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2014-06-03 | Documentos de Trabajo | Indoamericano

El G77 y la descolonización de la geopolítica

Las recientes crisis en Ucrania y Siria manifiestan la compleja transici√≥n hacia un mundo sin centro hegem√≥nico √ļnico; lo que se est√° denominando el ¬ďincipiente mundo multipolar¬Ē (las √°reas en disputa manifiestan esta t√≥nica). El siglo XXI amanece con un nuevo mundo emergente que ya no presupone, ni cultural ni civilizatoriamente, la hegemon√≠a occidental. El ¬ďgran relato¬Ē neoliberal del ¬ďfin de la historia¬Ē se hizo pedazos el 11 de septiembre de 2001 y su √ļltima cruzada, llamada el ¬ďchoque de civilizaciones¬Ē, es derrotada en Siria y Ucrania. Es decir, el fen√≥meno de la colonizaci√≥n, consustancial al mundo moderno, empieza a desmoronarse en el nuevo siglo.


Foto: El Ciudadano
Incluso las nuevas potencias emergentes, si optaran por asegurarse √°reas de influencia, ya no podr√≠an hacerlo seg√ļn las prerrogativas que adoptaron las potencias occidentales cuando se repartieron el √Āfrica y el Oriente. La sobrevivencia de un mundo multipolar pende del siguiente detalle: los t√©rminos en que se expresen las alianzas geopol√≠ticas s√≥lo podr√≠an cimentarse en una cooperaci√≥n mutua y estrat√©gica y ya no en exclusivas relaciones de dominaci√≥n.

Las √ļltimas bravuconadas que Occidente despliega b√©licamente no hacen sino mostrarnos su decadencia profunda. Ya no pudo invadir Siria, y eso le est√° costando, no s√≥lo credibilidad sino, sobre todo, la desconfianza en su capacidad militar. Incluso podr√≠a decirse que el 3 de septiembre de 2013 se evit√≥ la tercera guerra mundial, cuando el sistema de defensa a√©reo ruso S300-PS, desde la base de Tartus, en Siria, intercepta y destruye misiles tomahowks (lanzados desde la base gringa de Rota, en la bah√≠a de C√°diz), que ten√≠an como destino Damasco. Desde entonces queda demostrado que los rusos han recuperado su importancia militar; lo cual equilibra un mundo que hab√≠a sido capturado por USA (seg√ļn Ehud Barack, exministro de asuntos militares de Israel, eso debilita a USA en todo el mundo). Desde el triunfo de Rusia ante Georgia, por Osetia del Sur, el 2008, puede decirse que la geopol√≠tica del siglo XX ha sido dislocada en favor de una nueva reconfiguraci√≥n planetaria.

En Ucrania termina de rematarse la cosa, puesto que la injerencia occidental, comandada por USA, no hace sino, para su propia desgracia, acercar a√ļn m√°s a China y Rusia, lo cual significa, en lo venidero, el viraje definitivo de la econom√≠a mundial hacia el Oriente. El √ļltimo acuerdo monumental entre Rusia y China (cuyo comercio bilateral alcanzar√°, para el 2020, los 200.000 millones de d√≥lares), no s√≥lo ratifica la hegemon√≠a de una Eurasia oriental, en torno a la restauraci√≥n comercial de la ¬ďruta de la seda¬Ē, sino hasta posibilita que China se expanda hacia Occidente (los m√°s que probables ejercicios militares conjuntos entre Rusia y China en pleno Mar Negro). Ni USA ni Europa tienen la musculatura, ni econ√≥mica ni militar, para hacer valer sus sanciones econ√≥micas a una Rusia que, aliada de China, ya no tiene necesidad de supeditarse a un Occidente en plena decadencia.

