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2017-03-09 | Cultura | Mapuche

Sexualidad mapuche, misioneros y fachos

Pudores de la antropología chilena

Aunque la antropolog√≠a tiene fama de perseguir tab√ļes y descorrer velos, su propia historia ha sido rica en eufemismos y acomodos que, si escarbamos un poco, revelan las disputas ideol√≥gicas y de poder cultural que la acompa√Īaron en cada √©poca. En Chile, esa historia comienza a fines del siglo XIX, cuando un grupo de curas y eruditos europeos ¬ĖRodolfo Lenz, Mart√≠n Gusinde, entre otros¬Ė se dedic√≥ a investigar en terreno a mapuches, fueguinos o atacame√Īos, no sin incomodar a una aristocracia republicana que prefer√≠a imaginarse una raza chilena homog√©nea y de alta pureza moral. El soci√≥logo Jorge Pavez, tras indagar durante una d√©cada en la ¬ďcocina¬Ē de esas primeras investigaciones, document√≥ sus conflictos y claroscuros en ¬ďLaboratorios etnogr√°ficos. Los archivos de la antropolog√≠a en Chile (1880-1980)¬Ē, libro que adem√°s expone los atributos menos encomiables de algunos de esos pioneros, omitidos piadosamente en las semblanzas que se suele hacer de ellos.


Laboratorios etnográficos. Los archivos de la antropología en Chile (1880-1980) Jorge Pavez Ediciones UAH, 2015
Si algo dejan en claro las casi 600 p√°ginas de ¬ďLaboratorios etnogr√°ficos¬Ē ¬Ėpublicado hace poco m√°s de un a√Īo por el sello de la U. Alberto Hurtado¬Ė es que la correcci√≥n pol√≠tica no naci√≥ ayer. Pero sus c√≥digos han cambiado. Hoy ser√≠a dif√≠cil encontrar a un antrop√≥logo dedicado a difundir este tipo de saberes: ¬ďUn coito basta para que la mujer siga al hombre¬Ē. ¬ďLo meto zumbando, lo saco estilando¬Ē. La primera sentencia ser√≠a de origen mapuche y la segunda era una adivinanza popular (respuesta correcta: el balde), y ambas fueron motivo de esc√°ndalo en el Chile de hace cien a√Īos. S√≥lo que en aquel entonces eran los m√°s progresistas quienes se atrev√≠an a publicarlas en el nombre de la diversidad cultural, mientras los m√°s retr√≥grados guardianes del patriarcado pon√≠an el grito en el cielo.

Jorge Pavez (44), autor del libro en cuesti√≥n y obsesivo recopilador de archivos, se propuso reconstruir el backstage de la antropolog√≠a chilena en su etapa fundacional ¬Ėdesde 1880 en adelante¬Ė para comprender c√≥mo funcion√≥ la relaci√≥n entre los ind√≠genas colonizados y aquellos primeros etn√≥logos que se adentraron en sus territorios para ¬ďrescatar¬Ē su cultura antes de que fuera tarde. ¬ŅQu√© tipo de transacciones hubo entre las partes? ¬ŅQui√©n utiliz√≥ a qui√©n? ¬ŅC√≥mo cay√≥ todo esto en una √©lite criolla que no pretend√≠a conocer a los ¬ďsalvajes¬Ē sino terminar de ¬ďcivilizarlos¬Ē? Son las preguntas que gu√≠an un valioso recorrido por nuestra historia identitaria, combinando digresiones te√≥ricas de desigual inter√©s para el lector mundano con una saludable afici√≥n a la copucha historiogr√°fica.

Un primer dato interesante es que no fue el liberalismo ilustrado, sino el romanticismo alem√°n, lo que permiti√≥ incorporar la cultura viva de los pueblos prehisp√°nicos al relato de Chile como naci√≥n. En un pa√≠s que aspiraba a la madurez republicana de cara a su primer centenario, la imaginer√≠a del ¬ďpueblo chileno¬Ē se remit√≠a a un mestizaje ya consumado en una raza m√°s bien blanca, hispanizada y cat√≥lica. Las comunidades ind√≠genas pod√≠an ser, a lo sumo, herederas simb√≥licas de ese ancestro legendario cuyas virtudes hab√≠a cantado Ercilla en ¬ďLa Araucana¬Ē.

