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2014-03-24 | Cultura | Mapuche

Sergio Villalobos:

El debate p√ļblico acerca de la condici√≥n del Mapuche

El siguiente art√≠culo tiene como finalidad demostrar c√≥mo las opiniones del historiador chileno Sergio Villalobos Rivera a la luz de la herencia del colonialismo y de la modernidad, no son otra cosa que la defensa de un modelo √ļnico de racionalidad, de inspiraci√≥n euroc√©ntrica, racista y violenta. Para ello daremos cuenta de sus opiniones, las respuestas que provoca y los aliados que suma en defensa del sistema econ√≥mico vigente y la negaci√≥n del ind√≠gena.




I. Introducción
El siguiente art√≠culo tiene como finalidad demostrar c√≥mo las opiniones del historiador chileno Sergio Villalobos Rivera a la luz de la herencia del colonialismo y de la modernidad, no son otra cosa que la defensa de un modelo √ļnico de racionalidad, de inspiraci√≥n euroc√©ntrica, racista y violenta. Para ello daremos cuenta de sus opiniones, las respuestas que provoca y los aliados que suma en defensa del sistema econ√≥mico vigente y la negaci√≥n del ind√≠gena.

II. Escenario Teórico y Metodológico
Si para Burke (1999) la funci√≥n del historiador en la actualidad es recordar lo que las sociedades quieren olvidar, tal como lo hac√≠a en la antig√ľedad el recordador de deudas, nuestra funci√≥n ser√° la de mostrar c√≥mo las caracterizaciones acerca del mapuche en Chile, gozan de una envidiable salud y vigencia.
En los a√Īos ochenta del siglo pasado las ciencias sociales recib√≠an con entusiasmo la obra de J√ľrgen Habermas (1988) y su colonizaci√≥n del mundo de la vida. Sin embargo, en opini√≥n de Santiago Castro-G√≥mez (1998) un importante aspecto escap√≥ al agudo an√°lisis de Habermas, a saber, el rol que juega el conocimiento como herramienta al servicio de la consolidaci√≥n de los sistemas abstractos. Hecho que nos sit√ļa nuevamente frente al colonialismo o a la herencia del colonialismo territorial de la modernidad (Castro-G√≥mez, 1998).
Pero como el formato de una revista no permite ahondar en las diferentes posturas que hoy dan cuenta de la problem√°tica ignorada por Habermas revisaremos de manera sucinta a algunos de sus protagonistas y sus ideas. En la actualidad, sabemos que el discurso de la modernidad desde donde emanan las cr√≠ticas al colonialismo, se encuentra de una u otra forma vinculado a la racionalidad europea. Una de las voces m√°s claras al respecto es la de Gayatri Spivak (1994) y su afirmaci√≥n acerca de lo dif√≠cil que resulta para disciplinas como la sociolog√≠a, la econom√≠a y las ciencias pol√≠ticas[1], escapar del √°mbito en que son construidas, es decir desde la gram√°tica del colonialismo, esto √ļltimo en sinton√≠a con el franc√©s Derrida (1994). Homi Bhabha (1994) contribuye a esta discusi√≥n con su cr√≠tica a los mecanismos institucionales que producen representaciones del otro y su proyecci√≥n como una entidad capaz de ser ocultada por un sinn√ļmero de discursos de las ciencias sociales. Siguiendo con la misma discusi√≥n, autores como Edward Said (1978) y Michel Foucault (1992) nos aportan estudios que muestran c√≥mo las reglas que configuran la verdad de un discurso se construyen y son administradas por los grupos de poder. Otro hind√ļ Ranajit Guha (1988) nos muestra que los saberes human√≠sticos de la India funcionaron como estrategias de subalternizaci√≥n[2] en manos de quienes dirig√≠an su destino. Por su parte el estadounidense John Beverley (1990) al igual que los pensadores hind√ļes, afirm√≥ que la literatura fue una pr√°ctica en la formaci√≥n human√≠stica de las elites, que desde el siglo XIX impulsaron el proyecto neocolonialista del estado/naci√≥n latinoamericano. Un poco m√°s al sur Walter Mignolo (1995, 1997) contribuye en esta discusi√≥n con su cr√≠tica acerca de qu√© o qui√©nes definen cu√°les son los territorios de la verdad del conocimiento sobre Latinoam√©rica. Por su parte el uruguayo √Āngel Rama (1994) argument√≥ que las grandes ideolog√≠as del siglo XIX -Liberalismo, Socialismo y Conservadurismo- en el contexto latinoamericano fueron monopolizadas por una elite letrada que desde siempre vivi√≥ de espaldas a la realidad heterog√©nea de Am√©rica Latina. Son estos conocimientos, o ¬Ďinvenciones¬í como dir√≠a O`Gorman (1993), los que han permitido que en Am√©rica se hayan construido verdades acerca de nosotros mismos sustentadas en mitos ilustrados, al punto de constituirse en una metaf√≠sica que constituye el ser americano. Sin embargo, siguiendo los planteamientos de Guerra (2006) y desde una perspectiva latinoamericana, podemos decir adem√°s que la cr√≠tica cultural nunca ha sido privilegio de los estudios culturales. Al contrario, en su desarrollo han evidenciado incapacidad para incorporarla, apostando por la repetici√≥n y la reproducci√≥n de dispositivos hegem√≥nicos de traspaso de saberes (desde el centro a la periferia), o aboc√°ndose al estudio de los fen√≥menos culturales desde una perspectiva emp√≠rica, en donde el lenguaje actuar√≠a como una barrera epistemol√≥gica, que impide la propuesta de nuevos modelos de comprensi√≥n de lo cultural y lo social en Latinoam√©rica. De igual manera resulta enmara√Īado entender desde los estudios poscoloniales, los que sit√ļan al colonialismo en el norte europeo y occidental, que las nuevas respuestas provengan de un espacio fuera de la estructura social dominante[3] (sobretodo si el sitio de la enunciaci√≥n de la cr√≠tica poscolonial, se ubica en occidente y bajo el alero de sus elites culturales). Este debate, en todo caso, no puede ser entendido fuera de los marcos que impone la globalizaci√≥n como principio estructurador[4]. Por lo anterior, dos autores adquieren relevancia, Enrique Dussel quien se√Īala a 1492 como el nacimiento de la Modernidad y la Falacia del Desarrollo (1994, 2000) y An√≠bal Quijano y su concepto de Colonialidad (1992, 2000).
Tambi√©n en el √°mbito latinoamericano podemos hacer referencia a Germ√°n Colmenares y su obra Convenciones contra la Cultura (2006) y el aporte de Florencia Mallon (2003) y su intento por acceder a las voces locales. Por todo lo anterior, entonces, es que estamos en condiciones de decir, que en la historia latinoamericana ha sido recurrente presentar los hechos hist√≥ricos m√°s significativos secuencialmente, de manera que lo importante no es la naturaleza cultural de los hechos ni menos sus protagonistas. La construcci√≥n lineal de este tipo de historia es aquella que prepara el escenario para el establecimiento del estado naci√≥n y su ideolog√≠a de indisolubilidad. Foucault (1992) nos se√Īal√≥ que cuando la historia se levanta al servicio de lo que sucede, es que se disuelve el an√°lisis de los acontecimientos en una continuidad lineal al movimiento teleol√≥gico o de encadenamiento natural. En este escenario cabe la posibilidad de entender la actual presencia de los pueblos ind√≠genas, como testarudeces de un sector minoritario de la sociedad chilena.
Dicho lo anterior y metodol√≥gicamente, en este art√≠culo se emplear√° uno de los instrumentos utilizados por la historiograf√≠a, espec√≠ficamente ¬ďel an√°lisis del discurso¬Ē tal como lo plantea Ar√≥stegui (2001), con el fin de desentra√Īar el significado de determinadas situaciones hist√≥ricas. El discurso, en este sentido y siguiendo a Foucault, es m√°s que un conjunto de palabras para designar cosas, ¬ďson pr√°cticas que forman sistem√°ticamente los objetos de que hablan¬Ē (1970: 78). Por lo anterior se entiende entonces, que las categor√≠as de an√°lisis con que se describe y caracteriza a lo ind√≠gena se constituyen en una estrategia de poder, que permite interpretar, representar y recrear la identidad ind√≠gena. Lo que interesa entonces es situar al historiador y su objeto de estudio a trav√©s de las circunstancias sociohist√≥ricas que sostiene su producci√≥n historiogr√°fica (White, 1992). De esta manera el lenguaje deja de ser un dispositivo neutral para convertirse en un factor que determina c√≥mo es concebida y representada la realidad y por tanto la obra hist√≥rica (White, 1992b).
Congruentemente con lo anterior, interesa interrogarse sobre quiénes elaboran estas construcciones simbólicas y sus consecuencias en la construcción de la identidad (Martínez, 1999). Entonces, y con la ayuda de Hachim (2007), es que se intenta volver a las fuentes para que emerja un saber que ha sido marginado y que cuestione las insuficiencias de la crítica. De esta forma, y con el aporte de Benjamin (2005) intentaremos dar cuenta del pasado ausente, aquel que inaugura la historia al momento de ser declarado vencido. Por ello es importante detenerse en el pasado ausente del presente y atender a los protagonistas en su afán de reparación por la violenta frustración de sus proyectos de vida. De modo que si se pone atención en aquellos hechos, discursos y relatos, que desecha la historia y sus historiadores, daremos cuenta de aquellas razones que, al entendimiento de Benjamin, se denominan como un estado permanente de excepción en la historia. Si la excepción es permanente, metodológicamente entonces es pertinente analizarla, develarla, pues el olvido ha dejado de ser un componente implícito, para convertirse en epicentro de un proyecto político en donde los indígenas no tienen cabida, el proyecto de una nación unificada y homogénea. Por tal razón entonces es necesario volver a la polémica acerca de la condición del mapuche en los inicios del siglo XXI.