El mundo y su cartografía geopolítica, tal cual había sido concebida por las potencias occidentales, desde el siglo XIX, está feneciendo. Esto quiere decir que la disposición centro-periferia, pertinente al mundo moderno, ya no tiene sentido. Como tampoco tiene sentido, frente a la crisis climática y energética, un sistema económico que sólo sabe administrar el despojo sistemático de vida (humanidad y naturaleza) en favor de los fetiches del mundo moderno: el capital y el mercado. La crisis es civilizatoria y sólo puede ser comprendida, en su verdadera magnitud, desde una perspectiva multidimensional.

Esto quiere decir que, tampoco las ciencias modernas, en su crisis epistemol√≥gica, estar√≠an a la altura de dar raz√≥n de la crisis. Si todas parten de los mitos y prejuicios modernos, ¬Ņc√≥mo podr√≠an auscultar una crisis que la originan estos mismos mitos y prejuicios? La crisis actual manifiesta una rebeli√≥n de los l√≠mites mismos de un mundo que es finito; pero la ciencia moderna, la econom√≠a capitalista y el mismo paradigma del desarrollo, suponen recursos de aprovechamiento infinitos como presupuesto de un progreso tambi√©n infinito.

Este presupuesto da origen a la sociedad moderna. Pero es un presupuesto falso, porque los recursos no son infinitos. Ni la naturaleza ni el trabajo humano pueden garantizar un progreso sin fin. Un crecimiento sin l√≠mites es una pura ilusi√≥n trascendental. Por eso el mundo moderno se halla en la peor de sus encrucijadas; pues si su econom√≠a se basa en el crecimiento econ√≥mico, este crecimiento supone el aprovechamiento desmedido de energ√≠a f√≥sil. Sin energ√≠a se hace imposible crecer. Crecer para el primer mundo significa aumentar su consumo de energ√≠a; pero si a√Īadimos a esto que el mito moderno de los pa√≠ses ricos es crecer indefinidamente, fieles al modelo de desarrollo y progreso infinito, resulta que su propia forma de vida, basada en el crecimiento infinito, ya no puede sostenerse. Entonces, lo que se vislumbra, como consecuencia de esta crisis, es el colapso cultural y civilizatorio de la modernidad occidental. No siendo ya el primer mundo due√Īo de la energ√≠a del planeta (desde el 2003, cuando British Petroleum confirma el fracaso de la guerra de Irak), ya no puede subvencionar su desarrollo con la miseria que genera su econom√≠a en el resto del planeta.

La crisis financiera se vincula también a la crisis energética, que es la otra cara de la rebelión de los límites ante las pretensiones ilimitadas de un crecimiento sin fin. Este crecimiento es ya insostenible ante la evidencia del agotamiento paulatino de los recursos energéticos. Lo cual hace más vulnerable la estabilidad a futuro de un dólar que, sin petróleo, no tiene nada que lo sostenga (a no ser sus bombas nucleares). El primer mundo requiere cada vez más energía para crecer económicamente, pero si ya no dispone de energía barata y abundante, todo su complejo industrial y tecnológico se estanca. Entra en crisis. Tanto su producción como su consumo ya no pueden sostenerse. La crisis manifiesta aquello. La crisis climática es la rebelión de los límites: el mundo es finito.

Por eso el mito de la globalizaci√≥n encierra una apor√≠a insoluble: si el mundo es uno, entonces no es infinito. El sistema-mundo-moderno-occidental choca entonces con la fuente de donde emana todo lo que hace posible la vida: la naturaleza es √ļnica, lo cual no quiere decir que sea infinita. √önica quiere decir vulnerable. Su finitud es constataci√≥n de su condici√≥n de sujeto. Por eso no puede no tener derechos. Si la vida procede de ella es porque es Madre. Por eso le decimos PachaMama. La extracci√≥n indiscriminada que se hace de sus componentes vitales, en torno a una acumulaci√≥n excesiva de ganancias, hace imposible que pueda reponer lo que se le ha quitado: la sobre-explotaci√≥n de un recurso conduce a la destrucci√≥n paulatina de todo su contexto vital. A esto llamamos extractivismo, protot√≠pico del capitalismo.