Pero un pu√Īado de alemanes empez√≥ a llegar a Chile con otras ideas en la cabeza: la escuela rom√°ntica que, contra el racionalismo universalista, consideraba que la esencia de un pueblo radicaba en la riqueza original de su propia lengua, de tal modo que el ¬ďalma de una naci√≥n¬Ē se compon√≠a en realidad del conjunto de pueblos o comunidades ling√ľ√≠sticas que habitaban su territorio. Ese enfoque particularista, con su toque de misticismo √©tnico, fue tambi√©n la semilla del nazismo, pero antes de eso sirvi√≥ para inocular en Occidente una buena dosis de relativismo cultural, lo que a su vez inspir√≥ los primeros estudios sistem√°ticos de culturas ind√≠genas y dio origen a la antropolog√≠a moderna.

Rodolfo Lenz en la Araucan√≠a, Mart√≠n Gusinde en Tierra del Fuego, Max Uhle en Atacama, fueron los principales exponentes de esa escuela en Chile. Todos ellos crearon en terreno lo que Pavez llama ¬ďlaboratorios etnogr√°ficos¬Ē, tejiendo in√©ditas redes con ¬ďinformantes¬Ē locales que se integraban a la investigaci√≥n de su propia cultura. Esto sent√≥ las bases de la antropolog√≠a chilena, impuls√≥ la creaci√≥n de organizaciones mapuches y, sobre todo, revolvi√≥ un gallinero poco acostumbrado a la vitalidad intelectual, dando lugar a nuevas rivalidades ideol√≥gicas, pelambres cruzados y disputas de poder. Se trata de una historia algo desdibujada, sostiene Pavez, ¬ďporque estos alemanes fueron un poco ninguneados despu√©s del nazismo, que le quit√≥ credibilidad cient√≠fica al rollo rom√°ntico. Ah√≠ la antropolog√≠a reacomod√≥ su propia historia y tom√≥ como referencia a la escuela gringa, m√°s centrada en lo econ√≥mico y lo tecnol√≥gico: si el hacha es curva o es recta, si el rito sirve para esto o para esto otro. Un enfoque menos apasionado, pero tambi√©n m√°s as√©ptico, m√°s tecnocr√°tico. Y por lo mismo, m√°s c√≥modo¬Ē.

PLACER MAPUCHE
El ling√ľista y pol√≠glota Rodolfo Lenz lleg√≥ a Chile en 1890 contratado por el gobierno de Balmaceda. Su tarea era ense√Īar ingl√©s, franc√©s e italiano en el flamante Instituto Pedag√≥gico de la U. de Chile, pero su objetivo era investigar las lenguas ind√≠genas y el habla popular del pa√≠s. No s√≥lo realiz√≥ los primeros estudios sistem√°ticos del mapudungun y de la tradici√≥n oral mapuche, sino que inspir√≥ a muchos otros ¬Ėmapuches y huincas¬Ė a emprender sus propias investigaciones, propiciando una ola de ¬ďaraucanismo¬Ē como nunca se hab√≠a visto en la vida intelectual chilena. Tambi√©n integr√≥ a sus diccionarios la ¬ďlengua huasa¬Ē y de los rotos de la ciudad, desconcertando a la √©lite ilustrada. Pues, como ya observaba Lenz en 1894, ¬ďen Chile entre la gente ilustrada parece faltar por completo ese amor y cari√Īo al pueblo bajo, el cual, sin embargo¬Ö es la base eterna de la fuerza nacional¬Ē.

Desde luego, venir del extranjero a desordenar nuestras tradiciones no le sali√≥ gratis. ¬ďLas pol√©micas que tuvo que enfrentar Lenz fueron duras y ampliamente cargadas a la xenofobia y la censura moralista¬Ē, escribe Pavez. Su empe√Īo por describir el ¬ďidioma chileno¬Ē a partir del habla cotidiana y no de las reglas escritas, dando estatus cient√≠fico a los modismos m√°s obscenos, suscit√≥ reiteradas peticiones de que fuera expulsado de la universidad y del pa√≠s por estar ¬ďpervirtiendo a la juventud¬Ē. Como acusaba el ling√ľista y presb√≠tero Manuel Antonio Rom√°n: ¬ďHace un verdadero y funest√≠simo mal al pa√≠s: extrav√≠a y corrompe la ense√Īanza del castellano, hace perder todo criterio ling√ľ√≠stico, nos desacredita aqu√≠ y en el extranjero y, finalmente, malgasta los dineros de la naci√≥n¬Ē.

