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2014-06-25 | Cultura | Mapuche

We Tripantu √ʬĬďA√ɬĪo Nuevo Mapuche

Y, en medio de la noche, surge la palabra chilena que, desconfiada y arrogante, confronta a la palabra mapuche; la mira por sobre el hombro, pues no se atreve a mirarla a los ojos, porque teme a la lámina de vidrio que le reflejará su propia indianidad. Por eso la palabra chilena se oculta, se irrita, se desconcierta, pierde la memoria.




La historia de 4 relojes de arena y dos palabras

Nada saben los que pregonan la volatilidad de la palabra, su absurda forma o su modo de ser. El agua se las lleva f√ɬ°cilmente, dicen sonrientes los agoreros de siempre, esos que visten de oscuro en las tardes estivales y de piedra en cualquier invierno. Pero las palabras se urden en estalactitas deslumbrantes, tan cristalinas que dan ganas de llorar. All√ɬ≠ se quedan nombrando lo innombrable, los pesares de amores imposibles y la transparencia de √ɬ°ngeles v√ɬ≠rgenes. Desde sus rincones de hielo trazan la historia de dioses tan poderosos que ensombrecen el alma a golpes de miedo. Pero tambi√ɬ©n designan los besos dulces de amantes escondidos, los estertores del primer amor, las caricias de los ancianos, la mirada de un ni√ɬĪo. Todo lo nombran, pues para ello nacieron las palabras, aunque algunas mueren en el camino devoradas por la gula modernizante, surgen otras m√ɬ°s fuertes, m√ɬ°s perecederas, quiz√ɬ°s inmortales. Como la palabra mapuche que ha sido acosada desde siglos por palabras extra√ɬĪas vestidas de coraza y yelmo. Nadie sabe c√ɬ≥mo ha pervivido en medio de tanto asalto, tanto odio, tanta persecuci√ɬ≥n implacable. Pero ah√ɬ≠ est√ɬ°, herida, magullada y erguida, como las buenas palabras que arrebolan el amanecer sure√ɬĪo con gotas de roc√ɬ≠o.

Y, en medio de la noche, surge la palabra chilena que, desconfiada y arrogante, confronta a la palabra mapuche; la mira por sobre el hombro, pues no se atreve a mirarla a los ojos, porque teme a la l√ɬ°mina de vidrio que le reflejar√ɬ° su propia indianidad. Por eso la palabra chilena se oculta, se irrita, se desconcierta, pierde la memoria. Ambas provienen de la caverna de las palabras, del √ɬļtero de las voces, de sonido gutural ungido en verbo exquisito, por eso parecen palabras iguales, pero son tan distintas que se relacionan en conflicto: Conflicto mapuche, lo llama la palabra chilena. Conflicto chileno lo nombra la palabra mapuche. Conflicto chileno-mapuche, dir√ɬ°n otras palabras, acaso m√ɬ°s certeras.

√ā¬ŅC√ɬ≥mo entender dicho conflicto, c√ɬ≥mo saber el porqu√ɬ© de la brega de dos palabras tan antiguas como el viento que, a pesar de estar unidas por el vientre original, son tan distantes?
Quizás ayude a comprenderlo la historia de 4 relojes de arena y 2 palabras. Si no es así, les pido disculpas, pero creo que las cosas hay que contarlas cómo sea y dónde sea.

En tiempos antiguos, los relojes eran m√ɬ°s y m√ɬ°s potentes que la palabra. Y la palabra se sent√ɬ≠a cohibida y angustiada de no poder ser palabra. El primer reloj comenz√ɬ≥ a andar all√ɬ° en los albores de la modernidad, cuando todo estaba cambiando en Europa: el pensamiento, la religi√ɬ≥n, la econom√ɬ≠a, la ciencia, la vida. El siglo 15 dicen que fue; otros dicen que en el siglo 16, otros m√ɬ°s el siglo 17. Pero, al final no importa el siglo, sino el que todo empez√ɬ≥ a cambiar muy r√ɬ°pidamente. El pasado se transform√ɬ≥ en futuro, la mirada era hacia adelante y no hacia atr√ɬ°s; cambi√ɬ≥ la concepci√ɬ≥n de mundo. El hombre, dicen, se convirti√ɬ≥ en un ser racional que todo lo reflexionaba: ya no le enga√ɬĪaban ni dioses, ni reyes, ni para√ɬ≠sos imposibles. Todo era movimiento, un movimiento s√ɬ≠smico que remeci√ɬ≥ las tradiciones, las certezas, la sociedad entera. Al hombre le prometieron un futuro de libertad, progreso y riquezas.

