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2015-11-03 | Opinión | -

EL TPP: o cómo ceder soberanía por secretaría

La tesis de los negociadores del Tratado Transpac√ɬ≠fico es que los consumidores deben ser protegidos del gobierno y no de las corporaciones, se√ɬĪala el economista Jos√ɬ© Gabriel Palma en esta columna. Los pa√ɬ≠ses suscriptores, dice, restringir√ɬ°n su autonom√ɬ≠a al aceptar que cortes supranacionales juzguen los reclamos de las multinacionales. √ā¬ŅQu√ɬ© pasar√ɬ° si el gobierno decide subir significativamente el salario m√ɬ≠nimo, rechazar un proyecto por su da√ɬĪo ambiental o crear una AFP estatal? La respuesta, se√ɬĪala, es simple: √ʬĬúLas multinacionales podr√ɬ°n recurrir a las nuevas cortes Mickey Mouse para pedir compensaci√ɬ≥n√ʬĬĚ.




Despu√ɬ©s de cinco a√ɬĪos de negociaci√ɬ≥n y siete desde que la idea fue planteada por primera vez, 12 pa√ɬ≠ses, incluido Chile, acaban de llegar a acuerdo sobre el Tratado Transpac√ɬ≠fico o TPP (Trans-Pacific Partnership). De aprobarse, ser√ɬ≠a el mayor acuerdo de este tipo desde el pacto multilateral de Uruguay de 1994. Entre los muchos objetivos que se han destacado est√ɬ° liberalizar el comercio y armonizar la regulaci√ɬ≥n en una amplia gama de sectores, incluyendo los aranceles agr√ɬ≠colas, y las patentes y los derechos de autor. Tambi√ɬ©n, y como objetivo estrat√ɬ©gico fundamental, el TPP busca crear una instancia supranacional para que las corporaciones (especialmente las internacionales) puedan demandar a los gobiernos en cortes especialmente dise√ɬĪadas para dicho fin, si sienten que han sido tratadas de forma que las perjudica.
Al reconocer esta nueva institucionalidad, los Estados miembros aceptan que en el futuro parte de sus atribuciones queden limitadas por estas instancias supranacionales, las cuales pasan a estar por sobre sus parlamentos y sistemas judiciales. Por ello, sorprende que hasta ahora este tratado haya sido presentado como si fuese fundamentalmente algo comercial, cuando este otro aspecto es de una envergadura mucho mayor. Entre otros cosas, con ello se acepta, ni más ni menos, que corporaciones multinacionales y dichas cortes tenga el derecho a restringir significativamente la libertad de acción de gobiernos elegidos democráticamente en una amplia gama de materias fundamentales para el desarrollo, como elbienestar, el crecimiento y su sustentabilidad.
Proponentes del tratado dicen que ya era tiempo de desbloquear La Ronda de Doha, estancada por 14 a√ɬĪos. El TPP podr√ɬ≠a re-estimular la globalizaci√ɬ≥n y el crecimiento, en especial en sectores cuyo acceso ha estado limitado, como la agricultura. Sin embargo, sus propias estimaciones sugieren que el PIB de los pa√ɬ≠ses en cuesti√ɬ≥n podr√ɬ≠a aumentar en promedio apenas un 0,5% en los pr√ɬ≥ximos cinco a√ɬĪos. √ā¬ŅTanto ruido por tan pocas nueces? Incluso medios normalmente muy favorables a este tipo de tratados, como el Financial Times, han dicho que es poco probable que dicho tratado revierta la reciente desaceleraci√ɬ≥n del comercio mundial.
Cr√ɬ≠ticos del TPP enfatizan que el acuerdo −del cual sorprendentemente todav√ɬ≠a se conoce muy poco en forma oficial− va a colocar un techo muy bajo a los salarios, en especial en pa√ɬ≠ses de ingreso medio, como Chile, perpetuando en ellos la desigualdad. A su vez, limitar√ɬ≠a la posibilidad de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores (pues incentivar√ɬ° el race to the bottom).
√ā¬ŅQu√ɬ© pasar√ɬ≠a ma√ɬĪana, en la era del TPP, si un gobierno decide hacer algo de verdad respecto de nuestros salarios de ineficiencia, y resuelve, por ejemplo, subir en forma ordenada (pero significativa) el salario m√ɬ≠nimo? Muy simple: ahora las multinacionales podr√ɬ°n recurrir a las nuevas cortes Mickey Mouse, para pedir compensaci√ɬ≥n.
Tambi√ɬ©n, como se mencion√ɬ≥, preocupa de sobremanera eso de ceder soberan√ɬ≠a en una amplia gama de materias, en t√ɬ©rminos del nuevo espacio que preemitir√ɬ° a lo posible. Est√ɬ© o no uno de acuerdo con la racionalidad, efectividad y justicia de las nuevas (y muy limitadas) coordenadas de lo posible, el sentido com√ɬļn indica queuna decisi√ɬ≥n de esta naturaleza deber√ɬ≠a tener car√ɬ°cter constitucional. Ya tenemos el precedente de ceder soberan√ɬ≠a por secretaria en el TLC con EE.UU., donde Chile acept√ɬ≥ emascular su pol√ɬ≠tica macroecon√ɬ≥mica en materias de control de cambio. La diferencia es que ahora con el TPP eso ocurre con una gama inmensamente mayor de materias fundamentales para nuestro desarrollo, tanto humano, econ√ɬ≥mico, social como pol√ɬ≠tico. Lo m√ɬ°s probable es que como eso es impresentable, los spin doctors tiendan a enfatizar otros aspectos del tratado (igual pas√ɬ≥ con el TLC).