El 23 de agosto de 1911, dos diarios capitalinos se concertaron para atacar las ¬ďAdivinanzas corrientes en Chile¬Ē publicadas en los ¬ďAnales de la Universidad de Chile¬Ē por Eliodoro Flores, miembro de la Sociedad Chilena de Folklore cofundada por Lenz (la primera de su tipo en Sudam√©rica). Entre esas adivinanzas figuraba la que citamos al comienzo y otras como ¬ďMeto lo duro en lo blando, y lo dem√°s queda colgando¬Ē (los aros), o ¬ďPica con el piquito, tira con el potito¬Ē (la aguja). El Diario Ilustrado, en una columna titulada ¬ďUna verg√ľenza¬Ē, denunci√≥ un ¬ďatentado contra la moral¬Ē y un ¬ďinsulto a la cultura nacional¬Ē que ¬ďno puede quedar sin sanci√≥n¬Ē. Se exig√≠a la inmediata salida de circulaci√≥n de los Anales para evitar que alg√ļn ejemplar llegara al extranjero (al d√≠a siguiente, el ministro del Interior suspendi√≥ todo env√≠o por correo de la publicaci√≥n) y se acusaba a Rodolfo Lenz de haber solicitado 500 ejemplares para repartirlos entre los estudiantes. El diario La Uni√≥n habl√≥ de ¬ďindecencias tan inmundas, tan asquerosas, tan repugnantes y tan burdas, que no es posible insinuar siquiera en qu√© consisten¬Ē. Se trataba de la ¬ďdelicia de los bajos fondos sociales¬Ē. Lenz respondi√≥ que ¬ďun trabajo cient√≠fico, por escabroso que sea su tema, nunca puede ser inmoral¬Ē, pero la reacci√≥n conservadora no se dio por satisfecha. Los ataques p√ļblicos continuaron, la Sociedad Chilena de Folklore perdi√≥ piso en la universidad y fue cerrada poco tiempo despu√©s.

Otro miembro de esa Sociedad, tambi√©n inspirado en la ciencia imp√ļdica de Lenz, hab√≠a contribuido a caldear los √°nimos. Tom√°s Guevara, rector del Liceo de Temuco y autor de obras capitales sobre la historia del pueblo mapuche (a partir de relatos de los propios mapuches), no se olvid√≥ en su ¬ďFolklore araucano¬Ē de la dimensi√≥n sexual de la cultura. Ya en 1908 hab√≠a anotado que ¬ďlos senos adquieren en la mujer un desarrollo extraordinario¬Ē, y que √©stas hab√≠an perdido su antigua costumbre de depilarse el vello p√ļbico y axilar, tal que decirles ¬ďindia peluda¬Ē ya no ser√≠a un ¬ďinsulto sangriento¬Ē. Adem√°s, ¬ďhall√°banse todas iniciadas en el secreto de hacer m√°s intenso el acto sexual por cierto espasmo que lo acompa√Īaba¬Ē.

El rector prest√≥ especial atenci√≥n a los juguetes sexuales: ¬ďComo algunos pueblos de costumbres sexuales refinadas, los araucanos se val√≠an tambi√©n de medios originales para estimular la sensibilidad de la mujer en la c√≥pula¬Ē. Entre ellos el huesquel, especie de cond√≥n elaborado con cordones de crin. ¬ďCre√≠an los indios que el uso de estos instrumentos produc√≠a en la mujer una especie de fetichismo amoroso, de estado patol√≥gico que la entregaba en absoluto e incondicionalmente a un solo individuo. A veces causaban estos instrumentos en la mujer, por lesi√≥n org√°nica, espasmos musculares que los hombres atribu√≠an a intensificaci√≥n afectiva. Empleaban el huesquel j√≥venes y viejos. Sol√≠an valerse de √©l caciques decr√©pitos que deseaban la posesi√≥n exclusiva de una joven y tem√≠an la intervenci√≥n de rivales afortunados¬Ē. Asimismo, Guevara informa en franc√©s ¬Ėrecurso habitual en la √©poca para expresar asuntos delicados¬Ė el uso de tripas secas de oveja por parte de las mujeres con prop√≥sitos onanistas.