Tambi√ɬ©n el reloj se mov√ɬ≠a y la arena ca√ɬ≠a aceleradamente, sin pausa ca√ɬ≠a. Y la palabra asustada, agobiada, miraba desde una esquina lo que suced√ɬ≠a. Era pobre la palabra, viv√ɬ≠a en una aldea en el campo y le quitaron la poca tierra que ten√ɬ≠a y tuvo que emigrar a la ciudad y ah√ɬ≠ la convirtieron en obrera a la fuerza. Quer√ɬ≠a decir algo y la acallaban a golpes. Organizaba huelgas y la acribillaban una y otra vez. Y la palabra queriendo gritar y los due√ɬĪos de las f√ɬ°bricas queri√ɬ©ndola silenciar, porque les incomodaba la palabra que, despu√ɬ©s de todo, s√ɬ≥lo quer√ɬ≠a ser ella misma. Pero antes que la palabra pudiera ser palabra, asom√ɬ≥ el segundo reloj de arena para ser testigo de otros cambios, profundas transformaciones, que transfigurar√ɬ≠an el mundo para siempre, dec√ɬ≠an. Y los espa√ɬĪoles se arrimaron a Am√ɬ©rica o Abya Yala, como la designan los pueblos originarios. Por la violencia llegaron, por la violencia se gan√ɬ≥ la independencia y por la violencia se constituy√ɬ≥ el Estado-naci√ɬ≥n chileno. Y el Estado dijo la misma palabra europea: civilizaci√ɬ≥n, orden y progreso.

Y la palabra mapuche sin entender, porque ella segu√ɬ≠a sin poder decir lo que quer√ɬ≠a, que no era poco. Quer√ɬ≠a decir que parec√ɬ≠a que algo andaba mal, que el progreso y la libertad no eran para todos. Y la segu√ɬ≠an acallando a golpes, y la palabra porfiada, como son las palabras cuando tienen la raz√ɬ≥n, murmuraba furiosa escondida en un bosque de araucarias. Es que las cosas hay que contarlas, porque no se cuentan solas, dec√ɬ≠a en medio de la lluvia sure√ɬĪa. Clandestina estaba la palabra por querer solo ser ella misma. Y el segundo reloj implacable segu√ɬ≠a perdiendo arena y ganando confianza y ganando tierra, y ganando dinero. Y ya poco o nada se hablaba de la libertad y del progreso y de un futuro augusto para todos. Menos a√ɬļn para los mapuche, porque √ʬĬďcomo clamaba la palabra chilena: √ʬĬúes cierto que el b√ɬ°rbaro es valiente; pero √ā¬Ņqu√ɬ© salvaje no lo es? Es cierto que el indio defiende su suelo; pero lo defiende porque odia la civilizaci√ɬ≥n, √ɬ≥dia la lei, el sacerdocio, la ense√ɬĪanza. La patria que √ɬ©l defiende es la de su libre i sanguinaria holgazaner√ɬ≠a, no la santa patria del coraz√ɬ≥n, herencia de nuestros mayores, santificada por sus leyes, sus tradiciones i sus tumbas√ʬĬĚ

