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Archivo 1997-2009


2012-01-10 | Antecedentes | Mapuche

Archivo The Clinic

Llaitul, el mapuche más temido por las forestales

Héctor Llaitul viene saliendo de la cárcel, donde estuvo acusado de ser el líder militar de la Coordinadora Arauco Malleco, el grupo mapuche que en los últimos diez años ha calentado la Araucanía. Él niega ser un terrorista, pero sí reconoce ser un Weichafe, un guerrero del siglo XXI que quiere la independencia respecto al Estado chileno y que pasó por el FPMR junto a los comandantes Ramiro y Chele, los líderes frentistas que planearon el asesinato de Jaime Guzmán y que querían hacer una guerrilla en el sur. En esta entrevista, no explica tanto lo que pasó como lo que va a pasar en el sur. Esta pelea no es sólo de quemas de camiones y bosques.


El viernes pasado la Corte de Temuco rechazó la idea de hacerle un nuevo juicio a Héctor Llaitul, acusado por la Fiscalía de ser el jefe militar de la Coordinadora Arauco Malleco. En el juicio que le hicieron, el principal testigo en su contra acusó a la policía de torturarlo. Y aunque no ocurrió nada con esa denuncia, los tres jueces del tribunal oral absolvieron a Llaitul. Sin embargo, los fiscales ya preparan un nuevo recurso ante la Suprema para encarcelar al líder mapuche. La razón es simple: Llaitul es uno de los fundadores y acaso de los rostros más conocidos de la CAM. Él expresa bien la rígida filosofía de la organización, montada silenciosamente durante años en los campos chilenos.

Ustedes hablan de un militante ideal al que describen sin vicios, ni “disvalores” de la sociedad winka. ¿No hay algo de talibán en eso?
-No sé si hacer esa analogía. Hay un peñi al que le decimos Talibán pero porque se llama Iván… Creo que es la urgencia de entregar este mensaje a la juventud mapuche. Vengo hace poco reuniéndome con estudiantes del hogar mapuche de Temuco. Ellos me hablan de 120 hermanos que la mayoría viene de comunidades. Y me dicen que hay un serio problema de relajo con ellos. Y eso es triste. Relajo en el sentido que no tienen la disciplina de la gente del campo.

¿La gente del campo no se relaja? ¿No toma?
-Ese es el problema. Hay alcoholismo, pero la gente del campo trabaja. La diferencia es que vas a la ciudad y dejas de trabajar un poco.

Ustedes tienen un rollo con la gente de la ciudad. Que además va con el mundo intelectual.
-Nosotros decimos que el ámbito urbano no es la mejor escuela para construir la resistencia o el militante necesario para la lucha mapuche.

Tomemos un ejemplo: Matías Catrileo (estudiante muerto por la policía en enero en una ocupación).
-Sí, Matías Catrileo es la expresión de lo que debiera ser el militante mapuche consciente, inteligente y de buenos valores. Recoge sus orígenes, viene al sur, se acerca a proyectos por aquí y por allá y conoce a la CAM y la asume como suya. Discute, aprende, profundiza, porque es un tipo muy agudo. A mí me visitó en la cárcel para conversar, discutir. Él deja ese mundo occidental y parte a las comunidades, pero no a buscar ese apego romántico, sino a involucrarse en un proyecto político de lucha.

Matías abandona el mundo de los intelectuales, de los universitarios.
-Sí. Incluso tiene familiares en ese mundo elitista, pero ve que es improductivo o que va para otro lado. Es un mundo necesario, pero debiera estar más interrelacionado con la lucha mapuche, y no sólo desde el ámbito universitario o las ONG. Debe estar más con las comunidades y el conflicto.

¿Pero ese no es un desprecio al mundo intelectual?
-No. Tiempo atrás también me cautivó eso del mundo intelectual. Estudié en la universidad y ahí se da mucho esto de elaborar y firmar documentos. Pero si reducimos todo a que el intelectual está en un lado y el trabajo en terreno en otro, no vamos a avanzar nunca. Es necesario involucrarse directamente en el mundo pobre. El intelectual tiene que estar en la cotidianeidad. En el campo uno tiene que defecar en un hoyo, en pozo negro, lavarse en un arroyo, no hay talco para los pies, red para celulares ni pal notebook, ni posibilidad de leer, duermes con pulgas. Cosas duras. Y trabajar.

Y esa tiene que ser la escuela del militante, según tú.
-Claro. Y si tienes la fuerza suficiente, puedes leer y discutir. Eso no está negado.

