales. Japón, por ejemplo, pretende que en el futuro todas las casas cuenten con panales solares en sus techos para autoabastecerse de energía solar. Se dice que necesitamos generar cada año un 7 por ciento más de electricidad, pero resulta que ya no crecemos económicamente al 7 por ciento como antes. Algo está mal, los cálculos no corresponden.

Endesa, por su parte, defiende su central:

"Ralco es de primera necesidad para Chile, pues su energía proviene del agua, un recurso propio, lo que disminuye la vulnerabilidad actual del sistema. Ello quedó demostrado el pasado 19 de febrero, cuando Argentina suspendió el suministro de gas natural al sistema central de Chile, que cuenta con un 20 por ciento de capacidad instalada que corresponde a centrales que operan con gas natural proveniente del país vecino. La electricidad generada en centrales hidroeléctricas es una energía limpia, de bajo costo y que utiliza un recurso renovable. Así como en una central térmica el gas natural o el carbón mueven los motores, en una hidroeléctrica, estos son movidos por el agua, aprovechando el desnivel y el caudal del afluente. Chile requiere de energía eléctrica para su desarrollo y Ralco es un proyecto que satisfacerá la creciente demanda de energía eléctrica. El Sistema Interconectado Central ­comprende la zona entre Taltal y Chiloé­, que alimenta a más del 90 por ciento de la población del país, tiene una demanda de 4.500 megawatts y requiere de 300 megawatts adicionales cada año. El proyecto Ralco fue definido por la Comisión Nacional de Energía en 1994 como una alternativa para responder al crecimiento de la demanda e incluido en el plan de obras que diseña ese organismo".


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