En el parlamento chileno, en el parlamento de la civilizaci√ɬ≥n se dec√ɬ≠a esta palabra. Y tambi√ɬ©n signaba que hab√ɬ≠a √ʬĬúllegado el momento de emprender seriamente la campa√ɬĪa contra esa raza soberbia y sanguinaria, cuya sola presencia es una amenaza palpitante, una angustia para las riquezas de las ricas provincias del sur√ʬĬĚ. El diario El Mercurio lo dec√ɬ≠a. Y la palabra se visti√ɬ≥ de militar y despoj√ɬ≥ al mapuche del 90% de su territorio y cre√ɬ≥ 3 mil campos de concentraci√ɬ≥n donde lanz√ɬ≥ sin misericordia al mapuche y su palabra. Y el reloj sin detenerse, y el desconcierto inicial de la palabra se convirti√ɬ≥ para siempre en rabia, en movimiento, pero otro tipo de movimiento: un movimiento social que aglutinaba a muchas palabras, a millares de palabras. Y la palabra mapuche supo que no estaba sola.
Pero apareci√ɬ≥ el tercer reloj y le llamaron globalizaci√ɬ≥n, entonces el reloj fue un reloj inmensurable, con m√ɬ°s arena, porque los ricos necesitaban todo el tiempo del mundo, todo el tiempo del universo para seguir enriqueci√ɬ©ndose. Quer√ɬ≠an otros relojes, infinitos, relojes nucleares demandaban. Y armaban diarios y radios, televisoras e internet para decir sus palabras que eran las palabras de la globalizaci√ɬ≥n, de la riqueza, de la injusticia, de la mentira, de la uniformidad cultural, de la exclusi√ɬ≥n. Palabras influyentes, eran. Y la palabra chilena, por no ser menos, aportaba su grano de arena al tercer reloj, inventando el modelo neoliberal, desarrollando la industria forestal en territorio mapuche. √ā¬°√ā¬ŅQu√ɬ© importa?! dec√ɬ≠a la palabra chilena, despu√ɬ©s de todo aqu√ɬ≠ no se trata de aniquilar a los mapuche, sino que de anexarlos a la modernidad. Es decir, un retorno al primer reloj, a la modernidad que promet√ɬ≠a el progreso.

En este misma gram√ɬ°tica parda, la palabra chilena del presidente de la Corporaci√ɬ≥n de la Madera, Fernando Raga, espeta: √ʬĬúsi tuvi√ɬ©ramos un √ɬ°rea tranquila, tendr√ɬ≠amos la posibilidad de que otras compa√ɬĪ√ɬ≠as aparecieran, fortaleciendo el sector√ʬĬ¶por otra parte, la sociedad debe defenderse y hay que cumplir la ley√ʬĬĚ. O sea, un retorno al segundo reloj y a la palabra de El Mercurio cuando expresaba el imperativo de ocupar el Pa√ɬ≠s mapuche para expoliar sus riquezas. Y la riqueza est√ɬ° en tierra mapuche, por ello la palabra racista chilena es iterada una y otra vez para convencernos que la palabra mapuche es arcaica, primitiva, incivilizada, porque √ʬĬútodo lo ha gastado la naturaleza en desarrollar su cuerpo, mientras que su inteligencia ha quedado a la par de los animales de rapi√ɬĪa, cuyas cualidades posee en alto grado, no habiendo tenido jam√ɬ°s una emoci√ɬ≥n moral√ʬĬĚ. El Mercurio decimon√ɬ≥nico lo dec√ɬ≠a. Y dos siglos despu√ɬ©s, repite lo mismo, ahora en la palabra de Juan Agust√ɬ≠n Figueroa, ex ministro de agricultura del gobierno del presidente Aylwin, cuando indica que √ʬĬúla propiedad no vale nada.

Muchos agricultores han vendido a Conadi. Conadi ha entregado tierras y se han convertido en eriales. El mapuche culturalmente nunca ha sido un agricultor. No se dedica a esta actividad. Se han ido produciendo bolsones de propiedad mapuche, de presencia mapuche y bolsones de violencia mapuche. Esta pol√ɬ≠tica de entrega de tierras ha sido el error m√ɬ°s craso√ʬĬ¶√ʬĬĚ

