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2016-01-18 | Opinión | Indoamericano

El estribillo de los ciclos

驴Fin de ciclo o ciclo del fin?

Una grandilocuente narrativa invade los cielos que hab铆an proyectado los procesos populares en Latinoam茅rica. Se anuncia su ocaso a los cuatro vientos. Los analistas dicen amen y los medios dirigen las endechas anticipadas de un velorio que creen inminente. Pero se olvidan de algo: lo que vivimos No fue un ciclo


El estribillo de los ciclos son recurrentes en una visi贸n anquilosada de la historia (de leyes metaf铆sicas que sostienen una regularidad m谩s all谩 de la praxis humana) propia de la izquierda del siglo XX y ahora, al parecer, de lo que queda de la derecha reciclada; lo c铆clico es, m谩s bien, esa visi贸n que sirve de muletilla a pron贸sticos oraculares travestidos de an谩lisis pol铆tico. De lo que se trata es siempre de darle una direccionalidad a los acontecimientos, lo cual ya significa determinar el sentido de estos. Por eso la historia no es lineal y no se compone de ciclos, estos son apenas una percepci贸n esquem谩tica de las coyunturas. La historia, en cuanto patrimonio humano, es siempre creaci贸n hist贸rica y no simple medici贸n cronol贸gica, es decir, es el escenario en que la libertad humana desaf铆a toda regularidad.
Lo que pretende la narrativa del fin de ciclo es, de modo premeditado, disolver el horizonte de referencia emancipatoria propuesto, sobre todo, por los pueblos ind铆genas; porque aquella se帽alaci贸n maniquea que se hace de los gobiernos, busca disolver en su ambiguo desempe帽o los nuevos contenidos que, como proyecto pol铆tico, constitu铆an la novedad que hizo tambalear las certidumbres propias de la pol铆tica y del Estado moderno-liberal.
Reducir todo a los err谩ticos desempe帽os gubernamentales es disolver la misma potencia revolucionaria popular en los avatares de su 茅lite circunstancial. Por eso la narrativa del fin de ciclo es m谩s que una descripci贸n, porque actualiza aquella ret贸rica aristocr谩tica que condena toda rebeli贸n popular como deicidio, para as铆 justificar su persecuci贸n y aniquilaci贸n. Eso desde Cicer贸n (contra Catilina) hasta Margaret Thatcher y la doctrina Bush (el mismo Popper se dedic贸 a demonizar a los que quer铆an el cielo en la tierra; esos ut贸picos son ahora los populistas, los que encienden las demandas populares; contra estos va dirigida la nueva cruzada en forma de narrativa). La consigna neoliberal de 聯no hay alternativas聰 fue s贸lo posible destruyendo toda otra alternativa. S贸lo de ese modo pudo haberse impuesto la cultura neoliberal en el imaginario social del individuo moderno (que no admite perdedores, s贸lo ganadores).
Aunque se crea libre y forjador soberano de su destino, sigue haciendo de la tragedia griega la escenograf铆a de su propia fatalidad: la libertad es s贸lo posible mientras los dioses duermen. El caso de Grecia es m谩s que casual. Ya no son los dioses del Olimpo o el dios de la cristiandad sino el dios capital y el mercado (ante los cuales se inclina toda la institucionalidad financiera 聳como la Troika, que poco le importa el pueblo, la democracia o la justicia聳 que religiosamente ofrece cuotas de sangre al apetito insaciable de los nuevos 铆dolos modernos). Ante estos continua el sacrificio inevitable de una humanidad reh茅n de poderes omnipotentes que act煤an al margen de la propia vida.
La narrativa impuesta es parte de la normalizaci贸n que impone un mundo que se resiste a otro orden que no sea el que impone la supremac铆a 煤nica de USA. Esta es la doctrina que prevalece entre los neocons o halcones straussianos, como 煤nica pol铆tica exterior gringa. Por eso el fin de ciclo no se dirige s贸lo a Latinoam茅rica sino tambi茅n a los BRICS, en especial a Rusia y China y a toda otra disidencia que pretenda objetar la supremac铆a gringa: se acab贸 el recreo, o capitulan o los aplastamos. Se trata de sobrevivencia cruel.
