Centro de Documentación Mapuche Documentation Center
  Portada | Nosotros | Enlaces |   translate
 

Secciones

Noticias
Antecedentes
Comunidades
Campa√ɬĪas
Indoamérica
Cultura
Libros Ñuke Mapu
Documentos de Trabajo
Sobre
Opinión
Biblioteca


Archivos

Archivo 1997-2009


2010-03-07 | Antecedentes | -

Completa radiografía de las localidades costeras de las regiones del Maule y del Biobío

Tsunami: la historia no contada

En la mayor√ɬ≠a de los pueblos nadie avis√ɬ≥ del maremoto. Los lugare√ɬĪos corrieron hacia las zonas altas, pero nadie sabe qu√ɬ© ha pasado con los turistas que visitaban cada una de las localidades. Los rescatistas hablan de miles de muertos. Pueblos perdidos de la costa recibieron ayuda bien entrada la semana. Es la historia de horror de las personas que estuvieron en la costa de la S√ɬ©ptima y de la Octava Regi√ɬ≥n la madrugada del 27 de febrero.
IGNACIO BAZ√ɬĀN y CARLOS SALDIVIA




Talcahuano Jueves 4 de marzo Foto:REUTERS
Raquel Salas, una due√ɬĪa de casa de la peque√ɬĪa caleta de Tubul, en la VIII Regi√ɬ≥n, habla mientras pisa una alfombra de barro. A sus espaldas, un carrobomba destruido como tel√ɬ≥n. Su voz delata impotencia. La ma√ɬĪana del jueves sale a recolectar los pocos choros que quedaron en la orilla de la playa de su devastado pueblo para comer. Han transcurrido cinco d√ɬ≠as del tsunami que afect√ɬ≥ las costas de las regiones s√ɬ©ptima y octava, y Tubul est√ɬ° m√ɬ°s aislado que nunca. Un camino costero cortado, militares que no se hicieron presentes hasta el mi√ɬ©rcoles y v√ɬ≠veres que reci√ɬ©n llegan... son parte del desolador panorama.

Es la historia de Raquel, la de su familia, y la un pueblo de 2.000 personas en la que se perdieron 3 de cada 4 casas para siempre. La inmensa ola que desdibujó el mapa de un Tubul que tanto les costó construir, fue sólo el principio de sus problemas.

El hambre, el fr√ɬ≠o, el miedo y la paranoia se apoderaron del villorrio en el momento en que la primera ola asol√ɬ≥ sus costas a eso de las 5:45 de la ma√ɬĪana, seg√ɬļn recuerdan los pobladores. Luego vinieron dos m√ɬ°s, con 45 minutos de diferencia. Los vecinos escuchaban a lo lejos c√ɬ≥mo su apacible vida en el verde sur era triturada por el agua. Los botes, los techos de las casas, los pocos autos, sonaban como una juguera infernal.

"Empezaron días de inseguridad y soledad", dice Marta Salazar, presidenta de una de las juntas de vecinos de Tubul. "De todo lo que vivimos, sólo nos queda agradecer que estemos todos vivos. Jamás sonó una alarma, pero nosotros arrancamos hacia el cerro de inmediato, apenas fue el terremoto".

A pocos kilómetros de Tubul, pero separados por una inmensa barrera geográfica de territorios escarpados, casi indómitos, se encontraba en la ciudad de Arauco, Isaac Zenteno, director y locutor de "La máquina del tiempo", una radio de esa ciudad. Con su voz cavernosa, Zenteno explica que, en Arauco, el mar se salió, provocando una marejada que estuvo lejos de transformarse en un tsunami . Tuvieron suerte.

Pero m√ɬ°s all√ɬ° de la naturaleza azarosa del desastre, Zenteno ten√ɬ≠a la responsabilidad de mantener comunicadas a las ciudades de Lota, Coronel, Arauco, adem√ɬ°s de peque√ɬĪos pueblos como Tubul y Llico. "Esa noche la alarma de maremoto nunca lleg√ɬ≥, pese a que pasaron al menos un par de horas para que el mar se saliera", cuenta el locutor. "Ir√ɬ≥nicamente, las autoridades nos avisaron que di√ɬ©ramos alarma de tsunami luego de la r√ɬ©plica del mi√ɬ©rcoles pasado".