La curva geof√≠sica de Hubbert fue dise√Īada para mostrarnos que todo elemento depletable, como el petr√≥leo, alcanza una c√ļspide en su explotaci√≥n, para nunca m√°s superar aquello. Seg√ļn el World Energy Outlook (informe anual de la Agencia Internacional de Energ√≠a del 2010) esta c√ļspide a nivel mundial ya se habr√≠a alcanzado el 2006. Y, si es cierto que la c√ļspide de todos los hidrocarburos, adem√°s del uranio, se dar√≠a el 2018, entonces se hace imprescindible una transformaci√≥n en la base energ√©tica; pero los pa√≠ses ricos no responden de modo sensato a esta realidad sino que apuestan por un peligro a√ļn mayor: los agrocombustibles.

Pareciera que los países ricos, al no encontrar salida a su crisis, optan por meterse más en ella. Pues esta supuesta solución a la crisis energética supondría un holocausto alimenticio a nivel global (la subida de los precios de granos y alimentos corrobora una tendencia de carácter especulativo que aprovecha ufano el capital financiero).

La pelea energética es ahorita la tónica de los dislocamientos geopolíticos. Para el imperio es imprescindible la combinación dólar-petróleo. Sin petróleo no puede sostener su infraestructura bélica planetaria. Si tiene el petróleo tiene el control. Entonces la situación en Ucrania y Siria nos lleva también a reflexionar acerca de la amenaza sistemática que ejercen los poderes fácticos en Venezuela. Necesitan del petróleo venezolano para equilibrar su poder ante estas nuevas derrotas en Ucrania y Siria.

USA persigue su soberan√≠a energ√©tica recapturando a Latinoam√©rica. Por eso el TLCAN con M√©xico reaviva la ¬ďDoctrina Monroe¬Ē, por eso lo que sucede en Venezuela forma parte de su estrategia geopol√≠tica ante el ascenso de China y Rusia; las bases militares gringas de Colombia y Per√ļ ya no apuntan s√≥lo a Venezuela sino tambi√©n a Brasil. No s√≥lo el Orinoco sino el Amazonas son √°reas geoestrat√©gicas para restaurar un mundo unipolar (parece que Brasil, aun siendo parte de los BRICS, no se ha anoticiado de esto).

Esta lectura nos sirve para diagnosticar, establecer y determinar el contexto epocal que subyace a la celebraci√≥n de la ¬ď50 reuni√≥n cumbre del G77¬Ē. Esta cumbre que se realizar√° en Bolivia es in√©dita, pues si en sus inicios el G77 s√≥lo coordinaba programas de cooperaci√≥n en materia de comercio y desarrollo para una mejor integraci√≥n en el mercado mundial, la nueva reconfiguraci√≥n geopol√≠tica y geoecon√≥mica actual, sienta las bases para hacer de este grupo un contrapeso a la hegemon√≠a ¬Ėen decadencia¬Ė de los pa√≠ses ricos.

No s√≥lo Bolivia, sino el ALBA y hasta el MERCOSUR, tienen la mejor oportunidad de liderar una transici√≥n con perspectiva mundial. Por eso la necesidad de contar, en la actualidad, con una perspectiva geopol√≠tica ya no s√≥lo coyuntural sino acorde con este proceso de transici√≥n planetaria. Politizar la cumbre G77 es fundamental para que nuestros pa√≠ses sit√ļen a nuestra regi√≥n en el nuevo centro de gravedad de la transici√≥n civilizatoria del siglo XXI. Por eso el ¬ďvivir bien¬Ē y la ¬ďdescolonizaci√≥n¬Ē ya no pueden diluirse en la pura ret√≥rica sino consolidarse como el discurso pertinente a un mundo en transici√≥n civilizatoria.

