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Año LXXXVIII - Nro. 31.641 - Domingo 14 de septiembre de 2003

Jóvenes son más tolerantes

¿Qué se entiende por intolerancia? Los especialistas la definen como una disposición cultural de las personas a rechazar, en cualquiera de sus formas, la diversidad sociocultural. Por lo mismo, quienes son intolerantes están de acuerdo en restringir o controlar el ejercicio de la autonomía de las personas en sus maneras de vivir, de pensar o sentir.

La discriminación es entendida como la disposición cultural a considerar desiguales los derechos de los otros, basándose en criterios tales como la raza, la edad, el grupo socioeconómico, el sexo, entre otros.

 

DATOS

 

De acuerdo a la encuesta, en Temuco un 54% de las personas manifiesta actitudes favorables a la tolerancia, pero sólo el 32% es decididamente tolerante. En tanto, los intolerantes suman un 46%, y un 18% los altamente intolerantes.

En cuanto a discriminación, una mayoría no manifiesta disposiciones abiertamente discriminatorias 76,2% y una proporción importante la rechaza decididamente, 38,6%. Sólo un 24,8% manifiesta actitudes discriminatorias.

 

CATEGORIAS

 

Considerando algunas categorías, la encuesta confirma la teoría que los jóvenes, independientemente de su sexo o condición social, son más tolerantes que los adultos. Es más, los grados de intolerancia aumentan con la edad.

La educación también está asociada con la tolerancia, pues a mayor educación mayor disposición a aceptar y respetar las diferencias.

Otro dato revelador señala que los grupos medios y altos son más tolerantes que los grupos bajos. Esto se relaciona con la mayor educación e integración social de los grupos altos que, por lo tanto, pueden sentirse menos vulnerables a las amenazas de lo diferente. Ellos tienen menos prejuicios negativos que los medios y éstos que los grupos bajos.

El estudio da cuenta, finalmente, que existe una clara correlación entre tolerancia y preferencias políticas: mientras más a la izquierda se sitúe una persona más probabilidades que tenga actitudes tolerantes, e inversamente, mientras más a la derecha, más intolerante.

 

 

Datos que nos sacan las máscaras

 

 

Temuco es una ciudad con altos grados de clasismo. La encuesta revela que la discriminación de clase se da en un 36%. Esto se devela claramente con el apoyo formulado a afirmaciones clasistas.

Por ejemplo, más de un 40% de los encuestados se muestra de acuerdo con la afirmación: "los pobres son pobres porque no se han esforzado en dejar de serlo"; mientras que un porcentaje similar se muestra de acuerdo en que los empleadores pregunten el lugar de residencia de los postulantes porque existen sectores donde "hay delincuentes y drogadictos".

Del mismo modo, ante la afirmación "las desigualdades sociales son necesarias para el funcionamiento de la economía", más del un 50% de los temuquenses señalaron estar de acuerdo con la frase.

Si el clasismo es claro, el racismo hacia los pueblos originarios no es menor, ya que alcanza un 23% en la capital de La Araucanía, un porcentaje cualitativamente alto según los especialistas. El ejemplo lo devela el que un tercio de los encuestados se mostró de acuerdo en la frase: "Por sus características raciales los indígenas tendrán siempre una limitación social".

 

HOMOFOBIA

 

En Temuco, el prejuicio homofóbico llega al 57%, es decir la predisposición al rechazo a los homosexuales. En cuanto a los rangos extremos -expresivos de mayor intolerancia y discriminación- son del orden del 16%.

Por ejemplo, un 44% de los encuestados señaló estar de acuerdo en que a los homosexuales no se les debe permitir ser profesores de colegios, y cerca del 50% en que los especialistas deberían buscar la causa de la homosexualidad "para que no sigan naciendo", como lo explicitaba la frase de la encuesta.

 

SEXISMO

 

Los temuquenses se muestran en un 19% tendientes al sexismo, lo que se refleja en la aceptación de restricciones a derechos de las mujeres por su condición de tales. Ante la afirmación "Salvo excepciones, las mujeres tienen menos capacidad que los hombres para desarrollar cargos de alta responsabilidad", un 21% dice estar de acuerdo, mientras que un 70% no lo aprueba.

