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2019-01-03 | Cultura | Mapuche

Elicura Chihuailaf

La indefensión en la que vivimos los pueblos nativos y el pueblo chileno profundo

Pens√ɬ© en nuestros j√ɬ≥venes alevosamente asesinados en operativos policiales ordenados por los patrones del Estado en a√ɬĪos de post dictadura, en a√ɬĪos de supuesta democracia; pens√ɬ© en la defensora del medioambiente Macarena Vald√ɬ©s (esposa de nuestro hermano Rub√ɬ©n Coll√ɬ≠o), asesinada sigilosamente en la comunidad Newen de Tranguil, en la comuna de Panguipulli; en Juan Pablo Jim√ɬ©nez, dirigente sindical en Puente Alto; en Alejandro Castro, pescador y dirigente de Quintero. Y me pregunt√ɬ©: √ā¬Ņqui√ɬ©n ser√ɬ° la pr√ɬ≥xima v√ɬ≠ctima?




Entrevista por Ana Rodr√ɬ≠guez, publicada en la edici√ɬ≥n n√ɬļmero 12 de la revista Palabra P√ɬļblica.

La noche del pasado 14 de noviembre, Elicura Chihuailaf estaba en la soledad de un dormitorio de la Casa de Académicos de la Universidad de Santiago cuando se enteró de la muerte de Camilo Catrillanca. La noticia, cuenta, le llegó por redes sociales.

-Mi primera reacci√ɬ≥n fue de infinita desaz√ɬ≥n√ʬĬ¶ Pens√ɬ© en nuestros j√ɬ≥venes alevosamente asesinados en operativos policiales ordenados por los patrones del Estado en a√ɬĪos de post dictadura, en a√ɬĪos de supuesta democracia; pens√ɬ© en la defensora del medioambiente Macarena Vald√ɬ©s (esposa de nuestro hermano Rub√ɬ©n Coll√ɬ≠o), asesinada sigilosamente en la comunidad Newen de Tranguil, en la comuna de Panguipulli; en Juan Pablo Jim√ɬ©nez, dirigente sindical en Puente Alto; en Alejandro Castro, pescador y dirigente de Quintero. Y me pregunt√ɬ©: √ā¬Ņqui√ɬ©n ser√ɬ° la pr√ɬ≥xima v√ɬ≠ctima?

√ā¬ŅC√ɬ≥mo impacta al pueblo mapuche esta nueva tragedia? √ā¬ŅCon qu√ɬ© sensaci√ɬ≥n te quedas estos d√ɬ≠as?
√ʬĬď Impacta como evidencia de la persistente discriminaci√ɬ≥n y de la tristeza que ella causa. Como memoria feroz del despojo: la ocupaci√ɬ≥n militar de nuestro territorio por el Estado de Chile, a partir de la denominada √ʬĬúpacificaci√ɬ≥n de La Araucan√ɬ≠a√Ę¬Ä¬Ě y hasta nuestros d√ɬ≠as. Pero -en la dualidad- tambi√ɬ©n como energ√ɬ≠a que revitaliza la lucha por nuestros derechos como cultura, como pueblo; cada uno, cada una, ejerci√ɬ©ndola desde el lugar diverso que le ha tocado. Yo me he quedado con la sensaci√ɬ≥n de indefensi√ɬ≥n colectiva en la que vivimos los pueblos nativos y el pueblo chileno profundo (que es la mayor√ɬ≠a). Con la certeza de que ambos hemos vivido siempre en una dictadura disfrazada de democracia.

√ā¬ŅC√ɬ≥mo viste el eluw√ɬľn (funeral) de Camilo Catrillanca? √ā¬ŅQu√ɬ© te pareci√ɬ≥ el gesto de que en √ɬ©l confluyeran diversos sectores de la pol√ɬ≠tica mapuche?
√ʬĬď Lo vi como expresi√ɬ≥n de que nuestra espiritualidad, a pesar de la colonizaci√ɬ≥n, sigue vigente. Como prueba de que nuestro sentido de comunidad y pueblo sigue siendo nuestro camino. El funeral de Camilo fue un muy sentido homenaje a un weichafe, a un guerrero de la ternura. A un joven cuya bandera fue la defensa de la Mapu √ɬĎuke Madre Tierra, el gran √ɬ°rbol de la identidad. Que confluyeran todos los sectores de la cultura mapuche era -desde luego- esperable.

