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2011-08-30 | Cultura | Mapuche

Historia del cacique Pincén

INDIO BRAVO

Dec√≠a el ministro de Guerra y Marina, Adolfo Alsina, "Pinc√©n es un indio ind√≥mito y perverso, azote del oeste y norte de la provincia (y) jam√°s se someter√°, a no ser que, por un golpe de fortuna, nuestras fuerzas se apoderen de su chusma. Si esto √ļltimo no sucede, Pinc√©n se conservar√° revelde a√ļn dado el sometimiento de todas las otras tribus hostiles. Es el tipo del hijo del desierto, ind√≥mito y salvaje por placer, por costumbre y por instinto"




Archivo General de la Nación Revista VIVA - Diario Clarín 5/12/04
Se llamaba Pinc√©n. Ten√≠a 70 a√Īos cuando dej√≥ que su alma tambi√©n fuera apresada en cinco fotos tomadas poco despu√©s de su captura, en noviembre de 1878 por el fot√≥grafo italiano Antonio Pozzo, con estudio en la calle Victoria 590 (hoy Hip√≥lito Yrigoyen) esquina San Jos√©.
El 11 de noviembre de 1878, en un telegrama al nuevo ministro Julio A. Roca (Alsina había fallecido), el coronel Conrado Villegas le comunicaba su captura.
Pinc√©n fue sentado sobre un matungo ayudado por su sobrino el capitanejo Mariano Pinc√©n y con las manos atadas en la espalda con un tiento crudo, fue llevado a Trenque Lauquen, donde estaba acampado Villegas. All√≠ se desarroll√≥ la siguiente escena, que muchos a√Īos despu√©s recordar√≠a un testigo presencial, do√Īa Martina Pinc√©n de Cheuquel√©n, nieta del cacique "...Est√°bamos todos nosotros (en Trenque Lauquen) cuando vino el General (Villegas) y le habl√≥, y el abuelo dijo: ¬°No me maten! Pero despu√©s dijo: Si me van a matar, que se salve mi familia. El cacique se par√≥, alto como era, blanco, estaba vestido de gaucho; chirip√° y bota de potro, camiseta, camisa blanca.
Y lo sacaron así, con camisa y todo. Se lo llevaron. Estaban allí todos, la finada mamá, mi tía María. Se lo llevaron..."

La captura de Pincén marca el ocaso de la resistencia indígena que se inició un siglo antes, a mediados del siglo XVIII, cuando las incipientes estancias cercanas a la ciudad de Buenos Aires avanzaban sobre lo que era territorio indígena, ocupando progresivamente los campos donde los aborígenes se abastecían de ganado salvaje. Despojados de los campos y de su ganado, las comunidades comenzaron a asaltar las estancias con malones para conseguir alimento, tras lo cual los habitantes de Buenos Aires levantaron los primeros fortines, que fueron de hecho la primera frontera defendida por el Cuerpo de Blandengues, una especie de milicia formada paisanos mal armados y mal pagados.
