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2019-11-19 | Documentos de Trabajo | Indigena

El odio al indio

La pregunta que todos debemos responder es 驴c贸mo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llev谩ndola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo?驴C贸mo hizo para irradiar sus frustraciones de clase a la polic铆a y a las FF. AA. y ser la base social de esta fascistizaci贸n, de esta regresi贸n estatal y degeneraci贸n moral? Ha sido el rechazo a la igualdad, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia sustancial.




Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus c谩nticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminaci贸n contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.

En el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 4x4 con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman "collas", que viven en los barrios marginales y en los mercados. Cantan consignas de que "hay que matar collas?, y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio. En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremac铆a racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballer铆a- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. Llevan en la mano bates de b茅isbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego. La mujer es su v铆ctima preferida; agarran a una alcaldesa de una poblaci贸n campesina, la humillan, la arrastran por la calle, le pegan, la orinan cuando cae al suelo, le cortan el cabello, la amenazan con lincharla, y cuando se dan cuenta de que son filmadas deciden echarle pintura roja simbolizando lo que har谩n con su sangre.

En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero tambi茅n las desprecian. M谩s tarde salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con 茅l, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad. Cuando son muchos, arrastran la Wiphala, la bandera ind铆gena, la escupen, la pisan la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este s铆mbolo de los indios al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en 茅l.

El odio racial es el lenguaje pol铆tico de esta clase media tradicional. De nada sirven sus t铆tulos acad茅micos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo. En el fondo, la estirpe imaginada es m谩s fuerte y parece adherida al lenguaje espont谩neo de la piel que odia, de los gestos viscerales y de su moral corrompida.

Todo explot贸 el domingo 20, cuando Evo Morales gan贸 las elecciones con m谩s de 10 puntos de distancia sobre el segundo, pero ya no con la inmensa ventaja de antes ni el 51% de los votos. Fue la se帽al que estaban esperando las fuerzas regresivas agazapadas: desde el timorato candidato opositor liberal, las fuerzas pol铆ticas ultraconservadoras, la OEA y la inefable clase media tradicional. Evo hab铆a ganado nuevamente pero ya no ten铆a el 60% del electorado; estaba m谩s d茅bil y hab铆a que ir sobre 茅l. El perdedor no reconoci贸 su derrota. La OEA habl贸 de "elecciones limpias" pero de una victoria menguada y pidi贸 segunda vuelta, aconsejando ir en contra de la Constituci贸n, que establece que si un candidato tiene m谩s del 40% de los votos y m谩s de 10% de votos sobre el segundo es el candidato electo. Y la clase media se lanz贸 a la cacer铆a de los indios. En la noche del lunes 21 se quemaron 5 de los 9 贸rganos electorales, incluidas papeletas de sufragio. La ciudad de Santa Cruz decret贸 un paro c铆vico que articul贸 a los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, ramific谩ndose el paro a las zonas residenciales de La Paz y Cochabamba. Y entonces se desat贸 el terror.

Bandas paramilitares comenzaron a asediar instituciones, quemar sedes sindicales, a incendiar los domicilios de candidatos y l铆deres pol铆ticos del partido de gobierno. Hasta el propio domicilio privado del presidente fue saqueado; en otros lugares las familias, incluidos hijos, fueron secuestrados y amenazados de ser flagelados y quemados si su padre ministro o dirigente sindical no renunciaba a su cargo. Se hab铆a desatado una dilatada noche de cuchillos largos, y el fascismo asomaba las orejas.

Cuando las fuerzas populares movilizadas para resistir este golpe civil comenzaron a retomar el control territorial de las ciudades con la presencia de obreros, trabajadores mineros, campesinos, ind铆genas y pobladores urbanos -y el balance de la correlaci贸n de fuerzas se estaba inclinando hacia el lado de las fuerzas populares- vino el mot铆n policial.

Los polic铆as hab铆an mostrado durante semanas una gran indolencia e ineptitud para proteger a la gente humilde cuando era golpeada y perseguida por bandas fascistoides. Pero a partir del viernes, con el desconocimiento del mando civil, muchos de ellos mostraron una extraordinaria habilidad para agredir, detener, torturar y matar a manifestantes populares. Claro, antes hab铆a que contener a los hijos de la clase media y, supuestamente, no ten铆an capacidad; sin embargo ahora, que se trataba de reprimir a indios revoltosos, el despliegue, la prepotencia y la sa帽a represiva fueron monumentales. Lo mismo sucedi贸 con las Fuerzas Armadas.