En 1911, Guevara public√≥ el sexto volumen de ¬ďFolklore araucano¬Ē, cuyo cap√≠tulo ¬ďDichos e insultos de car√°cter er√≥tico¬Ē, si bien vertido s√≥lo en mapudungun y en franc√©s, acab√≥ con la paciencia del pastor anglicano Charles Sadleir, personaje clave en el Wallmapu de entonces y educador de muchos de los l√≠deres pol√≠ticos mapuches que empezaban a destacar. Pavez presenta algunos de esos dichos en castellano: ¬ďBruja de co√Īo peludo¬Ē, ¬ďLos hocicones son hijos de conchudas¬Ē, ¬ďLa mujer jactanciosa muerde con su co√Īo¬Ē, ¬ďHay mujeres con dos bocas, una para alimentos y otra para comer tripas¬Ē, o el ya citado ¬ďUn coito basta para que la joven siga al hombre¬Ē.

En el diario La √Čpoca de Temuco, alegando representar a los ¬ďescandalizados¬Ē caciques, Sadleir pregunt√≥: ¬ď¬ŅSer√≠a justo formar un criterio de la raza chilena yendo a los prost√≠bulos y chineles de sus pueblos?¬Ē. Reclam√≥, adem√°s, que Guevara hab√≠a obtenido sus informaciones de ind√≠genas ¬ďsemi civilizados¬Ē, los cuales el contacto con la civilizaci√≥n hab√≠a arrebatado la ¬ďvirilidad, moral y pureza de la vida de campo¬Ē.

Pavez considera que el escozor provocado por esta ¬ďpornoetnolog√≠a¬Ē se debi√≥, sobre todo, a que la mujer mapuche quedaba descrita como carente de pudor (Guevara hab√≠a testimoniado la ¬ďlascivia¬Ē p√ļblica en bailes y fiestas, o que las mujeres no ocultaban su desnudez al ba√Īarse). Esto incomod√≥ no s√≥lo a curas como Sadleir, sino a un floreciente nacionalismo que pretend√≠a exaltar el componente mapuche de la raza chilena como fuente de virtudes inalienables y aut√©nticamente patriarcales.

El ide√≥logo emblem√°tico de ese nacionalismo fue el m√©dico Nicol√°s Palacios, autor del c√©lebre ¬ďRaza chilena¬Ē (1904). Dicha raza hab√≠a resultado de la mezcla entre godos y araucanos, cepas patriarcales y por ende superiores a otras como jud√≠os y latinos. De ah√≠ que Palacios haya sido un tenaz detractor de Guevara, a quien reprochaba frases como esta: ¬ďEl hombre (araucano) daba muy poco valor a la castidad de las solteras y conced√≠a ninguna importancia a la virginidad para la uni√≥n conyugal¬Ē. Con tales infundios, protesta Palacios, Guevara ¬ďnos desconcept√ļa en nuestro origen √©tnico, es decir, en nuestras cualidades instintivas, inmodificables por la educaci√≥n¬Ē, atacando ¬ďla m√°s pura de las virtudes dom√©sticas araucanas: la castidad y recato de sus esposas¬Ē.

Se comprende que la identidad nacional, as√≠ entendida, se viera amenazada por la invasi√≥n de una ciencia relativista para la cual todo es cancha, incluso la lujuria femenina. Lo curioso es que, como afirma Pavez en su libro, ¬ďhasta donde sabemos, no se han vuelto a investigar las artes er√≥ticas y pr√°cticas sexuales mapuche¬Ē. ¬ŅTodav√≠a es un tab√ļ la sexualidad mapuche? ¬ď√öltimamente ha sido retomada desde ciertas militancias feministas ¬Ėresponde Pavez¬Ė, pero en funci√≥n de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer. En general, creo que persiste el enfoque pudoroso. M√°s que ocultar su sexualidad, creo que se trata de concebir a un sujeto mapuche desprovisto de erotismo, porque es el erotismo lo que incomoda y desdibuja los l√≠mites. Esto tambi√©n ocurri√≥ en las colonizaciones de √Āfrica y Asia: se evitaba erotizar al colonizado, era inc√≥modo abrir ese flanco, se pod√≠an mezclar las cosas. Y del mapuche siempre se ha querido destacar su car√°cter guerrero, su virilidad, pero una virilidad deserotizada. Creo que eso persiste¬Ē.