El mundo ya no es unipolar y, aunque ahora tripolar (despu茅s del rev茅s ruso en Ucrania y Siria, y la admisi贸n del FMI del yuan como cuarta divisa de reserva mundial), la actual guerra fr铆a (sobre todo financiera, como guerra de divisas) est谩 reconfigurando la nueva cartograf铆a geopol铆tica global, hacia una multipolaridad que podr铆a desembocar en una ceropolaridad. El desaf铆o de esto consiste en que, sin centro 煤nico, el equilibrio depender铆a de la complementariedad de apuestas civilizatorias sin pretensi贸n hegem贸nica.
El fin de ciclo forma parte del smart power que dise帽aron los think tanks gringos para desestabilizar la legitimidad de los procesos que se hab铆an venido desencadenando a principios del nuevo siglo. Hacerlos aparecer como una aventura epis贸dica formaba parte de la desarticulaci贸n de la conciencia popular que estaba promoviendo un nuevo sentido com煤n en torno a la recuperaci贸n de soberan铆a y mayor democratizaci贸n econ贸mica en los pa铆ses del ALBA. Esto repercuti贸 hasta en el primer mundo y, como en el pasado, ha sido muestra de que fue siempre esta parte del mundo la que transmiti贸 ideales emancipatorios incluso a la misma Europa.
La orquestaci贸n de esta 煤ltima narrativa forma parte de la estrategia geopol铆tica de la especulaci贸n financiera contra las econom铆as emergentes (por eso los nuevos tratados comerciales son m谩s despiadados y, por ello mismo, precisan demoler toda aspiraci贸n popular para, de ese modo, arrasar con todo lo que queda, pues lo que queda no es mucho y los pobres salen sobrando en las apuestas del capital global).
La estrategia es clara; ante una reconfiguraci贸n del tablero geopol铆tico, todo se trata de sobrevivir y, si es posible, en las mejores condiciones. La apuesta de las burgues铆as de Brasil y Argentina van en ese sentido, pues los nuevos tratados comerciales que dise帽a USA para frenar la hegemon铆a china, supone aperturar el mercado continental al pac铆fico, lo cual implica una lucha de mercados que disminuye el margen de acci贸n de los actores latinos, quienes, gestionando mayor participaci贸n y viendo s贸lo lo inmediato, no hallan m谩s opci贸n que aliarse al gran capital que, a trav茅s de las transnacionales, es quien dictamina los contenidos de los tratados que, en su mayor铆a, son firmados a espaldas de los pueblos.
El gran capital s贸lo puede garantizar un nuevo ciclo de acumulaci贸n global sobre la derrota absoluta de los pobres, lo cual significa hoy la derrota de la humanidad y del planeta. Por eso la nueva plusval铆a que produce el capital consiste en la acumulaci贸n del fracaso hist贸rico que promueve una transferencia resignada de voluntad de vida; el capital no es s贸lo un proceso de valorizaci贸n del valor sino de transferencia sistem谩tica de voluntad.
Un individuo fracasado no tiene voluntad y su 煤nico af谩n se reduce a sobrevivir, no importa c贸mo; lo que promueve ahora el capital es la atomizaci贸n de las expectativas, de modo que 茅stas se circunscriban exclusivamente a mezquinas opciones de pueril sobrevivencia (la lucha de todos contra todos es necesaria para el desarrollo del capital, por eso las guerras se convierten en magnificas oportunidades de nuevos procesos de acumulaci贸n). En estas condiciones no puede haber historia, tampoco pol铆tica, porque si el ser humano no es creador de acontecimientos tampoco puede siquiera imaginar proyectos de expectativas comunes.
Entonces, la estrategia actual de acumulaci贸n global de capital y su actual narrativa, confirma la clarividencia de los poderes f谩cticos ante la interpelaci贸n que los pueblos ind铆genas han originado en este nuevo siglo: otro mundo es no s贸lo posible sino m谩s necesario que nunca. Hace poco, Charles Krauthammer, en el Washington Post, de modo enf谩tico se帽alaba que, desde la ca铆da de la URSS, 聯algo nuevo hab铆a nacido, un mundo unipolar dominado por un 煤nico s煤per-poder sin rival alguno y con un decisivo alcance en cada rinc贸n del planeta. Un nuevo escenario que aparece en la historia, jam谩s antes visto desde la ca铆da del imperio romano.