III. Villalobos, su historia.
Una de las primeras medidas impulsadas por Ricardo Lagos Escobar asumido como Presidente de la Rep√ļblica fue convocar a diversos grupos sociales para que propusieran un conjunto de iniciativas a favor de los Pueblos Ind√≠genas, destacando de entre ellas la creaci√≥n de la Comisi√≥n de Verdad Hist√≥rica y Nuevo Trato. Pero la propuesta realizada por esta Comisi√≥n no s√≥lo fue recibida con escepticismo por las comunidades ind√≠genas en conflicto, sino que tambi√©n lo fue por un grupo de intelectuales que representaban los grupos m√°s conservadores y tradicionales, a quienes no les convenc√≠a el cambio de una historiograf√≠a hispanista a una en donde los indios tuvieran mayor protagonismo. Uno de estos representantes fue Sergio Villalobos, quien desde que Lagos hizo p√ļblicos sus deseos de responder a las demandas de los ind√≠genas, a d√≠as de haber asumido el gobierno, en senda carta al Mercurio de Santiago (2000) pon√≠a en duda la identidad cultural y por ende reivindicativa de los beneficiados. Lo que Villalobos hizo no es otra cosa que, en t√©rminos de Dussel (2000), descalificar las demandas de los ind√≠genas acus√°ndolas de resabios folcl√≥ricos del pasado, que intentan imponer una l√≥gica anti-moderna. As√≠ el historiador se alinea con los fundamentos de la Modernidad (Dussel, 2000) y su praxis irracional de violencia. Bajo este prisma no es particularmente complejo observar en su carta lo siguiente:
-Su posición eurocéntrica al afirmar que los conquistadores europeos son superiores a los mapuche.
-Esta superioridad obligó al conquistador a someter al indígena como exigencia moral.
-A través de la falacia desarrollista el modelo civilizatorio, impuesto violentamente por los conquistadores, es el europeo. Desconociendo el aporte de los mapuche en la conformación de la Nación chilena.
-La guerra fue la consecuencia de una guerra justa en contra del mapuche que se negó a seguir el modelo impuesto y a ceder sus territorios.
-Las víctimas de esta guerra justa son el costo inevitable (el precio a pagar) por alcanzar el desarrollo.
-La Modernidad y su guerra de conquista la presenta como inocente de la muerte de los indígenas, la culpa es mejor buscarla en ellos mismos y en su actuar. Por ello su muerte no debe ser comprendida como un crimen sino como acto expiatorio de su condición de bárbaros.
-Finalmente la condición alcanzada por el indígena justifica el dolor del proceso, por ello no es bueno volver una y otra vez sobre las huellas de sangre del pasado. El mestizo contemporáneo es mucho mejor que el araucano del siglo XVI.
Por todo lo anterior Villalobos deja ver en su carta que lo que está en juego es su comprensión acerca de un modelo económico y un sistema de denominación construido sobre la base de la idea de raza[5] y que bajo el amparo de la colonialidad del poder[6] no es otra cosa que la vetusta discusión, acerca de si los indios tenían alma o no. Así, para Villalobos, la superioridad de los hispanos se justifica en relación a los grados de humanidad del conquistador, en comparación a los grados de barbarie del mapuche. Si bien es cierto en 1537 el Papa zanjó esta cuestión declarando que los amerindios eran humanos[7], las contemporáneas descalificaciones del historiador al amparo de los medios de comunicación que ex profeso le dieron cobertura, nos permite pensar que la incapacidad de ver en el indígena un igual, está arraigada en parte de la sociedad chilena actual.
A continuaci√≥n conozcamos la carta del Premio Nacional de Historia: ¬ďEn los √ļltimos tiempos se ha hecho corriente hablar de derechos ancestrales para apoyar las demandas de los descendientes de araucanos. Sin embargo, √©sa es s√≥lo una verdad a medias, porque los antiguos ind√≠genas de la Araucan√≠a fueron protagonistas de su propia dominaci√≥n.¬Ē (Villalobos, 2000). Con esta afirmaci√≥n el historiador comenz√≥ su argumentaci√≥n cuya finalidad era desacreditar las demandas de los mapuche aduciendo que tanto los sujetos como sus supuestos derechos no exist√≠an. El causante de tal desaparici√≥n eran los propios mapuche, quienes en la din√°mica de la conquista terminaron subyugados por los bienes materiales y culturales del invasor a pesar de su lucha defensiva: ¬ďPor ese camino se produce una aproximaci√≥n a la cultura del otro y se desarrolla el mestizaje f√≠sico. El pueblo sometido cae en su propia trampa, origin√°ndose una realidad que nadie pens√≥. Es lo que ocurri√≥ y sigue ocurriendo en la Araucan√≠a¬Ē (2000). En esta din√°mica expone Villalobos los invasores tambi√©n resultan favorecidos por los bienes materiales y culturales del invadido, claro est√° que en menor medida. Toda vez que lo ofrecido por el europeo superaba enormemente a lo producido por el natural:
Cuando los guerreros araucanos vieron los caballos y se deslumbraron con las armas de acero, procuraron hacerse de ellas. El hierro les era desconocido y descubrieron su enorme utilidad; los espejos, cintas y baratijas eran novedosos y l√ļcidos; pero el aguardiente y el vino fueron la mayor tentaci√≥n, debido a su alto grado alcoh√≥lico y duraci√≥n, que los hac√≠a muy superiores a la chicha. (2000).
En este dis√≠mil intercambio de bienes lo que en un principio fueron robos con el correr del tiempo se transform√≥ en un floreciente comercio. Este contacto trajo como consecuencia otro tipo de din√°micas, que con el correr del tiempo le fue dando el car√°cter de lo que hoy conocemos, seg√ļn Villalobos, como araucano:
Inevitable fue el roce sexual, efectuado en gran escala durante las entradas del ej√©rcito, en los lavaderos de oro, en el trabajo de las encomiendas, en el contacto en estancias y puestos fronterizos y a causa de la presencia de cautivas en los levos. Tambi√©n la esclavitud de los araucanos, vigente durante parte del siglo XVII, contribuy√≥ al mestizaje e igualmente la venta de mujeres y ni√Īos practicada por los mismos naturales. (2000)
Esta situaci√≥n se repiti√≥ en toda la Araucan√≠a. La aproximaci√≥n cultural al dominador produjo un acelerado proceso de castellanizaci√≥n y adopci√≥n de la fe y la moral cat√≥lica, la justicia, la monogamia y la condena de la homosexualidad que seg√ļn el historiador era una pr√°ctica corriente: ¬ďTempranamente algunas agrupaciones comenzaron a hablar el castellano y con el correr del tiempo se generaliz√≥ su uso, aunque hubo comunidades o individuos recalcitrantes que a√ļn pueden encontrarse como curiosidad.¬Ē (2000). Como resultado de lo anterior es que la paz fue el denominador com√ļn de la vida fronteriza. Si alguien es culpable entonces de la derrota de los araucanos no es otro que los propios ind√≠genas quienes por carecer de un frente com√ļn sucumbieron ante europeos y chilenos:
Cada vez que un destacamento incursionaba en la Araucan√≠a, era acompa√Īado por grandes conjuntos de indios de las cercan√≠as del Biob√≠o que marchaban contra sus hermanos de sangre para vengar agravios, satisfacer viejos odios y entregarse al pillaje. En el bot√≠n figurar√≠an mujeres, ni√Īos y animales. Sol√≠an constituir las avanzadas, eran buenos conocedores de los pasos, conoc√≠an las triqui√Īuelas de sus rivales, ayudaban a cruzar los r√≠os, se empe√Īaban como esp√≠as, cuidaban de los caballos, procuraban agua, le√Īa y alimentos. En la lucha se mostraban feroces, activos en la persecuci√≥n e implacables para matar a los derrotados (2000).
Gracias a la decidida acción de los denominados indios amigos es que se comprende como tan pocos hispanos y criollos pudieron dar cuenta de tantos naturales. Con el tiempo los vencedores organizaron a los indios amigos quienes poco a poco comenzaron a ser parte del ejército a cambio de un sueldo. Insiste Villalobos en que los propios indígenas formaban parte del aparato de dominación del extranjero, a cambio de las ventajas de la civilización.
Es cierto que perdieron gran parte de sus tierras, empleadas fundamentalmente para la caza y la recolección, es decir, mal aprovechadas a ojos modernos; pero también es cierto que pudieron incorporarse a la producción agrícola y ganadera de mercado, intercambiando productos. Dispusieron de todo lo que aportó el europeo y el chileno: ganado vacuno, ovejuno y caballar, trigo, toda clase de árboles frutales y hortalizas, herramientas y utensilios variados, arados de acero, ropas y calzado industriales y en los tiempos actuales muchas cosas más (2000).
Que duda cabe entonces, nos dice Villalobos, que los araucanos renunciaron a sus derechos ancestrales, aceptaron la dominaci√≥n y adapt√°ndose a ella hoy miran hacia el futuro. Instalada la controversia un grupo de cinco organizaciones mapuches de la regi√≥n metropolitana, el 15 de noviembre del 2000, con el patrocinio de CONADI, demandar√≠a al Premio Nacional de Historia por considerar que sus juicios acerca de ciertas costumbres mapuche (robo, homosexualidad y venganza), eran injuriosos y tergiversaban la cultura. Casi un a√Īo m√°s tarde y ante el desinter√©s de las organizaciones por seguir prosperando en su acusaci√≥n por injurias, el 33¬ļ juzgado del crimen de Santiago dictaminar√≠a que los dichos de Villalobos por los medios de comunicaci√≥n, no representaban un menoscabo en la honra ni un descr√©dito en la condici√≥n √©tnica de los querellantes[8]. Por el contrario, el juzgado consider√≥ que lo realizado por Villalobos fue: ¬ď¬Öun an√°lisis hist√≥rico en que no se evidencia √°nimo de injurias ni animadversi√≥n en contra de un grupo social u originario alguno¬Ē, raz√≥n por la cual no se configura el delito de injurias.¬Ē (El Mercurio, 2001).
Una vez conocido el fallo el historiador se declarar√≠a conforme, pues ratifica que cualquier persona interesada en la historia puede utilizar los medios de comunicaci√≥n, para emitir juicios con absoluta libertad sobre dicha materia. A todas luces lo relatado no es s√≥lo un simple debate epistolar a trav√©s de un peri√≥dico sobre la condici√≥n de ser mapuche, lo que est√° en juego y lo que revel√≥ el contenido de las mismas, fue el avance de un sistema de pensamiento que a trav√©s de los mecanismos de inclusi√≥n y asimilaci√≥n, no es capaz de tolerar la diferencia, raz√≥n por la cual modela la historia a su inter√©s para absorber la diferencia. Lo que sucedi√≥ en el oto√Īo del 2001 no fue otra cosa que una Historiker-Streit[9] seg√ļn el historiador holand√©s Arij Ouweneel (2004) ¬ďEste no fue s√≥lo un incidente acad√©mico, limitado a la audiencia de los diarios. En cierta manera, el debate se integr√≥ a una disputa mucho mayor sobre el movimiento mapuche e incluso a la lucha en el sur de Chile¬Ē (2004: 150). Villalobos, desde esta perspectiva, lo que hace es considerar a los mapuche como un pueblo del pasado sin lugar en el presente chileno. Actitud inconfundible de quien se declara como heredero de la trayectoria occidental de la modernizaci√≥n chilena y de la asimilaci√≥n del mapuche como de su historia. En este imaginario occidente es el modelo a seguir, ya que la epistemolog√≠a global se ha reservado el derecho de que s√≥lo Europa es quien puede ofrecer las respuestas, y quienes se encuentran fuera de ella, quienes deben aceptarlas. Es as√≠ que occidente ha impuesto los est√°ndares y las etiquetas clasificatorias, colonizando el mundo con ellas. A Villalobos, entonces, se le debe exigir que haga visible el origen de los argumentos y categor√≠as que configuran su posici√≥n, es decir, reconocer que los mapuche est√°n etiquetados discursivamente desde las primeras solicitudes de su esclavitud, pasando por la conquista de la Araucan√≠a hasta los contempor√°neos esfuerzos de la administraci√≥n de Ricardo Lagos por incorporarlos al desarrollo de la naci√≥n chilena. Por lo anterior, la carta de Villalobos puede ser entendida como un indicador del fortalecimiento del modelo econ√≥mico elegido por Lagos, y sus detractores como la voz que reclama por su exclusi√≥n y la promesa que la participaci√≥n de los ind√≠genas en los mercados globales es posible bajo sus perspectivas de desarrollo. Est√° claro que √©sta no era la intenci√≥n de Villalobos al enviar su carta a El Mercurio, su intenci√≥n se revela al situar al historiador, al medio de comunicaci√≥n que lo reproduce, y a los tribunales que lo exculpan como agentes locales de un modelo que pugna por silenciar al indio y beneficiarse de sus bienes.
Para ser justos con el historiador sus aseveraciones o juicios históricos como lo llamó la justicia chilena, no son comparables con las afirmaciones de Nolte (1995) y su aseveración que el holocausto judío fue una reacción exagerada de los nazis ante los crímenes bolcheviques. Sin embargo, el historiador raya en la paráfrasis al entender que la cuestión de los araucanos es un tema del pasado.