√ćDOLOS MANCHADOS
Cuando el nombre de una persona est√° asociado a un legado entra√Īable, es natural que se produzcan silencios en torno a ciertos detalles de su biograf√≠a. Nadie querr√≠a, por ejemplo, empa√Īar la figura de Mart√≠n Gusinde, el misionero austriaco que ayud√≥ a salvar la memoria de las agonizantes culturas yag√°n, selk¬ínam y kaw√©sqar, y que adem√°s levant√≥ la voz para denunciar su exterminio. Pero la historia est√° para contarse.

Enviado a Chile por la congregaci√≥n del Verbo Divino para trabajar en el Liceo Alem√°n, Gusinde empez√≥ a viajar a Tierra del Fuego en 1918, motivado por la urgencia de documentar los √ļltimos vestigios de sus pueblos originarios. Pavez se detiene en ricos detalles de su relaci√≥n con los fueguinos (como su estrategia de ganarse a los ni√Īos para ser aceptado por los adultos) y en el tipo de di√°logos que lo condujeron a su celebrado y dudoso ¬ďdescubrimiento¬Ē de que los yaganes eran monote√≠stas. Tambi√©n nos enteramos de que Gusinde, para confeccionar su memorable archivo de fotos, persuadi√≥ a los yaganes de posar ante c√°mara mediante la entrega de tabaco, dinero, carne y ropa, mismas recompensas que les ofreci√≥ a cambio de montar rituales que ellos no practicaban desde hac√≠a d√©cadas. Ahora bien, es el propio Gusinde quien cuenta esto √ļltimo y Pavez no cree que suponga un atentado a la autenticidad: ¬ďLos rituales de toda cultura tienen un contexto pol√≠tico y un car√°cter negociable, aun en sus contextos de origen. En este caso, los yaganes deciden vender su secreto a Gusinde tal como se ven obligados a cederle tambi√©n parte de su soberan√≠a, para que √©l hable por ellos ante la civilizaci√≥n que los est√° descubriendo y aniquilando al mismo tiempo. En el libro intento mostrar c√≥mo estas transacciones entre el ind√≠gena y el etn√≥grafo fueron muy comunes en todos los procesos de colonializaci√≥n¬Ē.

Lo realmente inc√≥modo vendr√≠a despu√©s. Gusinde regres√≥ a Viena en 1924 y all√≠ trabaj√≥ junto al cura y etn√≥logo Wilhelm Schmidt, su mentor intelectual y quien, pese a ser antisemita, no compart√≠a el determinismo racial de la ciencia nazi, por lo cual escap√≥ a Suiza en 1938. Similar suerte corrieron sus colaboradores m√°s cercanos, menos uno. Mart√≠n Gusinde, adem√°s de acceder a un puesto docente en la universidad intervenida por los nazis, colabor√≥ con las investigaciones raciales de la Academia de Ciencias, llegando a realizar mediciones anat√≥micas en dos campos de prisioneros de guerra, junto con publicar regularmente en revistas sobre ciencia racial. De paso, entabl√≥ amistad con el siniestro m√©dico Eugen Fischer, padre de la biolog√≠a nazi de la ¬ďhigiene racial¬Ē y la eugenesia. Todav√≠a en 1953, relata Pavez, el cura Gusinde don√≥ a su amigo Fischer sus colecciones de genitales de los bosquimanos de Namibia, con los que hab√≠a convivido por cuatro meses. Es evidente que este presunto rol ¬ďcolaboracionista¬Ē tuvo muy poca importancia para el nazismo y para el trabajo de Gusinde que nos interesa, como es curioso, a estas alturas, que nada de esto figure en las rese√Īas sobre el sacerdote disponibles en Internet.