Ése es el hombre nuevo mapuche.
-Nosotros hablamos de Weichafe más que de hombre nuevo. El Weichafe es un nombre amplio que tiene que tener variadas facetas.

¿Qué es?
-Un guerrero. Es la aparición, el retorno de los guerreros. Tiempo atrás, cuando fue la ocupación definitiva del mundo mapuche en 1880 y tanto, se aniquilaron muchas machis. Y algunas hablaron del retorno del Weichafe. En algún tiempo van a volver los guerreros, dijeron. Nosotros recogimos esa tradición y la colocamos en el resurgimiento de la lucha mapuche.

Alguna vez me dijeron que algunas machis soñaron el ‘99 con esta pelea, planteándola como la última guerra mapuche. ¿Es cierto?
-Claro. Y hay algunas machis que dijeron que los weichafes ya están escogidos. Ya es lo que es, no más. Y será necesario construir con eso.

El Weichafe también tiene una tradición espiritual, ¿no?
-Lo que pasa es que a medida que te compenetras, vas teniendo un mayor ascendiente. Y si tu compromiso es real, tienes que prepararte como un buen militante y un buen combatiente. Hoy es muy difícil pelear por la causa mapuche porque la CAM está bastante sola, no tenemos el patrocinio de nadie ni la simpatía de muchos, incluso de la izquierda, por ser muy autonomistas. Hay gente del PC que no quiere hablar con nosotros, nos niegan, no nos meten en diarios. Hay grupos bolivarianos que tampoco simpatizan con nosotros porque no queremos partir confundidos con ellos. No queremos ser instrumentalizados.

¿Cuántos Weichafe hay?
-Verdaderos, pocos. Porque es involucrarse totalmente. Tú, tu familia, tu comunidad. Él tiene que salir, asumir clandestinidad, cárcel, muerte, todo. Y debe ver qué sirve para la lucha. No sólo debe ser bueno para la resistencia, tirando piedras, pegando palos o pegando un tiro. Tiene que saber trabajar. El hacha, madereo, los animales, la agricultura, la relación con los otros.

CONTROL TERRITORIAL
Ustedes hablan de control territorial. ¿Qué es eso?
-Por ejemplo, que en una disputa con un latifundista, que él se tenga que retirar a la buena o a la mala y nosotros nos hagamos cargo. Tenemos órganos de resistencia que permiten el control territorial. Si vamos a recuperar diez metros de tierra, o una hectárea o mil, tenemos que ver qué hacer con ese espacio, si pasearnos, hacer guillatún, observarlo, si producirlo, vivir.

¿Qué pasa si en una comunidad se comete un crimen? ¿No entra un fiscal?
-Sería lo ideal. Pero ya tenemos espacios donde el ejercicio del poder estatal y winka no tiene lugar.

¿Cuál?
-Puede ser Traiguén, puede ser Tirúa, puede ser Lleu Lleu, en donde a la gente le pueden robar un animal y nosotros ejercemos justicia. No permitimos que llegue la policía o el tribunal. Eso es control territorial. Antes entraban personas extrañas a las comunidades y hacían lo que querían. Ahora no cualquiera puede entrar cuando recuperamos territorio, ya sea por la vía legal, semilegal o ilegal. Nuestro ideal es que todo transite en el marco de rebeldía, fuera de la institucionalidad, que la resolución no venga del Estado, porque eso genera la inviabilidad de un proyecto autonomista.

¿Y el mercado?
-A medida que vayamos construyendo un mundo nuestro, vamos a ir resolviendo esos aspectos. Hace veinte años teníamos que pedir permiso a la autoridad para todo. Para un guillatún, había que pedirle permiso a un alcalde o a los mismos carabineros. Hasta la bandera chilena estaba en los rehue. Eran cárceles al aire libre, muy controladas, sometidas.

¿Lo de ustedes es una revolución?
-Nos decimos revolucionarios en tanto hacemos transformaciones. No es antojadizo. Si tenemos un predio forestal que era de la Mininco, de la CMPC, de los Matte, de una multinacional, y pasa a ser mapuche por la vía de la resistencia, eso es un cambio revolucionario, porque dejó de ser de la dominación y pasa al poder mapuche.

