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2009-09-30 | Comunidades | Mapuche

La violencia colonial en Wallmapu

Frente a las provocaciones de la derecha y a la violencia del Estado, el movimiento mapuche debe responder políticamente.


Martes, Noviembre 10, 2009
Frente a las provocaciones de la derecha y a la violencia del Estado, el movimiento mapuche debe responder pol√≠ticamente. En nuestra condici√≥n actual de naci√≥n oprimida y colonizada, los mapuche carecemos del poder econ√≥mico y la fuerza militar que si poseen quienes nos oprimen y explotan. Pero s√≠ podemos, en el terreno pol√≠tico, crear correlaciones de fuerza favorables a nuestros objetivos nacionales¬Ē.

Los cuatro a√Īos de gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet se terminan con el Wallmapu en una espiral de violencia colonial que golpea de lleno a nuestro pueblo. La muerte de nuestros j√≥venes, cobardemente asesinados por Carabineros de Chile; los traumatismos de nuestros ni√Īos, algunos de ellos incluso tiroteados con perdigones; las brutalidades contra nuestros ancianos, nuestros longko y machi, golpeados y humillados en los continuos allanamientos de nuestras comunidades por parte de efectivos del Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE), son la respuesta del Gobierno a las hist√≥ricas reivindicaciones de nuestro pueblo.

Frente a las movilizaciones por la recuperaci√≥n de tierras que leg√≠timamente son nuestras, el Estado chileno ha optado por la represi√≥n, militarizando una vasta zona del Pa√≠s Mapuche. La estrategia es la intimidaci√≥n, doblegar la voluntad, paralizar por miedo. La t√°ctica son los allanamientos violentos contra las comunidades y hogares estudiantiles: se trata, en estos cuatro a√Īos, de cientos de allanamientos; algunas comunidades, como Temukuykuy, victimas de un estado de sitio permanente. El m√©todo es el ataque con tropas de choque, que equipadas con armas de guerra irrumpen brutalmente y en medio de insultos racistas golpean a las personas y destruyen sus casas. El costo humano para nuestro pueblo son cientos de heridos, muchos a bala o perdig√≥n, algunos con secuelas f√≠sicas graves de por vida, y cientos de detenidos entre hombres, mujeres, ni√Īos y ancianos, todos maltratados y fichados como delincuentes.

Estamos aqu√≠ ante operaciones punitivas colectivas ¬Ėpues la acci√≥n represiva no est√° dirigida contra una persona en particular sino contra la poblaci√≥n de la reducci√≥n o los estudiantes del hogar en su conjunto¬Ė que se inscriben en una estrategia de intimidaci√≥n dirigida contra todo el pueblo mapuche. Operaciones de este tipo fueron practicadas por la Dictadura, cuando tropas del Ej√©rcito tomaban por asalto poblaciones enteras como fue el caso de La Pincoya o La Victoria. El m√©todo de la punici√≥n colectiva es empleado hoy por el r√©gimen chino contra tibetanos y uigures, por Turqu√≠a contra los kurdos o por Israel contra los palestinos; en el pasado lo us√≥ la Francia colonial en Argelia e Inglaterra en Irlanda, tambi√©n el Estado espa√Īol contra los vascos y, desde luego, Chile y Argentina durante la ¬ęPacificaci√≥n de la Araucan√≠a¬Ľ y la ¬ęCampa√Īa del Desierto¬Ľ, respectivamente. A lo largo de la historia ha sido siempre parte del arsenal represivo de los reg√≠menes coloniales o de opresi√≥n nacional.