Al mismo tiempo un 37% responde afirmativamente a la frase "Es normal que los hombres ganen más dinero que las mujeres pues tienen una familia que mantener", mientras que un 62% lo rechaza.

Es más, más de un tercio, algo más del 32%, considera que "Un colegio adecuado para las niñas es aquel donde pueden aprender correctamente sus roles de madre y esposa".

 

AUTORITARISMO

 

Las inclinaciones favorables a considerar la sumisión a la autoridad como un valor, acompañada de agresividad autoritaria alcanza niveles altos en la población estudiada. La disposición favorable al comportamiento autoritario es del orden del 65% en Temuco y los rangos extremos de mayor autoritarismo llegan al 35%.

Así, casi el 80% de los temuquenses está de acuerdo en que "La obediencia y el respeto a la autoridad son las primeras virtudes que hay que enseñar a los niños"; el 75% apoya la idea que "lo que necesita la juventud es autoridad, determinación y voluntad de trabajar y luchar por la familia y la patria"; el 68% sostiene que "para que hagamos bien nuestro trabajo, es necesario que patrones y jefes nos indiquen cuidadosa y exactamente qué es lo que debemos hacer y cómo"

 

DOGMATISMO

 

En cuanto al dogmatismo, éste alcanza niveles altos del orden del 49% en las tres ciudades estudiadas, pero los rangos extremos -expresivos de mayor dogmatismo- se da en Temuco en un 27%.

Esto se advierte en forma clara cuando un 47% de los encuestados se muestra de acuerdo en que "un libro que contiene ideas políticas erróneas debe ser retirado de las librerías"; cuando un 55% apoya la idea que "deben existir personas que censuren lo que sale en televisión, pues no se pueden difundir valores equivocados".

Finalmente, en cuanto a tolerancia religiosa, se advierte un porcentaje medio-alto de personas que rechazan las religiones minoritarias, a los indiferentes y ateos, al tiempo que aceptan el rol tutelar de la religión en el Estado.

En Temuco la aceptación de la intolerancia religiosa llega al 41%, de ese porcentaje y un ejemplo de ello es que casi un tercio de los encuestados apoya la afirmación que señala que "una persona atea es menos confiable que una que profesa una religión".

 

Temuco es clasista y homofóbico

 

Sixta Liempi y Ana Millanao, sufrieron la discriminación y hoy luchan por erradicarla.

 

Texto: Pilar Reyes Villablanca.

Fotos: Osdcar Ravanal. Marcelo Larenas.

 

 

Una mujer joven, embarazada y vestida en forma sencilla, entró a una farmacia en el centro de Temuco a comprar una buena crema para proteger la piel de su abdomen. La vendedora, tras mirarla de reojo, eligió el producto más barato y de una calidad discutible. La clienta insistió en una crema especial, pero la vendedora le advirtió que eran demasiado caras, sin dejar de observar su vestimenta. Molesta, la mujer le exigió que le mostrara las mejores cremas, sin importar su precio, que ella elegiría. En su fuero interno supo que la habían tratado mal por su apariencia.

En una villa del sector oriente de Temuco un grupo de vecinos decidió adoptar medidas para evitar robos. Uno de ellos sugirió que se prohibiera que vendedores, trabajadores y personas ajenas al barrio circularan por las calles. Sólo dos vecinas, más allá de las necesidades de seguridad en su sector, defendieron el derecho de cualquier persona a transitar por las veredas.

Hace algunos años, durante la noche una pandilla de jóvenes perfectamente organizados y armados atacó con linchacos y palos a un grupo de travestis en la Plaza Teodoro Schmidt, dejándolos malheridos. No hubo provocación, ni riña. Fue un acto movido por la homofobia.

INTOLERANCIA

Las situaciones descritas son reales, ejemplos al azar de actitudes que hablan de rasgos discriminatorios cada vez más acendrados en la sociedad chilena. Nuestra ciudad no escapa a esta realidad y hoy aparece como una de las más intolerantes de Chile.

Es lo que revela una encuesta realizada en marzo de este año sobre Tolerancia y no Discriminación, encargada por la División de Organizaciones Sociales del Ministerio Secretaría General de Gobierno y que cubrió las ciudades de Santiago, Temuco e Iquique.