√ā¬ŅQu√ɬ© te parece esta aparentemente doble v√ɬ≠a del gobierno, donde por un lado implementa el Plan Araucan√ɬ≠a y llama al di√ɬ°logo, mientras por otro presenta a un √ʬĬúComando Jungla√Ę¬Ä¬Ě que termina por desmantelar cualquier posibilidad de entendimiento?
√ʬĬď Es la desvergonzada ideolog√ɬ≠a de la chilenidad superficial y enajenada, la permanente bipolaridad de sus pol√ɬ≠ticas de Estado cargadas de eufemismos. Discursos que se pronuncian parapetados tras las armas de la polic√ɬ≠a que ellos mismos ordenan. Discursos que resultan entonces poco cre√ɬ≠bles, insustanciales. Es un problema conceptual. Un Estado empresarial que impone un modelo econ√ɬ≥mico basado en un desarrollo contra la naturaleza y no con la naturaleza, con todo lo que eso significa: atropello permanente de la legitimidad, manejo sesgado de la historia, informaci√ɬ≥n tergiversada, etc√ɬ©tera. Un empresariado que ocupa y ha ocupado siempre todos los poderes del Estado. Y esta situaci√ɬ≥n generada por ellos necesita una salida pol√ɬ≠tica√ʬĬ¶ Y, cito a nuestro hermano senador Francisco Huenchumilla, √ʬĬúLos problemas pol√ɬ≠ticos no se entregan a la polic√ɬ≠a para que los resuelva√ʬĬĚ. M√ɬ°s a√ɬļn cuando nos parece que todos comprenden que al expresar que la soluci√ɬ≥n es pol√ɬ≠tica lo decimos en el sentido m√ɬ°s profundo de la palabra po√ɬ©tica: se trata de la soluci√ɬ≥n de las demandas de nuestros pueblos.

√ā¬ŅC√ɬ≥mo te explicas que los partidos pol√ɬ≠ticos, que hace un a√ɬĪo eran el oficialismo y no se movilizaron cuando fue el esc√ɬ°ndalo de la Operaci√ɬ≥n Hurac√ɬ°n, hoy se muestren solidarios hacia el pueblo mapuche?
√ʬĬď Lo explica la urdida bipolaridad de la pol√ɬ≠tica chilena y que, como se sabe, es cuesti√ɬ≥n transversal. Con las siempre honrosas excepciones en los partidos. Pienso, por ejemplo, en el diputado Ren√ɬ© Saffirio, qui√ɬ©n fustig√ɬ≥ la ausencia de 63 de sus pares en la sesi√ɬ≥n en que la C√ɬ°mara de Diputados rechaz√ɬ≥ la idea de crear una Comisi√ɬ≥n Investigadora por el asesinato de nuestro pe√ɬĪi Camilo Catrillanca. Por otro lado pienso en la penosa declaraci√ɬ≥n -27 de noviembre- de la ex presidenta Bachelet, ahora alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU.