Carabineros es en Wallmapu una fuerza de ocupaci√≥n y se comporta como tal; a ninguna categor√≠a de la poblaci√≥n chilena da el Estado el trato reservado a los mapuche. Las im√°genes filmadas por Canal 13 el pasado 16 de octubre, que muestran c√≥mo elementos del GOPE agreden salvajemente en la comisar√≠a de Ercilla a nuestro pe√Īi Carlos Kurinaw, hijo del longko de la comunidad Wa√Īako Millaw, permiten hacerse una idea del comportamiento de esta tropa cuando opera al interior de las comunidades, lejos adem√°s de las c√°maras de la televisi√≥n y los profesionales de la prensa. La violencia es tambi√©n el hostigamiento policial, que en un contexto colonial es siempre racista. Una ilustraci√≥n es la detenci√≥n abusiva, el 3 de abril de 2008, de nuestro pe√Īi Waykilaf Kadin cuando sal√≠a de la Intendencia Regional, filmada por un equipo de Canal 2 de Temuko presente en el lugar. La prepotencia policial fue tal que provoc√≥ la indignaci√≥n del p√ļblico presente, as√≠ como los comentarios escandalizados de un periodista del canal que cubr√≠a el hecho. Aqu√≠ la derecha no habla de vej√°menes ni abusos policiales, por el contrario, guarda hip√≥crita silencio.

De la misma impunidad benefician los jefes policiales responsables del montaje destinado a encubrir el asesinato del pe√Īi Jaime Mendoza Kollio. Qued√≥ demostrado que las fuerzas represivas fabricaron pruebas y mintieron; m√°s all√° de un discreto y expedito traslado ¬Ėen la misma funci√≥n¬Ė a Magallanes del entonces Jefe de la IX Zona de Carabineros, Cristian Ll√©venes, ¬Ņcu√°les son las sanciones que el Gobierno prev√© aplicar ante hechos de tal gravedad, comunes durante la pasada dictadura pero inaceptables en una democracia? ¬ŅQu√© garant√≠a puede haber as√≠ de que se haga justicia y se castigue a los responsables de los asesinatos de Alex Lemun y Mat√≠as Katrileo, cuando sus casos radican en la justicia militar? En un verdadero Estado de derecho democr√°tico los cr√≠menes de militares contra civiles son competencia de la justicia penal ordinaria. No es el caso en un pa√≠s como Chile, con una Constituci√≥n heredada de la dictadura y con poderes f√°cticos que han secuestrado por d√©cadas la soberan√≠a popular.

La represi√≥n policial va acompa√Īada, l√≥gicamente, de la represi√≥n judicial. E incluso del ensa√Īamiento judicial, cuando se trata de dar satisfacci√≥n a los poderosos: la condena el 2003 a cinco a√Īos de c√°rcel por ¬ęamenaza terrorista¬Ľ de los longko Pascual Pichun y Aniceto Norin, ilustra bien la parcialidad de la justicia. Reclamada por Agust√≠n Figueroa, latifundista en Wallmapu, miembro de la Corte Suprema y ex ministro del Presidente Patricio Aylwin, la condena la consigi√≥ en un segundo juicio, luego que un primer juicio absolviera a los longko. Se trata de juicios pol√≠ticos, dirigidos contra militantes a quienes se les aplica la Ley de Seguridad Interior del Estado y la Ley Antiterrorista. El uso de una legislaci√≥n de excepci√≥n por parte del Estado es criticado no s√≥lo en Chile sino tambi√©n por importantes organismos internacionales de Derechos Humanos. Ya en 2003 el informe elaborado por el Relator Especial sobre la situaci√≥n de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales de los ind√≠genas, Rodolfo Stavenhagen, del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, instaba al Gobierno a renunciar a su utilizaci√≥n por ser desproporcionada. En 2009, el nuevo Relator Especial James Anaya, en un segundo informe sobre la situaci√≥n vuelve a insistir en el mismo sentido.

El responsable político de la represión contra nuestro pueblo es naturalmente el Gobierno de Chile, que no ha estado a la altura del conflicto en Wallmapu. Más aun, que no quiere ver su naturaleza política ni sus raíces históricas, criminalizando las movilizaciones y encarcelando nuestros hermanos. En vez de examinar el problema en toda su magnitud y complejidad y abordar las causas de fondo y buscarle solución, el Gobierno se ha comportado como simple sirviente de la CORMA, la SOFO y los latifundistas. Ha invertido cientos de miles de dólares para la protección de latifundistas y plantaciones forestales; otros cientos de miles son invertidos para el equipamiento de las fuerzas represivas utilizadas contra los mapuche. Todo un despliegue de medios y recursos por parte del Estado para resguardar los privilegios de los poderosos y reprimir a nuestra gente de las reducciones.