Zenteno toca un punto sensible en el desarrollo de la tragedia del borde costero de la zona centro-sur. En la mayoría de los pueblos nunca hubo una alarma. Y en una de las pocas localidades en que la hubo, fue demasiado tarde.

La historia de Dichato pudo ser mucho m√ɬ°s tr√ɬ°gica. Tan solo siete d√ɬ≠as antes de que se sellara el destino del pueblo, era la semana de la ciudad, la semana peak del verano en el concurrido balneario de la Octava Regi√ɬ≥n. "Las calles se colapsan y todas las actividades est√ɬ°n en la playa, de noche", cuenta Mirla Osorio, una estudiante de 24 a√ɬĪos. "Esto pudo ser una cat√ɬ°strofe mucho peor". Osorio lo sabe, porque vive a 14 cuadras de la orilla de playa y fue testigo directo de c√ɬ≥mo el mar pas√ɬ≥ a llevar toda la parte baja de su pueblo hasta los propios pies de su casa.

"La primera ola fue a las 7 de la ma√ɬĪana", cuenta Osorio. "Diez minutos antes hab√ɬ≠a sonado la sirena de bomberos, pero yo creo que fue demasiado tarde. No vimos el agua venir, porque levant√ɬ≥ una mezcla de bruma y polvo. Cuando se despej√ɬ≥, fue como que un cohete hubiera llegado al coraz√ɬ≥n del pueblo".

Las cosas no quedaron ah√ɬ≠. A las 9 y media de la ma√ɬĪana, cuando ya hab√ɬ≠a gente recolectando algunas de sus pertenencias, se alz√ɬ≥ una segunda ola, a√ɬļn mayor que la primera. Osorio ni siquiera puede cuantificar el n√ɬļmero de personas que fueron arrastradas por el mar en el segundo cataclismo.

A diferencia de Dichato, en Constituci√ɬ≥n el maremoto lleg√ɬ≥ un d√ɬ≠a antes de los festejos de la noche maulina. La gente estaba apostada en el puente del r√ɬ≠o Maule, viendo fuegos artificiales, a la hora del terremoto. Hab√ɬ≠a cientos de personas y muchos se quedaron ah√ɬ≠, siguiendo con lo suyo. A pesar de que el puente est√ɬ° a unos 30 metros sobre el nivel del mar, el agua pas√ɬ≥ por sobre las personas apostadas ah√ɬ≠ alrededor de las cinco de la ma√ɬĪana.

"Aquí en Constitución hubo un efecto embudo", explica Cristián Silva, profesor de historia de un colegio de la ciudad. "Como el río y el plano de Constitución están rodeados de cerros, la ola se acumuló y fue a dar a la desembocadura del Maule. Mi primo y sus hijos estaban en el puente y fueron arrastrados cuatro kilómetros río adentro. Por suerte, sobrevivieron todos".

Como en muchas zonas, no hubo aviso, menos ayuda presta de las autoridades. "Cuando llegaron los militares se arregló mucho la situación", dice Silva. "Pero eso fue el lunes. El sábado y domingo hubo un estado de total caos. Yo fui a saquear el supermercado, pero estaba toda Constitución ahí. No hubo clases sociales. Vi hasta gerentes de la Celulosa que ganan 7 millones haciendo lo mismo que yo".

Constituci√ɬ≥n fue quiz√ɬ°s el √ɬļnico poblado donde los residentes y turistas se perdieron por igual, principalmente porque fue lejos la ola m√ɬ°s alta para un lugar reducido en superficie. En otras localidades, como Iloca, Duao, Dichato, Pellehue, fueron los turistas los que se llevaron la peor parte. "Apenas ocurri√ɬ≥ el terremoto, todos sab√ɬ≠an por d√ɬ≥nde escapar", cuenta Miguel √ɬĀngel Correa, pescador de la caleta de Duao. "Muchos turistas no sab√ɬ≠an las v√ɬ≠as de evacuaci√ɬ≥n y nos toc√ɬ≥ ver c√ɬ≥mo el mar se llevaba autos, hasta buses, con las luces encendidas".