Mucho menos indulgente se muestra Pavez con el jesuita Gustavo Le Paige, creador del museo hom√≥nimo en San Pedro de Atacama y cuasi patriarca del pueblo entre los a√Īos 60 y 80 del siglo pasado. Recordado hasta hoy como un abnegado excavador que desenterr√≥ el pasado atacame√Īo y leg√≥ ese patrimonio al pa√≠s, en ¬ďLaboratorios etnogr√°ficos¬Ē se lo presenta as√≠: ¬ďLa relaci√≥n del padre Le Paige con la historia antigua atacame√Īa permite entender los v√≠nculos del colonialismo republicano con el ¬Ďindigenismo militar¬í, forma ideol√≥gica del colonialismo integrador practicado por varias dictaduras en Am√©rica Latina [¬Ö] que busca ra√≠ces ind√≠genas para una mitolog√≠a nacionalista¬Ē. Pavez tambi√©n imputa a los albaceas de su memoria ¬Ėcomo el arque√≥logo Lautaro N√ļ√Īez, Premio Nacional de Historia en 2002¬Ė la omisi√≥n intencional de ciertos pasajes de su trayectoria.

Entre esos pasajes omitidos estar√≠an las andanzas de Le Paige en el Congo belga, como joven misionero en los a√Īos 30. Ah√≠ lo tenemos preocupado de rescatar el arte africano, pero para adaptar sus formas a un arte cristiano que evangelizara a los abor√≠genes. Mientras desde B√©lgica le piden que mande piezas originales de arte local, √©l prefiere encargar obras a escultores para ¬ďdirigir¬Ē el arte africano hacia el ¬ďarte cristiano¬Ē.

En 1952, para su pesar, el Vaticano lo retira del Congo y lo destina a Chile. Su √ļnico consuelo es que aqu√≠ tendr√° por misi√≥n ayudar a un viejo conocido, compa√Īero suyo en sus a√Īos de seminarista en B√©lgica: el padre Alberto Hurtado. Consuelo ef√≠mero, en todo caso. Una vez en el pa√≠s, Le Paige escribe: ¬ďEl P. Alberto Hurtado hab√≠a muerto el 18 de agosto sin que lo sepamos, o mejor, sin que me avisen haciendo creer que me mandaban a Chile para ayudarlo!!?¬Ē.

Luego de pasar el ¬ďpeor a√Īo¬Ē de su vida en el norte de Chile, Le Paige comienza en 1955 su formidable recolecci√≥n de momias, cr√°neos y otras reliquias atacame√Īas en los alrededores de San Pedro, asistido por ni√Īos y j√≥venes a cuyos padres recompensa en dinero. Poco a poco levanta su feudo arqueol√≥gico y le da al pueblo una fama muy conveniente, aunque Pavez le atribuye un amplio cat√°logo de faltas: su inescrupulosa extracci√≥n de osamentas de sus sepulcros originales, sus constantes ofrendas de piezas a museos y coleccionistas europeos, su estilo autoritario para asegurarse el control personal de todo el patrimonio arqueol√≥gico de la zona, su voluntad de alejar a los ind√≠genas de sus cultos ancestrales para cristianizarlos, en fin. El lector podr√° juzgar estos reproches, pero hay otro que no deja lugar a dudas: la fina sinton√≠a entre Gustavo Le Paige y Augusto Pinochet.

En diciembre de 1973, le escribe a su hermano: ¬ďHoy d√≠a fiesta nacional chilena. Todo est√° muy tranquilo y cerca de normalizarse en todos los √°mbitos. Desgraciadamente, la prensa extranjera se permite de decir tonteras y m√°s tonteras! [¬Ö] Solo en unos a√Īos m√°s podremos darnos cuenta de las razones por las cuales la Providencia permiti√≥ que Chile sea bien sacudido por una vez en su vida¬Ö todo est√° tranquilo de nuestro lado de la Cordillera: y que no vengan a revolverla!¬Ē.

Meses despu√©s, Sergio Nu√Īo, embajador chileno en B√©lgica, le pide a Le Paige defender ¬ďla posici√≥n de Chile¬Ē en Europa. As√≠ es como en 1975 empiezan a aparecer art√≠culos de Le Paige en el diario Le Soir de Bruselas. ¬ďNo sabe cu√°nto me ha alegrado y sirve a nuestro Chile que aparezcan art√≠culos de √≠ndole cultural que disipen en algo la tremenda y muy bien organizada y financiada campa√Īa que se lleva contra nuestro Gobierno¬Ē, le agradece Nu√Īo.