Una historia de violencia colonial

La violencia en Wallmapu no la instal√≥ el pueblo mapuche sino el Estado chileno, y se inici√≥ con la invasi√≥n chilena a nuestro territorio independiente en la segunda mitad del siglo XIX. Como toda guerra de ocupaci√≥n, la conquista chilena fue cruenta. A medida que avanzaba la ocupaci√≥n desde el norte, la limpieza √©tnica mediante masacres de poblaciones indefensas, el saqueo del ganado (o la matanza del que no se pod√≠an llevar los soldados chilenos y sus auxiliares), sin olvidar el robo de miles de joyas de plata, el incendio de las casas y la destrucci√≥n de los sembrados, empujaba a la poblaci√≥n sobreviviente hacia el sur. Miles de guerreros muertos defendiendo el Pa√≠s Mapuche y la independencia, ni√Īos, mujeres y ancianos indefensos masacrados, la ¬ęPacificaci√≥n de la Araucan√≠a¬Ľ signific√≥ una enorme sangr√≠a demogr√°fica para nuestro pueblo. La derrota militar en ambos lados de la Cordillera de los Andes tuvo como consecuencia la divisi√≥n de nuestra naci√≥n por dos Estados, la expoliaci√≥n territorial, la destrucci√≥n de la base econ√≥mica ganadera y comercial y el debilitamiento de la estructura social. Pasamos de ser un pueblo soberano en nuestro propio pa√≠s a la condici√≥n de pueblo subordinado y colonizado. ¬°Ello si que fue violencia!

Con el objeto de liberar tierras para la colonización, el gobierno chileno promulga en 1866 la llamada Ley de Radicación. Esta ley, que preveía la concentración de la población mapuche en reducciones, no pudo ser aplicada hasta el término de la guerra de ocupación, en 1883. A partir de esa fecha y hasta 1929 el Estado creó unas 3.000 reducciones, otorgando Títulos de Merced sobre 500.000 hectáreas de tierras solamente. Esta superficie es claramente insuficiente; hay que considerar que corresponden sólo al diez por ciento del territorio mapuche independiente anterior de la invasión chilena. Por sí solas, estas cifras ilustran la magnitud del despojo, que no hubiera sido posible sin el sometimiento por la fuerza de nuestro pueblo. No somos un pueblo pobre sino empobrecido. La pobreza mapuche actual se explica por ese acto de despojo por parte del Estado chileno. Esta se agravó con la usurpación por colonos y latifundistas de parte importante de las tierras que el Estado había dejado, de acuerdo a su propia legalidad, como propiedad de las reducciones mapuche. Víctima de la usurpación, de la discriminación y violencia, nuestro pueblo no encontró tampoco amparo en la policía ni en la Justicia, corrompidas y coludidas con los asesinos y usurpadores.

El movimiento mapuche nació en un clima de violencia colonial en el País Mapuche igual o peor al que se vive hoy. Las dos principales organizaciones de los orígenes del movimiento, la Sociedad Caupolican Defensora de la Araucanía, fundada en 1910, y la Sociedad Mapuche de Protección Mutua fundada en 1916 ( transformada a partir de 1921 en Federación Araucana) son creadas cuando colonos y latifundistas marcaban al hierro candente a nuestros abuelos, les quemaban sus casas y los asesinaban para apropiarse de sus tierras, cuando la policía al servicio de los poderosos los perseguían y mataban pretextando combatir el cuatrerismo y la delincuencia. Tal como en la actualidad, la violencia colonial se legitimaba criminalizando al colonizado. Pese a ello, durante las siguientes décadas nuestras organizaciones bregaron por recuperar las tierras usurpadas y elaboraron distintas demandas que a la base exigían dignidad y respeto, tan elemental como eso. Lo hicieron en la calle y en los campos, en las urnas y en el Parlamento.