"En el Cerro Alto la gente lleva d√ɬ≠as sin comer", dice Mart√ɬ≠n Jara, pescador de La Pesca. Relata que se salv√ɬ≥ de morir, porque conoce el mar desde hace 40 a√ɬĪos, mientras espera sus porotos con papas fritas de una olla com√ɬļn que entreg√ɬ≥ la iglesia evang√ɬ©lica. La mitad de su casa fue devorada por el mar. Al asomarse se puede ver un muro colgando, pero con un diploma y un bander√ɬ≠n de la Cat√ɬ≥lica pegados a la estructura.

Su sobrino de 24 a√ɬĪos, Alexis Jara, se queja del pillaje: "Antes que llegaran los militares a la zona, pasaba una camioneta gris gritando que ven√ɬ≠a un tsunami . Los pocos que quedaban en la costa se iban a refugiar a los cerros a juntarse con el resto, mientras ellos se encargaban de llevarse lo poco que quedaba. Despu√ɬ©s del terremoto hubo gente que qued√ɬ≥ con m√ɬ°s cosas de las que ten√ɬ≠a antes. Nosotros, en cambio, lo perdimos todo, incluyendo nuestro bote para salir a trabajar".

La situación es realmente desesperada. A medida que se recorre la línea costera, que une los pueblos de La Pesca, Iloca y Duao, aparecen las sábanas, los cartones pintados, que apuntan en dirección a los cerros y que piden ayuda, especialmente agua. Algunas personas gritan a los periodistas que dejen sus bloks de notas y sus cámaras y se dediquen a ayudar. El ambiente se pone tenso y a los conductores que no manejan vehículos 4x4 se les dificulta en demasía el paso.

Un par de horas hacia el sur, en la Tercera Compa√ɬĪ√ɬ≠a de Bomberos de Cauquenes -donde s√ɬ≥lo el toque de queda de las 21 horas interrumpe la b√ɬļsqueda de cuerpos- no hay electricidad, agua, ba√ɬĪo ni internet. Fueron los primeros que llegaron a Pelluhue el mismo d√ɬ≠a de la tragedia, antes que las fuerzas militares y que las raciones de comida. Sus dudas son mucho m√ɬ°s grandes que sus certezas, sobre todo, si se trata de las cifras de muertos y desaparecidos entregada oficialmente por las autoridades: "En Pelluhue hay buses enterrados que iban con personas y fueron vistos con las luces encendidas, mientras las olas se los tragaban. Identificamos un bus de un paseo del centro para la tercera edad de Longav√ɬ≠ y hay otro bus enterrado en la playa que, cuando llegamos, pensamos que era una lancha. Eso, m√ɬ°s todos los autos que flotaban en el mar el s√ɬ°bado pasado. Ac√ɬ° debe haber m√ɬ°s de 2.000 muertos, s√ɬ≥lo por el maremoto", dice un rescatista que sac√ɬ≥ fotos a los buses.

Ya en la costanera de Pelluhue el panorama es dif√ɬ≠cil de creer. A cinco kil√ɬ≥metros del mar, se puede ver un barco pesquero varado entre √ɬ°rboles quebrados. En su calle principal, no queda nada del estadio ni del centro del adulto mayor, donde cinco socios fueron hallados en la playa junto a una turista adolescente desnuda y de rostro destruido hasta lo irreconocible. S√ɬ≥lo se ven los restos del internado rural de ni√ɬĪos, que es cuidado por tres funcionarias del liceo del lugar. "Aunque las fuerzas militares ya llegaron, ellos no pueden estar en todos lados", dice Jessica Jara. "Todas nos pusimos de acuerdo para hacerle guardia y evitar que se roben lo poco que no se han llevado".

Mauricio Castro, alcalde de la comuna de Arauco, de la que depende Tubul, el lugar donde la se√ɬĪora Raquel Salas tuvo que salir a recoger choros en la costa, mientras vacas y caballos se descompon√ɬ≠an a su lado, tiene una sola palabra para todo lo ocurrido: "Verg√ɬľenza. Es una verg√ɬľenza que en nuestras regiones no podamos hacer nada sin la venia de Santiago. M√ɬ°s all√ɬ° del desastre natural, es verdaderamente indigno que el pueblo de Tubul reci√ɬ©n reciba ayuda a cinco d√ɬ≠as de la tragedia. En Santiago un resfr√ɬ≠o es una emergencia nacional. Ac√ɬ° la gente puede estar muriendo y no viene nadie. Nadie".