A esto le seguir√≠a una aparatosa expedici√≥n ¬Ėsolicitada por el mismo Pinochet, informa Pavez¬Ė al Museo de Am√©rica en Madrid, con la presencia de Le Paige en persona y una suculenta donaci√≥n de 201 piezas arqueol√≥gicas, incluidas tres momias atacame√Īas que a√ļn duermen en las bodegas del museo espa√Īol. ¬ďEl gobierno actual, con toda raz√≥n, busca embajadores de paz¬Ē, le escrib√≠a Le Paige a su hermano en la v√≠spera del viaje.

Esta fecunda alianza entre momias y momios se vio coronada con una bullada visita de Augusto Pinochet y Luc√≠a Hiriart a San Pedro de Atacama. Un d√≠a de abril de 1977, el dictador y su imperecedera c√≥nyuge descendieron de un helic√≥ptero en la plaza de San Pedro para proceder ah√≠ mismo a los discursos ante una multitud de dos mil personas. Gustavo Le Paige, a quien la prensa describi√≥ como ¬ďel due√Īo del pueblo¬Ē, salud√≥ al visitante con parabienes: ¬ďQue Dios le entregue una vida larga y largos a√Īos en el poder para hacer de Chile una patria feliz¬Ē. Acto seguido le regal√≥ a la pareja dos c√°ntaros atacame√Īos de tres siglos de antig√ľedad, gestos que el general correspondi√≥ prometiendo ¬ďun incremento de los operativos c√≠vico-militares en San Pedro¬Ē. No fue todo. Tras recorrer el museo junto a Pinochet, Le Paige declar√≥ a los medios: ¬ďRecib√≠ un aporte fiscal para terminar la tercera secci√≥n del museo¬Ē. Poco despu√©s, le escribi√≥ a Pinochet pidiendo financiamiento para su revista Estudios Atacame√Īos, plegaria que tambi√©n fue atendida.

Pavez no sostiene que un buen etn√≥logo tenga que ser de izquierda (la hist√≥rica afinidad de l√≠deres mapuches con la derecha es un dato de la causa), pero s√≠ plantea que este ¬ďindigenismo militar¬Ē mitific√≥ a los atacame√Īos muertos a cambio de anular a los vivos. Por eso espera que este libro, adem√°s de releer el pasado, contribuya a cuestionar las pol√≠ticas todav√≠a vigentes del Estado chileno: ¬ďSiempre tuvimos un discurso de nacionalismo patrimonial que al final se subordina a los privados y a las parcelas de inter√©s creadas al interior de la academia. El Museo Le Paige es propiedad de una universidad privada, la U. Cat√≥lica del Norte (UCN), a la cual los pueblos atacame√Īos tienen demandada. Aun as√≠, el gobierno de Pi√Īera les aprob√≥ un financiamiento de 20 millones de d√≥lares para construir un nuevo museo en el mismo emplazamiento. Curioso modelo de nacionalismo y de indigenismo¬Ē, dispara el soci√≥logo que, dicho sea de paso, trabaj√≥ en la UCN y afirma haber sido despedido tras publicar en 2013 un art√≠culo sobre Le Paige que inclu√≠a los contenidos aqu√≠ citados.

En el libro es a√ļn m√°s lapidario con el enclave que forman el museo y la universidad: ¬ďLa arqueolog√≠a y la antropolog√≠a se ejercen ah√≠ como un gran nicho de negocios, especialmente para los arque√≥logos que venden informes a las empresas mineras garantizando su bajo impacto ambiental y para los antrop√≥logos sociales que se dedican al negocio inmobiliario en tierras ind√≠genas. Todo esto encubierto por el subsidio estatal a los indicadores ¬Ďcient√≠ficos¬í, con proyectos Fondecyt y publicaciones indexadas autoplagiadas [¬Ö] cumpliendo con las formalidades ciegas de una econom√≠a de la indexaci√≥n para la cual la sociedad local es siempre una amenaza¬Ē. Como se sabe, la palabra ¬ďpatrimonio¬Ē tiene m√°s de un significado.

Por: Daniel Hopenhayn

Fuente: The Clinic

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Publicación sobre la cultura, sociedad y política de los pueblos originarios.