A fines de los a√Īos 60¬í y principios de los 70¬í gran cantidad de comunidades se lanzaron a recuperar sus tierras en masivas movilizaciones. Pese al clima de la √©poca ning√ļn latifundista fue muerto por manos mapuche, pero si hermanos nuestros por latifundistas; es el caso del pe√Īi Mois√©s Wentelaf, asesinado en 1971 en el Fundo Cheske, cuando contaba con s√≥lo 24 a√Īos. Con el golpe de Estado militar de 1973 nuestro pueblo sufri√≥ cientos de detenidos, muertos y desaparecidos. En 1984, en plena dictadura militar, muere el pe√Īi Manuel Melin, egresado de Pedag√≥gia B√°sica y militante de Ad Mapu, tambi√©n de 24 a√Īos. El certificado de defunci√≥n consign√≥ ¬ęfallecimiento por inmersi√≥n¬Ľ. Sin embargo, d√≠as despu√©s la ACHA (Acci√≥n Chilena Anticomunista) deposit√≥ una corona y una tarjeta en la entrada del local de Ad Mapu en Temuko. La tarjeta dec√≠a: ¬ęAmigo de Ad Mapu, la muerte de Manuel te ense√Īa¬Ľ. Pese a estos golpes, las torturas y los asesinatos, nuestro pueblo no ha renunciado ni renunciar√° jam√°s a su derechos. Cien a√Īos como movimiento dan cuenta de ello, de una lucha justa, de un pueblo digno y orgulloso.

La injusticia y la violencia

Se pretende responsabilizar a nuestro pueblo de la violencia actual. Es m√°s, se intenta mostrarnos como un pueblo violento y belicoso. Pero hoy como ayer son nuestros los muertos, los encarcelados y los heridos. Ning√ļn usurpador ha muerto o ha pagado con c√°rcel por sus robos; ninguna autoridad pol√≠tica o policial ha sido juzgada por los cr√≠menes y la represi√≥n contra nuestro pueblo. La primera violencia, la verdadera violencia, es la dominaci√≥n colonial. Se pretende que soportemos con infinita paciencia los golpes, las humillaciones y los asesinatos, que nos conformemos con asistencialismo y programas de superaci√≥n de la pobreza. Pero, ¬Ņse puede ser paciente cuando se sobrevive en reducciones que son verdaderas villas miserias rurales, mientras al lado hay fundos que prosperan en tierras que nos han sido usurpadas? ¬ŅNo es acaso una violencia, una injusticia insoportable que unas cuantas empresas forestales instaladas en gran parte del Wallmapu posean entre ellas m√°s de un mill√≥n y medio de hect√°reas, m√°s que todos los mapuche juntos? ¬ŅDebemos aceptar, adem√°s, que estas forestales prosigan su expansi√≥n a costa nuestra, acosando y ahogando a nuestras comunidades? ¬ŅQu√© mayor humillaci√≥n ¬Ėpor √ļltimo¬Ė que la de tener que soportar la presencia en nuestro propio suelo, controlando las v√≠as de acceso a nuestras comunidades, de los guardias de seguridad de estas mismas forestales, milicias de matones que provocan y acosan a nuestra gente?

Los latifundios y las empresas forestales son las dos principales fuentes de conflicto en Wallmapu, y no las comunidades. Hay conflicto porque hay tierras expoliadas, y no somos nosotros los mapuche quienes corrimos por la fuerza a los wingka, asesinando y robando para quedarnos con sus tierras. Las recuperaciones de nuestras tierras son por lo tanto actos leg√≠timos: una cosa es la legalidad en la que se amparan los usurpadores y las autoridades pol√≠ticas, y otra la legitimidad que tenemos como pueblo para recuperar lo que nos fue expoliado por la fuerza y la violencia. El modelo econ√≥mico neoliberal que el Estado chileno impone al Wallmapu nos arrincona como pueblo, deforma nuestro territorio y provoca graves problemas medioambientales. Es injusto que sea nuestro territorio el que se vea expuestos a pol√≠ticas energ√©ticas, como la construcci√≥n de represas, que benefician principalmente al desarrollo de Santiago y en particular las actividades productivas de los grandes empresarios. ¬ŅNo constituye acaso una situaci√≥n violenta que el Wallmapu posea los m√°s altos √≠ndices de pobreza?