"Nadie sabe de los atrapados en la mina El Chiflón"Vecinos de Lota acusan falta de alimentos y ayuda:
En Lota los da√ɬĪos por el terremoto son significativos y, seg√ɬļn sus propios habitantes, el maremoto lleg√ɬ≥ s√ɬ≥lo a Playa Blanca. Las olas azotaron un par de cuadras desde la costa.

No obstante, eso bast√ɬ≥ para dejar a la ciudad totalmente desabastecida. Danitza Guti√ɬ©rrez es una de las madres adolescentes que hacen dedo en Coronel, ya que no hay ning√ɬļn tipo de locomoci√ɬ≥n colectiva funcionando. En la mano lleva la manguera que le prest√ɬ≥ su abuela en una poblaci√ɬ≥n cercana a Concepci√ɬ≥n, junto con productos de primera necesidad, como vegetales, aceite y harina. La joven dice que no tiene agua ni leche para su hijo de dos a√ɬĪos, Rub√ɬ©n. "Por suerte hay una vertiente en el cerro Cantera Dos, a cuatro kil√ɬ≥metros, pero para Lota y Coronel no hay ayuda. Nadie sabe de los atrapados en la mina El Chifl√ɬ≥n", acusa Danitza.

"Encontr√ɬ© el cuerpo de mi mam√ɬ°, de 90 a√ɬĪos, acurrucado como una guagua"El drama de Geofreey Semler en Pelluhue:
Despu√ɬ©s del terremoto, las casas de Pelluhue presentaban un da√ɬĪo relativo. El horror vino despu√ɬ©s. A las 4:20 de la madrugada, el empresario de turismo, basquetbolista y param√ɬ©dico ol√ɬ≠mpico, Geofreey Semler, le dijo a su madre de 90 a√ɬĪos, en total lucidez: "Mam√ɬ°, salgamos al cerro, porque el mar se recogi√ɬ≥ y viene un maremoto". "No, hijo, c√ɬ°lmate, si ya pas√ɬ≥", respondi√ɬ≥ ella. Semler, que ten√ɬ≠a a su familia en Santiago, sali√ɬ≥ a ver c√ɬ≥mo estaba el barrio, pero no alcanz√ɬ≥ a mirar. Al cruzar el umbral de la puerta, lo tumb√ɬ≥ una ola de 6 metros. "Pens√ɬ© que me mor√ɬ≠a, pens√ɬ© en mi madre y que ella siempre me dijo: 'Hijo, lucha hasta el final", recuerda. La ola lo golpe√ɬ≥ contra autos, botes rotos, rocas y no sabe qu√ɬ© m√ɬ°s. A√ɬļn as√ɬ≠ nad√ɬ≥ m√ɬ°s de 200 metros por calle Costanera hasta un internado de ni√ɬĪos, el √ɬļnico recinto que sobrevivi√ɬ≥, aunque con da√ɬĪos considerables. "Adentro del edificio, el mar me azotaba contra las paredes, hab√ɬ≠a un tronco y un trozo de barco. Ah√ɬ≠ me saqu√ɬ© la parte de arriba de la ropa para nadar mejor, pero me fractur√ɬ© el brazo izquierdo en cuatro partes. No se c√ɬ≥mo segu√ɬ≠ nadando. El mar me recogi√ɬ≥ y me lanz√ɬ≥, despu√ɬ©s de algo que se me hizo eterno, contra unas vegas (un pantano) al otro lado de la ciudad. Ah√ɬ≠ iba totalmente desnudo, llegu√ɬ© al borde y pude salir y decir que soy un sobreviviente", dice y rompe en llanto por primera vez. Pero fue todav√ɬ≠a m√ɬ°s lejos. Caminaba por el pantano cuando vio un auto dado vuelta con un hombre agonizando en su interior. Corri√ɬ≥ hacia √ɬ©l. "Lanc√ɬ© una patada al vidrio y con la otra mano lo saqu√ɬ©, lo apoy√ɬ© en mi hombro y camin√ɬ© con √ɬ©l como 300 metros hasta que una vecina me reconoci√ɬ≥", relata el deportista. Su cuerpo est√ɬ° lleno de heridas y contusiones. Al llegar al hospital de Chanco, dice que el personal de salud estaba en shock y se neg√ɬ≥ a limpiarle las heridas, por lo que √ɬ©l mismo dirigi√ɬ≥ a los param√ɬ©dicos y exigi√ɬ≥ que lo recibiera la m√ɬ©dico de turno.

