Centro de Documentación Mapuche Documentation Center
  Portada | Nosotros | Enlaces |   translate
 

Secciones

Noticias
Antecedentes
Comunidades
Campa√ɬĪas
Indoamérica
Cultura
Libros Ñuke Mapu
Documentos de Trabajo
Sobre
Opinión
Biblioteca


Archivos

Archivo 1997-2009


2010-10-09 | Antecedentes | Mapuche

Los Herederos de la lucha mapuche

La estrategia ind√ɬ≠gena de los √ɬļltimos a√ɬĪos no se plane√ɬ≥ ni en comunidades ni en mapudungun. Los estudiantes mapuches tomaron la posta y tienen ideas claras de hacia d√ɬ≥nde llevar el conflicto. "S√ɬ°bado" estuvo con ellos, desde los hogares m√ɬ°s radicalizados hasta los que s√ɬ≥lo quieren estudiar en paz.




"La gran deuda que tienen las universidades del sur es que no han podido educar a una nueva clase política mapuche que pueda defender sus derechos, dentro de los cauces normales, conociendo el sistema", dice un académico de la UFRO. En la foto superior, u
las diez de la ma√ɬĪana del martes, Alberto Huenchumilla deb√ɬ≠a estar listo para hablar en el hogar mapuche Pelontuwe, en calle Las Encinas, Temuco. Ah√ɬ≠, se supone, es muy dif√ɬ≠cil entrar si no se es estudiante, m√ɬ°s si no se es mapuche y m√ɬ°s todav√ɬ≠a si se llega sin avisar. A primera vista lo que parece m√ɬ°s dif√ɬ≠cil es vivir en ese terreno aleda√ɬĪo a la U. de La Frontera (UFRO): hace mucho fr√ɬ≠o, los tarros de basura est√ɬ°n desbordados, un v√ɬ≥mito se esconde detr√ɬ°s de un √ɬ°rbol, una caja llena de bombas lacrim√ɬ≥genas vac√ɬ≠as es prueba met√ɬ°lica de d√ɬ≠as dif√ɬ≠ciles y varios perros circulan en piezas comunes a modo de internado.

-No est√ɬ° el Huenchu. No hay ning√ɬļn dirigente, nadie lo va a poder atender.

Huenchumilla reaparece media hora despu√ɬ©s, pero en la tele, en CNN Chile. Ah√ɬ≠ explica que la idea de dos de sus compa√ɬĪeros de hogar era encadenarse a la Catedral de Temuco e iniciar una huelga de hambre, como apoyo a los comuneros que hace una semana depusieron su ayuno de 82 d√ɬ≠as. Ambos fueron detenidos, Huenchumilla no.

Oriundo de la comunidad de Itinento, est√ɬ° en cuarto a√ɬĪo de Ingenier√ɬ≠a Comercial en la UFRO. Cuando egrese le gustar√ɬ≠a trabajar en una empresa, al menos por un tiempo. Sus dos hermanos tambi√ɬ©n cursan estudios superiores -uno ya termin√ɬ≥-. Su pap√ɬ° no complet√ɬ≥ la ense√ɬĪanza b√ɬ°sica.

Nunca antes hubo tantos mapuches en la universidad. La UFRO estima un total de 1.600, casi un quinto del total del alumnado, y la Cat√ɬ≥lica de Temuco, una cifra similar. No hay una estad√ɬ≠stica acabada, pero s√ɬ≥lo en el sur deben bordear los cinco mil. Tampoco nunca antes hab√ɬ≠an egresado tantos: hace seis a√ɬĪos la deserci√ɬ≥n superaba el 60 por ciento y hoy d√ɬ≠a no pasa el 20. Por a√ɬĪos estuvieron confinados a las pedagog√ɬ≠as, pero ahora est√ɬ°n en todas las carreras. Provienen de colegios municipalizados, rurales muchos, con p√ɬ©sima formaci√ɬ≥n y la mayor√ɬ≠a tuvo alg√ɬļn tipo de ayuda para ingresar. El 95 por ciento no habla mapudungun fluido, s√ɬ≥lo unas palabras.

Huenchumilla tampoco. Su día continuó con una marcha desde la plaza de Temuco, hacia la cárcel, pasando por la calle de las funerarias y el cementerio. Casi un centenar de universitarios caminaron con él. Mapuches de zapatillas Converse y Adidas, con notebooks en las mochilas y cuentas de facebook.