Llevemos esta lucha al extremo. ¿Cuál es la demanda final de la CAM? ¿La independencia?
-Sí, construímos un proyecto de rearticulación a partir de la confrontación con el Estado, porque sabemos que pasa por eso. Esto no se resuelve con diez predios a diez comunidades. Esto se resuelve con la recuperación del territorio histórico. Y ése es un gran objetivo estratégico. Pero eso es una elaboración y una autoasignación que se la tiene que dar el movimiento mapuche en su momento.

En una entrevista dijiste que quieren construir una sociedad “lo más cercana posible a la de nuestros antepasados”. ¿Se puede eso en el siglo XXI?
-Sí. En la medida que recuperemos nuestros espacios, nuestros derechos. Por ejemplo, reconstruir lo que antes se llamaba una Puebla, que era la casa del mapuche, su huerto, pozo, corral para animales, quinta para los frutos, galpón. Era su espacio. Autárquico. Y se destruyó porque los mapuches perdieron hasta su hábitat mínimo. El mapuche, si hoy recupera tierra, tiene la posibilidad de tener su Puebla. Y si pudiera tener un hábitat mayor, podría decir acá está su agua, lugares para recoger medicina, leña, sus animales. Es una correlación de elementos en un espacio que te hacen decir éste es mapuche. El mapuche no se va a recuperar teniendo solamente la conciencia. Distamos con los urbanos porque ellos tienen conciencia pero qué triste hacer un guillatún en una cancha de fútbol. En la ciudad no tienen espacios sagrados. En cambio, si vas a una comunidad y luchas por tierras, puedes recomponer eso.

¿La Liberación Nacional de la que hablan, pasa por una guerra?
-Las conclusiones las tendrán que sacar los que entiendan el proceso de reconstrucción de pueblos en lucha.
¿Puede terminar esto con un mapuche que ponga una bomba en Santiago?
-Creo que no. Nosotros reinvindicamos todas las formas de lucha. Pero si tiras una piedra y repliegas a un latifundista, o cien personas tiran piedras y repliegan a los pacos y eso permite controlar un predio, esa acción miliciana es más revolucionaria que poner una bomba.

Pero en los últimas semanas, en Choque, Tirúa, ha habido disparos con carabineros. ¿No es una espiral? La piedra, el escopetazo. ¿Después qué?
-Sí. No se trata de ser apologista de la guerra o de las armas. Pero cuando planteas la defensa territorial para la reconstrucción, es un problema político utilizar una u otra forma de lucha. El uso de algunos medios, más allá de piedras, palos o boleadoras, no lo ponemos nosotros, lo pone el sistema. No estamos asesinando, ni involucrándonos en hechos de sangre. Es el sistema, en defensa de los intereses del capitalismo, el que usa medios de guerra. Tenemos absoluto derecho a usar métodos de autodefensa.

¿Y qué son los medios de guerra?
-Carabineros apostados en campamentos con fusiles, con equipos, tanquetas, cascos. Carabineros reprimiendo con armas a las comunidades en recuperaciones de tierras pacíficas. Para nosotros existe el replanteo de si vamos a recuperar territorio vamos a ir a confrontar con el sistema desarmados.

¿Si esto se expresara, por ejemplo, en balear a alguien acá en Santiago?
-No, nosotros no haríamos eso. De hecho algo aconteció (el baleo al gerente de un proyecto eléctrico, el verano pasado) y ni el gobierno, ni el ministerio público, el enemigo, hizo caso, porque nos conocen. No hacemos acciones en las ciudades.

El Estado chileno dos veces ha acusado a la CAM de ser una organización terrorista. ¿Qué es la CAM? A la salida de la cárcel dijiste que era amorfa.
-Aprovecho de corregirlo. No es amorfa. Es heterogénea. Existe un mundo CAM.

Pero tiene una estructura.
-No necesariamente. Tiene una estructura en su parte más interna. Pero yo salgo de la cárcel y me doy cuenta que hay una familia, un mundo, un cultura, donde participan lonkos, ancianos, niños, mujeres. Y en eso podemos decir que hemos tenido razón en plantear así las cosas. Le decimos a una persona, usted no sirve para tirar una piedra, no sirve para Weichafe, pero sí para reconstruir el mundo mapuche. Por lo tanto, es parte de la CAM. Y hay gente que se siente parte sin haber hecho nunca nada. Y nos dan solidaridad, lealtad, cobertura.