Pero su herida más terrible es la que lleva en el alma: su madre murió. "Encontré su cuerpo acurrucado como una guagua". Le dolió no conseguir flores para su funeral.

"Se abrieron las puertas del infierno"El mar borró la desembocadura del río en el pueblo de La Pesca:
La g√ɬ©nesis de la devastaci√ɬ≥n est√ɬ° al entrar a La Pesca. Ah√ɬ≠ viven 200 pescadores artesanales, frente a un bosque de pinos de 30 metros que fue sobrepasado por seis olas entre las 4.10 y las siete de la ma√ɬĪana. En la carretera, una caba√ɬĪa dada vuelta, un quiosco sobre un pino junto a un cuaderno, zapatos, paletas de playa y la mitad de un lanch√ɬ≥n anticipan el horror.

Preparando un olla com√ɬļn de porotos y papas fritas donados por la iglesia evang√ɬ©lica est√ɬ°n Mart√ɬ≠n Jara y su esposa Mariana. "Lo perd√ɬ≠ todo, la casa, dos botes y las redes. Lo peor es que mi hija Jeniffer perder√ɬ° su tercer a√ɬĪo de enfermer√ɬ≠a en la Universidad Santo Tom√ɬ°s, no habr√ɬ° dinero ni trabajo para eso", dice Mart√ɬ≠n. Mariana agrega: "Su mensualidad son 120 mil pesos, nunca le dieron beca, ni por ser de familia mapuche. Un bote cuesta 800 mil y una red 50 mil. Le pedimos al Presidente que llega que se acuerde de la pesca artesanal".

El matrimonio, junto a su vecino y colega Manuel Guerrero, escap√ɬ≥ de la muerte en el cerro Rancura. "El de arriba nos salv√ɬ≥, porque esa noche se abrieron las puertas del infierno, amigo", concuerdan. Guerrero dice que se salvaron de morir porque conoce el mar desde hace 30 a√ɬĪos. Lo comenta mientras espera sus porotos con las rodillas adoloridas por la rapidez del escape. "Detr√ɬ°s de mi patio hab√ɬ≠a piedras, a cien metros estaba el r√ɬ≠o Mataquito, una isla de roca y despu√ɬ©s ven√ɬ≠a la playa y la mar. Ahora la mar pasa por la ventana de mi pieza, subi√ɬ≥ 500 metros", dice. Una pobladora lo interrumpe. Corre al encuentro de El Mercurio. "√ā¬°Diga que no hay distribuci√ɬ≥n, debo caminar cinco kil√ɬ≥metros para el pan!", grita una desesperada sobreviviente de La Pesca.

Cinco centímetros entre la vida y la muerteJosé Pardo, el sobreviviente de Constitución:
El camión naranjo está en medio de la hecatombe, justo al lado de un vagón de tren del histórico ramal Constitución-Cauquenes. Detrás de la arruinada estructura aparece un hombre, a paso lento y dificultoso, con la cabeza perdida, ausente del caos total que lo rodea.

Pero el hombre y el cami√ɬ≥n naranjo tienen una historia en com√ɬļn, que el tsunami sobre Constituci√ɬ≥n s√ɬ≥lo logro intensificar. El hombre de 75 a√ɬĪos, y que responde al nombre de Jos√ɬ© Pardo, es el due√ɬĪo del cami√ɬ≥n, y el cami√ɬ≥n, aunque aparentemente inservible, es el due√ɬĪo de Jos√ɬ© Pardo.