Otro aspecto altamente controversial del tratado es que las farmacéuticas ganaron concesiones asombrosas, las que les permitirá restringir y retardar nuestro acceso a medicamentos genéricos. Incluso se limitará el acceso a la información que proviene de la investigación al respecto, la cual es fundamental para la innovación en dicha materia. Todo esto va a costar vidas.
Finalmente, se ha criticado el secreto que ha envuelto la negociaci√ɬ≥n, ya que a√ɬļn despu√ɬ©s de haberse llegado a acuerdo en Atlanta (el 5 de octubre), ocasi√ɬ≥n en la cual los 12 miembros pusieron su firma al tratado, lo √ɬļnico que se sabe con exactitud es gracias a WikiLeaks. Y si bien el secreto se ha extendido incluso a nuestros parlamentarios, no ha sido as√ɬ≠ para un sinn√ɬļmero de multinacionales, las cuales no s√ɬ≥lo pudieron ser parte activa de las negociaciones, sino que se les permiti√ɬ≥ a m√ɬ°s de 500 de sus lobbystas y abogados participar en lo que eufem√ɬ≠sticamente se llam√ɬ≥ √ʬĬúcolaborar√Ę¬Ä¬Ě en la redacci√ɬ≥n d
e los acuerdos. Varios de los negociadores oficiales (delegados de pa√ɬ≠ses) ya se est√ɬ°n reencarnando como representantes de las multinacionales en las distintas instancias del TPP (√ā¬Ņsuena conocido?).
LAS CRITICAS EN EL CONGRESO DE EE.UU.
Se estima que en algunos pa√ɬ≠ses no va a ser f√ɬ°cil ratificar el tratado. Lo clave es lo que va a pasar en los congresos de EE.UU. y Jap√ɬ≥n, los dos pilares del acuerdo. En el Congreso de Estados Unidos los dem√ɬ≥cratas ya han criticado su aspecto laboral (lo cual −salvo por WikiLeaks− hasta ahora s√ɬ≥lo conocen por res√ɬļmenes disponibles en salas protegidas de lectura). Seg√ɬļn un senador dem√ɬ≥crata, para las multinacionales el TPP √ʬĬúes como una gran vasija al final del arco iris, llena de monedas de oro√ʬĬĚ. Hasta Hillary Clinton critic√ɬ≥ su aspecto laboral, pues √ʬĬúno pasa ni la vara m√ɬ≠nima al respecto√ʬĬĚ. Tambi√ɬ©n critic√ɬ≥ la falta de inter√ɬ©s por regular la manipulaci√ɬ≥n cambiaria. Si bien el Presidente Obama ya tiene el √ʬĬúfast-track√ʬĬĚ, la nueva alianza (poco santa) entre Clinton, Sanders y Trump no le va a ayudar.
√ā¬ŅY si un gobierno decide colocarle un royalty de verdad a las multinacionales del cobre, para recuperar la renta minera que a√ɬļn en la actual Constituci√ɬ≥n pertenece a todos los chilenos? La ira de Voldemort caer√ɬ° como un rel√ɬ°mpago
Pero la alianza (a√ɬļn menos santa, particularmente entre industrias del ayer), como las tabacaleras, los grandes contaminantes (como los del petr√ɬ≥leo y carb√ɬ≥n), Wall Street, Hollywood y los medios de comunicaci√ɬ≥n, junto a las farmac√ɬ©uticas no ha escatimado esfuerzo (y gasto) en su apoyo. En definitiva, la √ɬļnica opci√ɬ≥n que va a tener Obama para poder aprobarlo en el Congreso es apoyarse en los republicanos −a riesgo de que cuando los que mandan pierden la verg√ɬľenza, los que obedecen pierden el respeto-.
En el caso japonés, Shinzo Abe, el primer líder nacido después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y ex-ejecutivo de una gran acería, es conocido por su lejanía con los intereses agrícolas que podrían ser afectados. De hecho, llegó a ser presidente de su partido (PLD) derrotando a quien era entonces el ministro de Agricultura. Su cercanía a sectores potencialmente beneficiarios prácticamente asegura su ratificación. Sin embargo, el reciente cambio político en Canadá es una complicación inesperada, aunque el fuerte apoyo de Australia y Nueva Zelandia, los que tienen más que ganar por su gran potencial agrícola y ubicación geográfica, lo compensa.
Hay sectores, como el lobby agr√ɬ≠cola en los EE.UU., que est√ɬ°n entusiasmados con la apertura del mercado japon√ɬ©s, aunque no est√ɬ°n igualmente contentos por el mayor acceso australiano a su mercado del az√ɬļcar. La industria automotriz japonesa tambi√ɬ©n ve bien la apertura parcial del NAFTA en t√ɬ©rminos de las reglas de origen del sector automotor. El FMI y el Banco Mundial tienen los dedos cruzados para que el tratado d√ɬ© un impulso al debilitado comercio mundial. Pero, a excepci√ɬ≥n de pocos productos -como los mencionados- el nivel actual de las tarifas ya es bastante bajo; y Chile ya tiene tratados comerciales con todos los pa√ɬ≠ses del TPP, incluido con aquellos que se rumorea pueden sumarse m√ɬ°s adelante, como Corea del Sur.
Y China, el mayor socio comercial de la mayor√ɬ≠a de los pa√ɬ≠ses del tratado, ha sido excluida deliberadamente del TPP,con el peligro de que el efecto del tratado, a√ɬļn en lo comercial, sea negativo, pues sin China el efecto √ʬĬúdesviaci√ɬ≥n de comercio√ʬĬĚpuede perfectamente dominar al de √ʬĬúcreaci√ɬ≥n√ʬĬĚ.