En las d√©cadas siguientes, el desarrollo de la ganader√≠a con vistas a su exportaci√≥n desde el puerto de Buenos Aires, reaviv√≥ la urgencia por expandir la frontera m√°s all√° del l√≠mite natural que trazaba el r√≠o Salado. Y si bien en un comienzo predomin√≥ la pol√≠tica de integraci√≥n basada en tratados y negociaciones pacificas con los ind√≠genas del sur, las hambrunas y la p√©rdida progresiva de los territorios aument√≥ la virulencia de los malones ind√≠genas. Entre 1868 y 1874, durante la presidencia de Sarmiento, el Ministro de Guerra Adolfo Alsina busc√≥ frenar los ataques con el cavado de una zanja paralela a la l√≠nea de frontera, de unos 3 metros de ancho por 2 de profundidad, pero no tuvo √©xito. Su sucesor, Julio Argentino Roca, se inclin√≥ por asignar un gran presupuesto para armar un ej√©rcito que erradicara a los indios del territorio entre la frontera y el R√≠o Negro. Y la estrategia fue exitosa: el avance de cinco divisiones de 2 mil hombres, bien vestidos, comidos y armados fue incontenible. De una poblaci√≥n total ind√≠gena de unos 19 mil hombres y mujeres, la campa√Īa al Desierto cosech√≥; -5caciques principales presos (entre los que estaba Pinc√©n) y uno muerto (Baigorrita) -1.271 indios de lanza presos. -1.313 indios de lanza muertos. -10.513 indios de chusmas presos. -1.049 indios reducidos.
Es en ese contexto donde resalta la figura del cacique Pinc√©n, al frente de una tribu de no m√°s de 1.500 ind√≠genas con tolder√≠as en Toay, a unos 220 km al oeste de Guamin√≠, porque resisti√≥ hasta el final la colonizaci√≥n de sus tierras librada bajo la bandera del progreso y la civilizaci√≥n. Seg√ļn explic√≥ la investigadora Susana Rotker en su libro Las cautivas. Olvidos y memoria en la Argentina, la campa√Īa al Desierto ten√≠a m√≥viles bastantes m√°s materiales: "Entre 1822 y 1830, los Anchorena - primos de Juan Manuel de Rosas, uno de los m√°s exitosos l√≠deres de las llamadas campa√Īas del desierto- acumularon 352.000 hect√°reas de la pampa. La conquista del desierto, comandada por Roca en 1878 y 1879 agreg√≥ unos 54 millones de hect√°reas al "patrimonio nacional", que fueron entregadas en gran parte a especuladores y terratenientes, como ya era la tradici√≥n"