IV. La respuesta de la otra historia posible.
Era de esperar una reacci√≥n del mundo acad√©mico la que a trav√©s del mismo El Mercurio u otros, de preferencia Internet, le hicieron saber su desacuerdo. El soci√≥logo Danilo Salcedo Vodnizza fue uno de los primeros en responder a las aseveraciones del historiador: ¬ďComo ciudadano y soci√≥logo con formaci√≥n hist√≥rica, no puedo permanecer indiferente ante las aseveraciones contenidas en el art√≠culo ¬ďAraucan√≠a: Errores Ancestrales¬Ē, del destacado historiador Sergio Villalobos, publicado en ¬ďEl Mercurio¬Ē el 14 de mayo del a√Īo en curso¬Ē (Salcedo, 2000). Lo primero que se√Īala el soci√≥logo es que no puede pasar por alto la intenci√≥n del historiador, de aseverar que la culpa de todos los males de los mapuche sean ellos mismos. Son sorprendentes adem√°s las aseveraciones con respecto a que los ind√≠genas ca√≠an rendidos al ver el acero y el agua ardiente y el vino de los conquistadores tan superior a la chicha de los nativos, toda vez que hasta el siglo XVIII no hay evidencia que los mapuches cultivaran en vi√Īas al sur del BioB√≠o los superiores mostos europeos. Claro est√° que los mapuches, a√Īos m√°s tarde, obtuvieron esa bebida alcoh√≥lica a trav√©s del trueque o el comercio. El soci√≥logo expone que le cuesta entender que quienes hablan mapudungun, poseen los rasgos f√≠sicos y observan los ritos y costumbres mapuches, no lo sean. Pese al paso del tiempo y al inevitable mestizaje en la actualidad existe un pueblo mapuche que cuenta con el reconocimiento y el respeto de la comunidad internacional. Con curiosidad Salcedo le devuelve la pregunta a Villalobos ¬ŅDonde est√°n los chilenos racialmente puros? Al hacer referencia a los errores ancestrales surge la pregunta ¬ŅCu√°les fueron estos errores? Villalobos en su carta afirma que se dejaron someter pues no presentaban un frente unido, que duda cabe que en esto √ļltimo contribuyeron los caciques asalariados. Pero al igual que la anterior pregunta surge una nueva ¬ŅCu√°les fueron los errores de los espa√Īoles y chilenos para que en la actualidad haya una etnia marginada y pobre? Pero esta pregunta no se la formula Villalobos, al parecer por ser obvia la respuesta, el despojo del que han sido v√≠ctimas. El historiador en referencia, deforma la realidad pasada y presente del pueblo mapuche al asegurar que ellos mismos formaron parte del aparato de dominaci√≥n por lo beneficios que les reportaba la civilizaci√≥n. Si lo anterior fuese cierto no se comprende la actual pobreza de los ind√≠genas. Salcedo afirma que pese a la influencia de la iglesia cat√≥lica y protestante el pueblo mapuche a√ļn mantiene una religiosidad distinta a la del conquistador, invasor y del usurpador. Cuando Villalobos argumenta que la moral cristiana impuso entre los ind√≠genas la justicia, es leg√≠timo preguntarse, nos dice Salcedo, ¬ŅDe d√≥nde provienen las fuentes o estudios que avalan tal conclusi√≥n? La misma pregunta surge al examinar su conclusi√≥n acerca de la homosexualidad de los mapuche. Que aconsejable hubiese sido que Villalobos por un instante abandonase su history ficci√≥n alimentada de la historia oficial para que en un recorrido por la Araucan√≠a constatase los supuestos beneficios de la dominaci√≥n. Contrariamente a lo expuesto por Villalobos el pueblo mapuche no ha renunciado a sus derechos ancestrales, deuda que reconocen quienes defienden el derecho de que todos los pueblos ind√≠genas merecen el respeto para que se desarrollen seg√ļn sus propios par√°metros culturales.
Por otra parte Marcos Vald√©s (2000), soci√≥logo mapuche, coincide con su colega al afirmar que los mapuche no han renunciado a sus derechos ancestrales y que √©stos permanecen vigentes en su imaginario como pueblo. Adem√°s agrega que los contenidos de su carta son de un car√°cter racista e hist√≥ricamente incorrecto (2000) para fundamentar su afirmaci√≥n se√Īala que la sugerencia de Villalobos sobre el √°rea fronteriza dominada por los hispanos, es equivocada pues dichas fuerzas no ocuparon las tierras al sur del BioB√≠o, como s√≠ lo hizo el ej√©rcito chileno a partir de 1880 y luego de demostrar su poder√≠o militar tras la Guerra del Pac√≠fico. Es precisamente en contra de este poderoso adversario que cobra mayor relevancia la resistencia del pueblo mapuche. El soci√≥logo finaliza su respuesta con una post data:
Si yo hubiera sido profesor del connotado historiador chileno y le hubiera pedido una monografía respecto de la cuestión mapuche, y me hubiera presentado el artículo suyo publicado en el Mercurio, yo lo hubiera reprobado, por poco riguroso, racista, poca capacidad crítica y escaso sentido científico . (Valdés, 2000)
Jos√© Marim√°n, cientista pol√≠tico radicado en Estados Unidos fue otro de los que reaccionaron a la carta de Villalobos, al igual que los anteriores retractores del historiador, Jos√© Marim√°n no acepta que se culpe a los mapuches de su miseria, de ser as√≠ y gracias al mestizaje que defiende Villalobos, los actuales mapuches deber√≠an mostrar grados de desarrollo en su calidad de vida iguales a los chilenos occidentalizados. Basta con ver las herramientas con que se mide la pobreza en Chile para darse cuenta que no es as√≠. Los mapuche son los m√°s pobres entre los pobres de Chile. Marim√°n adem√°s rebate las a√Īejas concepciones de Villalobos acerca de culturas modernas y atrasadas desnudando que tras dichas afirmaciones se esconde el intento del historiador por restar legitimidad a las demandas actuales de los ind√≠genas. Dicha actitud, dice Marim√°n es t√≠pica de un colonizador nacionalista que s√≥lo cree verdaderamente que su propia cultura es superior. Pero Villalobos no s√≥lo quiere deslegitimar al ind√≠gena, adem√°s se arroga el derecho de los mapuche de autodenominarse como lo estimen conveniente, olvidando que si tal denominaci√≥n es controversial, dicha controversia es el resultado de la historia de colonizaci√≥n que trastoc√≥ la suya propia (Marim√°n, 2000). El cientista pol√≠tico mapuche, concluir√° en su extensa argumentaci√≥n, que a partir del art√≠culo de Villalobos son m√°s las voces a favor del ind√≠gena que las que encontraron eco en las argumentaciones del historiador:
Finalmente, creo que el art√≠culo de Villalobos no le ha hecho un gran favor a la reputaci√≥n del intelecto y a la intelectualidad chilena. Su descripci√≥n y explicaci√≥n fantasiosa, racista y poco cient√≠fica de un tema universalmente reconocido como fundamental en nuestro mundo contempor√°neo, como bumerang se vuelve contra √©l. No ha sido la naci√≥n mapuche m√°s da√Īada con el comentario de Villalobos, de lo que √©l mismo comienza a experimentar a partir de su art√≠culo (2000).
