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19 de noviembre de 2000
Suplemento Económico, extraído del Financial Times

El adiós de las represas?
Hasta no hace mucho consideradas monumentos del desarrollo, las grandes represas hoy son blanco de ataques desde varios frentes.

ALAN BEATTIE Y KEVIN BROWN
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Jawaharlal Nehru, el Primer Ministro de la India, declaró alguna vez que las represas eran "los templos de la India moderna". Miles de activistas que se oponen a la construcción de la polémica represa del río Narmada, llenaron las calles de Nueva Delhi para manifestar su desacuerdo con esa aseveración.

Es posible que se sientan reconfortados por el informe emitido el jueves por los expertos de la Comisión Mundial de Represas, creada por el Banco Mundial hace dos años. El informe expresa fuertes reservas contra los grandes proyectos de represas que, según afirma, con frecuencia no logran proporcionar los beneficios prometidos y subestiman enormemente los costos humanos y ambientales.

Pero ni las protestas ni el informe anuncian el fin de las grandes represas. Entre los gobiernos de los países en desarrollo existe un creciente resquemor contra la interferencia del activismo ecologista y de los organismos internacionales.

Justo este mes, tras una pausa de seis años debida a disputas legales, las mezcladoras de cemento volvieron a funcionar en la represa Narmada. Tanto para el gobierno nacional de la India como para las autoridades de los estados de ese país, que están firmemente a favor de la represa, la  reanudación de las obras fue un triunfo.

"El pueblo de Gujurat ha esperado cuarenta años este día. Ahora, ningún poder en el mundo será capaz de impedir que sigamos adelante con el proyecto", declaró Keshubhai Patel, ministro jefe del estado de Gujurat. El estado decretó medio día de asueto para celebrar el evento.

Por su parte, los principales activistas de la principal organización de protesta, la Narmada Bachao Andolan ("Salven a Narmada"), que militan en el  valle de ese río desde hace una década, manifestaron su oposición con una huelga de hambre.

La caída en desgracia de los grandes proyectos de represas es notable. Durante la mayor parte del siglo XX, las represas fueron un poderoso símbolo del desarrollo económico, una manifestación concreta del dominio del hombre sobre la naturaleza. La represa Hoover fue una pieza clave de la  política del "New Deal" de Franklin D. Roosevelt, por su capacidad de proporcionar energía hidroeléctrica y empleo a los EE.UU. en la era de la depresión económica. La represa de Asuán fue el orgullo del nacionalismo egipcio durante el gobierno de Nasser. Las represas domaron inundaciones, dieron energía a las ciudades e hicieron florecer los desiertos.

Fue la represa Narmada la que hizo que el mundo cambiara de opinión.

La multimillonaria represa sobre el río Narmada, concebida en 1946, aprobada en 1979 y cuya construcción comenzó a fines de los 80, tiene como propósito irrigar más de 1,8 millones de hectáreas afectadas por la sequía en los estados occidentales de Gujurat, Maharashtra y Madhya Pradesh. De los 134 metros que tendrá la obra se construyeron hasta ahora 88 metros.

Pero los oponentes afirman que la represa terminará por ser un símbolo de opresión para los 320.000 habitantes de la zona, que deberán ser evacuados cuando crezcan las aguas del valle de Narmada.

El opositor más conocido de los últimos tiempos ha sido Arundhati Roy, el novelista hindú, quien declaró: "Las grandes represas empiezan bien pero  terminan mal. Hubo una época en que las grandes represas inspiraban a los hombres a hacer poesía. Eso ya no es así."

El Banco Mundial comenzó a mostrarse reticente respecto de las represas desde 1993, cuando se retiró del proyecto Narmada tras encargar un informe  independiente que criticó el proyecto.

Algunos funcionarios del banco afirman en privado que la institución decidió no desafiar el peso creciente de la oposición pública. El banco, cuyo presidente James Wolfensohn visitó Nueva Delhi esta semana, ahora dice que financia menos del 1% de los grandes proyectos de represas que se ejecutan en el mundo.

El flamante informe de la Comisión Mundial de Represas puede alentar dudas similares entre los gobiernos de los países industrializados, algunos de los cuales ayudan a las empresas de sus países a construir represas en el extranjero mediante garantías de créditos. La alemana Siemens sufrió un revés en su aspiración a construir la represa Maheshwar, parte del complejo indio cuestionado, cuando la presión de los ecologistas sobre el gobierno alemán privó a la empresa de obtener una garantía de crédito a la exportación.

Esos grupos también están presionando directamente a las empresas  involucradas. Ogden Corporation es blanco de protestas en Nueva York. Los gobiernos europeos y los organismos crediticios reciben grandes presiones para retirar el apoyo a la represa hidroeléctrica que quiere construir Turquía en Ilisu, en el río Tigris.

Oficialmente, los gobiernos suizo, italiano y británico siguen considerando  los pedidos de las empresas de ingeniería Sulzer Hydro, ABB, Impregilo y Balfour Beatty de garantías crediticias. Pero los ministros no son indiferentes a las críticas de la amplia coalición europea de derechos humanos y ecologistas, que pronostica deportaciones masivas, degradación del medio ambiente e incluso una guerra regional por el agua que involucraría a Irak.



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