Huenchumilla ha tenido que lidiar toda su vida universitaria con Carabineros e Investigaciones. El a√ɬĪo 2005 pas√ɬ≥ 11 d√ɬ≠as preso tras ser detenido con una molotov durante una protesta. √ɬČl aleg√ɬ≥ inocencia. La Fiscal√ɬ≠a lleva ya diez a√ɬĪos mirando a fondo los cuatro hogares de la ciudad. En un punto, se lee en las investigaciones, llegaron a ser un eslab√ɬ≥n relevante en los hechos violentistas de La Araucan√ɬ≠a, como lugar de reclutamiento de nuevos miembros radicales, cuando alguno daba con el perfil, y apoyo operativo secundario. Un fiscal explica que cuando empezaron a identificar a los violentistas por las huellas de los calzados, en un hogar instalaron un tambor enorme en el patio trasero, donde los involucrados pod√ɬ≠an quemar los zapatos.

Casi todos los comuneros procesados pasaron por un hogar de éstos. Gracias a un colaborador policial que vivía ahí dentro lograron establecer que los hogares sirvieron para esconder prófugos y determinaron que al momento de ingreso de nuevos alumnos, les recomendaban que se unieran a la CAM, el grupo más radical del conflicto mapuche.

-Eso es falso. Lo √ɬļnico que pedimos es que sean mapuches, que vengan de una situaci√ɬ≥n de pobreza y que acrediten que est√ɬ©n estudiando. Hemos sufrido un atosigamiento feroz: siempre hay gente mirando el hogar, d√ɬ≠a y noche, nos han allanado, se han llevado computadores personales. Este mismo tel√ɬ©fono que te muestro est√ɬ° intervenido -dice Alfredo Pacheco, dirigente de otro hogar, ubicado en la calle San Mart√ɬ≠n. Tiene 22 a√ɬĪos, estudia trabajo social en la UCT y proviene del interior. Reconoce que s√ɬ≠ priorizan en los ingresos a estudiantes que crean en la causa mapuche, pero asegura que √ɬļltimamente son casi todos: las nuevas generaciones ven√ɬ≠an con una carga debido a los operativos policiales en sus comunidades.

En las universidades no creen que sea tan generalizado. La UCT tiene un programa de compensaci√ɬ≥n para estudiantes de ense√ɬĪanza media mapuche -una especie de preuniversitario para nivelar contenidos y hacer menos traum√ɬ°tico el primer a√ɬĪo- y dicen haber visto muchas veces la transformaci√ɬ≥n: ni√ɬĪos t√ɬ≠midos a los 16, activistas furiosos a los 20.

Alejandra Aniao est√ɬ° entremedio. Con 18 a√ɬĪos se vino sola a Temuco, en micro, desde Niegara. Ah√ɬ≠ su familia tiene una hect√ɬ°rea para cultivar y a ella, la quinta de siete hermanos, se le ocurri√ɬ≥ entrar a la universidad tras ser la mejor de su colegio rural, con un 6,4 de promedio. Sus pap√ɬ°s no estaban ni a favor ni en contra.

-No me dijeron nada, ni saben cómo me va. Nunca hablo con ellos cuando estoy en Temuco. El mapuche de campo es así, callado.

Entr√ɬ≥ a educaci√ɬ≥n f√ɬ≠sica en la UFRO y obtuvo beca de excelencia acad√ɬ©mica. Ya en la ciudad, el primer d√ɬ≠a de clases, se encontr√ɬ≥ con que no ten√ɬ≠a d√ɬ≥nde dormir. Se qued√ɬ≥ un mes con una familiar que le pidi√ɬ≥ que se fuera; intent√ɬ≥ entrar a los hogares, pero no quedaban cupos y anduvo una semana, literalmente, sin casa. Hasta que conoci√ɬ≥, en el patio, a una compa√ɬĪera que la invit√ɬ≥ a vivir con ella. En seis meses, su carrera lleva dos paros, pero no ha ido a ninguna marcha. No entiende el conflicto a fondo. Carabineros nunca entr√ɬ≥ a su comunidad.

-Yo mismo entr√ɬ© con la idea s√ɬ≥lo de sacar un cart√ɬ≥n y ganar plata r√ɬ°pida para poder escapar de mi situaci√ɬ≥n -dice Marco Ancavil, 24 a√ɬĪos, estudiante pedagog√ɬ≠a media en matem√ɬ°ticas, del hogar de San Mart√ɬ≠n. Su situaci√ɬ≥n era as√ɬ≠: ocho hermanos, tres hect√ɬ°reas para plantar s√ɬ≥lo con el fin de subsistir. Anduvo a pie pelado hasta los seis a√ɬĪos, a los ocho conoci√ɬ≥ la electricidad, no tuvo agua potable ni alcantarillado. Sus pap√ɬ°s, en Maquehue, a√ɬļn no tienen.