En medio de este Historiker-Streit llam√≥ la atenci√≥n que Gonzalo Vial Correa, abogado, historiador, ex ministro de educaci√≥n durante la dictadura militar y columnista del diario La Segunda, desde donde semanalmente fustigaba las pol√≠ticas concertacionistas a favor de los mapuche, se desmarcara de las aseveraciones de Villalobos. Como historiador a Vial Correa se le puede ubicar dentro de la escuela conservadora historiogr√°fica, de gran influencia en el pa√≠s; dentro de la cual se puede nombrar a Jaime Eyzaguirre, Mario G√≥ngora, Alberto Edwards y Francisco Encina. Aunque su producci√≥n historiogr√°fica no ha sido tomada como modelo por j√≥venes historiadores como si sucedi√≥ con sus antecesores, cont√≥ con un significativo n√ļmero de adeptos y retractores, estos √ļltimos le reprocharon el ser un historiador de trinchera y de escribir historia por encargo.[10]
La muerte de Gonzalo Vial Correa nos permite analizar y debatir la vinculaci√≥n existente entre discurso historiogr√°fico y lucha pol√≠tica por el pasado, el poder que da el control de √©ste y por lo tanto, repensar (cr√≠ticamente) nuestra transici√≥n democr√°tica. Asimismo con su fallecimiento se apaga una parte de aquella vieja historiograf√≠a marcada por lo f√°ctico, narraci√≥n, erudici√≥n, la ¬ďchismograf√≠a¬Ē, una historia acr√≠tica con los grupos dominantes y poderes f√°cticos (Mons√°lvez, 2009).
Sin embargo en relaci√≥n a las propuestas de reconocimiento por parte de la administraci√≥n de Lagos se suma a las voces que reconocen como un acto de justicia tal reconocimiento. Dicha postura no deja de ser llamativa toda vez que Vial desde la tribuna que le ofrec√≠a el peri√≥dico vespertino La Segunda fue uno de los mayores detractores de las acciones de las comunidades mapuche por recuperar sus territorios a trav√©s de acciones de fuerza. Fue a trav√©s de Revista Perspectivas (Vial, 2000) del Departamento de Ingenier√≠a Industrial de la Universidad de Chile, que Vial Correa nos hace saber su posici√≥n en relaci√≥n al Pueblo Mapuche. Foerster al respecto nos dice de Vial: ¬ďUn notable art√≠culo, valiente y alejado de las ideas convencionales, del destacado historiador Gonzalo Vial nos muestra otra interpretaci√≥n de reconocimiento, en el seno del Estado chileno, y de la ¬Ďdeuda hist√≥rica.¬Ē (2001: 6). El valor de Vial radica en su reconocimiento expl√≠cito a la deuda del Estado de Chile con los ind√≠genas:
La noci√≥n de que la sociedad chilena tiene una ¬ďdeuda hist√≥rica¬Ē con los mapuches corresponde plenamente a la realidad. Al fin y al cabo, eran los originales pobladores de la tierra y fueron tratados -en forma sucesiva por el Imperio espa√Īol y por la Rep√ļblica- de una manera injusta y lesiva para su dignidad, intereses y cultura. (2000: 320)
Para comprender el origen de dicha deuda es necesario remontarse a la √©poca de la colonia y en consecuencia los deudores no pueden ser individuos sino que todos los chilenos representados a su vez por el Estado. El pago de la deuda de la sociedad chilena, cree Vial debe consistir en la entrega de tierras cultivables, acompa√Īada de capacitaci√≥n de manera que su tenencia se convierta en un medio sustentable de existencia en armon√≠a con la naturaleza. Vial cree adem√°s que es necesario resolver el tipo de propiedad de la tierra, ya que √©ste no constituir√≠a el centro del problema sino que la Cultura. El pago de la deuda hist√≥rica entonces para Vial es procurar las acciones que impidan la disoluci√≥n de la cultura mapuche. Estas acciones deben ir m√°s all√° que el conservarlas como una cosa muerta, permitir su desarrollo en concordancia con sus creencias de manera que se visualicen signos de vitalidad a trav√©s de la tierra, la lengua, la ense√Īanza biling√ľe, el arte. De no realizar dichas acciones la sociedad chilena se expone a que los ind√≠genas asuman una identidad de desarraigo que como consecuencia dirigir√° su resentimiento y frustraci√≥n en contra de la sociedad chilena, es aqu√≠ en donde reside el real problema o el verdadero temor del historiador, la violencia.
Porque el mapuche, sin que nos di√©semos cuenta, ha ido adoptando instintivamente la √ļnica pol√≠tica que pod√≠a salvarlo de nosotros: crecer, aumentar en n√ļmero de manera impresionante (¬Ö). As√≠, nuevamente, el formidable estratega ha derrotado, merecidamente al huinca. De ambos depende que la victoria num√©rica del mapuche se canalice positivamente o negativamente para el Chile de Todos. (Vial, 2000: 329)
Con este temor Vial se alinea con los sectores conservadores del pa√≠s que desde siempre han visto en el mapuche, el desorden, la ant√≠poda de la civilizaci√≥n, el b√°rbaro al cual hay que guiar por el buen y recto camino. Por ello creer que con su reconocimiento de la deuda hist√≥rica nos encontramos con un indigenista es un error. Los temores del historiador finalmente terminaron prevaleciendo por sobre el acto de justicia. Es aqu√≠ entonces que Vial asume las afirmaciones de Bengoa, cuando dice que el origen de los mapuches modernos hay que buscarlos en la nostalgia y el desarraigo en que caen sumidos, luego de ser derrotados por el ej√©rcito chileno y obligados a vivir en reducciones. ¬ďSe originan sin duda los odios primordiales¬Ē (Bengoa, 1999: 16). Si es el temor lo que motiva el reconocimiento de Vial, es este mismo temor el que clausura la posibilidad de hacer part√≠cipe al mapuche de su devenir como Pueblo
No le veo utilidad ni motivo a la autonom√≠a pol√≠tica del mapuche, s√≥lo aplicable -por lo dem√°s- al grupo minoritario que a√ļn vive de la tierra. S√≠, a la autonom√≠a o semiautonom√≠a en la gesti√≥n de su cultura y temas relacionados; en la justicia relativa a la tierra y a los conflictos intra-mapuches, y en los problemas locales. (2000: 327)
Por lo anterior y con su reconocimiento de la deuda hist√≥rica y su manifiesto temor por el resentimiento del mapuche, Vial Correa como historiador le niega al mapuche la posibilidad de la argumentaci√≥n y de una mejor comprensi√≥n de su alteridad, al entenderlo s√≥lo como el enemigo cuyo actuar es motivado por juicios y prejuicios alimentados por una historiograf√≠a en donde los ind√≠genas a√ļn no alcanzan la categor√≠a de sujeto de derechos (V√°zquez, 2008).
En este escenario Sergio Villalobos con su carta asume el rol de portavoz de un sector de la sociedad chilena, que ya sea por desconocimiento, racismos o intereses economicistas siguen viendo a los indígenas como enemigos de la sociedad, y en sus discursos es posible encontrar vigente los antiguos argumentos que justifican la Justis Belli causis apud Indos, y la contemporánea sospecha acerca de su humanidad e incapacidad de alcanzar el buen gobierno. Sin duda que al Premio Nacional de Historia no se le puede acusar de desconocimiento acerca de lo que plantea, tal vez de no comprender la retórica de los estudios subalternos, tal vez[11]. Sin embargo, sí se le puede reprochar el alinearse con los grupos de poder, que ven en los territorios ocupados por los indígenas un obstáculo a vencer en su afán por acceder a los recursos naturales, que demanda el modelo económico instaurado por la dictadura militar, matizado por los gobiernos de la Concertación y profundizados por el actual gobierno.