El periódico Pukara

El Periódico Pukara quiere ser un baluarte en el lucha de ideas, en el combate de principios, en la guerra conceptual, de análisis, de información e investigación que libran los pueblos indígenas contra el ocupante colonialista. El periódico Pukara es una publicación mensual sobre la cultura, sociedad y política de los pueblos originarios. Periodico Pukara
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2020-02-02

La convocatoria se encuentra abierta todo el a√Īo.

Corpus revista de divulgación, análisis sobre la historia o etnografía de los pueblos originarios

Corpus es una revista de divulgación, análisis y crítica de fuentes inéditas o desconocidas sobre la historia o etnografía de los pueblos originarios y campesinos, y de discusión en torno a raza, etnicidad y otras formas de alteridad social y política en el continente americano.
La convocatoria se encuentra abierta todo el a√Īo para publicar, compartir y desclasificar los materiales o fuentes de informaci√≥n.
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2020-02-02

Manual completo en formato PDF para consulta o descarga :

Manual para defender los derechos de los pueblos indígenas

El objetivo de este manual es contribuir, con un instrumento práctico, a la labor que realizan personas, pueblos indígenas y organizaciones dedicadas a proteger y gestionar a favor de los derechos de los pueblos indígenas.
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2020-02-02

ONU Foro permanente de los pueblos indigenas

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2020-02-03

La expansión de la cultura occidental y la subordinación de la mujer

La conmovedora historia de la mujer objeto occidental

El uso del cuerpo de la mujer en publicidad es violencia simb√≥lica, muy evidente y perceptible. La subordinaci√≥n sexual de la mujer en la promoci√≥n de ventas es un elemento clave en las campa√Īas de marketing que la exponen como mercanc√≠a, y objeto sexual. A la mujer occidental en los spots comerciales se le presenta sin cualidades y habilidades intelectuales y se le reduce en un objeto de satisfacci√≥n de necesidad biol√≥gica del hombre occidental. Mire el video:
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2020-02-13

Programa Radial Mapuche

Wixage Anai espacio para la expresion Mapuce

Pe√Īi, lamgen es importante que usted pueda sumar su apoyo a esta labor de comunicaci√≥n que hace 21 a√Īos se realiza, asistiendo a los encuentros que convocamos u otras iniciativas. Correo electr√≥nico: wixageanai.radio@gmail.com Telefono: 92246211
escuchar aquí:
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2020-02-25

Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO

Colecci√≥n Antolog√≠as del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribe√Īo

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2020-02-25

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)

El Correo de la UNESCO

Disponible en l√≠nea desde marzo de 2006, El Correo se adapta a las necesidades de sus lectores diseminados por el mundo entero: su publicaci√≥n electr√≥nica en formato PDF, en las seis lenguas oficiales de la Organizaci√≥n (√°rabe, chino, espa√Īol, franc√©s, ingl√©s y ruso), as√≠ como en esperanto y en portugu√©s, va acompa√Īada de una edici√≥n impresa con un n√ļmero de ejemplares reducido. Descarga los √ļltimos n√ļmeros -->
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2020-02-26

Russell Means

Por qué no soy ni capitalista, ni marxista

¬ďLa √ļnica forma posible de comenzar un discurso de este tipo es afirmar que detesto escribir. El proceso en s√≠ mismo representa el concepto europeo de pensamiento ¬ďleg√≠timo¬Ē. Lo que est√° escrito tiene una importancia que se le niega a lo hablado. Mi cultura, la cultura Lakota, cuenta con una tradici√≥n oral, por lo que normalmente rechazo imposici√≥n de una abstracci√≥n sobre la relaci√≥n oral de un pueblo.la escritura. Es uno de los caminos del mundo blanco para la destrucci√≥n de las culturas de los pueblos no europeos, la
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2020-10-13

El 12 de octubre, Latinoamérica se viste de indígena (con orgullo)

Son muchos los países sudamericanos que han cambiado el nombre y el motivo de la festividad del conocido como Día de la Raza para olvidar la colonización y conmemorar a los caídos indígenas.
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La Realidad Mapuche en Youtube


Benetton y los mapuche


¿Qué es la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas?


Aprenda Mapunzugun, el idioma Mapuche, via Internet: comprenda el contexto sociocultural- linguístico e interétnico del Pueblo Mapuche.