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Domingo 7 de septiembre de 2008

Por Raúl Sohr /OJO CON EL MUNDO

Italia pide perdón por crímenes coloniales

Luego de la oferta italiana han surgido voces africanas que también claman por compensaciones. Está por verse si Italia extenderá sus ofertas a Etiopía y Eritrea, que sufrieron la colonización itálica. Hasta ahora, las reparaciones han sido pagadas por naciones que han perdido guerras.

La semana pasada, el Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, viajó a Libia para pedir disculpas, a nombre de su país, por los abusos cometidos durante la dominación italiana, entre 1911 y 1951. Allí declaró: "Es mi deber, como Jefe de Gobierno, expresarle a nombre del pueblo italiano nuestras disculpas y remordimientos por las profundas heridas que les hemos causado". Por su parte, el Presidente Muammar Gadafi, que gobierna Libia desde 1969, señaló su satisfacción: "Este es un momento histórico, en que hombres con coraje reconocen la derrota del colonialismo". Pero no fueron sólo palabras. Italia prometió que pagará a los libios cinco mil millones de dólares en compensaciones. Esto se traduce en que cada año invertirá 200 millones de dólares, durante el próximo cuarto de siglo, en obras de infraestructura y proyectos de desarrollo. Una las primeras obras será la construcción de una gran carretera que cruzará el país de Egipto a Túnez, por la costa mediterránea.

La actitud italiana sienta un precedente interesante. ¿Qué harán al respecto otras viejas potencias coloniales, como Francia, Gran Bretaña, España o Portugal? ¿Cómo piensan mitigar el legado de destrucción y dolor, en especial el de la esclavitud, dejado en tantos países? Las antiguas capitales imperiales dirán que sí, que es verdad que infligieron dolor y cometieron injusticias, pero rescatarán que también aportaron progreso y que muchas naciones hoy se benefician de ello. Francia, en 2001, aprobó la Ley Taubira, que califica la esclavitud como un crimen contra la humanidad, pero sobre reparaciones a las víctimas ni una sola palabra. Ni hablar de Argelia, donde París desencadenó una feroz represión que costó la vida a un millón de personas. Luego de la oferta italiana han surgido voces africanas que también claman por compensaciones. Está por verse si Roma extenderá sus ofertas a Etiopía y Eritrea, que también sufrieron la colonización itálica. Hasta ahora las reparaciones han sido pagadas por naciones que han perdido guerras, como es el caso de Alemania, que ha reconocido la obligación de compensar a Estados e individuos. Es claro que la iniciativa de Berlusconi, con toda la publicidad que la ha acompañado, debe incomodar a más de un gobierno europeo. Vale la pena señalar que la idea de comprometer un "acuerdo de amistad", que contemplaba el mea culpa, fue negociada el año pasado por el Gobierno de Romano Prodi, pero no llegó a firmarse.

En todo caso, una mirada detallada a la compensación italiana tiene más visos de una operación del más puro interés nacional. En declaraciones a la prensa de su país, Berlusconi utilizó un tono poco altruista. El Mandatario respondió a las críticas de algunos compatriotas señalando que éstos "no consideran las ventajas que traerá a nuestras compañías", y les recordó que "el gas libio se cuenta entre los mejores del mundo". El propio Gadafi adelantó que los italianos "tendrán prioridad sobre el gas, el petróleo y otras inversiones". Una cuarta parte del crudo importado por Italia proviene de Libia. Entre los más privilegiados, en materia de indemnizaciones, estarán las víctimas de las minas antipersonas que quedaron como una herencia maldita de los conflictos mundiales librados sobre territorio de la nación norafricana. También se beneficiarán unos 20 mil italianos que Gadafí expulsó al llegar al poder.

Todos los proyectos de la iniciativa dependen, sin embargo, de un factor clave: la activa cooperación que Libia brinde a los esfuerzos por frenar la ola migratoria proveniente de África. Roma afirmó el mes pasado que los arribos de inmigrantes se habían duplicado en los primeros siete meses del año, para totalizar unos 15 mil. Para frenar este flujo, el Gobierno italiano propone invertir unos 500 millones de dólares en una avanzada red de sensores, cámaras y radares, que permitan el monitoreo de la costa libia y la temprana detección de los emigrantes. Las labores de patrullaje y detención de los que aspiran a ingresar al viejo continente correrán por unidades conjuntas libio-italianas. De especial preocupación es la isla de Lampedusa, territorio italiano que se ha convertido en una suerte de trampolín para los emigrantes. La isla está situada 200 kilómetros al sur de Sicilia y a unos 350 al norte del litoral libio. En este período de verano, cuando el clima es benigno, los guardacostas recogen a miles de desesperados buscadores de una mejor vida que cruzan el mar en precarias embarcaciones. La semana pasada, la Guardia Costera italiana interceptó una embarcación con 349 personas a bordo, entre ellas 77 mujeres y dos niños de corta edad. El continuo tránsito ha desbordado el centro de acogida temporal de Lampedusa, que tiene capacidad para 1.500 almas. Una compensación humanitaria sería, sin duda, abrir las puertas a los descendientes de los oprimidos bajo la bota colonial.