Santiago de Chile, Miércoles 12 de Septiembre de 2001
TESORO.- Los pehuenches cuidan con orgullo las centenarias araucarias que hay en Ralco. El volcán Callaqui, con su cumbre siempre nevada, y el macizo cordillerano La Blanca se observan al fondo desde el sector Vegas de Ralco.

VACACIONES CON LOS PEHUENCHES:
Un viaje a la reserva Ralco

PILAR ESPINOSA

No es fácil llegar a la reserva nacional Ralco, pero vale la pena. Entre curvas pronunciadas, precipicios y laderas escarpadas, el camino lleva a una de las áreas silvestres protegidas menos conocidas del país y con ingreso liberado.

Y eso que está a sólo 154 kilómetros de Los Angeles, 94 de ellos con buen asfalto. De los otros 60, la mitad ripio y la mitad tierra. Una vía que, bordeando el apacible lago Pangue y el imponente río Biobío, se interna en el corazón del mundo pehuenche.

En la Guardería de Quillaicahue, acceso principal de la reserva, cientos de araucarias dan la bienvenida. Para el lado que mire las encontrará, de todas las edades y tamaños. Es que, tal como en Nahuelbuta, Conguillío o Lonquimay, en Ralco aseguran que allí están las más altas y antiguas de Chile. Ejemplares imponentes que bordean los 800 años y se empinan sobre los 50 metros de altura. Son como catedrales apuntando al cielo.

Desde 1972 Ralco - voz que significa plato para el agua en mapudungún- tuvo la categoría de parque nacional, abarcando 24 mil hectáreas. Pero, como los pehuenches por siglos habitaron esos lugares, se determinó entregarles prácticamente la mitad para sus veranadas, momento en que llevan a sus animales a pastar a la montaña. Con las restantes 12.421 hectáreas, en septiembre de 1987 se creó la reserva nacional Ralco. La diferencia entre ambas figuras está en que, como parque nacional, no se podía permitir allí ni siquiera la recolección de piñones. Como reserva, en cambio, los recursos pueden ser utilizados en forma sustentable. Y es lo que durante siglos han hecho los pehuenches.

Hoy son 25 familias las que pasan allí seis meses de cada año para que sus rebaños de cabras y ovejas, además de algunos vacunos, se alimenten de esos pastos que brotan con fuerza cuando la nieve desaparece y la reserva empieza a despertar. Ocurre entre septiembre y octubre. Es la época que esperan los pehuenches para subir. Y la Corporación Nacional Forestal (Conaf), para instalar a sus guardaparques, abriendo la temporada de visitas. Hasta ahora pocas son las que suben. Sólo personas que buscan algo realmente diferente. Entre enero de 1998 y abril de este año, exactamente 1.034 turistas.

Los pehuenches son, a decir verdad, prácticamente los dueños de casa. Si decide visitarlos en su entorno, no lo olvidará fácilmente. Panoramas no faltan. Puede pescar en los ríos Ralco, Quillaicahue o Loncotahue; nadar en las cristalinas aguas de la laguna La Mula y hasta darse un baño termal en los faldeos del volcán Callaqui.

Apuesta al turismo

Es casi como estar de vacaciones, aunque menos cómodo que en la casa de invernada, dice Camilo Calpán Purrán, de 22 años. Asegura que a ellos trabajo no les falta. Hay que vigilar los animales, mantener el puesto y si hay suerte, trabajar para la Conaf. Arreglan caminos, reponen puentes y han reforestado 500 hectáreas.

Edison Maldonado, encargado de operaciones de la unidad de Gestión de Patrimonio Silvestre de Conaf, explicó que aunque la Reserva Ralco fue elegida para el proyecto de Parques Nacionales para el Ecoturismo, todas las propuestas se desecharon por no incorporar a los pehuenches. La idea ahora, y se trabaja en ello, es establecer un Circuito Ecoturístico. El proyecto que está en su primera fase espera conseguir financiamiento. Se requieren entre 25 y 50 millones de pesos. Hay que comprar monturas, habilitar áreas de camping, hacer instalaciones sanitarias y fogones para asados. Se trata de apoyar cosas simples, que son las mismas que siempre han hecho, para que las compartan con los turistas.

Entre los atractivos paisajísticos está el volcán Callaqui, de 3.100 metros de altura, con su cumbre siempre nevada, y la laguna La Mula, a 1.500 metros de altura. En el lugar hay un área de camping bien protegida y con apropiadas instalaciones.

Como el sector no cuenta aún con baños, quien quiera acampar recibirá de los guardaparques, junto con las recomendaciones sobre manejo del fuego y retiro de basura, instrucciones para que las necesidades biológicas no contaminen el ambiente.

Excursiones

Al interior de la reserva hay 30 km de senderos habilitados que permiten llegar en vehículo hasta laguna La Mula, el río Ralco y el valle de Quillaicahue. Una vez allí, si quiere realmente disfrutar la opción es caminar o aventurarse en una cabalgata acompañado por guías pehuenches. En esas 12 mil hectáreas son muchos los lugares que sólo ellos conocen.

Conaf ha predeterminado tres senderos de excursión.

Río Quillaicahue-El Pachá: se observa flora y fauna en ambientes de gran belleza. Hay bosques de araucarias sin intervención humana. Duración: 8 horas.

Río Quillaicahue-río Ralco: observación de flora y fauna. También a la distancia algunas instalaciones del fundo El Barco.

Quillaicahue-salto de Loncotahue: siguiendo el río Ralco a través de un sendero que pasa por sectores boscosos y laderas de cerros cordilleranos. Duración: 6 horas.

En internet

Parques y reservas nacionales
www.conaf.cl/html/parques/parques.html

Turismo y perspectiva indígena
www.encuentroindigena.cl

Datos sobre Ralco
www.conaf.cl/html/parques/parques/ralco.html


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