El G77 nace dentro del paradigma del desarrollo y en un mundo repartido entre dos potencias. Con la imposici√≥n de un mundo unipolar, el grupo no ten√≠a m√°s car√°cter que el exclusivamente declarativo. Pero con la decadencia del mundo unipolar y el ascenso de los BRICS, nuevos m√°rgenes de acci√≥n se presentan para este tipo de grupos (tambi√©n es el caso de los ¬ďno alineados¬Ē), pues los mismos organismos internacionales (pertinentes a la hegemon√≠a gringa) se hallan seriamente cuestionados; entonces, ante el declive de unos y el ascenso de otros, el G77 se halla en condiciones nunca antes experimentadas, pues el mundo moderno atraviesa, por vez primera, la ausencia del poder hegem√≥nico occidental, pero a su vez, tambi√©n se encuentra en medio de una crisis civilizatoria que amenaza a la supervivencia propia del planeta.

En ese contexto, la reunión en Bolivia podría despertar una conciencia global de un necesario cambio de paradigma frente a la decadencia del capitalismo. Sólo una mancomunidad de esfuerzos de los países pobres podría augurar nuevas vías que puedan apostar las economías periféricas, con el fin de desprenderse definitivamente de las prerrogativas de los países ricos (ahora en crisis profundas) y proponerse despegues económicos que ya no busquen una integración subordinada al capital y al mercado globales sino de una reconstrucción de sus propias economías. Este periodo de transición hacia un nuevo sistema económico mundial durará por lo menos un siglo; no se sabe qué adviene pero la economía no puede continuar con las prerrogativas propias del modelo de producción, consumo y acumulación actual.

El ascenso de las potencias emergentes no s√≥lo reequilibran el poder global sino que hace posible descentrar la econom√≠a y la pol√≠tica globales. La disposici√≥n centro-periferia es lo que ya no puede mantenerse; con el ascenso de los BRICS se reivindican culturas y civilizaciones que el mundo moderno las consider√≥ arcaicas y superadas del todo. India y China vuelven a tener la importancia global anterior a la modernidad. Por eso no es raro que una buena parte de la literatura gringa hable del ¬ďchoque de civilizaciones¬Ē. Occidente se siente amenazada por el despertar de las civilizaciones que supuso atrasadas, lo cual no hace sino desmentir su presunta superioridad civilizatoria.

Para este a√Īo China ser√° la primera econom√≠a mundial y para el 2020 China superar√° en lo tecnol√≥gico, econ√≥mico, cient√≠fico, educativo, etc., a la suma conjunta de Europa y USA. Solo en el √≠ndice PISA, que mide el nivel educativo en el mundo, de los 10 primeros puestos, 7 son pa√≠ses asi√°ticos (hasta Vietnam est√° por encima de USA). Es decir, la decadencia del primer mundo es ya una cuesti√≥n de hecho.

En ese contexto, el primer mundo ya no es m√°s modelo civilizatorio. Y la econom√≠a que patrocin√≥ por cinco siglos ya no es m√°s sostenible. Energ√©ticamente el mundo ya no puede seguir el modelo de consumo occidental; a lo cual hay que a√Īadir que las potencias emergentes no son autosuficientes y ya no pueden hablar en los t√©rminos colonialistas que lo hac√≠an Europa y USA. La colonizaci√≥n ya no ser√≠a posible de reeditarse en el siglo XXI.

Esto quiere decir que, un mundo multipolar, permite pensar una situaci√≥n mucho m√°s rica y compleja: la ceropolaridad. Este concepto es novedoso en la geopol√≠tica y quiere describir un mundo sin hegemon√≠as concentradas. Pues tampoco las nuevas potencias emergentes, pueden decidir todo sin contar con los afectados; esto significa que ninguna potencia puede ejercer, de modo √ļnico, su influencia sobre todos los acontecimientos.