El tratado también tiene una serie de cláusulas que limitan fuertemente el campo de acción de empresas estatales, aspecto que domina el modelo chino, en favor de las multinacionales. Pero con el pragmatismo que las caracteriza, muchas empresas chinas (incluida estatales) ya están instalando plantas de ensamblaje en Vietnam para aprovechar las nuevas ventajas de acceso de ese país al mercado norteamericano.
LAS NUEVAS CORTES √ʬĬúMICKEY MOUSE√ʬĬĚ
√ā¬ŅY Chile? Como dec√ɬ≠amos, nuestro pa√ɬ≠s ya tiene tratados comerciales con todos estos pa√ɬ≠ses, y el TPP no innova en materias relacionadas a nuestros principales productos de exportaci√ɬ≥n. Por tanto, poco puede cambiar en esa direcci√ɬ≥n. √ā¬ŅPor qu√ɬ© entonces es tan fuerte el apoyo de la derecha, y tantas las loas de los viejos estandartes de la Concertaci√ɬ≥n? Una pista: s√ɬ≥lo cinco de los 30 cap√ɬ≠tulos del tratado dicen relaci√ɬ≥n con comercio internacional. Otra: nuestro ex-presidente, √ʬĬúthe trader√ʬĬôs trader√ʬĬĚ, fue uno de sus instigadores. √ā¬ŅSer√ɬ≠a tan arriesgado pensar que el TPP tambi√ɬ©n tiene relaci√ɬ≥n con la marea pol√ɬ≠tico-social que comienza a complicar al modelo neo-liberal en tantas partes del mundo? √ā¬ŅBusca el TPP crear un dique de contenci√ɬ≥n al respecto? En jerga de economista: ya que este modelo pierde su semblanza a un equilibrio Nash, nuevas instituciones supranacionales, creadas espec√ɬ≠ficamente para ello, pueden fortificarlo −como cuando un equipo cae en la tabla, es hora de salir al exterior a buscar refuerzos-.
√ā¬ŅQu√ɬ© pasar√ɬ≠a ma√ɬĪana, en la era del TPP, si un gobierno decide hacer algo de verdad respecto de nuestros salarios de ineficiencia, y resuelve, por ejemplo, subir en forma ordenada (pero significativa) el salario m√ɬ≠nimo? Muy simple: ahora las multinacionales podr√ɬ°n recurrir a las nuevas cortes Mickey Mouse, para pedir compensaci√ɬ≥n.
√ā¬ŅY si se decide hacer algo radical contra el tabaco? Las corporaciones del rubro (las √ɬļnicas que pueden elaborar un producto que se puede vender en forma legal, y que mata al usuario si √ɬ©ste hace exactamente lo que se le dice debe hacer con el producto) podr√ɬ°n hacer lo mismo. Y si a una multinacional se le niega el permiso para llevar adelante un proyecto por sus da√ɬĪos medioambientales, √ɬ©sta podr√ɬ° hacer lo mismo, pero esta vez para pedir compensaci√ɬ≥n por todas las utilidades que podr√ɬ≠a haber ganado si se le hubiese autorizado seguir adelante.
√ā¬ŅY qu√ɬ© pasar√ɬ≠a si un gobierno decide colocar un techo a la tasa de inter√ɬ©s m√ɬ°xima efectiva anual que puedan cobrar las instituciones financieras no mayor a (digamos) 20 puntos porcentuales sobre la tasa de referencia del Banco Central? √ā¬ŅY si al mismo tiempo transforma al Banco Estado (empresa estatal, aunque les de verg√ɬľenza colocar el √ʬĬúdel√Ę¬Ä¬Ě en el nombre) en una fuente realmente efectiva de acceso al cr√ɬ©dito barato para personas de ingreso bajo y PYMES? √ā¬ŅO si un gobierno decide crear una AFP estatal como remedio paliativo al actual sistema? (la Comisi√ɬ≥n Bravo estima que entre los a√ɬĪos 2025 y 2035 la mitad de los pensionados recibir√ɬ° una jubilaci√ɬ≥n que no superar√ɬ° el 15% de su sueldo). En estos casos, la compensaci√ɬ≥n a las corporaciones afectadas podr√ɬ≠a ser mucho m√ɬ°s sustancial por la osad√ɬ≠a de querer usar empresas estatales para interferir en el as√ɬ≠ llamado mercado (√ā¬Ņhabr√ɬ° alguien en Chile que todav√ɬ≠a crea que lo que existe se asemeja a un √ʬĬúmercado√ʬĬĚ?). Si Adam Smith supiera en lo que termin√ɬ≥ su quimera√ʬĬ¶
La hipótesis de trabajo del TPP, como predicaba Milton Friedman, es que hay que proteger a los consumidores de las interferencias del gobierno, y no de los abusos de las grandes corporaciones
√ā¬ŅY si una futura superintendenta de pensiones, a diferencia de la actual, no aprueba (y menos en forma express) la creaci√ɬ≥n de una AFP fantasma, sin infraestructura ni afiliados, cuyo √ɬļnico fin aparente es realizar un √ʬĬúgoodwill tributario√ʬĬĚ, que permite a la AFP matriz una rebaja tributaria de $ 80 mil millones? √ā¬ŅY si un gobierno decide colocarle un royalty de verdad a las multinacionales del cobre, para recuperar la renta minera que a√ɬļn en la actual Constituci√ɬ≥n pertenece a todos los chilenos? La ira de Voldemortcaer√ɬ° como un rel√ɬ°mpago.
Lo mismo si el gobierno decide recuperar y licitar las aguas de las lluvias y las del derretimiento de las nieves, regaladas (√ā¬Ņauto-regaladas?) deshonestamente por los iluminados de la dictadura; o si se decide hacer igual cosa conlos derechos de pesca, regalados deshonestamente por nuestra (boleteada) democracia. La nueva institucionalidad supranacional, en lugar de crear espacios para reparar fraudes sist√ɬ©micos, los va a legitimar, pues ser√ɬ° mucho m√ɬ°s dif√ɬ≠cil repararlos.