V. Mantener la sospecha, esa fue la consigna.
De esta manera la batalla por la sospecha acerca de la humanidad del ind√≠gena oblig√≥ a la sociedad chilena a tomar partido, no fueron pocos quienes decidieron mantener su sospecha. Estos √ļltimos aprovecharon la oportunidad para alinearse en contra de las propuestas de la administraci√≥n Lagos. Un buen ejemplo de los argumentos esgrimidos por los sectores antiind√≠genas, lo podemos encontrar en la pol√©mica en que se vio envuelto Felipe Larrain[12], al negarse a firmar el informe final de la Comisi√≥n de Verdad Hist√≥rica y Nuevo Trato. El comisionado Felipe Larrain desde la privilegiada vitrina del Centro de Estudios P√ļblicos (CEP), instituci√≥n ligada a la derecha econ√≥mica del pa√≠s, se mostr√≥ contrario a las propuestas de la Comisi√≥n por considerar que estas propend√≠an a la separaci√≥n m√°s que a la integraci√≥n, al inmovilismo m√°s que al progreso, al conflicto m√°s que a la pacificaci√≥n, a la pobreza m√°s que al desarrollo.
El texto establece una serie de propuestas de derechos colectivos, territoriales y pol√≠ticos que en suma parecen exagerados y algunos inconvenientes para esta relaci√≥n de nuevo trato. √Čstas pueden primero generar un sentimiento de expectativas frustradas (es imposible que se pueda satisfacer todo lo que se plantea); y segundo, los planteamientos vienen sin ninguna consideraci√≥n de la cantidad de recursos y efectos que ellos involucran. (Larra√≠n, 2003: 15)
Por lo que propuso pol√≠ticas que permitieran que los ind√≠genas se integraran al desarrollo de Chile con respeto a su identidad, claro est√°, una identidad ya no ligada a la tierra y sus recursos naturales, como lo planteaba el informe de la comisi√≥n. Otro acad√©mico que se sum√≥ a lo ya planteado fue Sebastian Donoso[13], profesor de derecho de la Pontificia Universidad Cat√≥lica quien desde la vitrina de El Mercurio de Santiago acusaba al gobierno de Lagos de aplicar pol√≠ticas ortodoxas que ya hab√≠an sido aplicadas en otros pa√≠ses con resultados desastrosos: ¬ďCuando juntas un √©nfasis en la transferencia de recursos p√ļblicos y un esquema de protecci√≥n de tierras tienes el caldo de cultivo para perpetuar la pobreza y dependencia¬Ē (El Mercurio, 2003). Sin embargo, sus juicios m√°s cr√≠ticos los dirigi√≥ en contra de un grupo de ind√≠genas, que desde la ortodoxia de su formaci√≥n anglosajona y sus contactos con organismos internacionales, presionan al gobierno para responder a las demandas de los ind√≠genas. Curioso esto √ļltimo toda vez que el abogado exhibe en su curriculum un post grado obtenido en London School of Economics. Otras de la voces en contra de lo propuesto por la comisi√≥n fue la del abogado Jos√© Agust√≠n Figueroa; quien como ex ministro de la administraci√≥n Aylwin, miembro del tribunal constitucional y due√Īo de varios predios en conflicto con los mapuche, aseguraba que la pol√≠tica de entrega de tierras del gobierno a los mapuches es un craso error, ya que estos no son agricultores y que la entrega de tierras incentiva la violencia. Al respecto al ser consultado por la pol√≠tica represiva de Estado y que esta recordaba la √©poca de la pacificaci√≥n, Figueroa respondi√≥ que en algunas cartas, Cornelio Saavedra se√Īal√≥ que durante la pacificaci√≥n gast√≥ m√°s en agua ardiente que en p√≥lvora, ante la insistencia del periodista en aclarar esto √ļltimo, explic√≥:
Por esa vía fue definitivamente más simple. Esto de enviciarlos también es relativo, porque los mapuches desde siempre han consumido alcohol. Tenían bebidas alcohólicas dentro de su cultura. Efectivamente, el alcoholismo estuvo muy presente y sigue muy presente en el pueblo mapuche, y es una preocupación seria. (El Mercurio, 2003)
Además planteó que la política de restitución de tierras planteada por el gobierno introducía una incertidumbre jurídica en lo referido a los títulos de dominio de las tierras demandadas:
Es un gravísimo error. Ello trae como consecuencia grandes expectativas de pretendidas reivindicaciones ancestrales. Además genera una inseguridad jurídica que es incompatible con el desarrollo económico. Si a eso se agrega, como lo postula el informe, la existencia de mecanismos de posibles expropiaciones, se puede provocar un enorme desaliento que atenta contra el desarrollo integral de la zona, que es, en definitiva, la respuesta razonable y positiva a la situación de pobreza. (El Mercurio, 2003b)
Agregando adem√°s que en la medida que el gobierno sea capaz de incorporar las tierras de los ind√≠genas en el circuito comercial, se avanzar√° en el progreso de la etnia. Manifest√°ndose finalmente contrario a la representaci√≥n parlamentaria de los ind√≠genas, pues en su comprensi√≥n esto √ļltimo romper√≠a el principio fundamental de la democracia chilena: un hombre un voto. De esta manera y al igual que en el pasado los grupos antimapuche hicieron uso privilegiado de la tribuna period√≠stica[14], que les ofrec√≠a El Mercurio y su cadena de medios regionales, con la clara intenci√≥n de poner t√©rmino a los fr√°giles e insuficientes esfuerzos de la administraci√≥n Lagos por restituir territorios demandados (Aylwin, 2006). En esta sem√°ntica en contra del ind√≠gena, la cadena period√≠stica citada cumple con el rol de configurar una realidad, en donde el mapuche es presentado como el agresor, de manera de desacreditar la demanda ind√≠gena vincul√°ndola con hechos de agitaci√≥n subversiva. En la tarea de producir discursos noticiosos en contra del ind√≠gena El Mercurio no estuvo solo. Cual caja de resonancia que aliment√≥ la l√≠nea editorial del peri√≥dico el instituto Libertad y Desarrollo a trav√©s de sus Informes Sociales, fue un activo colaborador al entregar la opini√≥n acad√©mica de cientistas sociales vinculados con la derecha empresarial del pa√≠s, una argumentaci√≥n m√°s rigurosa en t√©rminos de lograr el mismo efecto que el peri√≥dico, desacreditar la demanda ind√≠gena, recurriendo para ello al a√Īejo discurso de la inferioridad del ind√≠gena y desde su posici√≥n privilegiada, como grupo de presi√≥n al gobierno de Ricardo Lagos para que √©ste no avanzara en su compromiso de profundizar los derechos pol√≠ticos, econ√≥micos y culturales de los pueblos ind√≠genas. Conceptos que en la l√≥gica discursiva de los grupos antiind√≠genas representaban, el debilitamiento de los pilares de la naci√≥n monocultural y unitaria que defend√≠an. Pero el rol de Libertad y Desarrollo y sus cajas de resonancias ser√°n objetos de otros art√≠culos y de otras cuentas que recordar.