Respecto al Plan Araucan√ɬ≠a: tradicionalmente el movimiento mapuche ha visto en el Estado chileno su enemigo. Sin embargo, este Plan del ministro Alfredo Moreno representa otro reto para el movimiento, como es el avance del capital y de las empresas extractivistas en la zona √ā¬ŅCrees que existe una consciencia de esta amenaza dentro del mundo mapuche?
√ʬĬď S√ɬ≠, desde luego. Est√ɬ°, por ejemplo, el comunicado emitido en octubre de la Coordinadora Arauco Malleco en el que se rechaza dicho plan. El actual gobierno habla de reconocimiento de la √ʬĬúdeuda con los pueblos originarios y que no haya discriminaci√ɬ≥n√ʬĬĚ, pero abre m√ɬ°s espacios para la continuidad de la ocupaci√ɬ≥n de nuestro territorio. Habla de diversidad, pero no considera nuestra visi√ɬ≥n de mundo respecto del denominado desarrollo. Mas, con su Plan Impulso Araucan√ɬ≠a remarca el avance del capital y de las empresas extractivistas. Lo que es una necedad considerando que es de m√ɬ°s sabido que, de partida, las empresas forestales son uno de los principales problemas -subsidiados por el Estado- en nuestro territorio. Su cada d√ɬ≠a creciente presencia, con la evidente disminuci√ɬ≥n de las napas del agua de la vida, hace que nuestra gente se pregunte: √ā¬Ņno cometen ellas el mayor acto terrorista, que es la casi imperceptible desaparici√ɬ≥n de la vida de todos los seres vivos, entre ellos los seres humanos? Y el agua -sabemos- no tiene nacionalidad, no tiene clase social. En definitiva, lo que parece claro es que la chilenidad superficial y enajenada sigue empe√ɬĪada en concluir la avanzada nefasta de Cornelio Saavedra, la denominada por el Estado chileno √ʬĬúpacificaci√ɬ≥n de La Araucan√ɬ≠a√ʬĬĚ, la ocupaci√ɬ≥n militar -violenta por lo tanto- de nuestro territorio, de nuestro Wallmapu.

Derribar la muralla
Algunos intelectuales mapuche, como Fernando Pairican o Salvador Millaleo, opinan que actualmente no existe √ʬĬďni de parte del gobierno, ni de los agricultores, ni tampoco del movimiento mapuche- un programa que abogue por la paz en la Araucan√ɬ≠a.√ā¬ŅCu√ɬ°l es tu impresi√ɬ≥n al respecto?

√ʬĬď Es cierto, no existe un programa que abogue por la paz ni de parte del gobierno (muy por el contrario, como se sabe, pues entonces no se habr√ɬ≠a creado el √ʬĬúComando Jungla√Ę¬Ä¬Ě o ya lo habr√ɬ≠a disuelto), ni de los agricultores. Me parece que en las condiciones actuales de ocupaci√ɬ≥n de nuestro territorio es dif√ɬ≠cil que exista un programa semejante por parte del movimiento mapuche. Nuestro pueblo ha resistido la violencia con harta sabidur√ɬ≠a, me parece. La violencia no la ha generado nuestra gente, eso est√ɬ° claro. Sus propuestas de paz est√ɬ°n contenidas en sus demandas. Por eso digo: Para terminar con la violencia hay que terminar con la violencia. Y hacerlo -√ā¬°urgentemente!, en aras de la paz- est√ɬ° en manos de quienes hist√ɬ≥ricamente han impuesto y / o han avalado la violencia, empezando por el Estado de Chile y sus poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Y poner sobre la mesa el papel que han jugado los medios de comunicaci√ɬ≥n.

Desde el sector chileno √ʬĬďlos medios, los pol√ɬ≠ticos- se critica al movimiento mapuche por su heterogeneidad; se dice que no hay quien los represente ni los unifique. √ā¬ŅEs la heterogeneidad del movimiento mapuche un problema?
√ʬĬď Es que desconocen nuestra visi√ɬ≥n de mundo. Tienen que ponerse al d√ɬ≠a. Hace siglos atr√ɬ°s el imperio espa√ɬĪol lo comprendi√ɬ≥ y respet√ɬ≥ los consejos de ancianos en los que participaban representantes de las cuatro diversidades del pueblo mapuche (pewenche, lafkenche, williche, pikunche) y posteriormente parlament√ɬ≥ considerando las autonom√ɬ≠as que representaban nuestros l√ɬ≠deres, nuestros lonko. La diversidad del movimiento mapuche hoy, lejos de ser un problema, es -me parece- una fortaleza que debiera intentar comprender la etnia chilena.