Y el tercer reloj contin√ɬļa desperdigando lentamente, muy lentamente, sus dorados granos, porque no quiere que termine el tiempo de los tiempos. Por eso hay que fortalecer la palabra chilena, para que la arena se vuelva densa, espesa, como el racismo del ex presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Andr√ɬ©s Santa Cruz, quien ha sostenido que no entiende √ʬĬúesa distinci√ɬ≥n que se hace respecto del pueblo mapuche. Ellos son chilenos de origen mapuche, tal como existen chilenos de origen alem√ɬ°n, espa√ɬĪol o italiano. √ā¬°Son todos chilenos, mi amigo, y por eso se tienen que atener a las leyes chilenas! Ahora, si no les gusta, entonces v√ɬ°yanse. Ese es mi consejo. √ā¬°V√ɬ°yanse!√ʬĬĚ. Entonces la palabra mapuche se queda, se asienta m√ɬ°s, se enardece, se territorializa, se fortalece ante la agresi√ɬ≥n wingka que busca, una vez m√ɬ°s, como afirma el ex presidente Sebasti√ɬ°n Pi√ɬĪera, incorporarlos √ʬĬúdefinitivamente al ciclo econ√ɬ≥mico y que sea un ente que logre gozar de la prosperidad√ʬĬĚ. Y la palabra mapuche grita que se niega a reciclar, pero √ʬĬďal mismo tiempo√ʬĬď con la curiosidad de los p√ɬ°jaros en primavera, se pregunta: √ā¬ŅY c√ɬ≥mo piensan los wingka que lograr√ɬ°n hacernos gozar de su prosperidad? La respuesta proviene del mismo Figueroa quien asevera que √ʬĬúrespecto de algunas comunas ser√ɬ≠a posible una declaraci√ɬ≥n de estado de excepci√ɬ≥n y aplicar medidas de car√ɬ°cter pol√ɬ≠tico-represivo√ʬĬĚ.

Entonces surge el cuarto reloj, el reloj tel√ɬļrico, el reloj del movimiento, de todos los movimientos sociales. Y la palabra chilena le llama conflicto mapuche y la palabra mapuche le denomina el conflicto chileno con sus ra√ɬ≠ces, su identidad, su indianidad. La palabra chilena no quiere nombrarse como mapuche o ind√ɬ≠gena, sino que como blanco. Como wingka.

La palabra mapuche se convierte en movimiento, pues le arrebataron su tierra, le usurparon su territorio, le intentaron pulverizar su cultura, su Mundo y su Pa√ɬ≠s. Y la palabra chilena y la palabra mapuche se enfrentan en un conflicto desigual. Y el Estado chileno se queda sin palabras y por eso no logra entender que los movimientos sociales surgen ante un conflicto irresoluto, por la incapacidad de las instituciones de responder a demandas sociales. Son actores colectivos de car√ɬ°cter heterog√ɬ©neo, constructores de identidad que interpelan el sistema de relaciones sociales dominantes y act√ɬļan predominantemente a trav√ɬ©s de medios no convencionales de lucha. Adem√ɬ°s, construyen relatos alternativos a los relatos dominantes. Construyen una palabra alternativa a la palabra chilena.

Y la palabra mapuche se√ɬĪala que la conflictividad es de la esencia de un movimiento. No hay movimiento social sin conflicto. Y la modernidad naci√ɬ≥ de un conflicto, de un gran cataclismo entre la sociedad tradicional y la sociedad moderna que comenzaba a asomar por entre los intersticios de la antigua √ɬ©poca.

Y el cuarto reloj se mueve, se estremece, se esperanza, se vuelve a mover. Y la palabra chilena remite al orden, al estado de derecho, a la ley. Y la palabra mapuche a la lucha de un País ocupado, el País mapuche ocupado militarmente por un país extranjero: el país chileno.
La palabra mapuche designa a la autonomía, a derechos colectivos, a una nación libre. La palabra chilena niega la autonomía, a los derechos colectivos, a una nación libre.

Y así se escribe el conflicto chileno-mapuche, mientras el cuarto reloj, el reloj tectónico, el reloj movimental se acelera, esparciendo su arena al viento, porque la palabra mapuche se tomó por asalto el primer reloj, se tomó por asalto el segundo reloj y se tomó por asalto el tercer reloj y los dio vuelta para que todo empezara de nuevo y así poder comenzar a contar su propia historia, que, finalmente, es la historia de tres relojes de arena que albergaron a palabras que no las dejaban ser.

Hasta que apareció el cuarto reloj y la palabra mapuche supo que ya no estaba sola: eran cientos, eran miles de palabras que se convirtieron en oraciones y en oraciones de oraciones, porque las cosas hay que contarlas, como sea y donde sea. Y la palabra mapuche y la palabra chilena de muchos chilenos no son tan distintas, pero sí hay que enunciar y denunciar aquella palabra chilena dominante, la palabra del poder que originó el conflicto chileno-mapuche y que es una palabra racista que no tiene cabida en el reloj de la historia.
Por: Dr. Tito Tricot

Fuente: Diario Universidad de Chile

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