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[1] Además de la historia, diría yo.
[2] Usando la terminolog√≠a de Spivak entenderemos la subalternizaci√≥n como la acci√≥n de representar a otros desde una posici√≥n de poder. Desde esta posici√≥n lo que logra la historiograf√≠a, por ejemplo, no es otra cosa que el ocultamiento o el ¬ďsilenciamiento¬Ē del subalterno quien termina aplastado por un sinn√ļmero de representaciones de lo que es. O mejor dicho lo que otros dicen que es. El t√©rmino ¬ďsubalterno¬Ē procede de las Notas desde la prisi√≥n de Antonio Gramsci (1981) para referirse a las clases subalternas, especialmente al proletariado rural. El grupo de estudios subalternos de Ranajit Guha (Subaltern studies group) lo utiliz√≥ desde los a√Īos ochenta para designar las clases rurales en la India.
[3] Seg√ļn la idea del ¬ďtercer espacio¬Ē de Bhabha (1994)
[4] Ver Chakrabarty. (s.f)
[5] No me refiero en exclusivo a su significaci√≥n del siglo XVI, tampoco al concepto biologicista del siglo XIX y sus taxonom√≠as, sino a grados de humanidad de los sujetos colonizados y esclavizados en √Āfrica y Am√©rica, o mejor dicho: ¬ďse trata de una actitud caracterizada por una sospecha permanente¬Ē. (Maldonado-Torres, 2007:133.)
[6] La colonialidad se refiere a un patrón de poder que emergió como resultado del colonialismo moderno, pero que en vez de estar limitado a una relación formal de poder entre dos pueblos o naciones, más bien se refiere a la forma como el trabajo, el conocimiento, la autoridad y las relaciones intersubjetivas se articulan entre sí, a través del mercado capitalista mundial y de la idea de raza. (Quijano, 2001)
[7] Desde entonces, en las relaciones intersubjetivas y en las pr√°cticas sociales del poder, qued√≥ formada, de una parte la idea de que los no-europeos tienen una estructura biol√≥gica, no solamente diferente de la de los europeos, sino, sobre todo, perteneciente a un tipo o a un nivel ¬ďinferior¬Ē. (Quijano, 1992.: 167)
[8] Un grupo de cinco agrupaciones de recalcitrantes al conocer la carta del historiador entablaron una demanda por injurias. Demanda que el 25 de septiembre del 2001 en opini√≥n del 33 juzgado del crimen de Santiago ¬ďconsider√≥ que la reproducci√≥n de los dichos de Villalobos en los medios de comunicaci√≥n ¬ďno importan un menoscabo a la honra ni un descr√©dito de la etnia representada por los querellantes, sino a un an√°lisis hist√≥rico en que no se evidencia √°nimo de injurias ni animadversi√≥n en contra de un grupo social u originario alguno¬Ē, raz√≥n por la cual no se configura el delito de injurias¬Ē. (El Mercurio, 2001)
[9] T√©rmino utilizado en los debates p√ļblicos acerca del Holocausto Jud√≠o en Alemania durante los a√Īos 80 y cuyos mayores representantes son el historiador Ernst Nolte y el soci√≥logo J√ľrgen Habermas.
[10]. Un buen ejemplo de escribir por encargo es el texto solicitado por Ricardo Claro, Vial Correa, Gonzalo et. al (1997). Además de los textos sobre Agustín Edwards y Arturo Prat. Más sobre este punto ver; Grez Toso, Sergio y Gabriel Salazar Vergara, comp. (1999); Illanes, María Angélica (2002).
[11] A Villalobos la historia contempor√°nea le resulta incomprensible ¬ďpor las categor√≠as que se manejan y la forma de expresarse¬Ö [por] la construcci√≥n de la frase, el lenguaje para iniciado y el discurrir por lo abstracto de lo m√°s abstracto¬Ö Avanzo a raz√≥n de cuatro p√°ginas por hora y temo que el esfuerzo me deje exhausto¬Ē. Ver: Illanes, Mar√≠a Ang√©lica, et al. (1999: 271)
[12] Junto a otros investigadores del Centro de Estudios P√ļblicos y en su calidad de economista represent√≥ la voz de los empresarios al interior de la comisi√≥n. En la actualidad Larrain B. es Ministro de Hacienda del gobierno de Sebastian Pi√Īera E.
[13] Sebastian Donoso fue Coordinador de Asuntos Ind√≠genas del Ministerio Secretar√≠a General de la Presidencia del Gobierno de Sebastian Pi√Īera E.
[14] Ver Bengoa (1999); Foerster, Rolf y Jorge Vergara (2000, 2002); Saavedra, Alejandro (2002)