-Y a√ɬļn hoy ellos tienen todav√ɬ≠a esa mentalidad: que me mantenga alejado de los problemas, que saque mi t√ɬ≠tulo y gane plata. Pero la universidad me abri√ɬ≥ los ojos, y ahora es imposible que me desligue. No quiero que los ni√ɬĪos pasen lo que pas√ɬ© yo. A diferencia de mi pap√ɬ°, puedo entrar al sistema, entenderlo y desde ah√ɬ≠ pelear por mis derechos. No hay mapuche m√ɬ°s peligroso que uno educado.

D√ɬ≠a siguiente. Nueve de la ma√ɬĪana. En el hogar de Padre las Casas est√ɬ° todo el mundo en pie. Es un edificio moderno, construido hace ocho a√ɬĪos y se mantiene, igual que los otros, con aportes del gobierno. Los vecinos han hecho reclamos para intentar sacarlos del barrio, aburridos de las barricadas y los des√ɬ≥rdenes. No permiten tomar fotos dentro: nadie quiere su imagen en el diario. Los j√ɬ≥venes agarran sus palos, terminan sus carteles. Es un d√ɬ≠a importante: habr√ɬ° barricadas simult√ɬ°neas en varias partes de la ciudad. Ellos van a los accesos de Temuco.

-Yo hablo abiertamente lo que pienso en mi casa, pero mis pap√ɬ°s ven las cosas un poco distintas -dice Leticia Huaique, estudiante de pedagog√ɬ≠a, 24 a√ɬĪos-. Tuve que venir a Temuco, a la universidad, para entender lo que le pas√ɬ≥ a mi pueblo. En las comunidades se vive un proceso de asimilaci√ɬ≥n muy grande, los colegios cr√ɬ≠an chilenos, no mapuches. Mis pap√ɬ°s se acostumbraron a tomar las migajas del Estado, tienen un miedo mayor. Esta generaci√ɬ≥n no.

Cuando la policía hace allanamientos a las casas de los estudiantes en sus comunidades de origen, los papás se ven incrédulos y molestos. Un par, incluso, retiró a sus hijos de la universidad.

-No encuentro que quemar un campo sea un acto violentista, si se considera los abusos que han cometido con nuestros abuelos -dice Pacheco-. Si la violencia sirvió para hacer conocida la causa, sirvió.

Entre los académicos no hay teorías definitivas sobre cuál será el impacto que tengan en la dirección del conflicto todos estos estudiantes al momento de egresar.

-La gran deuda que tienen las universidades del sur es que no han podido educar a una nueva clase política mapuche que pueda defender sus derechos, dentro de los cauces normales, conociendo el sistema. Si de esta gran ola de estudiantes sale eso, sería algo realmente importante -dice Alejandro Herrera, director del RUPU, programa de la UFRO que se preocupa de estudiar el fenómeno, darles guía a los estudiantes y ayudarlos a no perder sus tradiciones en la ciudad.

Entre pasillos, sin embargo, circula una tercera tesis, que nadie a√ɬļn se atreve a poner en papel, ni menos defender en p√ɬļblico: las elites m√ɬ°s radicales, ahora educadas en el sistema que desprecian, podr√ɬ≠an engendrar un sin√ɬ≥nimo similar al de los fan√ɬ°ticos del Islam educados en occidente.

-Algo tienen en com√ɬļn: ambos son deudores del sistema al que aborrecen. Muchos estudian gracias a ayudas estatales -explica Ricardo Salas, decano de Ciencias Sociales de la UCT-. Pero no creo que llegue a eso por una sencilla raz√ɬ≥n: los l√ɬ≠deres estudiantiles m√ɬ°s radicales, que son los que m√ɬ°s se oyen, no representan al resto y terminan siendo m√ɬ°s nocivos que √ɬļtiles para su causa. El estudiante mapuche medio quiere otras cosas. Quiere ser exitoso, pero no perder sus ra√ɬ≠ces. Sabe, a diferencia de sus padres, que recuperar tierras no le sirve de nada sin los conocimientos para hacerlas productivas.

Huenchumilla llega al hogar al atardecer. Muestra ojos cansados.