Ya han pasado 4 días desde que ocurrió el maremoto que devastó a Constitución, y Pardo hace toda su vida alrededor del camión en el que lo pilló la gran ola: "Soy camionero. Este es mi camión", dice apuntándolo, como si apuntara a su novia. "Trabajo para la celulosa y cuando vengo a Constitución, estaciono y me quedo a dormir en este sitio. Siempre lo he hecho. El terremoto me pilló durmiendo. No le di importancia y seguí durmiendo".

Pasaron un par de horas y Pardo se despertó al sentir entrar el agua a su cabina. El ruido de las casas, de los barcos romperse y triturarse no lo dejaba pensar.

"No sabía qué pasaba y, a medida que el agua inundaba la cabina, me iba parando. Toqué el techo del camión con mi cabeza y el agua paró de subir justo cuando estaba a la altura de mi boca. Cuando el mar se recogió, también empezó a bajar de nivel. Me salvé por muy poco. El camión me salvó".

Técnicamente, Pardo estuvo a cinco centímetros de morir.

A 50 metros del lugar donde se encuentran camión y camionero, se desarrolla un funeral para una de las víctimas. Están en la orilla del río Maule. Nadie ocupa ternos ni menos trajes caros. Un carabinero y su perro pasan buscando cuerpos. La gente camina buscando familiares, cosas. Pero Pardo ve en todos a posibles saqueadores de su camión. Es todo lo que le preocupa. Ya ha ahuyentado a unos cuantos que quisieron llevarse sus ruedas.

Cuenta que su familia está en Longaví. Y reza para que algunos de sus hijos lo vaya a buscar. O que alguien de la celulosa se acuerde de él. "Sé que el motor lo puedo echar a andar", dice convencido. El camión naranjo, que a simple vista parece un pedazo de chatarra más en la catástrofe, es todo lo que le queda a José Pardo. Y dice que pretende no descuidarlo. Aunque en eso se la vaya la vida. Porque José y su camión no sólo sobrevivieron el maremoto. También sobrevivieron cuatro días de un verdadero infierno.

"Aquí las pymes perdieron 3.000 millones de pesos"Jorge Saavedra, presidente de la Cámara de Comercio de Dichato:
En su casa, ubicada a dos cuadras de la playa, Jorge Saavedra, due√ɬĪo del supermercado "San Jorge" en Dichato, dorm√ɬ≠a cuando el terremoto lo hizo despertar con pavor y evacuar en su auto junto a su familia. El comerciante huy√ɬ≥ hacia los cerros de la costa, alertado s√ɬ≥lo por su instinto y previendo lo peor. "Fueron tres olas gigantescas, la segunda no dej√ɬ≥ nada. Fue un ruido ensordecedor (...) Alcanzamos a huir al cerro y a no regresar, porque la tercera ola vino de d√ɬ≠a, como a las 6.30 o siete de la ma√ɬĪana, cuando la gente hab√ɬ≠a regresado a sus casas a ver lo que quedaba en pie", relata. Saavedra es el presidente de la C√ɬ°mara de Comercio de Dichato, que el viernes estim√ɬ≥ los da√ɬĪos de las pymes en m√ɬ°s de tres mil millones de pesos. "En la tarde, como a las dos, vino una nueva ola. Al d√ɬ≠a siguiente se llen√ɬ≥ de delincuentes que saquearon todos los locales comerciales que estaban semidestruidos. La polic√ɬ≠a se vio totalmente sobrepasada", acusa.

Pareja de santiaguinos vive horror en AraucoSaqueos y desabastecimiento provocaron la crisis del pueblo:
"Salt√ɬ°bamos por el suelo y pensamos que todo se derrumbaba. En mi trabajo, la Empresa Bosques Arauco, que est√ɬ° en el suelo, murieron doce empleados de la planta, aplastados por troncos apilados y quemados por el derrame de soda c√ɬ°ustica y l√ɬ≠quidos qu√ɬ≠micos", cuenta con indignaci√ɬ≥n el operador de maquinaria maderera, Eduardo de la Jara. Junto a su esposa, Pilar Pe√ɬĪailillo, lleg√ɬ≥ hace seis meses desde Santiago a vivir a Arauco junto a sus dos peque√ɬĪos hijos, que juegan frente a la playa con los escombros de la discoteca Casanova.