Cuando los poderes hegem√≥nicos retroceden en algo, las soberan√≠as nacionales, aunque m√≠nimas, despiertan a nuevas apuestas; y si estas apuestas se generalizan, entonces tenemos una coyuntura como la actual: un ¬ďcambio de √©poca¬Ē. Una nueva disposici√≥n geopol√≠tica planetaria con ya no un solo centro abre m√°rgenes de acci√≥n para los pa√≠ses pobres. Pero estos, de modo aislado, no podr√≠an superar su situaci√≥n. S√≥lo la cooperaci√≥n y las alianzas estrat√©gicas podr√≠an enfrentar, de modo m√°s plausible, la arremetida de los pa√≠ses ricos.

Estas alianzas no pueden prescindir de los BRICS. China recupera el pac√≠fico como centro de la econom√≠a global y eso supone tambi√©n que los flujos comerciales se des-occidentalicen. Junto a la India establecen una nueva geograf√≠a de la econom√≠a mundial. Por primera vez, despu√©s de 500 a√Īos, Am√©rica aparece otra vez al extremo oriente del oriente, mostrando el verdadero sentido y direcci√≥n de la civilizaci√≥n humana. Occidente nunca fue la culminaci√≥n del desarrollo de la civilizaci√≥n humana. Las implicaciones de este tipo de recambios van a tener sus repercusiones hasta en lo cultural.

Aliarse a los BRICS no tendría que significar avalar, o peor, remedar su modelo de crecimiento económico. Pero en una nueva cartografía geopolítica y un nuevo mapa institucional global, nuestros países podrían demandar, en condiciones más favorables, una transformación del modelo productivo y de consumo que ha originado el capitalismo. Por eso necesitamos reafirmar la creación de una nueva arquitectura financiera global. Se dice que nadie, en el contexto global, es independiente del todo; se es independiente en la medida en que se conoce y se aprovecha, en beneficio propio, el grado de dependencia que se tiene.

Una transformaci√≥n del modelo productivo supone una nueva arquitectura financiera y √©sta presupone un nuevo marco jur√≠dico del derecho, nacional e internacional, que le devuelva la soberan√≠a a los pueblos. Cuestionar todo aquello supone tambi√©n advertir que no es un modelo de desarrollo lo que ha entrado en crisis sino el propio desarrollo; el af√°n de control y dominio de la naturaleza, reducida a objeto a disposici√≥n, es lo que ya no puede sostenerse. La propia concepci√≥n que de naturaleza tiene el capitalismo y la modernidad, es lo que hace insostenible todo sistema econ√≥mico. Por eso, la defensa de ¬ďderechos de la Madre tierra¬Ē, el ¬ďvivir bien¬Ē, la ¬ďdescolonizaci√≥n¬Ē, se constituyen en criterios epocales que sostienen una toma de conciencia global; esto es lo que establece, en nuestro caso, un liderazgo nunca antes imaginado y que nos abrir√≠a la posibilidad de establecer una agenda mundial.

Los desafíos son grandes, por ejemplo, desafiar al mismo mercado global supone la promoción de sistemas de producción locales y tecnologías ancestrales o la recuperación de economías campesinas comunitarias como base de la soberanía alimentaria. Sólo aquello podría remediar, en un 50%, la emisión de gases de efecto invernadero (que provoca las gran agroindustria). La autosuficiencia alimentaria es parte de la consolidación de alternativas en la economía e, inevitablemente, de la revalorización de las culturas antes despreciadas.

El nivel de agresi√≥n y destrucci√≥n del proceso de producci√≥n capitalista, destaca una invariable en su propia l√≥gica: destruir para producir. En ese sentido, la decadencia del capitalismo arrastra al mundo y a la vida en su conjunto. Las implicancias a futuro de esta decadencia es la que obliga al mundo a proponerse nuevas alternativas. Por eso la respuesta no puede provenir del primer mundo, pues la apuesta de √©ste es √ļnicamente alterar el rumbo que est√° adquiriendo el mundo multipolar e impedir definitivamente su consolidaci√≥n.