Misterio
¬ŅDe d√≥nde hab√≠a venido Pinc√©n? ¬ŅCu√°l era su origen? Algunos dec√≠an que hab√≠a nacido en Guamin√≠. Pero para fuentes consultadas por el historiador, diplom√°tico, periodista y acad√©mico Estanislao Zeballos, Pinc√©n era un indio nacido en Carhu√© y que hizo su fama en pr√°cticas malhabidas: creci√≥ haciendo viajes desde la pampa de Buenos Aires a los valles andinos, traficando ganado robado en la Rep√ļblica Argentina para llevarlo a Chile, "donde los indios eran recibidos como mercaderes honrados, mientras en nuestros campos dejaban marcado su paso con sangre y cenizas. En Chile les era comprada la hacienda a raz√≥n de un poncho por vaca, una botella de ca√Īa o aguardiente por yegua, como precios corrientes, sin perjuicio del negocio de prendas de plata, cuentas, armas y abalorios". Tambi√©n de acuerdo con esta versi√≥n, recreada en el libro de Zeballos, Episodios en los territorios del sur (1879). "La fama de Pinc√©n subi√≥ de grado en los pagos andinos y lograba arrastrar en sus correr√≠as y aventuras nuevos mocetones araucanos que, cediendo al esp√≠ritu aventurero y a la codicia, lo acompa√Īaban a buscar fortuna; y como la bola de nieve, la clientela de Pinc√©n aumentaba sin cesar."
En su libro Pinc√©n, mito y leyenda, el historiador Juan Jos√© Est√©vez rese√Īa varias teor√≠as contradictorias sobre el origen del cacique. Como la del historiador y antrop√≥logo Milc√≠ades alejo Vignati quien asegura que los rasgos de Pinc√©n no son los rasgos de un ind√≠gena cien por ciento. "Indudablemente hay mezcla, hay sangre india pero atenuada; casi podr√≠a asegurarse que no es fruto de primera mestizaci√≥n: es decir que uno de los abuelos ha sido el portador de la sangre ind√≠gena." O la de otro historiador; Dionisio Sch√≥o Lastra quien, en La lanza rota (1951), cuenta que las ancianas de la tribu de Pinc√©n recordaban que el cacique era hijo de una cautiva cordobesa de R√≠o Cuarto y que de ella hab√≠a heredado el ser ladino (conocer los dos idiomas y, por eso, pod√≠a precaverse m√°s que los dem√°s) y la audacia que siempre mostr√≥.
Seg√ļn Sch√≥o las ancianas contaban que Pinc√©n hab√≠a heredado el c√°racter de su madre, una cautiva blanca de R√≠o Cuarto que se enamor√≥ de un joven capitanejo que ten√≠a por vocaci√≥n el "amansar fieras", o sea, dedicado a la crianza y adistramiento de pumas americanos y que por ello dede joven lo llamaban Ayllapan (ailla=nueve, pangui=le√≥n o puma). De la uni√≥n de ambos naci√≥ Pinc√©n, quien fue un eximio cazador y adiestrador de pumas, actividad que habr√≠a aprendido de su padre.
De contextura atl√©tica y robusta, con su metro ochenta de altura, Vicente Pinc√©n se destacaba por sobre las siluetas de los dem√°s ind√≠genas. Frente a un ej√©rcito poderoso y pertrechado, su nombre comenz√≥ a ser leyenda en su juventud en la zona de Pergamino por vencer a los militares con ingenio y ferocidad. Se contaba por ejemplo la vez en que Pinc√©n y cien de los suyos volv√≠an de un mal√≥n con cerca de 4.000 potros arrebatados de las estancias del lugar. "Dieron contra un cuerpo de l√≠nea que los aguardaba pie a tierra, cerr√°ndoles con las bocas de sus armas el paso entre los ca√Īadones. Los indios, sinti√©ndose perdidos, se volvieron a mirar al cacique como requiri√©ndole que resolviera la situaci√≥n. Pinc√©n, con un golpe de vista de buitre, improvis√≥ con sus hombres una manga y lanzando por entre ella a los 4.000 potros espantados, los llev√≥ contra los soldados que resultaron pisoteados y dispersos. Pinc√©n gan√≥ el desierto sin una baja y con todo el arreo"
O cuando hacía frente a los fusiles a repetición con un arma de su invención llamada el lazo: la llevaban dos caballos unidos por un lazo y en medio de éste, suspendida, una bola grande de piedra. Se ponían al galope los caballos, que eran azuzados para que continuaran en esa ruta. La piedra golpeaba así el corazón del piquete haciendo el desparramo o impidiéndoles a los soldados tomar puntería, mientras los indios se acercaban con rapidez para ultimarlos.
En esta lucha entre indios y soldados, s√≥lo se pod√≠a vencer con el ingenio porque, a diferencia de lo que sucedi√≥ en los Estados Unidos -con los comancheros o los traficantes de armas-, en nuestras pampas los abor√≠genes no tuvieron acceso a las armas de fuego. Por el contrario, ya en 1877 -cuando se inicia la √ļltima fase de la Campa√Īa al Desierto-, el soldado bien montado y con un sable estaba notoriamente en mejores condiciones de defenderse frente a un indio con una lanza de casi tres metros o portando la llamada bola perdida o bola de combate, por m√°s diestramente que se la manejara. (El coronel Villegas sol√≠a decir que un soldado en estas condiciones equival√≠a a tres o m√°s indios.)