Es m谩s, ni siquiera Roma es modelo de lo que es hoy USA聰. Esto expresa la doctrina Wolfowitz como primer objetivo de la pol铆tica exterior gringa: prevenir cualquier ascenso de un nuevo rival, ya sea en la ex URSS o en cualquier otro lado; de ese modo asegurar el dominio de regiones cuyos recursos puedan, bajo control, consolidar el poder global.
Esto quiere decir que el poder es tambi茅n una cuesti贸n de percepci贸n. USA hace de su percepci贸n la plataforma de propaganda global que moldea la despolitizaci贸n global como el terreno para imponer un mundo sin alternativas. Ya no se trata s贸lo de desmovilizar a la gente sino de abandonarla en la inacci贸n total (lo cual tambi茅n se logra manteni茅ndole ocupado, por eso el trabajo se realiza ahora bajo presi贸n; los individuos creen superar sus problemas sumergi茅ndose en sus trabajos, pero lo 煤nico que logran es alienarse de s铆 mismos y que la fuerza requerida para recomponer sus vidas sea transferida a la reproducci贸n del capital).
Esto quiere decir que, cuanto m谩s se valoriza el valor, m谩s voluntad de vida se nos expropia. El capital es ahora el creador y el ser humano su creatura. Hacerlo a su imagen y semejanza significa constituirlo en capital humano. Por eso hasta en sus sue帽os no puede haber otra cosa que acumulaci贸n. La invasi贸n de los sue帽os es una pol铆tica del mercado total; si se puede moldear los sue帽os y las expectativas entonces no hay lugar para el esp铆ritu ut贸pico y sin 茅ste no puede haber pol铆tica.
Ese es precisamente el fin de toda narrativa del fin: acabar con el esp铆ritu ut贸pico. Pero la utop铆a es condici贸n humana; sin esperanzas, sue帽os o utop铆as, no puede haber existencia humana y, en consecuencia, tampoco historia. Por eso la narrativa del fin de ciclo no es otra cosa que la reposici贸n de aquella otra, que nos impon铆a el fin de la historia. Ambas se dise帽an para desacreditar toda posible alternativa y, de ese modo, imponernos un mundo sin alternativas.
Un mundo sin alternativas es el para铆so neoliberal. Por eso, ante la narrativa del fin de ciclo, debemos oponer otra: el fin de siglo. Porque el ciclo no era ciclo y lo que parec铆a una continuidad en la regularidad c铆clica del capital era, en realidad, una ruptura epocal. Para ingresar a una nueva 茅poca, era necesario dejar atr谩s el siglo de oro del capitalismo y, parad贸jicamente, tambi茅n, el siglo de la izquierda.
Por eso los siglos no terminan o acaban en las fechas; si no hay capacidad hist贸rica para ingresar a una nueva 茅poca, entonces son los eventos los que condenan aquella incapacidad (Europa ingresa dram谩ticamente al siglo XX con la primera guerra; su no adecuaci贸n a las nuevas circunstancias da lugar al surgimiento de un nuevo poder que se impone definitivamente en la segunda guerra).
En Bolivia hab铆amos ingresado al siglo XXI el 2003, por eso incluso la 聯guerra del gas聰, que sucede en octubre de ese a帽o, anunciaba ya la t贸nica geopol铆tica que iba a desatar la lucha global por el control de los recursos energ茅ticos. El horizonte del 聯vivir bien聰 anunciaba la transici贸n civilizatoria necesaria ante la orfandad ut贸pica que carga la decadencia del mundo moderno, el Estado plurinacional pon铆a en cuesti贸n el concepto decimon贸nico del Estado moderno-liberal, y la descolonizaci贸n remataba con el urgente desmantelamiento de la provinciana visi贸n que el primer mundo se hab铆a hecho del resto.
Por eso la insistencia: el poder es tambi茅n una cuesti贸n de percepci贸n; si la percepci贸n no cambia, tampoco cambia el mundo. La descolonizaci贸n va por ese lado. Si no somos capaces de proponer una nueva narrativa hist贸rica 聳m谩s all谩 del eurocentrismo reinante hasta en la izquierda聳, entonces, nuestras respuestas pol铆ticas, a preguntas actuales de profunda novedad, seguir谩n siendo las mismas viejas respuestas del siglo pasado.