En Ucrania, la opci√≥n occidental consiste en restaurar el orden hegem√≥nico unipolar; pues la sobrevivencia de Europa misma se encuentra en entredicho. La dependencia del gas ruso le aleja de la esfera gringa y le convierte en una semi-colonia energ√©tica de una econom√≠a cuyo centro se hace cada vez m√°s oriental. Los dislocamientos geopol√≠ticos de este nuevo siglo hacen resurgir a la regi√≥n euroasi√°tica como lugar estrat√©gico para controlar y dominar al mundo. Para Occidente es vital recuperar esa zona, pues sus estrategas consideran que Ucrania es la entrada a Eurasia, donde vive el 75% de la poblaci√≥n mundial y donde se hallan ¬ĺ partes de toda la energ√≠a conocida. Capturando a Ucrania se trata de impedir que la econom√≠a se orientalice, pues si Rusia se acerca a China (y a India), Occidente deja de tener la importancia que una vez tuvo y su econom√≠a no podr√≠a ya reponer su predominio (por eso hasta Alemania juega doble, pues tambi√©n se acerca a China y Rusia, aunque no renuncia a su pertenencia occidental).

El G77 no puede desatender este nuevo contexto que está alterando por completo el tablero geopolítico mundial. En medio de un incipiente mundo multipolar, la visión que se tenga no puede reducirse a lo meramente local. En un mismo mundo compartido, todo tiene relación con todo. Una nueva lectura del relacionamiento internacional pasa por una actualización geopolítica de un mundo en transición. La narrativa actual es geopolítica, pero no una geopolítica provinciano-imperial sino una geopolítica verdaderamente mundial.

Esto nos posibilita advertir también el carácter ideológico, unilateral y hasta plagado de un provincianismo cultural de los marcos teórico-conceptuales de las relaciones internacionales y la diplomacia, como disciplinas sociales. Estas disciplinas tienen una reducida perspectiva europeo-norteamericana, que justifica un excepcionalismo inadmisible hoy en día. La decisiva dependencia que tienen estas disciplinas de la política exterior norteamericana, delata también una profunda ignorancia de otros mundos culturales y civilizatorios que no pueden ser reducidos a la mirada occidental.

Esto nos lleva a advertir que, si el mundo que viene ser√° multipolar, nuestra geopol√≠tica deber√° tambi√©n, acorde con ese nuevo mundo, tener una visi√≥n multidimensional de implicancias globales, o sea, deberemos aprender a ver el mundo desde una perspectiva propia. Si los chinos, hind√ļes, iran√≠es y rusos, propician think tanks propios, con perspectivas geopol√≠ticas radicalmente distintas a las de europeos y gringos, no menos debemos realizar en este lado del mundo. El asunto, en definitiva es, o producimos una perspectiva propia de lo que sucede en el mundo o nos contentamos con la perspectiva usual, que es la occidental. De una determinada narraci√≥n se deduce una determinada posici√≥n. Si la narraci√≥n es la decadente, la moderno-occidental, entonces lo que se deduce es la defensa de los intereses y los valores moderno-occidentales.

El mundo es lo que se interpreta de éste. O descubres el mundo o te lo encubren. La política exterior de nuestros países ha estado siempre constituida a partir de los marcos teórico-conceptuales de la narración geopolítica imperial. Desprenderse de aquello supone producir una nueva narración geopolítica que de nacimiento a un nuevo tipo de relaciones internacionales. Lo usual en teoría de las relaciones internacionales ha sido siempre la lectura abstracta, descontextualizada, sin historia, usando conceptos meramente formales, que ordenaban un pasivo reacomodo a las situaciones impuestas. La geopolítica parecía patrimonio del centro, por eso hasta la izquierda ingenua entendía ésta como una disciplina imperial (sumidos en la lectura hacia adentro olvidaban a menudo el mundo real en el cual se encontraban).