Y, como dec√ɬ≠amos, si se decide implementar nuevamente controles de cambio, como los del √ʬĬô90 (tan efectivos en su √ɬ©poca, a pesar de su timidez) −para as√ɬ≠ poder tener un tipo de cambio m√ɬ°s estable y competitivo− no s√ɬ≥lo habr√ɬ≠a que saltar la vara artificial del TLC, sino que ahora habr√ɬ≠a tambi√ɬ©n que compensar a cuanto especulador le de una pataleta. Y olv√ɬ≠dense de la posibilidad de hacer pol√ɬ≠tica industrial √ʬĬúvertical√ʬĬĚ, como en Asia, pues dicha pol√ɬ≠tica es por definici√ɬ≥n, un mecanismo que interfiere en la asignaci√ɬ≥n de recursos (con ganadores y perdedores; un ejemplo ser√ɬ≠a un royalty diferenciado a la miner√ɬ≠a del cobre para incentivar su industrializaci√ɬ≥n).
√ā¬ŅY si un gobierno decide (√ā¬°por fin!) actuar en defensa de los consumidores, para acabar con tanto abuso? No se sorprendan si en el futuro un gobierno tenga que ir a pedir permiso a las nuevas cortes para poder mirar dentro de una salchicha. La hip√ɬ≥tesis de trabajo del TPP, como predicaba Milton Friedman, es que hay que proteger a los consumidores de las interferencias del gobierno, y no de los abusos de las grandes corporaciones.
EL NOCIVO EFECTO EN EL ACCESO A LOS F√ɬĀRMACOS
Entre los pocos temas en los que ha habido algo de debate, est√ɬ° el de los efectos del TPP en el precio y en el acceso a f√ɬ°rmacos, en especial a los gen√ɬ©ricos. Como en tantas otras √ɬ°reas, salvo por lo publicado en WikiLeaks, poco se sabe del detalle del acuerdo, en especial su letra chica. La preocupaci√ɬ≥n es obvia, dado el abuso sist√ɬ©mico de las farmac√ɬ©uticas. Por ejemplo, seg√ɬļn un informe de la revista Journal of National Cancer Institute, 11 de los 12 nuevos medicamentos contra el c√ɬ°ncer aprobados recientemente por la Administraci√ɬ≥n de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. se comercializan a un precio de m√ɬ°s de US$100.000 al a√ɬĪo ($70 millones, en algunos casos mucho m√ɬ°s). Esa cifra es el doble del ingreso promedio anual de los hogares norteamericanos; y para qu√ɬ© decir de los otros pa√ɬ≠ses del TPP.
Un signo de los tiempos que se nos vienen encima es que hace un mes un conocido hedge fund manager compr√ɬ≥ los derechos de un remedio esencial para combatir el VIH, e inmediatamente multiplic√ɬ≥ su precio por 55 (de US$13,5 a US$750; o del ya caro $9.300, a m√ɬ°s de $500.000 por pastilla). Todo, por supuesto, en nombre de la ciencia y del progreso. Nuestro emprendedor ya hab√ɬ≠a sido acusado de ganar plata ilegalmente -v√ɬ≠a short-selling- acciones de empresas biotecnol√ɬ≥gicas usando informaci√ɬ≥n privilegiada (que obten√ɬ≠a pagando a funcionarios p√ɬļblicos), y difundiendo informaciones falsas sobre dichas empresas. √ā¬ŅVelar√ɬ°n las nuevas cortes por el juramento hipocr√ɬ°tico √ʬĬúEn cualquier casa donde entre, no llevar√ɬ© otro objetivo que el bien de los enfermos√ʬĬĚ; o ayudar√ɬ°n al camello a pasar por el ojo de la aguja?
Cuesta creerlo, pero como explicaba un conocido premio Nobel de Medicina, √ʬĬúse han dejado de investigar antibi√ɬ≥ticos porque eran demasiado efectivos y curaban del todo√ʬĬĚ. Estas son las farmac√ɬ©uticas y los especuladores que ganaron por goleada en la negociaci√ɬ≥n del TPP. A diferencia de un naufragio, √ā¬°s√ɬ°lvense quien pueda (pagar)! Si un nuevo gobierno decide poner orden en este negocio, la irritaci√ɬ≥n de dichos jueces ser√ɬ° b√ɬ≠blica.
Hasta para el New York Times lo que pone en evidencia esta cl√ɬ°usula es evidente: √ʬĬėla prioridad [en el TPP] es la protecci√ɬ≥n de los intereses corporativos, y no el promover el libre comercio, la competencia, o lo que beneficia a los consumidores
Como si todo ese abuso no fuese suficiente, en Chile hay que sumar la posici√ɬ≥n pr√ɬ°cticamente impune de las cadenas farmac√ɬ©uticas −tres de ellas controlan el 90% del √ʬĬúmercado√ʬĬĚ- que les permite rentar sistem√ɬ°ticamente (a veces en forma legal, en otras no) de su posici√ɬ≥n oligop√ɬ≥lica. Ello emana de que el TDLC, que deber√ɬ≠a velar por la competencia, no es m√ɬ°s que un buldog sin dientes.
Y para qué decir el escarmiento si a un gobierno se le ocurre la herejía de crear una empresa estatal que produzca masivamente genéricos; o una que se encargue de velar por una distribución equilibrada; o si decide masificar el experimento de Daniel Jadue en Recoleta (quien, como buen ciudadano de origen Palestino, parece tener una genialidad especial para enfrentar fallas de mercado).
