sábado 23 de febrero de 2002

Ambientalismo y bien común

El corte del suministro de gas natural por parte de la empresa argentina debido a problemas laborales creó una situación de alarma en las autoridades chilenas y en las generadoras eléctricas, llevando incluso a incorporar al sistema interconectado a las centrales térmicas para evitar el corte de energía que se preveía, de continuar la crisis en el país trasandino. El hecho que tras siete horas se repusiera el suministro, sin embargo, no significa que emergencias como la sucedida no vuelvan a repetirse, ya que la incierta situación económica argentina y la posibilidad de despidos y otras medidas pueden provocar nuevamente situaciones como la que ha desatado alarma en nuestro país y obligado a recurrir a generadoras térmicas, e incluso, planificar posibles cortes de energía eléctrica si la crisis continúa.

El problema de fondo es que a partir de la construcción del gasoducto y el abastecimiento de gas natural para las centrales eléctricas Nehuenco y San Isidro, en 1997, Chile comenzó a depender en materia de energía del país trasandino. En su momento no se previno la posibilidad de una crisis de las dimensiones que ha alcanzado la de Argentina, ni que tal dependencia pudiera crear un grave riesgo en materia de energía eléctrica para nuestro país. Un riesgo, por cierto, que no sólo se puede extender al servicio residencial sino también al industrial, que ha cambiado sus fuentes de energía al gas natural.

La integración económica a través del abastecimiento de combustibles sin duda puede ser una solución efectiva y adecuada entre Chile y Argentina. Pero ella depende de la responsabilidad que adquiere el país proveedor para asegurar ese abastecimiento. Por ello, no es posible que situaciones internas, por graves y delicadas que sean, pongan en peligro dicho suministro, razón suficiente para que el gobierno manifieste a las autoridades argentinas su inquietud al respecto, y obtenga de ellas las garantías suficientes para que lo ocurrido esta semana no vuelva a suceder. Al mismo tiempo, las autoridades chilenas deben tomar conciencia de lo que implica depender del gas natural para cubrir las necesidades eléctricas nacionales.

Lo anterior significa que Chile debe seguir construyendo centrales hidroeléctricas, para no estar a merced de las circunstancias políticas y económicas que atraviesa el país vecino. Chile tiene un importante potencial hídrico que debe ser utilizado para asegurar el abastecimiento eléctrico del futuro. En este sentido, los obstáculos que determinados sectores ecologistas o indigenistas coloquen a la construcción de represas y centrales hidroeléctricas, deben ser enfrentados con decisión por parte del gobierno, ya que las necesidades energéticas de todos los chilenos, y su mismo desarrollo y progreso, dependen de la capacidad de generación que tenga el país en el futuro. Intereses particulares no pueden interponerse ante el bien común. Por lo tanto, si las empresas generadoras cumplen con las normas legales, el gobierno debe dar garantías y apoyo suficiente para que las obras se desarrollen con tranquilidad, y dentro de los plazos presupuestados. De la alarma surgida ante el corte de abastecimiento de gas argentino deben extraerse conclusiones claras por parte de la autoridad, a fin de evitar que en el futuro ello pueda repetirse. Esto implica acciones directas con el gobierno argentino, pero también facilitar la instalación de centrales en nuestro país, que aseguren el abastecimiento eléctrico y, en definitiva, la tranquilidad de los chilenos.


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