Ya esto había que sumar el Remington. Porque con el antiguo rifle de un solo tiro
-que le insum√≠a unos minutos al soldado volverlo a cargar- el indio sab√≠a que era el momento oportuno para irse al humo y ultimar al soldado (de ah√≠ la frase: "se me vino al humo"). Pero el Remington, un rifle a repetici√≥n, puso de una vez y para siempre a los indios en franca desventaja en el combate dej√°ndoles la huida como √ļnica salida posible.

Batallas y detención
Pero más allá de su astucia, la fama de Pincén creció por su postura ofensiva contra el gobierno de Rosas en desmedro de la postura acuerdista y sólo a veces defensiva del cacique Calfucurá.
Seg√ļn Estanislao Zeballos, "Pinc√©n pas√≥ a la historia como indio cabal, baqueano consumado, guerrero corajudo, cazador de fama, jefe montaraz, huidizo, con frecuentes cambios de habitat (...) que emerge con fuerza su se√Īera figura ofreciendo resistencia a todo intento de penetraci√≥n militar en sus dominios. (...) Se distingui√≥ siempre por su bravura y la efectiva t√°ctica de r√°pidas guerrillas para mantener atemorizados a fortineros y pobladores. Se manifest√≥ reacio a firmar tratados de paz; y cuando lo hizo, para asegurarse la entrega de raciones, abandon√≥ la actitud pac√≠fica ante el menor incumplimiento, dando muestras claras de su inveterado esp√≠ritu guerrero que de inmediato transmit√≠a a sus capitanes, para as√≠ volver a malonear, una y otra vez, en el oeste y norte de la provincia de Buenos Aires, causando muertos, incendios y pillaje (La Picaza, Jun√≠n, La mula colorada; Fort√≠n vigilancia, Colonia de Brizuela, Fort√≠n Bagual, Carlos Casares, Tapera de D√≠az, Fort√≠n Esperanza, Bah√≠a Blanca)" Entre sus mayores audacias se cuentan el robo de los famosos Blancos de Villegas, el 21 de octubre de 1877, cuando los indios se llevaron de la comandancia de Trenque Lauquen, 53 de esos caballos blancos, custodiados bajo siete llaves. Como viejos contrincantes, Pinc√©n y el coronel Villegas se ten√≠an gran respeto. fue Roca quien orden√≥ a Villegas batir a Pinc√©n en sus propios dominios y conducirlo prisionero a Buenos Aires. Y Villegas cumpl√≠√≥. el Cacique fue detenido con su familia en noviembre de 1878, cerca de la laguna Malal (noreste de La Pampa), y un mes despu√©s, arrib√≥ a la capital, para ser reclu√≠do en la Isla Mart√≠n Garc√≠a con parientes y otros de su tribu.

Muerte misteriosa
No hay datos exactos sobre su muerte. Hay quienes dicen que el cacique muri√≥ en la isla Mart√≠n Garc√≠a, en una segunda prisi√≥n tras cuatro a√Īos de libertad.
Otros aseguran que ya estando en libertad, Pinc√©n decidi√≥ morir en Guamin√≠, donde para algunos habr√≠a nacido y donde vivi√≥ en sus a√Īos mozos y que por esto parti√≥ con algunos miembros de su familia hacia Los Toldos y despu√©s hacia su morada final, a orillas de la laguna El Dorado.
Dicen que la √ļltima vez que se lo vio, all√° por 1896 √≥ 1897, el cacique juntaba ma√≠z en las chacras de San Emilio.
Dicen tambi√©n que cuando se sinti√≥ morir Pinc√©n viaj√≥ a Trenque Lauquen a despedirse de su familia. Y que su cad√°ver fue llevado por los blancos. Para otros, su cuerpo fue envuelto en cuero y arrojado a una laguna. Y Juan Jos√© Est√©vez se inclina por la versi√≥n de que alg√ļn familiar pudo haberse encargado de los restos y se hallen en custodia en alg√ļn cementerio.
Hoy Luis Eduardo Pinc√©n, tataranieto del cacique, 45 a√Īos, profesor de Ciencias Naturales y presidente de la ONG Namuntu (Estar de pie), dice que el legado de Pinc√©n es enorme porque da el marco de c√≥mo vivir y c√≥mo trabajar.
"Nosotros, los indígenas, no éramos tan malos como nos pintaban. Fuimos los primeros villeros, los primeros rebeldes por la frustración que sentimos al ser desalojados de nuestra cultura e incluidos en una sociedad que sólo nos acepta en los estratos más bajos."
Por esto hoy Luis Eduardo Pinc√©n libra una lucha diaria y pac√≠fica con el objetivo de que todos los ind√≠genas que viven en la Argentina recuperen su dignidad. "Porque para nosotros el hombre est√° integrado al universo: el nehu√©n, o la energ√≠a espiritual del hombre, es uno m√°s con el nehu√©n del agua, el del viento, del guanaco y del √Īand√ļ. Y nuestro esp√≠ritu, nuestro kempeu, es uno solo y sufre mientras haya un descendiente que est√° perdido y revive cuando hay un descendiente que pelea por su gente."

Texto Claudia Selser

Fuente: Foro Escandinavo por los Derechos de los Pueblos IndŪgenas

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