CUANDO EL PASADO NI SIQUIERA HA PASADO
Alguien podr√ɬ≠a decir, y con raz√ɬ≥n, que las futuras compensaciones tipo TPP no tienen nada de original. Cuando en 1834 Inglaterra decidi√ɬ≥ abolir la esclavitud, pag√ɬ≥ 17 mil millones de libras esterlinas −o US$26 mil millones (en moneda actual)− como compensaci√ɬ≥n a los due√ɬĪos de esclavos, incluido miembros insignes de la House of Lords, muchos de los cuales hab√ɬ≠an comprado sus t√ɬ≠tulos de nobleza con lo obtenido en el comercio de esclavos (algunos de sus descendientes a√ɬļn se sientan en dicha ilustre C√ɬ°mara). Esa generosidad no se extendi√ɬ≥ a los esclavos por lo sufrido en tama√ɬĪa falla de mercado.
El TPP revela que el pasado ni siquiera ha pasado. Adam Smith ya condenaba a las elites de su √ɬ©poca, por creerse √ʬĬúlos due√ɬĪos del universo√ʬĬĚ; por comportarse de acuerdo a lo que √ɬ©l llamaba √ʬĬúsu vil m√ɬ°xima: todo para nosotros y nada para los dem√ɬ°s√ʬĬĚ. Jorge Bergoglio, en su discurso sorprendentemente directo para un Pont√ɬ≠fice, toca el mismo tema:
√ʬĬúMientras que el ingreso de una minor√ɬ≠a aumenta exponencialmente, el de la mayor√ɬ≠a se desmorona. Este desequilibrio es el resultado de ideolog√ɬ≠as que defienden la autonom√ɬ≠a absoluta del mercado y de la especulaci√ɬ≥n financiera, negando el rol verdadero del Estado en la econom√ɬ≠a, que es el de velar por el bien com√ɬļn. De esta forma, se instaura una nueva forma de tiran√ɬ≠a, aunque a veces ella sea poco visible o virtual, la cual impone sus propias leyes y reglas en forma unilateral e irremediable√ʬĬĚ.
Y como en toda tiran√ɬ≠a, cortinas de hierro (ahora algo m√ɬ°s sofisticadas, del tipo TPP) son muy pr√ɬ°cticas. El objetivo evidente de la nueva institucionalidad jur√ɬ≠dica supranacional que intenta crear el TPP es limitar (como en el pasado)el campo de maniobra de los gobiernos al √ɬ°rea que las grandes corporaciones consideran √ʬĬútolerable√Ę¬Ä¬Ě en materias que van de lo salarial a lo tributario, de la regulaci√ɬ≥n financiera a los derechos de los consumidores, del acceso al Internet a varias libertades individuales, y del medioambiente a la salud p√ɬļblica. Y ahora nada mejor que cooptar a los representantes de los agobiados para vender esta pomada.
Una de las cosas que ya se sabe (nuevamente gracias a WikiLeaks) es que lo que va a primar por sobretodo son √ʬĬúlas expectativas de retorno razonables de las multinacionales√Ę¬Ä¬Ě (√ā¬Ņ?). Todo esto dentro de un contexto garc√ɬ≠amarqueano, t√ɬ≠pico de TLC √ʬĬúmoderno√Ę¬Ä¬Ě (esto es, uno que tenga poco que ver con el comercio), llamado √ʬĬúexpropiaci√ɬ≥n indirecta√ʬĬĚ, bajo la idea de que tambi√ɬ©n se considerar√ɬ° como expropiaci√ɬ≥n √ʬĬúla medida en la cual la acci√ɬ≥n del gobierno interfiere con expectativas inequ√ɬ≠vocas y razonables en la inversi√ɬ≥n√ʬĬú.
Aqu√ɬ≠ hay tres palabras clave; la primera se refiere a la √ʬĬúinterferencia√Ę¬Ä¬Ě del gobierno. √ā¬ŅCu√ɬ°l va a ser la diferencia, por ejemplo, entre una interferencia, y una acci√ɬ≥n de orientaci√ɬ≥n keynesiana de un gobierno democr√ɬ°tico que, representando la voluntad popular, busque la defensa del medioambiente, de los derechos de los consumidores, del acceso a la salud, a la educaci√ɬ≥n, o de la estabilidad macroecon√ɬ≥mica? Segundo, √ā¬Ņquien va a definir qu√ɬ© es lo √ʬĬúrazonable√ʬĬĚ? Por decir lo obvio, no hay √ɬ°rea m√ɬ°s relativa que esta. Para m√ɬ≠ seria lo m√ɬ°s razonable del mundo que a Jorge Valdivia se le otorgara La Orden al M√ɬ©rito, grado Comendador, por su contribuci√ɬ≥n a la genialidad del mediocampo. Y tercero: √ā¬Ņqu√ɬ© es una inversi√ɬ≥n? A diferencia de, por ejemplo, actividades puramente especulativas, movimiento de capitales golondrinas, yactividades de traders que s√ɬ≥lo buscan beneficiarse explotando fallas de mercado (muchas veces en el √ɬ°rea gris de lo legal).
Con el TPP, a la mayor√ɬ≠a de los chilenos tambi√ɬ©n se nos declara incapaces de decidir en un amplia gama de materias de pol√ɬ≠tica econ√ɬ≥mica, y se nos designa un nuevo curador ad hoc (cortes t√ɬ≠teres supranacionales) para que, otra vez − para nuestra propia protecci√ɬ≥n y la de nuestros bienes− decida por nosotros√ʬĬ¶
√ā¬ŅSon cortes Mickey Mouse, pobladas de jueces que parecen la imagen popular del juez Griesa, las m√ɬ°s indicadas para definir estos temas? No nos olvidemos que hace muy poco, a pesar de que el gobierno de Chile le hab√ɬ≠a anunciado a los cuatro vientos que lo que ped√ɬ≠a Bolivia era erosionar un tratado existente, una corte internacional (y una que es de verdad) decidi√ɬ≥, y por gran mayor√ɬ≠a, declararse competente en esta materia lim√ɬ≠trofe.