Durante toda nuestra gesti贸n de gobierno nunca permitimos que salieran a reprimir las manifestaciones civiles, ni siquiera durante el primer golpe de Estado c铆vico del 2008. Y ahora, en plena convulsi贸n y sin que nosotros les pregunt谩ramos nada, plantearon que no ten铆an elementos antidisturbios, que apenas ten铆an 8 balas por integrante y que para que se hagan presentes en la calle de manera disuasiva se requer铆a un decreto presidencial. No obstante, no dudaron en pedir/imponer al presidente Evo su renuncia rompiendo el orden constitucional. Hicieron lo posible para intentar secuestrarlo cuando se dirig铆a y estaba en el Chapare; y cuando se consum贸 el golpe salieron a las calles a disparar miles de balas, a militarizar las ciudades, asesinar a campesinos. Y todo ello sin ning煤n decreto presidencial. Para proteger al indio se requer铆a decreto. Para reprimir y matar indios s贸lo bastaba obedecer lo que el odio racial y clasista ordenaba. Y en s贸lo 5 d铆as ya hay m谩s de 18 muertos, 120 heridos de bala. Por supuesto, todos ellos ind铆genas.

La pregunta que todos debemos responder es 驴c贸mo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llev谩ndola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo?驴C贸mo hizo para irradiar sus frustraciones de clase a la polic铆a y a las FF. AA. y ser la base social de esta fascistizaci贸n, de esta regresi贸n estatal y degeneraci贸n moral?

Ha sido el rechazo a la igualdad, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia sustancial.

Los 煤ltimos 14 a帽os de gobierno de los movimientos sociales han tenido como principal caracter铆stica el proceso de igualaci贸n social, la reducci贸n abrupta de la extrema pobreza (de 38 al 15%), la ampliaci贸n de derechos para todos (acceso universal a la salud, a educaci贸n y a protecci贸n social), la indianizaci贸n del Estado (m谩s del 50% de los funcionarios de la administraci贸n p煤blica tienen una identidad ind铆gena, nueva narrativa nacional en torno al tronco ind铆gena), la reducci贸n de las desigualdades econ贸micas (ca铆da de 130 a 45 la diferencia de ingresos entre los m谩s ricos y los m谩s pobres); es decir, la sistem谩tica democratizaci贸n de la riqueza, del acceso a los bienes p煤blicos, a las oportunidades y al poder estatal. La econom铆a ha crecido de 9.000 millones de d贸lares a 42.000, ampli谩ndose el mercado y el ahorro interno, lo que ha permitido a mucha gente tener su casa propia y mejorar su actividad laboral.

Pero esto dio lugar a que en una d茅cada el porcentaje de personas de la llamada "clase media", medida en ingresos, haya pasado del 35% al 60%, la mayor parte proveniente de sectores populares, ind铆genas. Se trata de un proceso de democratizaci贸n de los bienes sociales mediante la construcci贸n de igualdad material pero que, inevitablemente, ha llevado a una r谩pida devaluaci贸n de los capitales econ贸micos, educativos y pol铆ticos pose铆dos por las clases medias tradicionales. Si antes un apellido notable o el monopolio de los saberes leg铆timos o el conjunto de v铆nculos parentales propios de las clases medias tradicionales les permit铆a acceder a puestos en la administraci贸n p煤blica, obtener cr茅ditos, licitaciones de obras o becas, hoy la cantidad de personas que pugnan por el mismo puesto u oportunidad no s贸lo se ha duplicado -reduciendo a la mitad las posibilidades de acceder a esos bienes- sino que, adem谩s, los "arribistas", la nueva clase media de origen popular ind铆gena, tiene un conjunto de nuevos capitales (idioma ind铆gena, v铆nculos sindicales) de mayor valor y reconocimiento estatal para pugnar por los bienes p煤blicos disponibles.

Se trata, por tanto, de un desplome de lo que era una caracter铆stica de la sociedad colonial: la etnicidad como capital, es decir, del fundamento imaginado de la superioridad hist贸rica de la clase media por sobre las clases subalternas porque aqu铆, en Bolivia, la clase social s贸lo es comprensible y se visibiliza bajo la forma de jerarqu铆as raciales. El que los hijos de esta clase media hayan sido la fuerza de choque de la insurgencia reaccionaria es el grito violento de una nueva generaci贸n que ve c贸mo la herencia del apellido y la piel se desvanece ante la fuerza de la democratizaci贸n de bienes. As铆, aunque enarbolen banderas de la democracia entendida como voto, en realidad se han sublevado contra la democracia entendida como igualaci贸n y distribuci贸n de riquezas. Por eso el desborde de odio, el derroche de violencia; porque la supremac铆a racial es algo que no se racionaliza, se vive como impulso primario del cuerpo, como tatuaje de la historia colonial en la piel. De ah铆 que el fascismo no s贸lo sea la expresi贸n de una revoluci贸n fallida sino, parad贸jicamente tambi茅n en sociedades postcoloniales, el 茅xito de una democratizaci贸n material alcanzada.

Por ello no sorprende que mientras los indios recogen los cuerpos de alrededor de una veintena de muertos asesinados a bala, sus victimarios materiales y morales narran que lo han hecho para salvaguardar la democracia. Pero en realidad saben que lo que han hecho es proteger el privilegio de casta y apellido.

El odio racial solo puede destruir; no es un horizonte, no es m谩s que una primitiva venganza de una clase hist贸rica y moralmente decadente que demuestra que, detr谩s de cada mediocre liberal, se agazapa un consumado golpista.

Por Alvaro Garc铆a Linera

Fuente: P醙ina 12

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