La agudización de la violencia

Frente a las provocaciones de la derecha y a la violencia del Estado, el movimiento mapuche debe responder pol√≠ticamente. En nuestra condici√≥n actual de naci√≥n oprimida y colonizada, los mapuche carecemos del poder econ√≥mico y la fuerza militar que si poseen quienes nos oprimen y explotan. Pero s√≠ podemos, en el terreno pol√≠tico, crear correlaciones de fuerza favorables a nuestros objetivos nacionales; la gran simpat√≠a que tiene nuestra lucha en amplios sectores deber√° cristalizar pol√≠ticamente. Sabemos que se trata de una lucha de largo aliento, de un proceso prolongado y dif√≠cil de acumulaci√≥n de fuerza pol√≠tica propia en funci√≥n de un proyecto nacional incluyente y liberador. Pero es la √ļnica v√≠a posible: la liberaci√≥n nacional mapuche, la construcci√≥n de un Wallmapu aut√≥nomo y democr√°tico ser√°n la obra del pueblo mapuche en su conjunto y no de una ¬ęvanguardia necesaria¬Ľ autoproclamada. En pol√≠tica, los caminos que parecen m√°s cortos y directos suelen ser a menudo callejones sin salida. La nuestra es una lucha social, pol√≠tica, de masas o simplemente no lo es.

Para un movimiento nacional que debe desarrollarse en condiciones dif√≠ciles, para un pueblo que la colonizaci√≥n ha minorizado en su propio territorio y empobrecido materialmente, que la dominaci√≥n chilena ha fragilizado como nacionalidad, con la marginalizaci√≥n del mapuzugun y la folklorizaci√≥n de nuestra cultura, la agudizaci√≥n de la violencia tendr√≠a graves consecuencias. La estrategia consistente en ¬ęagudizar las contradicciones¬Ľ en un contexto de debilidad estructural puede llevar al bloqueo definitivo de un proyecto nacional. Para el movimiento mapuche no tiene ning√ļn sentido agudizar la violencia en un conflicto que s√≥lo puede tener soluciones pol√≠ticas, y cuando adem√°s el costo humano lo paga nuestro pueblo. Las proclamaciones exaltadas, la virulencia verbal, los discursos y la fraseolog√≠a seudo revolucionaria y militarista s√≥lo sirven para ocultar la ausencia de un proyecto pol√≠tico y nacional coherente. ¬ŅEs un camino enviar ¬ęal frente¬Ľ, contra fuerzas equipadas con armas de guerra y absoluta impunidad en su actuar, a comuneros mapuches desarmados? Bajo ning√ļn punto de vista. ¬ŅQu√© cultura pol√≠tica es aquella que legitima con el culto cristiano a los ¬ęm√°rtires¬Ľ el crimen de j√≥venes apenas salidos de la adolescencia? Claramente no aquella que hemos heredado de nuestros ancestros.

El escenario de violencia desatada s√≥lo sirve a los fines de aquellos que no quieren una soluci√≥n pol√≠tica realmente nacional en Wallmapu, de quienes quieren resolver el conflicto pol√≠tico por medio del sometimiento violento: por un lado los latifundistas y empresarios que fundan sus riqueza y privilegios en el saqueo de nuestro pueblo, por otro los sectores duros del Estado, partidarios de mayor represi√≥n. Es en este contexto que hay que situar las denuncias de personeros de derecha, tendientes a vincular la lucha de nuestro pueblo con grupos como las FARC y la ETA. Y es tambi√©n en este contexto que debemos situar un supuesto comunicado mapuche, donde los firmantes declaran la ¬ęguerra al Estado¬Ľ y hacen un llamado a las comunidades ¬ęa seguir la misma senda¬Ľ. Que se trate del delirio irresponsable de un grupo desconectado de la realidad o de la manipulaci√≥n de los servicios de inteligencia chilenos, esta ¬ędeclaraci√≥n de guerra¬Ľ en nada contribuye a la lucha hist√≥rica de nuestro pueblo.

La escalada verbal que acompa√Īa la escalada de la violencia policial permite a los sectores m√°s violentistas del Estado justificar la represi√≥n y a la derecha desviar la atenci√≥n de los verdaderos grupos armados y terroristas que existen en Wallmapu: Por un lado el Comando Trizano, banda paramilitar de latifundistas que ha anunciado p√ļblicamente sus intenciones criminales y donde hasta la fecha ninguno de sus miembros ha sido detenido ni ha debido responder ante la justicia; y por otro, el Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE), fuerza de elite de Carabineros de Chile, responsable del asesinato de Jaime Mendoza Collio y del baleo indiscriminado de ni√Īos y ni√Īas mapuches al interior de las reducciones. En este √ļltimo caso, por tratarse de una instituci√≥n armada cuyo mandato es gubernamental, podemos hablar de la existencia en Wallmapu de un verdadero escenario de terrorismo de Estado.