Por Claudio Millacura Salas. Doctor en Historia, mención Etnohistoria de la Universidad de Chile. | 21/03/2014
Fuente: http://eldesconcierto.cl/sergio-villalobos-el-debate-publico-acerca-de-la-condicion-del-mapuche/

Por Millacura Salas, C. | Fuente: Centro de Documentación Mapuche, Ñuke Mapu

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Radio JGM, con la conducción de Felix Queupul

Kalfu Folil Tai√Ī Auki√Ī - Ecos desde las ra√≠ces Azules

Azul es el principio de la vida, el infinito y el agua. En el azul es donde firma la vida y donde est√°n nuestros ancestros, nos envuelve en Wallmapu y donde habita el Wanglen, y por eso el agua brilla con polvos de estrellas?. Esc√ļchanos, haz clic aqu√≠
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2020-10-13

El 12 de octubre, Latinoamérica se viste de indígena (con orgullo)

Son muchos los países sudamericanos que han cambiado el nombre y el motivo de la festividad del conocido como Día de la Raza para olvidar la colonización y conmemorar a los caídos indígenas.
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Benetton y los mapuche


¿Qué es la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas?


Aprenda Mapunzugun, el idioma Mapuche, via Internet: comprenda el contexto sociocultural- linguístico e interétnico del Pueblo Mapuche.