√ā¬ŅQu√ɬ© tan vigente est√ɬ° la muralla de blanquidad de las familias chilenas m√ɬ°s poderosas? √ā¬ŅQu√ɬ© pasa, en cambio, con nuestra morenidad?
√ʬĬď Totalmente vigente. Los ladrillos de esa muralla, que son los conceptos un√ɬ≠vocos que ellas han impuesto, siguen casi indemnes: desarrollo contra la naturaleza; legalidad que desconoce la legitimidad; salud que no considera el esp√ɬ≠ritu; historia √ɬļnica (de la √ā¬Ņaristocracia? chilena) sin madres de la √ʬĬúpatria√ʬĬĚ, s√ɬ≥lo con √ʬĬúpadres de la patria√ʬĬĚ; educaci√ɬ≥n enajenada (centrada antes en Europa y hoy en Estados Unidos); informaci√ɬ≥n eminentemente blanquizadora. La excluida morenidad, aunque debo reconocer que esto ha ido cambiando, pero con demasiada lentitud para la urgencia de este tiempo, a√ɬļn no asume que nadie elige nacer en un lugar, en un color determinado, en una historia, un idioma, una visi√ɬ≥n de mundo. Mas, la tarea es conocer lo que nos ha tocado porque conocer es la √ɬļnica posibilidad de amarse y de amar lo que nos rodea y luego respetar lo que est√ɬ° m√ɬ°s all√ɬ° de nuestros lugares y miradas, de nuestras familias y comunidades (identidad, almidad). El Chile profundo, nuestro interlocutor, tiene que comprender que es hermosa la blanquidad / rubiedad, que es hermosa la negritud, que es hermosa la amarillentud y que es hermosa la morenidad que nos ha tocado y que les ha tocado. Es el maravilloso jard√ɬ≠n del mundo.

Si es este un pa√ɬ≠s tan racista, √ā¬Ņpor qu√ɬ© la gente solidariza con los mapuche? √ā¬ŅPor qu√ɬ© no con los haitianos? √ā¬ŅQui√ɬ©n solidariza con los mapuche? √ā¬ŅPor d√ɬ≥nde pasa esa identificaci√ɬ≥n?
√ʬĬď Porque est√ɬ° empezando a mirarse en el espejo de su casa y en el espejo de su interioridad y empieza a ver la presencia mapuche en s√ɬ≠ mismo, como lo hicieron los adelantados y adelantadas del pueblo chileno profundo: Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Violeta Parra, V√ɬ≠ctor Jara, entre otros y otras. Para explicarse un poco m√ɬ°s este pa√ɬ≠s a√ɬļn llamado Chile hay que recordar parte del texto -vigente todav√ɬ≠a- de presentaci√ɬ≥n al mundo que el Estado chileno, la chilenidad superficial y enajenada, divulg√ɬ≥ a partir de su centenario: √ʬĬúLos ind√ɬ≠genas de Chile eran pues escasos, salvo en la regi√ɬ≥n sur del valle longitudinal, esto es, en lo que despu√ɬ©s se llam√ɬ≥ Araucan√ɬ≠a.

Por otra parte, las condiciones del clima muy favorables al desarrollo y prosperidad de la raza blanca, hizo innecesaria la importaci√ɬ≥n de negros durante el per√ɬ≠odo colonial√ʬĬ¶ A estas circunstancias debe Chile su admirable homogeneidad bajo el aspecto de la raza. La blanca o cauc√ɬ°sica predomina casi en absoluto, y s√ɬ≥lo el antrop√ɬ≥logo de profesi√ɬ≥n puede discernir los vestigios de la sangre aborigen, en las m√ɬ°s bajas capas del pueblo√ʬĬĚ. Hoy, cuando las utop√ɬ≠as parecen soterradas o desaparecidas, es la hora de ejercer ese arte que es la conversaci√ɬ≥n, que es un acto de subversi√ɬ≥n en el sentido m√ɬ°s profundo de la palabra po√ɬ©tica (que no es solamente escritura sino tambi√ɬ©n gestualidad, canto, color, aroma, textura, movimiento, etc√ɬ©tera), pues nos permite mirarnos cara a cara y reconocernos; y nos obliga a escuchar, que es lo m√ɬ°s dif√ɬ≠cil, dicen nuestras ancianas y nuestros ancianos. No somos solos, no estamos solos; necesitamos derribar la muralla que levant√ɬ≥ la chilenidad superficial y enajenada y que nos impide conversar tambi√ɬ©n con el pueblo chileno profundo que sentimos resollar en las ciudades.

Por: Ana Rodríguez

Fuente: The Clinic

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