Nuestro pueblo tiene derecho a defenderse y a rebelarse. Pero debe usar esa energ√≠a para la construcci√≥n pol√≠tica nacional. Nuestra lucha de liberaci√≥n tiene legitimidad hist√≥rica y moral; las concepciones modernas del derecho no pueden m√°s que reafirmar nuestro car√°cter de pueblo con derecho a la autodeterminaci√≥n. Son hoy otros factores, sobre todo pol√≠ticos y econ√≥micos, que impiden su real ejercicio en Wallmapu. Depende de nosotros, de todo el pueblo mapuche, que ello alg√ļn d√≠a sea pol√≠ticamente posible.

Próximo gobierno: soluciones políticas o violencia

El Gobierno que asumir√° en marzo, cualquiera que sea, debe tener claro que sin la voluntad del Estado de devolver las tierras reclamadas por las comunidades y avanzar en un mayor est√°ndar de reconocimiento de nuestros derechos nacionales, las movilizaciones de nuestro pueblo continuar√°n. Si el pr√≥ximo Gobierno decide proseguir la pol√≠tica represiva de sus predecesores, lo √ļnico que provocar√° con ello es una agudizaci√≥n del conflicto. Si esa fuera su voluntad, debe saber que la violencia no intimidar√° a nuestro pueblo. No lo hizo en el pasado ni lo har√° en el futuro. Trataron de aniquilarnos y somos un pueblo m√°s vivo que nunca. Han tratado de humillarnos y hoy somos m√°s orgullosos de nuestro origen. Lo demuestran a diario las nuevas generaciones. Lo grafican a diario cientos, miles de mapuches que en diversos espacios, en diversas trincheras del quehacer pol√≠tico, social, econ√≥mico y cultural de nuestro pueblo, se organizan y toman conciencia de su negada identidad nacional.

Pero el pr√≥ximo Gobierno tiene tambi√©n la posibilidad de renunciar al uso de la violencia frente a nuestras reivindicaciones y buscar, a trav√©s de la negociaci√≥n pol√≠tica, soluciones que hagan justicia a nuestro pueblo. La actual pol√≠tica represiva arrastra al Wallmapu a un conflicto que ser√° tan largo como in√ļtil, pues al final el Estado tendr√° de todas maneras que buscar soluciones pol√≠ticas. El Estado puede y debe cambiar de pol√≠tica, asumiendo que la √ļnica soluci√≥n no s√≥lo justa sino adem√°s eficaz para resolver el escenario actual de conflicto es la devoluci√≥n de las tierras usurpadas y expoliadas, hoy en manos de los latifundistas y empresas forestales. Si quienes asumir√°n el gobierno del Estado dentro de cuatro meses tienen la voluntad pol√≠tica de resolver los conflictos territoriales mediante la negociaci√≥n, √©sta deber√° centrarse necesariamente en dos temas fundamentales:

— La compra masiva por el Estado de tierras actualmente en manos de empresas forestales y de latifundistas para su devolución a los diferentes lof que las reclaman. El Estado dispone de los recursos financieros para hacerlo y le corresponde hacerlo, pues cuando no fue él quien nos expolió directamente de nuestras tierras para entregarla a colonos y latifundistas, fue él quien avaló a través de su sistema judicial dichas usurpaciones.

— El abandono por el Estado chileno de la política represiva en Wallmapu. Ello implica el retiro del GOPE del País Mapuche, la desmilitarización de las zonas en conflicto, renunciar el Gobierno a la aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado y de la Ley Antiterrorista, y la liberación y amnistía de los presos políticos mapuche, recluidos hoy en diversas cárceles chilenas.