Como curtidos vendedores ambulantes, los del TPP agregaron disposiciones que, aparentemente, atenuaban el impacto de lo anterior, pero todas tienen sus √ʬĬúnormalizadores√ʬĬĚ. Por ejemplo, un art√ɬ≠culo afirma que √ʬĬúno hay nada en este cap√ɬ≠tulo que impida a un pa√ɬ≠s miembro regular el medio ambiente, la salud u otros objetivos de esta naturaleza√ʬĬĚ. Pero de inmediato agrega: √ʬĬúpero tal regulaci√ɬ≥n debe ser compatible con las otras restricciones del tratado√ʬĬĚ.
Monsanto, por ejemplo, no tendrá problema alguno para demandar a cualquier país que se oponga al uso de sus productos genéticamente modificados diga lo que diga la regulación existente sobre el medio ambiente o la salud. Por definición, lo razonable se define como aquello que quiere Monsanto.
Hasta para el New York Times lo que pone en evidencia esta cl√ɬ°usula es evidente: √ʬĬúla prioridad [en el TPP] es la protecci√ɬ≥n de los intereses corporativos, y no el promover el libre comercio, la competencia, o lo que beneficia a los consumidores√ʬĬĚ.
En buen castizo, uno va a poder hacer lo que quiera, como quiera y cuando quiera, siempre que lo que quiera sea lo que el TPP (y sus cortes versallescas) estipulen como √ʬĬúrazonable√Ę¬Ä¬Ě (en lugar de √ʬĬúinterferencia√ʬĬĚ), a√ɬļn en el caso de que ello se refiera a actividades puramente especulativas (y muchas veces destructivas).
Cualquiera semejanza con nuestras transiciones a la democracia es pura coincidencia. En ellas podíamos recuperar nuestra tan deseada libertad de expresión, siempre que en la práctica no exigiésemos, y finalmente ni creyésemos, en lo que previamente había estado prohibido decir.
Para decir lo obvio, la modernidad neo-liberal no es m√ɬ°s que transformar lo que Abraham Lincoln llam√ɬ≥ √ʬĬúel gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo√ʬĬĚ, en el gobierno √ʬĬúdel 1%, por el 1% y para el 1%√ʬĬĚ. Y para consolidar esta nueva realidad se requiere de muchas cosas, incluida una nueva jurisprudencia.
EL TPP COMO SEGURO AL INMOVILISMO
El problema fundamental para nuestro modelo neo-liberal es que no hay muchas formas de ordenar el puzzle para que el resultado sea un modelo pol√ɬ≠tico-econ√ɬ≥mico que le entregue −en democracia, y a√ɬĪo tras a√ɬĪo− m√ɬ°s del 30% del ingreso al 1% de la poblaci√ɬ≥n. Cuando comienzan a haber temblores grado 3, es tiempo de salir a comprar seguros externos que ayuden la inmovilidad (la alternativa siempre disponible es activar el Exit Mode, aumentando la inversi√ɬ≥n externa en el resto de America Latina).
Una forma de comprender el dilema de nuestro modelo neo-liberal criollo, es mirarlo desde la perspectiva de la teor√ɬ≠a del caos: este modelo es como uno de esos sistemas complejos que son muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales. Peque√ɬĪas variaciones en dichas condiciones pueden implicar grandes diferencias en su desarrollo futuro. Esto sucede aunque estos sistemas son en rigor bastante determin√ɬ≠sticos, dado sus condiciones iniciales. La esencia de un modelo as√ɬ≠ (a diferencia de lo que nos quiere hacer creer tanto mandar√ɬ≠n del modelo, con sus predicciones apocal√ɬ≠pticas a cualquier cambio, en especial en cuanto al empleo) es que es pr√ɬ°cticamente imposible predecir el resultado de un cambio, por peque√ɬĪo que sea (siempre me entretengo tratando de explicar esto a mis alumnos de econometr√ɬ≠a, pues cualquier cambio puede generar din√ɬ°micas irreplicables).
A diferencia de la f√ɬ≠sica de Newton, que puede entender con precisi√ɬ≥n el movimiento de dos cuerpos que interact√ɬļan por medio de la gravedad, si un modelo complejo de acumulaci√ɬ≥n (como el actual) es sujeto a un shock m√ɬļltiple, la din√ɬ°mica del movimiento es impredecible. Por consiguiente, todo cambio es muy delicado −y resbaladizo-. Cualquier seguro, al precio que sea −qu√ɬ© importa si √ɬ©ste conlleva perdida de soberan√ɬ≠a a cortes de dudosa reputaci√ɬ≥n− es muy bienvenido.
Y lo de dudosa reputaci√ɬ≥n es porque estas cortes han sido dise√ɬĪadas espec√ɬ≠ficamente para maximizar los conflictos de inter√ɬ©s de sus miembros. Los tribunales que van a dirimir los litigios en el TPP ser√ɬ°n integrados por jueces y abogados que van a alternarse en sus funciones. Esto es, rotar√ɬ°n entre servir como jueces en los tribunales, y actuar en representaci√ɬ≥n de las corporaciones que llevan sus causas a dichos tribunales. Si como jueces son afectuosos con las multinacionales, podr√ɬ°n esperar jugosos contratos como litigantes cuando se reencarnen en el periodo siguiente como simples abogados.