La familia busca por todos sus medios devolverse a Santiago con lo puesto y con su camioneta intacta, aunque sin saber si tendr√ɬ°n combustible para regresar a la capital. Junto a decenas de personas corren frente a la discoteca, porque la poblaci√ɬ≥n ha "pasado el dato" de que es el √ɬļnico lugar de la ciudad donde los celulares reciben se√ɬĪal.

Se√ɬĪalan que ac√ɬ° el maremoto s√ɬ≥lo entr√ɬ≥ cuatro cuadras, destruyendo el estadio y el gimnasio municipal, luego que el terremoto derrumbara una serie de edificaciones antiguas. Los dej√ɬ≥ sin electricidad, agua y comunicaciones por seis d√ɬ≠as.

"Entre el s√ɬ°bado y el lunes el pillaje era una locura. El martes se orden√ɬ≥ la cosa con la llegada de militares y el toque de queda. La gente de izquierda de la zona por primera vez estaba contenta de ver militares en la calle. Era un lugar sin ley en el caos total, y las radios de Santiago nunca dijeron nada de Arauco. Los ba√ɬĪos colapsaron, se acab√ɬ≥ la comida. El martes la maderera comenz√ɬ≥ a repartirnos comida, el mi√ɬ©rcoles la FACh nos tir√ɬ≥ comida en la calle al lote, sin ning√ɬļn orden, como si fu√ɬ©ramos pollos. Los repart√ɬ≠an a quienes estaban en la playa y no a una autoridad local organizada. Fue una verg√ɬľenza", relata De la Jara.



Constitución Jueves 4 de marzo


''No vimos el agua venir, porque se levantó una mezcla de bruma y polvo. Cuando se despejó, fue como que un cohete hubiera llegado al corazón del pueblo".
Mirla Osorio
ESTUDIANTE DE DICHATO

''Yo fui a saquear el supermercado, pero estaba toda Constitución ahí. No hubo clases sociales. Vi hasta gerentes de la Celulosa que ganan siete millones haciendo lo mismo que yo".
Cristián Silva
PROFESOR DE CONSTITUCI√ɬďN

''Muchos turistas no sabían las vías de evacuación y nos tocó ver como el mar se llevaba autos, hasta buses, con las luces encendidas".
Miguel √ɬĀngel Correa,
PESCADOR DE DUAO

''Acá debe haber más de 2.000 muertos, sólo por el maremoto".
RESCATISTA DE PELLUHUE

''Más allá del desastre natural, es verdaderamente indigno que el pueblo de Tubul recién reciba ayuda a cinco días de la tragedia. En Santiago, un resfrío es una emergencia nacional. Acá la gente puede
estar muriendo y no viene nadie. Nadie".
Mauricio Castro
ALCALDE DE ARAUCO

Fuente: El Mercurio

 Campa√Īas

2025-02-02

Publicación sobre la cultura, sociedad y política de los pueblos originarios.

El periódico Pukara

El Periódico Pukara quiere ser un baluarte en el lucha de ideas, en el combate de principios, en la guerra conceptual, de análisis, de información e investigación que libran los pueblos indígenas contra el ocupante colonialista. El periódico Pukara es una publicación mensual sobre la cultura, sociedad y política de los pueblos originarios. Periodico Pukara
Lea más...

2026-06-15

√ɬĎuke Mapu

Facebook Centro de Documentaci√ɬ≥n Mapuche √ɬĎuke Mapu

En nuestro Facebook Centro de Documentaci√ɬ≥n Mapuche, √ɬĎuke Mapu puede encontrar toda la actualidad noticiosa, art√ɬ≠culos, videos, fotos, actividad, enlaces y el m√ɬ°s completo archivo de noticias. Facebook Centro de Documentaci√ɬ≥n Mapuche, √ɬĎuke Mapu:
Lea más...

La Realidad Mapuche en Youtube


Benetton y los mapuche


¿Qué es la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas?


Aprenda Mapunzugun, el idioma Mapuche, via Internet: comprenda el contexto sociocultural- linguístico e interétnico del Pueblo Mapuche.