Se entrevistó a 1.400 personas, de ambos sexos, mayores de 17 años y de distintos sectores sociales. En Temuco la muestra bordeó las 400 personas quienes respondieron a una serie de preguntas que dieron cuenta de sus actitudes hacia los pueblos originarios, mujeres, homosexuales, pobres, judíos, entre otros.

Los datos más relevantes arrojados por la encuesta revelan que en la capital regional el rechazo a la homosexualidad alcanzó el 57% en relación a un 56% de Santiago y un 46% de Iquique. El racismo dirigido a los pueblos originarios fue de 23% en Temuco, 24% en Santiago y 27% en Iquique.

En cuanto al clasismo, este se empina sobre el 40% en la capital regional.

La xenofobia, dirigida a grupos peruanos, es mayoritaria en Santiago, con 53%, en Iquique arrojó 46% y en Temuco un 41%.

 

Clasismo puertas adentro

* Jóvenes mapuches, en su mayoría, han sentido la discriminación...

 

Llegan desde Galvarino, Los Laureles, Puerto Domínguez, de los pueblos más chicos o de alguna comunidad rural. Cargan un bolso y buscan trabajo en alguna casa particular. La mayoría no terminó sus estudios y habitualmente el dinero que ganan lo entregarán a sus familias.

Son jóvenes mapuches y en su mayoría han sentido la discriminación y el rechazo por su condición de indígenas.

Sixta Liempi y Ana Millanao, dirigentas de la Asociación de Trabajadoras de Casa Particular saben que es así y lo corroboran con su propia experiencia y con quienes día a día acogen en su organización.

"La primera vez que salí a trabajar tenía 16 años, me costó aprender, y había que aguantar todo. Hoy las cosas no han cambiado, las niñas del campo son muy tímidas y existe maltrato. Yo sé de personas que ganan 40 mil pesos mensuales puertas adentro. Es peor cuando la persona es mapuche, porque vienen del campo, tienen poca educación, no se saben desenvolver y se les mira en menos. Conozco a una mujer que ha trabajado 28 años en una casa y todavía le dicen "esta india", y ella aguanta porque dice dónde voy a encontrar trabajo a esta edad".

La dirigenta señala que las jóvenes están dispuestas a aceptar todo porque en muchos casos sus familias dependen de lo que ellas ganen.

 

MAS LEJOS

 

Otras se atreven a irse lejos, a Santiago, donde el trato es mejor, y el sueldo es más alto, pero las jornadas son muy largas. "Yo tengo una hermana que trabaja desde las 6.30 de la mañana a las 11.30 ó un cuarto para las 12... pagarán mejor pero es mucho".

Ana Millanao trabajó como "nana" a los 18 años, luego estudió contabilidad, pero hoy se vio en la necesidad de volver a trabajar en una casa particular. Afirma que sus actuales empleadores son comprensivos e incluso le permiten estudiar, sin embargo recuerda que antes vivió malas experiencias. "Por malos tratos me tuve que ir de varios trabajos. En una ocasión me dieron un portazo, me sentí muy mal pero me dije que eso no podía ser siempre y no me desanimé".

Ana señala que es común que las "nanas" duerman 5 a 6 horas, los feriados no se respetan aunque se trabaje puertas afuera. "Cuando una nana es mapuche es peor porque las personas de campo por lo general aceptan todo tipo de condiciones. Las de pueblo se enfrentan a sus empleadores, porque saben más de sus derechos. Conocí a una niña que estuvo 10 años en una casa, sin imposiciones. A ella la veían, no sé, como un estropajo que sólo servía para limpiar, incluso los niños la insultaban sin que los adultos lo impidieran".

 

DERECHOS

 

Ambas dirigentas admiten que esta situación ha ido cambiando poco a poco, y muchos empleadores hoy entienden y apoyan a las niñas que desean superarse y estudiar. Pero son excepciones.

Conscientes de su realidad como trabajadoras Sixta y Ana están empeñadas en fortalecer su organización, cuya tarea principal es difundir los derechos y deberes laborales, promover la capacitación y la formación personal.

 


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