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Compra de tierras y política mapuche

Sábado 14 de marzo de 2009


Una negociación reservada lleva a cabo la Conadi para adquirir tierras en predios vecinos a los que han sufrido recientes atentados de grupos extremistas, para atenuar las demandas de éstos e intentar terminar con la espiral de violencia asociada a sus reclamaciones. Los predios respectivos su-man alrededor de dos mil hectáreas, lo que elevaría el monto de los recursos necesarios a una suma entre siete mil y 10 mil millones de pesos.

Esto plantea problemas respecto de la metodología de adquisición de tierras y de la filosofía general del Gobierno para enfrentar los problemas de los pueblos originarios. Priorizar la adquisición de tierras para los grupos más violentos es injusto para con aquellas otras comunidades que siguen los conductos regulares y hacen sus peticiones de manera pacífica. Además, significa un premio para los grupos violentistas e incentiva su proliferación.

Y resulta obvio preguntarse si es apropiada la estrategia -bien intencionada, por lo demás- de adquirir tierras para entregárselas a las comunidades mapuches, y así compensar los agravios que éstos invocan por haber sido despojados de ellas hace siglos, en otro contexto demográfico, tecnológico y de formas de vida. La entrega de tierras es siempre una solución transitoria, pues el crecimiento de las familias que componen las comunidades favorecidas hace que lo correspondiente a cada persona disminuya con el tiempo -un problema milenario para la humanidad, que se ha ido resolviendo por la adaptación a las ciudades, con otras tecnologías y modos de vida-. Pero, además, eso significa suponer que dichas comunidades sólo deben vivir de la tierra -muchas veces poco productiva- como forma de desarrollar su existencia, lo que no es adecuado ni justo.

Quizás lo más importante que las comunidades de pueblos originarios desean recuperar es su dignidad y el reconocimiento de su identidad y cultura, para así sentirse pares con el resto de los ciudadanos, y no pertenecientes a una cultura no apreciada por sus compatriotas. La compra de tierras es una serie de operaciones comerciales que en nada contribuye a alcanzar lo anterior. Para lograrlo, la cultura mapuche y la de otros pueblos originarios debe ser preservada y estudiada, y su lengua recuperada, otorgándole un lugar más preeminente que el actual mediante gestos simbólicos reiterados. Ello requeriría de museos, investigación académica y educación ciudadana permanente.

Nada de esto implica la autonomía territorial a la que aspiran algunos grupos radicalizados, ni una autonomía sostenida financieramente por el resto de la ciudadanía. La política paternalista que han seguido muchos países respecto de sus pueblos originarios, a cuya escuela se ha adscrito en cierto modo el nuestro, basada en un sentimiento de "culpa", condena a dichos pueblos a una vida sin horizontes, en que su cultura se va disolviendo de la mano de los programas de ayuda estatal; sus miembros se transforman en dependientes de los favores que les otorgue el Estado, y su dignidad, en vez de recuperarse, se va erosionando más. Para abordar este problema es necesario abrirse a miradas distintas, que les den la opción de incorporarse plenamente a la sociedad moderna, y preservando su cultura por otros medios.