EL COMANDANTE
Algunos medios te identificaron como el “comandante” Héctor. La Fiscalía dice que eres el jefe militar de la CAM y que fuiste militante de un movimiento revolucionario.
-Eso de “comandante”… Si bien fui miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez a fines de los ochenta y principios de los noventa, no traigo ese rango de ahí. Nunca tuve vinculación con gente de izquierda que me pudiera llevar a alguna academia (militar). Soy hijo de un campesino obrero mapuche analfabeto; mi madre prácticamente es lo mismo. Campesinos sin tierra, extremadamente pobres. Ni siquiera teníamos el vínculo con algo de izquierda. Soy el resultado de la lucha de los oprimidos en la calle, desde la barricada, la protesta y las poblaciones. Hasta la participación, ya a nivel superior, que me da el salto suficiente para entrar al FPMR. Esa es mi trayectoria y militancia en la izquierda.

En ese entonces eras más de izquierda que huilliche.
-Obviamente. Siempre estamos en una línea fronteriza entre ser mapuche y no serlo. Y ser parte de una sociedad mayor, del colonialismo ideológico cultural occidental winka. Yo era como la mayoría de los mapuches, soy parte de la diáspora. Soy huilliche y de joven emigré y me inscribí en la lucha de la izquierda. Busqué, como muchos, en espacios no mapuches alguna expectativa de vida mejor.

EL FRENTE
Militaste en el Frente Patriótico-Autónomo.
-Primero fui parte de la resistencia, de la Juventud Rebelde Miguel Enríquez del MIR. Y cuando el Frente se autonomiza, paso a integrarlo, por el giro estratégico que asume en 1988, con la Guerra Patriótica Nacional, bajo la dirección del comandante José Miguel (Raúl Pellegrín). Fue de las mejores experiencias de mi vida. Era jovencito, lleno de ansias de luchar. Militante muy consciente y disciplinado. Cuando terminó la dictadura, empezó una discusión sobre el rol que debía cumplir una organización político militar en Chile.

El Frente recogía algo del mundo mapuche.
-Sí, de hecho me acerco al mundo mapuche gracias al Frente. Mi última pasada por el Frente fue en las Fuerzas Estratégicas, lo que se conoció como las FAR, Fuerzas Armadas Rodriguistas, que estaban al mando de los comandantes Ramiro (Mauricio Hernández Norambuena, preso en Brasil) y Chele (Juan Lisímaco Gutiérrez Fischman). Ellos estaban a cargo de la construcción de fuerzas insurgentes y guerrilleras en Curanilahue, la cordillera, donde hubiera terreno. La idea era proyectar una construcción político-militar con inserción en las masas oprimidas, y eso incluía obviamente al pueblo mapuche. Y como yo tenía el ascendiente, fui designado para cumplir parte de las etapas de construcción, que tenían que ver con la inserción en el mundo mapuche. Era un trabajo estratégico, y ahí estaban los cuadros más específicos del mundo rodriguista.

Eso estaba a cargo del Chele.
-Sí. De hecho, Ramiro cayó en Curanilahue viendo tareas que se estaban dando ahí. Y el Chele llegaba allá. Nosotros teníamos el contacto con ellos. Chele tenía la visión estratégica por su participación en los procesos de Nicaragua y El Salvador. Y Ramiro, obviamente, por su rol de jefe militar y haber construido todo el esfuerzo militar en Chile. Esta realidad es la que me permitió llegar al mundo mapuche en un contexto en que ya había un cierto repliegue por la represión hacia el Frente y nuevos escenarios.

¿Qué te hace salir del Frente?
-La causa mapuche primero y su necesidad de autonomizarse. Y segundo porque en el Frente existieron situaciones que involucran replanteos, desprendimientos y golpes de seguridad que hacen que se asuma un repliegue. Yo era parte de la crítica que se hacía a tener una visión militar sobre aspectos políticos. Cuando entro al mundo mapuche, profundizo esa postura, porque las comunidades estaban dormidas y no podíamos llegar con una visión de aparato militar.

Más en lo personal, ¿cuándo te consideras más mapuche que rodriguista?
-Cuando me acerco a las orgánicas mapuches que existían y empiezo a hablar con hermanos mapuches de las comunidades que venían desarrollando el tema de la autonomía. Se me provoca un distanciamiento definitivo con la organización y en 1993 dejo de ser militante.

¿Cuánto de esa izquierda hay en la CAM?
-Poco, nada. Mira, retomando eso del “comandante”: hay una cosa bien paradójica por la que me dicen así. Una vez me tocó dirigir una resistencia a piedra y palo contra una forestal en Traiguén. Y el vago conocimiento de mis hermanos mapuches les hizo decir “ya po, el comandante, el comandante”. La prensa lo tomó y se pegó conmigo y durante un tiempo le estuvieron dando con eso. Sí, me dijeron “comandante”, me asignaron el grado. Pero fueron mis peñis y lamnenes (hermanos y hermanas).