Para la senadora dem√ɬ≥crata Elizabeth Warren (no se olviden de este nombre), eso ya es lo que bot√ɬ≥ la ola, o como dir√ɬ≠a un romano, el non plus ultra del TPP. √ā¬°Para el Guiness Book of Records! (secci√ɬ≥n conflicto de inter√ɬ©s). Si hay algo que la ideolog√ɬ≠a neo-liberal domina a la perfecci√ɬ≥n es la tecnolog√ɬ≠a del poder (una pena que no pase lo mismo con muchas de las tecnolog√ɬ≠as productivas).
Por eso, llamar estas cortes √ʬĬúMickey Mouse√ʬĬĚ, como lo hago aqu√ɬ≠, es sobrestimarlas −en el sentido que la Real Academia Espa√ɬĪola define esta √ɬļltima palabra−, esto es, estimar algo por encima de su valor.
Otro problema fundamental de nuestro modelo neo-liberal es que necesita sincronizar dos l√ɬ≥gicas distintas: la del desarrollo nacional, y la del capital globalizado (nacional y extranjero). La sorprendente falta de industrializaci√ɬ≥n de nuestro sector exportador es el mejor ejemplo del conflicto entre ambas l√ɬ≥gicas: como dir√ɬ≠a un griego, ah√ɬ≠ si que no hay sinfon√ɬ≠a entre los intereses de nuestro desarrollo econ√ɬ≥mico y el de las multinacionales que se quedan artificialmente en lo puramente extractivo. China: √ā¬°Qu√ɬ© excusa m√ɬ°s manoseada!
El supuesto impl√ɬ≠cito con que se ha trabajado en Chile desde las reformas, tanto en dictadura como en democracia, es que ambos intereses −los del desarrollo nacional y los del capital globalizado− son pr√ɬ°cticamente id√ɬ©nticos (como un diagrama de Venn con dos conjuntos que tiene casi todos sus elementos comunes). Como cada d√ɬ≠a es m√ɬ°s evidente que eso no es as√ɬ≠, un TPP es muy bienvenido para asegurar la primac√ɬ≠a del segundo.
Antes de las reformas, la hip√ɬ≥tesis de trabajo en pol√ɬ≠tica econ√ɬ≥mica fue que ambas l√ɬ≥gicas eran contradictorias; ahora, que ellas son indistinguibles. √ā¬ŅPor qu√ɬ© ser√ɬ° que en lo ideol√ɬ≥gico la tradici√ɬ≥n iberoamericana s√ɬ≥lo puede avanzar multiplicando por menos 1, esto es, con retroexcavadoras?
Hirschman nos dec√ɬ≠a hace a√ɬĪos que la formulaci√ɬ≥n de pol√ɬ≠ticas econ√ɬ≥micas tiene un fuerte componente de inercia. Por tanto, a menudo √ɬ©stas se contin√ɬļan implementando r√ɬ≠gidamente aunque ya hayan pasado su fecha de vencimiento y se transformen en contra-productivas. Esto lleva a tal frustraci√ɬ≥n y desilusi√ɬ≥n con dichas pol√ɬ≠ticas e instituciones que es frecuente tener posteriormente un fuerte √ʬĬúefecto rebote√ʬĬĚ. √ā¬°Tanto se ha hablado de la famosa retroexcavadora de Quintana!
Lo que se olvida es que las retroexcavadoras son end√ɬ≥genas a los modelos inmovilistas. Los Chicago Boys no fueron una retroexcavadora ex√ɬ≥gena, ni menos original del modelo anterior. Ese modelo, por no adaptarse en su √ɬ©poca al cambio (como lo hicieron procesos similares en Asia), gener√ɬ≥ las condiciones para tal retroexcavadora. Los Chicago-Boys, con Sergio de Castro a la cabeza, fueron s√ɬ≥lo los yihadistas encargados de manejarla. Y por eso la retroexcavadora fue tan burda (El Ladrillo); no hay que olvidar que el n√ɬļcleo de la gran √ʬĬúmodernidad√Ę¬Ä¬Ě chicaguense fue simplemente transformar lo que antes era vicio en virtud, y lo que antes era virtud en vicio. No se quejen ahora mis amigos neo-liberales si en el horizonte comienzan a ver una retroexcavadora marca d√ɬ©j√ɬ† vu.
En otras palabras, hay pocas formas de organizar nuestra econom√ɬ≠a para que unos pocos (nacionales y extranjeros) puedan seguir llev√ɬ°ndose la inmensidad que se llevan. La actual est√ɬ° hecha a la medida: lo que prima es la especulaci√ɬ≥n financiera, todo tipo de rentas oligop√ɬ≥licas, subsidios del Estado, y la pi√ɬĪata de los recursos naturales (la diferencia entre nuestra oligarqu√ɬ≠a y la de los tiempos del Gran Se√ɬĪor y Rajadiablos es que la actual cree que su derecho de pernada se refiere a los recursos naturales). Y como acaba de quedar m√ɬ°s que en evidencia en estos d√ɬ≠as con el √ɬļltimo esc√ɬ°ndalo de colusi√ɬ≥n, tambi√ɬ©n prima la peor hipocres√ɬ≠a: como nos dice un conocido dirigente empresarial, refiri√ɬ©ndose a la reacci√ɬ≥n de la SOFOFA y otros empresarios, √ʬĬúlos lamentos por colusi√ɬ≥n son [s√ɬ≥lo] un show√ʬĬĚ.
En este modelo neo-liberal, el eje de la acumulaci√ɬ≥n son las fallas de mercado, los privilegios, la poca competencia, las instituciones t√ɬ≠midas, y una inteligencia √ʬĬúprogresista√Ę¬Ä¬Ě llena de conflictos de inter√ɬ©s. S√ɬ≥lo un contexto como este puede premiar tanto a especuladores, rentistas y traders, a los traficantes de influencias pol√ɬ≠ticas y de informaci√ɬ≥n privilegiada.