El mundo est谩 cambiado radicalmente, pero las percepciones contin煤an moldeando estos cambios bajo esquemas ortodoxos. Los economistas perciben, por ello, s贸lo lo que el capital permite percibir: que esta crisis no es sino uno m谩s de los ciclos acostumbrados del capital. Por eso tambi茅n, a nivel global, se posponen decisiones apremiantes ante la crisis clim谩tica y se insiste en una confianza hasta c谩ndida en el mercado y el capital. El mundo moderno ha producido una suerte de servidumbre voluntaria a fetiches que deciden sobre la vida y la muerte como aut茅nticos dioses.
Los gobiernos de izquierda, incapaces de generar un nuevo esp铆ritu ut贸pico, porque no pueden superar su siglo de referencia, tampoco pueden asumir los desaf铆os que conlleva un tr谩nsito hacia un nuevo horizonte, que es lo que viene proponiendo el nuevo sujeto de una pol铆tica trans-moderna. Todos los an谩lisis geopol铆ticos insisten que el mundo est谩 experimentando una transici贸n civilizatoria, lo cual significa impl铆citamente que el mundo moderno y su disposici贸n antropol贸gica y geopol铆tica centro-periferia est谩 por concluirse. Esta situaci贸n es la que avizoran los think tanks del primer mundo y, por ello mismo, son los m谩s interesados en preservar la provinciana percepci贸n imperial como 聯realismo pol铆tico聰.
La cuesti贸n es que si no hay alternativas, entonces lo 煤nico que nos queda es defender lo que hay como lo 煤nico posible. Pero lo que hay es lo que nos est谩 conduciendo, a la humanidad y al planeta, a la imposibilidad de la vida. Entonces, cambiar de percepci贸n ya no es cuesti贸n de pareceres sino de apuesta vital.
Desde Marx sabemos que la realidad que ha producido el capitalismo est谩 invertida. Lo que toman por 聯realismo聰 los analistas es esta realidad invertida. Ponerla de pie significa restaurar en nosotros mismos la condici贸n de sujetos. La realidad es producci贸n humana, la objetividad del mundo es producci贸n de subjetividad. La capacidad de ser sujeto consiste en ser causa y no efecto de lo que se vive. Las leyes que act煤an a espaldas de los actores son producto de la fetichizaci贸n de las relaciones mercantiles. La expansi贸n de 茅stas al infinito es el neoliberalismo.
Por eso no se trata s贸lo de una econom铆a sino de toda una cultura: necesita producir un individuo acorde a este tipo de expansi贸n y, mediante el tipo de producci贸n y consumo actual, lo que produce es el vac铆o de voluntad de un alguien que vive una sucesi贸n de instantes sin proyecci贸n alguna, por eso hasta en su voto manifiesta un puro acto emocional sin criterio pol铆tico alguno.
Frente a esta situaci贸n, lo que deb铆an proponerse los gobiernos de la regi贸n, era disputar el universo simb贸lico de las expectativas hist贸ricas. Frente a la crisis civilizatoria del mundo moderno y fieles al horizonte de una nueva forma de vida 聳lo que llamamos 聯vivir bien聰 聳, deb铆an proponerse la constituci贸n de una nueva subjetividad como trasfondo de una nueva forma de producci贸n y consumo.
Porque no se trata s贸lo de sacar gente de la pobreza, sino de que ellos sean los protagonistas de una nueva forma de vida. De lo contrario, en ese ascenso social se vuelven conservadores y una vez mejoradas sus condiciones de vida y contemplando siempre su 茅xito como 茅xito individual (asumiendo el modelo empresarial), abandonan el proyecto que los sac贸 de la pobreza. Defender lo logrado, de modo individual o corporativo, se convierte entonces en tierra f茅rtil de un neoconservadurismo.
Si recordamos, las primeras medidas m谩s revolucionarias de la revoluci贸n cubana no son econ贸micas sino culturales: la creaci贸n del ICAIC (donde aparece la Trova cubana) y la Casa de las Am茅ricas. Porque una revoluci贸n que no produce al sujeto de esa revoluci贸n, inevitablemente fracasa (por eso el proceso de cambio en Bolivia se identificaba originalmente como una revoluci贸n democr谩tico-cultural).