CAM
La Coordinadora Arauco-Malleco nació hace diez años. Llaitul dice que para entonces las formas de hacer política en las comunidades estaban agotadas. Las reinvindicaciones solían ser puntuales y hasta simbólicas. La CAM partió planteando la demanda de la Nación Mapuche. El camino para entrar a las comunidades fue corto, porque las comunidades eran pasto seco. El marco para el nacimiento fue el conflicto de Lumaco y los alzamientos contra las forestales en Arauco.

-La idea era que las comunidades despertaran pero lo hicieran sobre una realidad concreta, más allá de reinvindicar tierras y aguas. Que se despertaran para hacer defensa territorial. Resolver una demanda puntual pero con una visión más amplia, que fuera lucha concreta frente al capitalismo. Lo primero fue desarrollar comunidades en conflicto; luego, articular esas comunidades y después crear un referente que las representara. El cuarto paso fue hacer una correlación de fuerzas que generara representación. No fue una cosa mecánica. Los mejores militantes mapuches se compenetraron en sus comunidades.

¿No hubo resistencias en las comunidades?
-No, porque fue trabajo de base. Levantamos la CAM con puros lonkos. Y fueron masas de hombres, mujeres, ancianos, niños, que pelearon contra el sistema. Por eso la comparaban con la Intifada, porque se veía mucho niño, mucha mujer, tirando boleadoras. Y todavía. El que desconozca que esta lucha es de pueblo, está lejos de la realidad.

¿Esos niños cómo se ven comparados con los de hace 18 años? ¿Más conscientes?
-Hace una década era muy difícil asumirse mapuche, daba vergüenza o lo desconocías. Pero hoy hasta tenemos que frenar la soberbia en algunos mapuches, porque hay suficientes elementos para enorgullecerse. Por ahí tuvimos una discusión con unos vascos y les decíamos que podíamos plantear mucho más la identidad que ellos, por la cosa religiosa, la lengua, lo genético.

¿Y los vascos qué decían?
-Que a ellos les faltaba mucho de eso, que su lucha nacionalitaria era más deficiente, por decirlo así.

Están más mezclados.
-Claro. Porque ellos pueden llegar y caer en el capitalismo. En cambio, nosotros somos anticapitalistas por naturaleza. Pero, bueno, existe en algunos hermanos mapuches esta soberbia. Claro, tiempo atrás bajábamos la vista con todo el mundo y cualquiera nos pasaba a llevar. Incluso en el mundo de la izquierda no podíamos tener voz ni voto. Había una visión campesinista, romántica, de añoranza de Lautaro, no sé.

LA MONEDA
Vienen las municipales y después las presidenciales. ¿Qué van a hacer?
-No queremos involucrarnos, ni siquiera tangencialmente. Las elecciones pasan no más y no tienen que ver con nuestra forma de construcción.

¿Pero entre Lagos y Piñera habrá alguna mirada?
-La Moneda tiene dos caras. Eso es.

¿Pero quién sería más positivo para el mundo mapuche?
-Lagos fue el que instaló centrales y potenció la lucha forestal en contra de los mapuches, la arremetida. ¿Qué expectativa tenemos con Lagos?

¿Piñera?
-Habrá más lucha. Será más claro quién es el enemigo, el problema con Lagos es que se confunde la alianza que podamos tener. Hay gente que piensa que del gobierno podemos conseguir cosas, pero terminamos siendo sistémicos.

¿Qué va a hacer la CAM?
-La CAM tiene un visión de construcción que se sigue proyectando en los conflictos territoriales. No va a tener un viraje estratégico hacia las ciudades. La fuerza de la CAM es estar en las comunidades. El futuro dependerá de nuestra coherencia. Somos responsables de este proyecto y eso significa estar en la lucha contra las forestales y en los conflictos. Por eso reinvidicamos la lucha en Choque contra campamentos, guardias paramilitares y carabineros. Y vamos a reinvindicar otros procesos de lucha contra cualquier otro tipo de inversión capitalista territorial. No vamos a permitir la entrada de inversiones, sean geotérmicas, hidroeléctricas, forestales o mineras. La CAM va a estar ahí.

Fuente: The Clinic

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