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Un mensaje de Xavier Albo para Patricia Troncoso (dirigente mapuche en huelga de hambre por 85 días en la cárcel de Angol):

Patricia, querida, la winka mapuche

Sonia, Margarita, Pablo, José y tantas y tantos

Sigo recibiendo mensajes de y sobre vdes. por diversos medios. El último, sobre la muerte de Matías Quezada.

Me saltan las lágrimas, a mi que soy tan seco.

No puedo más que recordar que hace exactamente treinta años, en esos mismos días de Año Nuevo, yo estaba también en un piquete de huelga de hambre, con un grupo de Derechos Humanos, en que tuve el lujo de compartir aquellos días únicos con gente como Domitila Chungara y Lucho Espinal. Éramos el primer grupo de apoyo al inicial, de cuatro mujeres mineras, y entramos en reemplazo de sus dieciséis hijos que con ellas estaban. Lo hicimos en serio, bajo la batuta de gente tan comprometida. Personalmente, me pesé al entrar y la salir. En 19 días había perdido 15 kilos. Y al final ganamos, y ganamos a un gobierno militar dictatorial. Fue un hito más en un largo y tortuoso proceso hacia la democracia. Pero era muy poquita cosa comparado con lo que vdes. están haciendo.

Cuéntenme cerquita de todos vdes., aunque no nos conozcamos. "Morir por un pueblo da más carta de ciudadanía que haber nacido en él", nos reflexionaba Luis Espinal después de aquella experiencia. Sentía que, el haber aceptado la posibilidad de morir, había adquirido una gran libertad. Cuando años después lo mataron, secuestrado y torturado por paramilitares, en el cajón de su escritorio encontramos un borrador inconcluso: "No queremos mártires sino constructores, así se queden vacías las horas cívicas... y si un día les toca dar la vida, lo harán con la sencillez de quien cumple una tarea más".

Lo que me resulta más incomprensible es esa terquedad, y en democracia participativa, por aplicarles una ley antiterrorista. Patricia, he leído tu carta a Michelle y me pregunto lo que tú le preguntas. ¡Que den señales!

¡Sigan peleando! Y que el Dios del Pueblo y con el Pueblo, el genuino, siga dándoles fuerza y lucidez.

Un beso y un abrazo, no muy fuerte porque tu admirable fortaleza y lucidez está ahora en un cuerpo demasiado flaquito.

Xavier Albó