Las lecturas hegem√≥nico-imperiales est√°n en crisis, develando el provincianismo de la visi√≥n del centro ante un mundo de ascensos civilizatorios que no logran comprender. Occidente nunca conoci√≥ al mundo, por eso mira at√≥nito el ascenso de las potencias emergentes y descubre que no tiene otra cosa que la fuerza bruta para imponerse. El afamado historiador de la Universidad de Yale, Paul Kennedy, sostiene que los asuntos internacionales no andan bien en el mundo pol√≠tico y social y que incluso estar√≠an comenzando a desmoronarse, tanto institucional como discursivamente. Pero este desmoronamiento lo ve como un atentado al ¬ďmundo libre¬Ē, es decir, no es capaz de ver que se trata del desmoronamiento cultural-civilizatorio de la propia hegemon√≠a occidental, es decir, el llamado ¬ďmundo libre¬Ē.

La conclusi√≥n que este tipo de personajes ¬Ėmuy influyentes en √°mbitos de poder¬Ė presenta, es que el mundo est√° desquiciado. Esa visi√≥n delata a un centro que ya no sabe leer un nuevo mundo emergente. Para Charles Hill, legendario funcionario del Departamento de Estado, el antiguo orden conocido como el siglo norteamericano, que era parte de la era moderna, parece estar apag√°ndose. Su diagn√≥stico es revelador, pues se√Īala que la era que viene ¬ďya no ser√° moderna¬Ē; pero lo que constituir√≠a una esperanza para el resto del mundo pobre, √©l lo ve como ¬ďnada agradable¬Ē.

Por supuesto, desde el imperio no es nada agradable perder su preeminencia; por eso hace bien David Brooks (columnista del New York Times) en se√Īalar que el orden moderno al cual se refiere Hill, es un sistema de Estados que encarnan los dos grandes vicios de las relaciones internacionales: el deseo de dominio expansivo y de eliminaci√≥n de la diversidad. De ello se puede colegir que las mismas relaciones internacionales no fueron nunca concebidas para un mundo multipolar no occidental. Para el imperio, la geopol√≠tica ha sido la defensa exclusiva de sus intereses, a los cuales llama sus valores. Un mundo multipolar y polic√©ntrico es algo inconcebible para la geopol√≠tica imperial, pero una necesidad a ser pensada en la geopol√≠tica de nuestros pa√≠ses. Por eso tiene sentido hablar de una descolonizaci√≥n de la geopol√≠tica.

La transici√≥n civilizatoria no puede ser ciega. Advertir el sentido potencial de una nueva reconfiguraci√≥n planetaria, sin hegemon√≠a √ļnica, permite dise√Īar una nueva fisonom√≠a global m√°s acorde a una realidad diversa y plural. Por eso la visi√≥n provinciana de la geopol√≠tica imperial ya no sirve para interpretar el sentido de la transici√≥n. La narrativa geopol√≠tica deber√° recuperar las historias negadas y los horizontes culturales olvidados. Si el G77, y Bolivia y los pa√≠ses del ALBA, est√°n a la altura de liderar la transici√≥n civilizatoria, lo que l√≥gicamente deber√≠a acontecer es la posibilidad de fundar, en el mediano plazo, una nueva ¬ďLiga de las Naciones¬Ē (como reconocimiento adem√°s a sus verdaderos inspiradores: la liga ind√≠gena Iroquesa).

Si todas las instituciones mundiales ya no cuentan con legitimidad, pues todas ellas responden a la disposición centro-periferia, prototípica de la hegemonía moderno-occidental, la propia ONU debería desaparecer y dar lugar a una nueva y más democrática organización. El G77 contiene la mayor concentración de países miembros de la ONU, por tanto, su legitimidad es considerable. Un nuevo mundo en ciernes no puede amanecer con instituciones arcaicas.


- Rafael Bautista S. es autor de ¬ďla Descolonizaci√≥n de la Pol√≠tica. Introducci√≥n a una Pol√≠tica Comunitaria¬Ē, Plural editores, la Paz, Bolivia

Fuente: El Ciudadano

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