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Domingo 9 de noviembre de 2008 / Por Luis E. Cárcamo-Huechante* / La Nación

VILLANO INVITADO

Algo más que orgullo

Un distinguido colega y amigo en Harvard, el catedrático Brad Epps, me comentó que, en su calidad de ciudadano estadounidense, esa noche del martes sintió una emoción especial: “No es orgullo, precisamente; es algo diferente de aquello”.

¿Cómo imaginar una noche en que todos estamos en Plaza Italia celebrando la victoria de un candidato mapuche en las elecciones presidenciales de Chile? O, si pensamos en los niños y niñas que han nacido en Chile y son hijos de inmigrantes peruanos, ¿podemos imaginar que algunos de ellos llegue algún día a La Moneda, auto reconociéndose como peruano-chileno? ¿Cómo lo sentiríamos? ¿De qué manera nos haría re-imaginar nuestra visión de Chile como nación? Algo de esto se sintió tras la victoria en las elecciones presidenciales en los Estados Unidos del senador Barack Obama, hijo de padre africano y de una madre norteamericana.

La noche del martes 4 de noviembre los estudiantes y los miembros de la comunidad de Harvard dejaron sus lugares habituales de estudio cada noche y, tras ver los resultados de la elección en televisión, se volcaron al área de Harvard Square para tomarse la calle y, ya cerca de la medianoche, celebrar la victoria del primer presidente negro de los Estados Unidos. Este acontecimiento histórico se vivió de un modo especial entre los miembros de la comunidad de Harvard, donde el nuevo presidente realizó sus estudios de leyes. Nada más emblemático que el lúdico y a la vez emotivo acto de los estudiantes harvardianos que colgaron un llamativo cartel, con el nombre de Barak Obama, en torno al monumento de John Harvard, fundador de esta casa de estudios.

Fue una noche de emociones encontradas, con euforia y lágrimas, no sólo para los miembros del alma mater de Obama, sino que para la gran mayoría de los estadounidenses y para el mundo entero. Lo "emotivo" de este momento ha sido el "motivo" de varios comentarios que me han hecho en estos días varios colegas, estudiantes y amigos. Un distinguido colega y amigo en Harvard, el catedrático Brad Epps, me comentó al respecto que, en su calidad de ciudadano estadounidense, esa noche del martes sintió una emoción especial: "No es orgullo, precisamente; es algo diferente de aquello". Esta frase dice mucho de lo que ha sido la historia reciente para las minorías étnicas, sexuales y culturales en Norteamérica.

Los movimiento étnicos de los sesenta y setenta promovieron un sentido positivo de auto-reconocimiento en la sociedad norteamericana. Así surgiría el activismo identitario de los chicanos o mexicano-americanos, mientras los africano-americanos promoverían el "black power" y los asiático-americanos el "yellow power".

En los setenta, la comunidad homosexual enarbolaría la bandera del "gay pride". Una retórica del "orgullo" que, como hemos visto en la última década, se ha retomado y globalizado entre las minorías étnicas, raciales y sexuales en el resto del mundo.

El discurso de la "sociedad multicultural" de los ochenta y los noventa marcará otra fase en esta búsqueda por acomodar el discurso a realidades raciales, étnicas y culturales cambiantes en los Estados Unidos. El multiculturalismo constituyó una visión celebratoria de las diferencias encarnadas por los diferentes grupos raciales, étnicos, sexuales, lingüísticos y/o culturales. Así, se convirtió no sólo en una manera de celebrar sino también de "administrar" los nichos de cada grupo.

La noche en que se eligió presidente de los Estados Unidos al senador Barak Obama algo diferente aconteció. Como bien lo sugirió mi colega Epps, vivimos algo más que la experiencia del "orgullo". Y fue algo más que "sociedad multicultural."

Obama es, en primer lugar, el primer presidente negro de los Estados Unidos, hecho que establece un hito mayúsculo en la historia racial, política y cultural del país. No sin razón aún retengo la imagen del rostro conmovido de una mujer africana-americana en la pantalla de la CNN, o la referencia hecha por el propio senador Obama a la historia de aquella mujer que ha vivido por 106 años y ha sido testigo de los grandes cambios en la sociedad estadounidense. Esa noche, estas mujeres y nosotros asistíamos a un profundo cambio simbólico: un presidente negro en el más poderoso país del mundo. //LND

* Profesor de Literatura en la Universidad de Harvard.