En eso se distinguen reforma de revoluci贸n. Lo que distingue a una revoluci贸n es la proyecci贸n de un nuevo horizonte de vida como fundamento de una transformaci贸n de las estructuras mismas que sostienen al mundo que se quiere dejar atr谩s.
Por eso deb铆amos producir la capacidad de ingreso auto-consciente a una nueva 茅poca; pero la colonialidad de una izquierda que, muy a su pesar, reedita la paradoja se帽orial, evidencia la contradicci贸n reinante de un desempe帽o gubernamental que no se corresponde con los sentidos que se deducen del nuevo horizonte del 聯vivir bien聰; por eso sus apuestas siguen siendo modernas, persiguiendo el mismo desarrollo y progreso que han originado la crisis clim谩tica actual.
Ni la izquierda ni la derecha est谩n a la altura de los desaf铆os del nuevo siglo; por eso la derecha no puede proponer ninguna alternativa que no sea la reposici贸n de la hegemon铆a del d贸lar en nuestras econom铆as (lo cual no constituye alternativa alguna ante la decadencia del d贸lar), tampoco podr铆an cancelar las conquistas sociales para favorecer a una elite cada vez m谩s inclinada al desmantelamiento estatal como condici贸n sine qua non de su sobrevivencia en la econom铆a global patrocinada por la especulaci贸n financiera.
En medio de la actual incertidumbre, a prop贸sito del colapso del d贸lar y la econom铆a mundial, las elites latinoamericanas carecen de m谩s opciones que no sea morir con el d贸lar (porque no se trata s贸lo de una moneda sino de una forma de vida). Persistir en ello es cuesti贸n vital para ellas y eso manifiesta su m谩s acabada colonizaci贸n.
Lo que viene sucediendo en Argentina es muestra de la urgente necesidad que tiene el d贸lar de deshacer definitivamente la soberan铆a de nuestros Estados y sostener sobre nuestros recursos estrat茅gicos las pretensiones de su supremac铆a global. Por eso cuando nos referimos al fin de siglo, no lo hacemos en los t茅rminos de fin de ciclo, porque no se trata de un cambio autom谩tico ni de una sucesi贸n natural. Se trata de una sintomatolog铆a epocal que precisa de la intervenci贸n decisiva de los pueblos, aun a pesar de una dirigencia que no re煤ne las condiciones de una nueva apuesta.
No se trata de que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer, sino de que los poderes f谩cticos han colonizado la percepci贸n de los acontecimientos, de modo que produce, hasta en las apuestas de izquierda, una resignada admisi贸n de que lo 煤nico posible y deseable son las ilusiones del mundo moderno: un crecimiento sin l铆mites y un desarrollo y progreso infinitos. Vale, para estos, la sentencia que hace Kenneth Boulding: 聯cualquiera que crea que el crecimiento material infinito es posible en un planeta f铆sicamente limitado, o es un loco o es un economista聰.
El capitalismo es imposible sin crecimiento, pero un crecimiento ilimitado o un progreso infinito no s贸lo es iluso sino suicida, porque lo 煤nico que crece, en cuanto acumulaci贸n de capital, lo hace a costa de la vida misma. El siglo XX fue el siglo del progreso. Capitalismo y socialismo son hijos de ese paradigma, por eso nunca cuestionan a la sociedad moderna, porque es tambi茅n la sociedad del progreso.
Pero esta sociedad es imposible sin fuentes infinitas de energ铆a, es decir, abundante, continua y barata. En un siglo de vigencia de este paradigma, se han producido los mayores da帽os ecol贸gicos jam谩s antes experimentados. Persistir en ello constituye la ceguera moderna que abraza tambi茅n la izquierda, y es lo que no le permite ingresar, de modo consciente, al nuevo siglo.
Un siglo no acaba cambiando de n煤meros. El siglo XX ha sido el triunfo del capitalismo, porque hasta la izquierda, a pesar suyo, no fue capaz de superar el horizonte civilizatorio que lo sosten铆a. Por eso se presenta incluso m谩s moderna que cualquiera, no teniendo en cuenta que modernidad y capitalismo son el entrelazamiento perfecto de una forma de vida que, desde 1492, ha venido destruyendo toda otra forma de vida para aparecer ella como la 煤nica posible (as铆 como el protestantismo se presta, de modo m谩s eficaz, a terminar lo que la iglesia cat贸lica no pudo, o sea, extirpar la idolatr铆a del coraz贸n del indio; as铆 tambi茅n la izquierda siempre se afan贸 en concluir el proyecto de la derecha: acabar con el indio es m谩s eficaz cuando 茅ste renuncia a su propia forma de vida).