No cabe duda que eso castiga a la inversión real, a la diversificación productiva, a la absorción tecnológica y a la industrialización del sector exportador (pues así pocos se van a molestar en invertir más allá de lo necesario para depredar recursos naturales en forma competitiva, y desarrollar actividades no transables de bajo desafío tecnológico). En un contexto así, la desigualdad es tan melliza de la ineficiencia como la ley de la gravedad lo es de la manzana: una economía que es un paraíso para especuladores, rentistas y traders sólo puede ser un purgatorio para el sector real y los consumidores (el limited access order de Douglas North intenta mirar en esta dirección).
Y como en democracia no hay muchas formas para organizar esto, para continuar asegurando el inmovilismo a la mayor√ɬ≠a de nosotros se nos tiene que declarar√ʬĬúinterdictos√Ę¬Ä¬Ě en un n√ɬļmero creciente de materias. Primero se nos declar√ɬ≥ judicialmente incapacitados para decidir en materias de pol√ɬ≠tica monetaria y de tipo de cambio; por tanto, se nos design√ɬ≥ un curador imparcial (Banco Central √ʬĬúindependiente√ʬĬĚ) para que velara por nuestra propia protecci√ɬ≥n y la de nuestros bienes. Despu√ɬ©s se intent√ɬ≥ colocar una camisa de fuerza al gasto p√ɬļblico. Finalmente, ahora con el TPP, a la mayor√ɬ≠a de los chilenos tambi√ɬ©n se nos declara incapaces de decidir en un amplia gama de materias de pol√ɬ≠tica econ√ɬ≥mica, y se nos designa un nuevo curador ad hoc (cortes t√ɬ≠teres supranacionales) para que, otra vez −y tambi√ɬ©n para nuestra propia protecci√ɬ≥n y la de nuestros bienes− decida por nosotros cu√ɬ°l es el rango de lo √ʬĬúrazonable√Ę¬Ä¬Ě en dichas materias. Reg√ɬ≠strese, comun√ɬ≠quese, publ√ɬ≠quese y arch√ɬ≠vese.
Falta poco para que en una elección presidencial lo que realmente esté en juego sean temas tan trascendentales como si cambiamos el horario en invierno, o si el monumento a Sampaoli (muy merecido) debería estar en el Estadio Nacional o frente a La Moneda (junto a mi Tío Abuelo). Y seguro que entoncesConicytabrirá una convocatoria para estudios que traten de explicar la sorprendente abstención electoral.
No se quejen tanto mis amigos neo-liberales, entonces, cuando aparezca un populista con una retroexcavadora tama√ɬĪo XXXL.
Para √Ö¬Ĺi√Ö¬ĺek, la √ɬļltima victoria pol√ɬ≠tico-ideol√ɬ≥gica es cuando unos comienzan a contar las historias de los otros como si fuesen propias. Con el TPP, la nueva (bueno, ya harto vieja) centro-izquierda da c√ɬ°tedra en eso, sin entender que las cosas est√ɬ°n cambiando. Parece que no entienden la regla del offside. Lo m√ɬ°s inherente del inmovilismo es su falta de ideas. Y como dec√ɬ≠a Maquiavelo, eso no sirve ni para ganar a amigos ni para derrotar enemigos.
Seg√ɬļn Darwin, al final, el que sobresale, el que tiene √ɬ©xito en el largo plazo, no es el m√ɬ°s fuerte, ni siquiera el mas inteligente, sino el que se adapta mejor al cambio. Ah√ɬ≠ esta el Tal√ɬ≥n de Aquiles fundamental del sistema actual: no puede, casi por definici√ɬ≥n, adaptarse al cambio. Cualquier cambio implica gran incertidumbre. El inmovilismo es la √ɬļnica certeza. √ā¬°Nunca nos ha hecho tanta falta un Piloto Pardo! (y c√ɬ≥mo nos sobran los √ʬĬúSir√Ę¬Ä¬Ě Shackleton).
En resumen: cuando nos insistan que el TPP es un tratado √ʬĬúcomercial√ʬĬĚ; que abrir√ɬ° grandes oportunidades a nuestras exportaciones; que nos dar√ɬ° el tan necesario impulso para salir del actual pantano; que gracias a √ɬ©l nos codearemos con la mejor gente, sepa que estar√ɬ°n tratando de pasarnos gatos por liebre. Pues hoy, la mejor forma de pasar gatos por liebre es llamar al gato libre comercio. De la misma forma que si alguien le preguntase a Enrique Correa o Eugenio Tironi cu√ɬ°l es la mejor forma de vender un auto de segunda mano en mal estado, seguro que dir√ɬ≠an: ll√ɬ°melo libre comercio.
Joan Robinson −la mejor economista mujer de la historia− ya nos dec√ɬ≠a hace tiempo que √ʬĬúla raz√ɬ≥n para estudiar econom√ɬ≠a no es la de adquirir una serie de respuesta ya elaboradas a problemas econ√ɬ≥micos, sino la de aprender lo necesario para no ser enga√ɬĪados por economistas√ʬĬĚ. Eso es hoy m√ɬ°s cierto que nunca.
Ya era hora de hacerles un margin call a nuestros vendedores del TPP, pues es el momento de que pongan más sustancia en sus argumentos. Como dice la canción: fue tu mejor actuación; pero perdona que no te crea, pues lo tuyo es puro teatro. Falsedad bien ensayada. Estudiado simulacro.

José Gabriel Palma es doctor en Economía de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencia Política de la Universidad de Sussex. Es profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge y de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago.
Fuente: CIPER
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Fuente: Centro de Documentación Mapuche, Ñuke Mapu

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