La viabilidad de un acuerdo político de estas características no dependerá de la buena voluntad del gobierno. Dependerá, en definitiva, de nuestra propia capacidad para acumular fuerza política y social y transformarnos así en actores de primer orden. Hoy, con un movimiento mapuche dividido frente al Estado, con un movimiento nacional débil política y orgánicamente, sin real capacidad de tomar la iniciativa frente al Estado, es difícil que esto ocurra. Es por ello que reafirmamos que en las actuales condiciones, tanto el diálogo político como la negociación no son caminos transitables de buenas a primeras. Hoy la correlación de fuerzas es absolutamente desfavorable para nuestro pueblo y asumirlo, más que una derrota, constituye un ferviente llamado a la acción. En la actual coyuntura que enfrentamos, es deber de cada sector mapuche trabajar por afianzar embriones de organización y poder político propio. Ello en cada territorio, en cada lof, en cada población, en cada gremio profesional, en cada junta de vecinos, comité de vivienda e inclusive club social o deportivo. Trabajar diariamente por construir País Mapuche, allí donde estemos y bajo el soporte organizacional que mejor nos represente.

En tiempos de violencia colonial, la respuesta de quienes componemos el movimiento mapuche no puede ser el sectarismo o el ego√≠smo pol√≠tico. Propiciar instancias de di√°logo interno, fortalecer alianzas, restablecer confianzas entre las organizaciones mapuche se yergue hoy como una responsabilidad de todos y todas. No es una organizaci√≥n o comunidad en particular quien sufre hoy la violencia colonial: es nuestro Pueblo en su conjunto. Tampoco puede ser nuestra respuesta a la coyuntura el radicalismo √©tnico, graficado en irresponsables llamados a la confrontaci√≥n con los ¬ęchilenos¬Ľ. Wallmapuwen, en tanto colectividad nacionalista, reivindica el Wallmapu como hogar nacional de los mapuche. Sin embargo, dicha aspiraci√≥n no es excluyente de la poblaci√≥n chilena, que sufre como nosotros las consecuencias de un modelo excluyente y profundamente antidemocr√°tico. Ser capaces de hermanar nuestras justas reclamaciones hist√≥ricas con el sentir de una mayor√≠a regional no solo es una necesidad estrat√©gica: constituye un mandato democr√°tico.

He aqu√≠ la √ļnica garant√≠a que el dolor y la rabia del presente, y que nuestros ni√Īos baleados sienten dolorosamente en la piel, pueda aminorar en el futuro.

Fuente: Wallmapuwen

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2020-02-25

Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO

Colecci√≥n Antolog√≠as del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribe√Īo

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2020-02-25

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)

El Correo de la UNESCO

Disponible en l√≠nea desde marzo de 2006, El Correo se adapta a las necesidades de sus lectores diseminados por el mundo entero: su publicaci√≥n electr√≥nica en formato PDF, en las seis lenguas oficiales de la Organizaci√≥n (√°rabe, chino, espa√Īol, franc√©s, ingl√©s y ruso), as√≠ como en esperanto y en portugu√©s, va acompa√Īada de una edici√≥n impresa con un n√ļmero de ejemplares reducido. Descarga los √ļltimos n√ļmeros -->
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2020-02-26

Russell Means

Por qué no soy ni capitalista, ni marxista

¬ďLa √ļnica forma posible de comenzar un discurso de este tipo es afirmar que detesto escribir. El proceso en s√≠ mismo representa el concepto europeo de pensamiento ¬ďleg√≠timo¬Ē. Lo que est√° escrito tiene una importancia que se le niega a lo hablado. Mi cultura, la cultura Lakota, cuenta con una tradici√≥n oral, por lo que normalmente rechazo imposici√≥n de una abstracci√≥n sobre la relaci√≥n oral de un pueblo.la escritura. Es uno de los caminos del mundo blanco para la destrucci√≥n de las culturas de los pueblos no europeos, la
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2020-10-13

El 12 de octubre, Latinoamérica se viste de indígena (con orgullo)

Son muchos los países sudamericanos que han cambiado el nombre y el motivo de la festividad del conocido como Día de la Raza para olvidar la colonización y conmemorar a los caídos indígenas.
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Benetton y los mapuche


¿Qué es la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas?


Aprenda Mapunzugun, el idioma Mapuche, via Internet: comprenda el contexto sociocultural- linguístico e interétnico del Pueblo Mapuche.