Para que un nuevo siglo nazca plenamente, se debe reunir las condiciones existenciales que permitan el abandono del siglo pasado. El fin de ciclo no anuncia nada nuevo sino la imposibilidad de dejar atr谩s lo viejo conocido y, de ese modo, conservar a toda costa un mundo sin alternativas.
El fin de ciclo describe una situaci贸n t铆pica que coincide con la ret贸rica apocal铆ptica del fin de los tiempos; con ello se insiste siempre en la cancelaci贸n de toda alternativa posible. El milenarismo actual da lugar a una marcada inacci贸n pertinente a la conservaci贸n de lo establecido. Pero la perorata del fin esconde que, con el fin de algo no acaba todo sino m谩s bien empieza algo, y ese algo, s贸lo puede ser algo nuevo.
Por eso el fin de ciclo es m谩s bien otro repetido ciclo del fin. El miedo a enfrentar lo nuevo produce la dram谩tica paralizaci贸n de la contemplaci贸n del posible fin de todo. Es curioso c贸mo el individuo moderno, gracias a su tele-adicci贸n, es capaz de imaginar el m谩s terrible de los escenarios de una cat谩strofe nuclear, pero es incapaz de imaginar lo contrario; formateado por la est茅tica del desastre, se halla inhabilitado para algo m谩s que no sea la pura contemplaci贸n 聳hasta morbosa聳 de un fin apocal铆ptico. Esta inacci贸n produce su despolitizaci贸n, es decir, su incapacidad de cambiar la fatalidad que tiene enfrente.
Cuando el comandante Ch谩vez dijo que 聯lleg贸 la hora de los pueblos聰, no se equivocaba, pero, como dijo tambi茅n Fidel, 聯la revoluci贸n s贸lo ser谩 posible cuando el pueblo crea en s铆 mismo聰. Es menester que nuestros pueblos vuelvan a creer en s铆 mismos, para superar esta coyuntura. El mundo est谩 cambiando y, en ese contexto, no encontraremos mejor lugar para lograr nuestra definitiva independencia.
Ante la amenaza de una conflagraci贸n nuclear (pues ya sabe la OTAN que no puede vencer a Rusia, y menos a la alianza China-Rusia, en una guerra convencional), como 煤nica opci贸n de reposici贸n de la supremac铆a del d贸lar, s贸lo la movilizaci贸n del sur puede desencadenar una reconfiguraci贸n geopol铆tica restauradora.
Para dejar de ser periferia hay que dejar de ser consciencia perif茅rica. El centro es centro gracias a nuestra transferencia sistem谩tica de voluntad, ya que seguimos creyendo en su forma de vida y deseando su riqueza, cuando es 茅sta la causa de nuestra miseria. Si hasta en la alimentaci贸n ya se sabe que lo m谩s racional es volver a lo nuestro, en econom铆a lo m谩s racional ser铆a para producir para reproducir la vida y ya no exclusivamente la ganancia. Eso no produce ricos pero tampoco produce miseria.
La crisis clim谩tica s贸lo ser谩 resuelta si se restaura el equilibrio sist茅mico de la naturaleza, como condici贸n adem谩s de restaurar el equilibrio que, como humanidad, hemos perdido en el mundo moderno.
Parte de la restauraci贸n de ese equilibrio consiste en no someterse a otro ciclo sino en potenciar lo que hab铆amos logrado como pueblo: un nuevo horizonte de vida. La humanidad est谩 hambrienta de alternativas, pero eso no nace de arriba sino se construye desde abajo. El mundo seguir谩 siendo el mismo si nuestra percepci贸n es la misma, esto confirmar谩 nuestra condici贸n perif茅rica; pero si cambiamos de perspectiva, el mundo ya no ser谩 patrimonio de la visi贸n de unos cuantos y lo que parec铆a imposible se har谩 posible.
Lo m谩s verdadero de los pueblos son sus mitos, la verdadera fuerza proviene de ellos. Porque en ellos se encuentra el esp铆ritu que ha hecho posible su resistencia y es lo que har谩 posible nuestra liberaci贸n definitiva. Por eso ante el anuncio del fin de ciclo responderemos con el renacer de un nuevo tiempo.