-No somos terroristas, los √ɬļnicos muertos en este conflicto han sido j√ɬ≥venes mapuches. El gobierno est√ɬ° convencido de que los que no estamos dispuestos a que nos pasen a llevar somos unos pocos, una rareza. Pero pregunte a los mapuches: √ā¬Ņqui√ɬ©n apoya la causa? Son todos, somos todos.

-Yo a mi hijo les tengo prohibido ir a marchas. No hice tantos esfuerzos para eso. Tiene que estudiar -dice María Huaracán, de la comunidad Ulario Paillalef.

En diciembre de 2006, su hijo Gabriel arreaba unas vacas en el campo de su familia cuando un Toyota rojo le pegó de lleno para evitar una micro.

Estuvo 17 días gravísimo, con el doctor de la municipalidad pronosticando su muerte. Una arreglahuesos le trató las fracturas. Se recuperó y ese marzo volvió a sus clases de historia en la UFRO.

La historia de su familia cuenta las complejidades del √ɬļltimo siglo en la zona, la imposibilidad de separar entre buenos y malos. Su bisabuelo, chileno venido de Chill√ɬ°n, trabajaba un molino en Saavedra a principios de siglo cuando, enga√ɬĪado por un pe√ɬĪi, termin√ɬ≥ perdiendo el terreno. Desesperado, se cas√ɬ≥ con una mapuche, para tener nuevos campos que trabajar.

A√ɬĪos despu√ɬ©s, una t√ɬ≠a abuela logr√ɬ≥ recuperar las dos enormes piedras de cuarzo franc√ɬ©s del molino. Y su abuelo lo adquiri√ɬ≥ de vuelta completamente, junto con una romana de 500 kilos.Su pap√ɬ°, a√ɬĪos despu√ɬ©s, casi lo pierde todo. En los programas ind√ɬ≠genas de la Concertaci√ɬ≥n puso su nombre como presidente de una Cooperativa de Agricultura, que deb√ɬ≠a reactivar la producci√ɬ≥n en la zona. Confi√ɬ≥ en los profesionales de la ciudad y termin√ɬ≥ lleno de deudas.

Despu√ɬ©s del accidente, Gabriel decidi√ɬ≥ que ya hab√ɬ≠a cumplido la cuota de golpes que su cuerpo pod√ɬ≠a aguantar; dej√ɬ≥ el activismo mapuche y s√ɬ≥lo colabora de vez en cuando en las marchas. Cree que es imposible que su pueblo logre alg√ɬļn tipo de independencia, sin antes poder sustentarse econ√ɬ≥micamente. Decidi√ɬ≥ buscar otro camino y encontr√ɬ≥ la soluci√ɬ≥n en el patio de su casa: gan√ɬ≥ casi dos millones de pesos en un concurso de emprendimiento Cercotec para transformar el molino familiar en un museo tur√ɬ≠stico.

Nunca antes hubo tantos mapuches en la universidad. La UFRO estima un total de 1.600, casi un quinto del total del alumnado, y la Cat√ɬ≥lica de Temuco, una cifra similar. Tampoco nunca antes hab√ɬ≠an egresado tantos: hace seis a√ɬĪos la deserci√ɬ≥n superaba el 60 por ciento. Hoy d√ɬ≠a no pasa el 20.

Por Rodrigo FLuxá desde Temuco.

Fuente: El Mercurio

 Campa√Īas

2025-02-02

Publicación sobre la cultura, sociedad y política de los pueblos originarios.

El periódico Pukara

El Periódico Pukara quiere ser un baluarte en el lucha de ideas, en el combate de principios, en la guerra conceptual, de análisis, de información e investigación que libran los pueblos indígenas contra el ocupante colonialista. El periódico Pukara es una publicación mensual sobre la cultura, sociedad y política de los pueblos originarios. Periodico Pukara
Lea más...

2026-06-15

√ɬĎuke Mapu

Facebook Centro de Documentaci√ɬ≥n Mapuche √ɬĎuke Mapu

En nuestro Facebook Centro de Documentaci√ɬ≥n Mapuche, √ɬĎuke Mapu puede encontrar toda la actualidad noticiosa, art√ɬ≠culos, videos, fotos, actividad, enlaces y el m√ɬ°s completo archivo de noticias. Facebook Centro de Documentaci√ɬ≥n Mapuche, √ɬĎuke Mapu:
Lea más...

La Realidad Mapuche en Youtube


Benetton y los mapuche


¿Qué es la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas?


Aprenda Mapunzugun, el idioma Mapuche, via Internet: comprenda el contexto sociocultural- linguístico e interétnico del Pueblo Mapuche.