Por: Rafael Bautista S.
Autor de 聯la Descolonizaci贸n de la Pol铆tica. Introducci贸n a una Pol铆tica Comunitaria聰.
Dirige el Taller de la descolonizaci贸n en La Paz, Bolivia
rafaelcorso@yahoo.com

Fuente: Centro de Documentaci髇 Mapuche, 製ke Mapu

 Campa帽as

2019-09-24

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S茅ptimo encuentro en Quemchi (Chilo茅): Coordinadora de Comunidades reafirma procesos por la defensa y reconstituci贸n de territorios en la Willi Lafken Mapu. Voces de participantes, de La Revuelta de Chilo茅 y Radio Minga, donde intervienen: Lonko Clementina Lepio, Lonko Christian Chiguay, Alex Mansilla, Enia Esparza Paillalebe, Ignacio Chiguay, Gianina Carozzi, H茅ctor White Millao, Tamara Vidal Caicheo, Pamela Zu帽iga Ne煤n y un resumen al final de intervenciones durante el encuentro realizado por comunicaciones de la Coordinadora Willi Lafken Weichan. Audio y Nota. Escuchar audio
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2020-01-05

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2020-01-14

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Acceso libre al libro Ta i帽 fijke xipa rakizuameluw眉n: Historia, colonialismo y resistencia desde el pa铆s Mapuche. Temuco: Ediciones Comunidad de Historia Mapuche, 2012. Descarga
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La convocatoria se encuentra abierta todo el a帽o para publicar, compartir y desclasificar los materiales o fuentes de informaci贸n.
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2020-02-26

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聯La 煤nica forma posible de comenzar un discurso de este tipo es afirmar que detesto escribir. El proceso en s铆 mismo representa el concepto europeo de pensamiento 聯leg铆timo聰. Lo que est谩 escrito tiene una importancia que se le niega a lo hablado. Mi cultura, la cultura Lakota, cuenta con una tradici贸n oral, por lo que normalmente rechazo imposici贸n de una abstracci贸n sobre la relaci贸n oral de un pueblo.la escritura. Es uno de los caminos del mundo blanco para la destrucci贸n de las culturas de los pueblos no europeos, la
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2020-10-13

El 12 de octubre, Latinoam茅rica se viste de ind铆gena (con orgullo)

Son muchos los pa铆ses sudamericanos que han cambiado el nombre y el motivo de la festividad del conocido como D铆a de la Raza para olvidar la colonizaci贸n y conmemorar a los ca铆dos ind铆genas.
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